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Dignatarios mexicas eran cremados y las cenizas depositadas junto a Huitzilopochtli |
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Dignatarios mexicas eran cremados y las cenizas depositadas junto a Huitzilopochtli
■ La antropóloga devela los resultados de la temporada inicial de excavaciones en ocho tumbas de ese sitio prehispánico■ Presentan su primer volumen, publicado por el INAHAna Mónica Rodríguez La Jornada 6 de mayo 08Las prácticas funerarias de los mexicas se caracterizaron por cremar a los individuos y depositar sus cenizas en diversos lugares del centro ceremonial del Templo Mayor. Entre más jerarquía tuvieran los difuntos, más cerca eran colocados del Cu de Huichilobos o de alguna otra estructura prehispánica de ese recinto sagrado.La música fúnebre, la danza ritual, el sacrificio, el autosacrificio, el ofrecimiento de bienes, el luto y las prohibiciones, además de los discursos que se pronunciaban durante las ceremonias de duelo son algunos de los aspectos que devela la arqueóloga Ximena Chávez, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien actualmente trabaja en las excavaciones que se realizan en el predio de las Ajaracas, donde fue hallada la colosal escultura de Tlaltecuhtli.
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Vestigios del Calmécac mexica figuran en la magna exposición del Templo Mayor |
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Vestigios del Calmécac mexica figuran en la magna exposición del Templo Mayor
■ Se muestran cuatro de las siete almenas halladas debajo del actual Centro Cultural de España, informa Carlos Javier González, director del recinto■ Se inició la restauración de Tlaltecuhtli
Ana Mónica Rodríguez La Jornada 3 de mayo 2008
Vestigios prehispánicos de la civilización mexica incluidos en la exposición conmemorativa por 30 años del Templo Mayor, que se pueden admirar en ese recinto del Centro Histórico.Algunos de los vestigios del antiguo Calmecac mexica, lugar donde se enseñaba a los hijos de los nobles en la gran Tecnochtitlán, integran el acervo de 90 piezas prehispánicas, que datan desde 1390 hasta la época colonial, que se exhiben en la magna muestra Coyolxauhqui: 30 años de reconstruir el pasado (1978-2008) que se inauguró hace unos días en el recinto del Templo Mayor.
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Confiscan piezas de arte precolombino |
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La policía de Alemania detuvo el transporte donde viajaba la colección del traficante Leonardo Patterson
Julio Aguilar El Universal
Miércoles 30 de abril de 2008
La policía alemana detuvo el transporte donde el traficante costarricense Leonardo Patterson trasladaba un número indeterminado de piezas arqueológicas, muchas de ellas olmecas, mayas y aztecas, que sacó furtivamente de España hace semanas. Patterson aprovechó que las piezas no habían sido aseguradas judicialmente para sacar la enorme colección de origen ilícito de donde estaba almacenada desde hace más de una década en Galicia.
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Por lo general los que han escrito la historia del México antiguo son los extranjeros, quienes desde una visión eurocéntrica y una inexplicable y supuesta superioridad cultural, siempre han juzgado nuestras diferencias con la cultura europea como deficiencias. Lo que no es como ellos, resulta inferior a su juicio. Este prejuicioso estudio de nuestra historia ha sido “parcelado” como botín científico personal de cada uno de los investigadores extranjeros y de sus discípulos mexicanos. De este modo se mantienen conceptos como “la civilización azteca, la civilización maya, la civilización zapoteca”, como si fueran estructuras culturales y civilizatorias diferentes. “Se olvida que una cultura forma una unidad orgánica y que, por ello, debe estudiarse desde su centro y no desde uno de sus aspectos periféricos. El concepto de la vida es el <centro> de toda cultura. Son ante todo las ideas acerca del origen, el sentido y la perennidad de la existencia humana las que nos revelan el genio particular de una cultura. Estas ideas son el resultado de una forma de conciencia existencial del hombre en el cosmos; ésta es la causa de que sufran sólo superficialmente la acción erosiva del tiempo.” (Mircea Eliade. 1962) Por lo general los que han escrito la historia del México antiguo son los extranjeros, quienes desde una visión eurocéntrica y una inexplicable y supuesta superioridad cultural, siempre han juzgado nuestras diferencias con la cultura europea como deficiencias. Lo que no es como ellos, resulta inferior a su juicio. Este prejuicioso estudio de nuestra historia ha sido “parcelado” como botín científico personal de cada uno de los investigadores extranjeros y de sus discípulos mexicanos. De este modo se mantienen conceptos como “la civilización azteca, la civilización maya, la civilización zapoteca”, como si fueran estructuras culturales y civilizatorias diferentes. “Se olvida que una cultura forma una unidad orgánica y que, por ello, debe estudiarse desde su centro y no desde uno de sus aspectos periféricos. El concepto de la vida es el <centro> de toda cultura. Son ante todo las ideas acerca del origen, el sentido y la perennidad de la existencia humana las que nos revelan el genio particular de una cultura. Estas ideas son el resultado de una forma de conciencia existencial del hombre en el cosmos; ésta es la causa de que sufran sólo superficialmente la acción erosiva del tiempo.” (Mircea Eliade. 1962) La cultura dominante no se ha tratado de explicar integralmente, no sólo la civilización del Anáhuac, sino las culturas indígenas de toda América como una sola civilización continental, con una multiplicidad de culturas en tiempo y espacio, pero unidas solidamente por una matriz filosófico-cultural. De esta manera se han estudiado por extranjeros y sus discípulos mexicanos, cada una de las culturas como ínsulas de investigación y no, como un macro proyecto civilizatorio que ha conjuntado a muchos pueblos y culturas del continente Americano a lo largo de ocho milenios. “En verdad muchos de los toltecas eran pintores, escribanos de códices, escultores, trabajaban la madera y la piedra, construían casas y palacios, eran artistas de pluma, alfareros...” “Los toltecas eran muy ricos, eran felices, nunca tienen pobreza ni tristeza...” “Los toltecas eran experimentados, acostumbraban dialogar con su propio corazón. Conocían experimentalmente las estrellas, Les dieron sus nombres. Conocían sus influjos, Sabían bien cómo marcha el cielo, Cómo da vueltas...” (informantes de Sahagún) La historia antigua de México se puede entender más fácilmente, como la evolución compartida de los pueblos del Cen Anáhuac, con tres grandes períodos: Preclásico, Clásico y Postclásico. Y con tres culturas, todas hijas de la misma civilización, que influyeron o fueron las más representativas del desarrollo de cada período, pero no las únicas. Para el Preclásico fue la cultura olmeca, para el Clásico la cultura tolteca, y para el Postclásico la cultura azteca.xxxxxxx“Paradigma de cualquier otra Tollan (Ciudad N. A.) era para los mexicanos lo que se sabía acerca de Teotihuacan. Sus grandes edificaciones les parecían hechas por gigantes y así hablaron de ellas con asombro, al igual que las calzadas y otros recintos de la ciudad.
En Teotihuacan había alcanzado máximo esplendor una yuhcatiliztli, <existir de un modo determinado>,que fue auténtica Toltecáyotl, obra de los sabios que allí gobernaron, <los conocedores de las cosas ocultas, los poseedores de la tradición, los fundadores de pueblos y señoríos...>.” (Miguel León Portilla. 1980) El período clásico y los toltecas representan el momento de mayor esplendor en el México antiguo. Los toltecas a partir de Teotihuacan difunden los conocimientos de la Toltecáyotl a todos los centros de investigación del Anáhuac. Esto se ve confirmado por la influencia teotihuacana en los vestigios arqueológicos de las construcciones, cerámica y frescos del clásico en el universo cultural que conformaban el Anáhuac. Los toltecas expandieron su sabiduría en todo el Cen Anáhuac y dieron a la civilización su mayor punto de apogeo. Estos más de mil años de esplendor no estuvieron basados en hechos de armas, pues existió una paz total. Tampoco fue producto de una dominación económica, pues el inicio de la moneda y el auge del comercio se dio con los aztecas en el periodo decadente. Se entiende más como un proceso de elevada producción del conocimiento y su expansión a todos los confines de aquel mundo.
“Pero más bien indican que la raíz de todas las religiones [filosofías N. A.] mesoamericanas es la misma, y no que Teotihuacan haya impuesto sus dioses sobre los dioses de las otras naciones. Es, sin embargo, curioso, por ejemplo, que la influencia o la conquista teotihuacana al fin de Monte Albán II, aparezca en esa cultura una proliferación de dioses antes no conocidos y que gran parte corresponden a los dioses teotihuacanos. Lo mismo parece suceder en Guerrero y posiblemente en Veracruz. “. [Ignacio Bernal. 1965.] Lo que es más posible es que los toltecas, más que un grado de conocimiento de los hombres sabios del milenario México antiguo fue una “cultura”, y que Teotihuacan, fue el centro generador e irradiador de la Toltecáyotl a todo el Cen Anáhuac. Sorprende hoy en día, encontrar a pueblos como los tacuates en Oaxaca o los mayas en la península de Yucatán y no encontrar al pueblo tolteca en el mosaico étnico del país. En la misma memoria histórica del Cen Anáhuac, se reconoce a los Toltecas como los precursores de la sabiduría y el conocimiento ancestral. “Cuando aún era de noche, cuando aún no había día, cuando aún no había luz, se reunieron, se convocaron los dioses allá en Teotihuacan.” ‘Los toltecas llevaron ventaja en todo tiempo, hasta que vinieron a acercarse a la tierra chichimeca. Ya no se puede recordar cuanto tiempo anduvieron. Vinieron del interior de las llanuras, entre las rocas. Allí vieron siete cavernas, e hicieron esas cuevas templos, su lugar de súplicas. Y los toltecas iban siempre por delante.” [Informantes de Sahagún.] “Sorprende no encontrar antecedentes de los principales factores de una civilización cuyas normas en esencia, quedarán intactas hasta la Conquista española. Pero si es difícil admitir que rasgos culturales -como algunas características arquitectónicas, la orientación de sus edificios o las particularidades de su escultura y pintura- hayan podido desde su nacimiento asumir un carácter definitivo, más difícil aún es imaginar la aparición, en un estado de desarrollo perfecto, del sistema de pensamiento que está en su base.” (Laurette Séjurné. 1957)
Si la llamada cultura Olmeca es la cultura madre, la cultura Tolteca representó el florecimiento de la sabiduría del México antiguo y resulta el legado más valioso de Los Viejos Abuelos, así como para Europa fue el periodo grecolatino. Después de su misteriosa y hasta hoy, inexplicable desaparición, los pueblos que les precedieron en el período Postclásico, siempre trataron de situar el origen de sus linajes en los toltecas. Los toltecas y Quetzalcóatl son la expresión de la sabiduría y la espiritualidad más profunda de nuestra civilización. “Como Quetzalcóatl enseña que la grandeza humana reside en la conciencia de un orden superior, su efigie no puede ser otra que el símbolo de esa verdad y las plumas de la serpiente que lo representan deben hablarnos del espíritu que permite al hombre -al hombre cuyo cuerpo, como el del reptil, se arrastra por el polvo- conocer la alegría sobrehumana de la creación, constituyendo así un canto a la soberana libertad interior. Esta hipótesis se ve confirmada, además, por el simbolismo náhuatl, en el cual la serpiente figura a la materia -su asociación con las divinidades terrestres es constante- y el pájaro, al cielo.
El Quetzalcóatl es entonces signo que contiene la revelación del origen celeste del ser humano... Así, lejos de implicar groseras creencias politeístas, el término Teotihuacan evoca el concepto de la divinidad humana y señala que la ciudad de los dioses no era otra cosa que el sitio donde la serpiente aprendía milagrosamente a volar; es decir, donde el individuo alcanza la categoría de ser celeste por la elevación interior.” (Laurette Séjurné. 1957) En efecto, uno de los grandes misterios de la historia, no sólo del México antiguo, sino de la humanidad misma, fue la inexplicable y asombrosa desaparición de los toltecas en todo el Anáhuac en menos de una generación. No se sabe por qué lo hicieron, pero a mediados del siglo IX d.C. fueron destruidas piedra sobre piedra las centenarias construcciones y cubiertas totalmente de tierra. Este fenómeno no fue un hecho aislado o regional. Por el contrario, fue una acción coordinada y concertada en todos los centros de conocimiento que hoy llamamos “zonas arqueológicas”. De Norte a Sur y de Este a Oeste. En menos de 50 años fueron desapareciendo y lo que también resulta asombroso, es que no existen huellas arqueológicas de una migración y mucho menos aparecen en otro lugar del Anáhuac. Literalmente los seres humanos que vivían en lo que hoy llamamos zonas arqueológicas desaparecieron sin dejar rastro alguno y los especialistas le llaman el Colapso del Clásico Superior. |
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Conozca la obra material de los toltecas |
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Recorrido virtual de las zonas arqueológicas más importantes del Anáhuac.
No podemos amar y defender lo que no conocemos. Las llamadas zonas arqueológicas, no deben ser única y exclusivamente para “el turismo extranjero”. Deben ser en cambio, centros multiplicadores de la identidad cultural.
Desde su computadora, puede visitar y conocer las zonas arqueológicas más importantes del Anáhuac y además, puede copiar las fotografías de alta resolución para hacer su propio archivo.
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EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO |
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El conocimiento que desarrollaron estas seis Civilizaciones Madre, desde hace aproximadamente 10 mil años, ha sido el cimiento de toda la sabiduría humana. El hombre en la Luna y las computadoras, son tan solo su continuidad y su fruto. Los Viejos Abuelos, sin ayuda de ningún pueblo y a partir de la observación metódica y sistemática de la naturaleza y de la bóveda celeste, lograron “tejer” una inconmensurable red de conocimientos, que a través de los siglos y de generación en generación, se conformaron como el Patrimonio Cultural de nuestra civilización.
“La astronomía era bien conocida entre los pueblos mesoamericanos, destacándose en ello los toltecas. <Los toltecas eran sabios, sus obras todas eran buenas, todas rectas, todas bien planeadas, todas maravillosas... Conocían su influjo, sabían bien cómo marcha el cielo, cómo da vueltas... La observación de fenómenos naturales que se repetían en forma invariable, entre las que estaban las cifras 4, 7 y 13, sobre todo. Así, de la combinación de éstas se obtenía una gran cantidad de ciclos.” (María Elena Romero Murguía. 1988)
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EL PERIODO CLÁSICO O DEL ESPLENDOR. |
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Resulta verdaderamente penoso para los mexicanos, que después de cinco siglos, al igual que los conquistadores del siglo XVI, no nos haya importado conocer, estudiar y difundir el pensamiento filosófico del México Antiguo.
Como hemos dicho ya, el Anáhuac produjo una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo. La pegunta obligada es ¿por qué?, si China y la India, que son civilizaciones tan antiguas como la del Anáhuac, tuvieron una filosofía que orientara, explicara y le dieran sentido y continuidad a su evolución, la nuestra no posea para los investigadores un pensamiento filosófico que sostuviera un proceso de Desarrollo Cultural, tan largo y antiguo como las otras civilizaciones "madre" del mundo.
El mito de que los Viejos Abuelos eran agricultores idólatras, que hacían sangrientas ceremonias al sol, al agua y al viento, es sólo producto de las mentes colonizadoras, que negaron y siguen negando, cualquier valor de la civilización invadida. Resulta verdaderamente penoso para los mexicanos, que después de cinco siglos, al igual que los conquistadores del siglo XVI, no nos haya importado conocer, estudiar y difundir el pensamiento filosófico del México Antiguo.
Como hemos dicho ya, el Anáhuac produjo una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo. La pegunta obligada es ¿por qué?, si China y la India, que son civilizaciones tan antiguas como la del Anáhuac, tuvieron una filosofía que orientara, explicara y le dieran sentido y continuidad a su evolución, la nuestra no posea para los investigadores un pensamiento filosófico que sostuviera un proceso de Desarrollo Cultural, tan largo y antiguo como las otras civilizaciones "madre" del mundo.
El mito de que los Viejos Abuelos eran agricultores idólatras, que hacían sangrientas ceremonias al sol, al agua y al viento, es sólo producto de las mentes colonizadoras, que negaron y siguen negando, cualquier valor de la civilización invadida. Cada una de las civilizaciones “Madre” del mundo, han tenido que desarrollar, después de satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia, un cuerpo de ideas muy elaboradas y complejas, que explican el origen de la vida, el mundo y el ser humano; su razón de existir y dar respuesta a qué sucederá después de la muerte, (el problema ontológico del Ser).
Esta estructura de pensamiento, que trata de resolver las tres preguntas básicas que todo ser humano conciente y todo pueblo desarrollado necesitan responder, “quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”, es la base en donde se asientan los demás conocimientos, tanto materiales como espirituales, que le dan orientación y sentido a la existencia. Cada civilización con origen autónomo, entre otras cosas, tuvo una filosofía, una religión, un maestro, un grano como alimento básico y un lenguaje estético.
Si unos tuvieron El Taoísmo, El Hinduismo, El Budismo, nosotros tenemos a La Toltecáyotl, pensamiento filosófico del México antiguo. Si otras civilizaciones tuvieron a Zoroastro, Hermes, Akenatón y basaron su alimentación en el trigo, el arroz o la papa; nosotros tenemos a Quetzalcóatl y al maíz. Las ruinas de la civilización grecolatina nos “hablan” porque conocemos a sus pensadores, filósofos y poetas. Las piedras de las “ruinas” y los objetos que se encuentran en nuestros museos, nos pueden “hablar” trasmitiendo su sabiduría, siempre y cuando conozcamos la línea de pensamiento que la concibió; dejando de tener tan solo un valor “Estético o turístico”, pasando a ser algo vivo, vigente y vibrante. La elevada abstracción del pensamiento filosófico se materializa en la piedra, el barro o los metales y en el Patrimonio Cultural Intangible; de modo que, no podemos aceptar la existencia de nuestros Viejos Abuelos, sin un pensamiento filosófico afirmado e inconmovible en la materia y permanente en nuestras tradiciones y costumbres. Resulta un desafío impostergable iniciar el tercer milenio con el conocimiento de la filosofía de nuestros Viejos Abuelos. “TOLTECÁYOTL, CONCIENCIA DE UNA HERENCIA DE CULTURA. Hurgaré, a través de los textos y otros testimonios nahuas prehispánicos, en la conciencia que tuvo el hombre mesoamericano de ser portador de un gran legado. Y añadiré que, lejos de querer elaborar una erudita y estática recordación, al acudir a las fuentes en náhuatl, busco también atisbos e ideas con significación para nosotros y a la vez capaces de enriquecer los planteamientos sobre nuestro propio patrimonio cultural.” (Miguel León Portilla. 1980) El período de mayor esplendor del México antiguo fue el llamado Clásico y comprende aproximadamente del año 200 a.C. al 850 d.C. Más de mil años de un sorprendente y continuo proceso de crecimiento humano y social. En este período la filosofía, la sabiduría y las ciencias, llegaron a su máximo desarrollo. Los grandes centros de conocimiento encabezados por Teotihuacan lograron su mayor apogeo.
La vida social encontró su equilibrio perfecto entre la satisfacción de las necesidades materiales de subsistencia y las necesidades de trascendencia de la existencia. El arte ha sido el mejor testimonio de este luminoso período. Si las bases del desarrollo humano se dieron con los Olmecas en el Período Preclásico, el vértice superior del desarrollo cultural del México antiguo se alcanzó en el Período Clásico. Fueron más de mil años de un impresionante avance humanista en el Anáhuac. Todas las civilizaciones del mundo llamadas “madre” buscaron en el espacio más elevado de su desarrollo la trascendencia espiritual de la existencia. Los antiguos mexicanos no fueron la excepción. Sus conocimientos del Espíritu humano, de la concepción del mundo como campos de energía, de la relación del micro cosmos con el macro cosmos y de la responsabilidad de interactuar como “humanizador y equilibrador” entre la naturaleza y el cosmos, resulta sorprendente y asombrosa.
Estos mil años de esplendor son fundamentales para explicarnos lo que hoy somos los mexicanos. Necesitamos conocer por nosotros mismos con mayor profundidad este período luminoso. Hacer nuestras propias conjeturas con nuestros propios valores, dejar atrás la visión del extranjero colonizador. Los europeos en la Edad Media buscaron en su pasado inspiración para construir un puente que los sacara del oscurantismo de la Edad Media. La pregunta es por qué nosotros no podemos, de la misma manera, buscar en el pasado una fuente de inspiración a partir de los valores, principios y actitudes que crearon los Viejos Abuelos para llegar al cenit de su evolución y desarrollo cultural.
Y con esos valores diseñar y construir nuestro futuro. Actualmente desconocemos los alcances de sus logros espirituales y energéticos, pero lo cierto es, que los vestigios materiales de su desarrollo nos dejan sin aliento y exaltan nuestro espíritu.
Al recorrer Teotihuacan, por ejemplo, no podemos más que pensar en sus logros intangibles, frente al impresionante manejo de la materia. Si su pirámide de conocimientos estaba dirigida a alcanzar la conciencia espiritual, cuando reflexionamos descolonizadamente en la cima de la Pirámide del Sol, debemos de pensar en los alcances y logros que debieron tener en el plano intangible del conocimiento, especialmente en el campo de la energía.
Al descolonizar la concepción de nuestros Viejos Abuelos, por más negación y destrucción de su conocimiento, entenderemos que siguen vivos en nuestro corazón. Que la civilización del Anáhuac no ha muerto, como predican los colonizadores desde hace cinco siglos. Y que nosotros somos su continuación en el tiempo cíclico. |
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