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TERRA

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En un hermoso planeta de una lejana galaxia existía una gran conmoción. La energía espiritual estaba descendiendo alarmantemente y amenazaba la vida del mismo planeta y el perfecto equilibrio del sistema solar.

 

 

Los planetas en concilio discutían con el Sol la peligrosa situación. El Tiempo, de manera impersonal hacia un pormenorizado relato de cómo las cosas habían llegado a esa situación.

 

 

La Gran Fuerza Creadora en el inicio del Tiempo, puso fin al caos con la luz de su pensamiento y su amor infinito, para que todo quedara organizado en equilibrio perfecto y en constante movimiento. De este engranaje superior a través de la rotación cíclica de los astros surgía el Tiempo.

 

 

La esencia de la Gran Fuerza Creadora es el Amor, éste se manifiesta en dos grandes energías con las que está constituido todo el vasto universo. La energía luminosa, que es la sustancia original de todas las cosas que existen en el mundo. La otra energía con la que se constituye el mundo y que es la más pura de todas las energías, es la que produce la conciencia de Ser. La energía espiritual es aportada por todos los seres vivos, en especial por el ser humano, que representa la cúspide de la pirámide de evolución espiritual.

 

La Gran Fuerza Creadora se manifiesta en el mundo a través de estas dos energías. La Luz y el Espíritu, que a su vez se manifiestan en el alma y en el cuerpo, entendida como espíritu y materia.

 

La energía luminosa se desprende del Sol y viaja hasta el planeta para materializarse a través de la fotosíntesis, mágico sortilegio que realizan las plantas al transformar la energía solar en energía vegetal y dar pie a la vida en la Tierra. Todo cuanto existe en el planeta, desde los primeros tiempos vino del Sol y todo haz de luz se convierte en materia a través del líquido divino que cubre amorosamente a la tierra. El agua con la tierra representan las fuerzas de la materia y el aire y el fuego, representan las fuerzas del espíritu.

 

En la unión de un hombre y una mujer se repite constantemente el acto inconmensurable de la creación. El hombre pone su semilla, la mujer el huevo, crisol de la fecundación, y La Gran Fuerza Creadora pone un chispazo de su amorosa energía y es cuando la materia toma conciencia y se desprende de su soledad primigenia y cobra vida conciente.

 

La maravilla de los seres humanos no es que sean energía, sino lo trascendente es que a través de su conciencia de Ser, son creadores de la más pura energía que existe en el universo y de la cual se nutren La Gran Fuerza Creadora.

 

Todos los seres vivos del universo producen energía espiritual, pero en la misteriosa pirámide evolutiva a que están sujetos, los seres humanos son los mejores productores en calidad y cantidad de este extraordinario alimento.

 

Es por ello que las estrellas y los planetas procuran la vida en cada sistema, pues de la producción de la energía espiritual de los seres vivos con conciencia, se sustentan no sólo los astros, sino fundamentalmente El Creador. Porque en el universo todo es cíclico, nada es pequeño y nada es grande, nada es verdaderamente importante y nada es totalmente insignificante. La unidad está compuesta de todas sus partes. El ser humano es una pequeña parte del cíclico andamiaje del universo y está en permanente evolución.

 

Este proceso evolutivo le llevó al planeta miles de millones de años lograrlo. Se requiere un perfecto equilibrio entre todos los seres y las fuerzas que habitan un planeta para que surja la vida consiente. En este caso han existido más de cinco mil millones de años en busca de este delicado equilibrio que permite el prodigio de la vida humana. Sin embargo en este tiempo han existido cuatro intentos fallidos por crear a la humanidad sublime y los seres humanos viven en el quinto intento.

 

Los planetas y el Sol están preocupados por los graves disturbios energéticos que están sucediendo en el planeta desde hace 200 años. La falta de la energía espiritual pone en crisis al sistema. Los seres humanos, no sólo ya no producen la valiosa energía espiritual, sino que están matando al planeta que les ha dado vida. La escasa energía espiritual que producen individualmente los seres humanos, ha sido tratada de suplir por una mayor cantidad de personas, pero el intento ha fracasado pues, no sólo producen menos energía los seres humanos, sino que están depredando el planeta por su cantidad, su inconciencia y su soberbia. La contaminación es creciente, generalizada e incontrolable.

 

Los planetas y el Sol meditan la posibilidad de hacer una poda de la especie humana y comenzar otro nuevo intento para recuperar el equilibrio y la esencia de la vida en el planeta. Sin embargo, la Tierra amorosa de sus hijos los defiende con gran fuerza y les pide una última oportunidad para sus inconscientes hijos.

 

Los astros en concilio aducen que el problema es muy grave, pues no es que ya no produzcan energía espiritual los seres humanos, sino que están destruyendo el delicado equilibrio que ha costado lograr en miles de millones de años en el planeta. Que entre más pasa el tiempo, la voracidad, estupidez e inconsciencia de esta humanidad pervertida, más destrucción y desequilibrio está causando, al punto de poner en peligro a su propia Madre.

 

- ¿Cómo ha podido suceder esto? – preguntó el Sol. - Los seres humanos han perdido el sagrado camino de la existencia - sentenció Mercurio, el planeta de la inteligencia.

 

- La estupidez de unos cuantos ha hundido a la especie humana en un complejo laberinto del cual parece que no podrán salir –siguió diciendo Mercurio- las fuerzas más oscuras del universo han encontrado en los seres humanos sus mejores aliados.

 

- Que hable el tiempo –dijo el Sol.

 

Hace ciento cincuenta mil años, los seres humanos iniciaron su nuevo intento por llegar a la Luz de La Gran Fuerza Creadora. Divididos en cuatro grandes razas fueron depositados en la Tierra. A los amarillos se les dio la inteligencia y la creatividad, a los negros el ritmo y la destreza física, a los cafés se les dio la espiritualidad y el misticismo, a los blancos la racionalidad y la perseverancia.

 

Como todo en el universo es perfecto y armónico, a los seres humanos se les dio una forma de organización que les permitiera cumplir con su cometido cósmico. Como el universo es un organismo, conjunto de partes que integran un todo único e indivisible, dado que es el resultado del pensamiento de la Gran Fuerza Creadora, los seres humanos se estructuran a imagen y semejanza, en una forma piramidal y se integran al Todo en armonía, como un solo organismo. Los seres humanos no son menos que los planetas, ni distintos de las demás formas vivientes, en el universo todo es organización y perfección, de modo que para cumplir con su misión divina, los seres humanos deben constituirse en organizaciones perfectas, como la de los planetas o la des su propio organismo.

 

En efecto, desde una galaxia hasta un átomo están perfectamente organizados, con funciones y jerarquías que hacen posible la existencia armónica del Todo. Cada una de las partes tiene su función y su responsabilidad en el conjunto. De modo que existen grandes diferencias en responsabilidad, funciones, estructuras y entre los mismos individuos, sean estos planetas, seres humanos, insectos o células.

 

Lo que es arriba es abajo, lo que es adentro es afuera, de modo que los seres humanos desde que inventaron la agricultura y a través de nueve mil setecientos años y en todo el planeta se estructuraron como organismos ínter actuantes, donde todos son diferentes y tienen responsabilidades y jerarquías diferentes, regidos y coordinados por seres con mayor responsabilidad.

 

A la cabeza de la pirámide estaban aquellos que se dedicarían en cuerpo y alma al logro del bienestar supremo de sus pueblos y su desarrollo espiritual. Como un padre, como un sol, como la cúspide de la nobleza humana, estarían los que dirigirían el camino sagrado de la existencia de los pueblos. Para cumplir con su alta responsabilidad eran educados en rígidas disciplinas, con ancestrales códigos éticos y morales, así como en conocimientos herméticos donde entendían el misterio de la vida humana y su altísima responsabilidad como seres humanos con el universo. Conocimientos que no serían revelados nunca a las bases, pues el destino de los seres humanos es ser alimento de la Gran Fuerza Creadora.

 

A través de milenios el vértice superior de la pirámide humana llamada monarquía, guiaron virtuosamente a los pueblos del mundo por el camino de la evolución espiritual, especialmente los pueblos amarillos y cafés, quienes desarrollarían las primeras civilizaciones y en los primeros 6 mil años dieron al mundo los conocimientos más importantes para trascender la vida material de los seres humanos y realizarse en el inconmensurable orden espiritual. Los grandes dirigentes que guiaron a sus pueblos en este camino evolutivo eran seres sabios y puros, habían dedicado toda una vida para prepararse para la altísima responsabilidad de conducir a sus pueblos por el camino de la virtud y el florecimiento de su espíritu, de generación en generación. Este camino siempre estuvo asechado de peligros y desviaciones. La inercia de la materia arrastra a los seres humanos a la aberración y a la estupidez, es parte viva de las mismas fuerzas del universo. La luz como la oscuridad forman parte indivisible del día, por lo que los seres humanos transitaron lentamente a través de ciclos positivos y negativos, como lo hacen las galaxias en el universo, hacia una evolución espiritual, guiados por los nobles seres que estaban íntimamente ligados a las fuerzas luminosas del universo. Los seres humanos responsables de la conducción de sus pueblos, por milenios estuvieron estrechamente vinculados con la sabiduría que une a los pueblos con la Gran Fuerza Creadora, de ahí su carácter divino.

 

Inmediatamente después en la pirámide estaban la Iglesias, donde cierto grupo de personas, que por su pureza de alma, su templanza espiritual y su austeridad existencial, pero especialmente por su gran amor a la Gran Fuerza Creadora y a los seres humanos, serían los encargados de conducir a las bases por el camino del desarrollo espiritual a través de humanizar los misterios de la existencia a través de historias, ritos y costumbres que alentaban el florecimiento de los actos y sentimientos que se trocaban en energía espiritual.

 

La iglesia y los sacerdotes eran el puente entre el rey y su pueblo, y el rey era el puente entre la Gran Fuerza Creadora y los seres humanos. Así en toda la tierra, por miles de años los seres humanos, ya sea que fueran negros, amarillos, cafés o blancos, vivieron en armonía y equilibrio con la tierra, el cosmos y producían, gracias a su virtuoso existir, la energía espiritual que es requerida por la Gran Fuerza Creadora.

 

Debajo de la iglesia estaba la fuerza protectora del rey y sus súbditos. El ejército estaba constituido de guerreros que se dedicaban a templar sus cuerpos y sus almas a través de la disciplina, para mantener a salvo a la organización y el equilibrio de los enemigos internos y externos que siempre los acechaban. Pues como así es la noche es el día, como es lo de adentro es lo de afuera, lo que es virtuoso y lo que es degradado. Las sociedades humanas en equilibrio con las fuerzas que rigen al universo, también se ven sujetas a las fuerzas gravitatorias de la materia y a las entidades de la oscuridad.

 

Como las células de un cuerpo, las sociedades nacían, crecían, florecían y entraban en decadencia, para de nuevo nacer de sus cenizas y así sucesivamente, produciendo la energía espiritual que necesitan las fuerzas del universo.

 

Debajo de toda la estructura estaba la base que sustentaba la esencia de la pirámide, porque no sólo es que tan alto se acerca al cielo el vértice superior, sino que tan grande es su base que la contiene, pues ahí radica el potencial de la gran generación de la energía espiritual.Los seres humanos en su interminable existir, pues la Gran Fuerza Creadora los ha dotado de un alma inmortal que temporalmente se encuentra depositada en un cuerpo físico, pero que en su devenir existencial adquiere mayor sabiduría a través de las sucesivas reencarnaciones, que le permiten aprender a decantar su espíritu y por consiguiente, a producir mayor cantidad de energía espiritual en su existir cotidiano. La base de la pirámide tiene como objetivo concluir la gran obra maestra del universo. Aliado con las grandes fuerzas de la naturaleza el ser humano tiene dos grandes tareas. La primera es mantener y resguardar el equilibrio y la belleza del mundo que se le ha otorgado bajo su responsabilidad y la segunda, es regresar a la fuente primigenia de la vida. La búsqueda del regreso al lugar original, es recorrer el camino sagrado de la vida consiente, que llevará al ser humano, después de cientos de reencarnaciones, ante su creador, la Luz primigenia.

 

De esta manera, además de cultivar la tierra y cuidar de ella, el ser humano tiene que cultivarse y desarrollarse espiritualmente. El camino sagrado de la vida implica conocerse a sí mismo. Aprender a dialogar con el ser ancestral que habita en el interior de las personas, esa conciencia sutil que es el testigo silencioso de nuestra valiosa pero efímera existencia material y descubrir los secretos maravillosos y aterradores de la vida, para trascender el plano material y penetrar en los insondables misterios de la divinidad humana.

 

Entender la vida como la práctica de la dualidad, desarrollando el mundo material y al mismo tiempo su mundo espiritual. Por ello se dedicaba a cultivar a la tierra, es por ello que para todos los pueblos del mundo, la Tierra era simbolizada como su madre y el Sol como su padre. La vida era tomada como una maravillosa oportunidad de aprender, luchando diariamente contra las poderosas fuerzas gravitatorias que hacen sucumbir a la materia y la condenan a la corrupción. El ser humano está hecho de materia que lleva una inercia intrínseca a la descomposición, pues la muerte es parte de la vida. Pero también está compuesto de una partícula divina, energía espiritual, partícula divina de luz, que busca regresar a su origen eterno. Las personas comunes de todos los continentes y de todos los colores, se dedicaban a trabajar amorosamente la tierra, hacer sencillas manufacturas de uso cotidiano y consagrar la vida a su Dios. Las manifestaciones de amor y agradecimiento de la Gran Fuerza Creadora, estaban salpicadas de características locales, pero en el fondo eran muy similares, pues la Luz es una sola en todas partes, por múltiples formas que se presente su reflejo.

 

Con aciertos y desaciertos, con momentos luminosos y otros oscuros, pues el espíritu y la materia mantienen permanentemente su lucha eterna y necesaria, como opuestos y complementarios deben buscar el equilibrio, los seres humanos en el tiempo y en el espacio transitaban por el camino de la Luz. La vida transcurría con sencillez y lentamente. Todo se manejaba por ciclos y el de la naturaleza era el central. Así el Sol, que es la representación de la Gran Fuerza Creadora en la Tierra, todos los días enseñaba a sus amados hijos a luchar. Todos los días humildemente sale por el sitio debido y a la hora señalada para iniciar su portentoso ascenso al cenit y luego bajar lentamente para luchar contra las fuerzas de la oscuridad que reinan en el inframundo, que al atrapar a la materia, la hacen perderse en la oscuridad y la estupidez existencial.

 

De esta manera los hijos de la Tierra agradecen su generosidad, cultivando los campos, cuidando los bosques, los mares, las selvas, las montañas y los desiertos. Amando y respetando las múltiples formas de la vida en las que se expresa el infinito amor de la Gran Fuerza Creadora.

 

Los seres humanos aprendieron a amar a su Madre y ella los provee de todo cuanto necesitan para transitar temporalmente por esta existencia en busca de la Luz eterna. Porque tanto los reyes como a los campesinos, sabían que su estancia en la tierra era temporal y limitada, la eternidad estaba justo en el centro de la Gran Fuerza Creadora a donde todos se acercaban lentamente, avanzando en una gran espiral, como pequeñas luces que se acercan lentamente en su milenario existir a el centro de la creación eterna.

 

De esta manera, durante nueve mil setecientos años, los seres humanos de todos los continentes y de todos los colores, se habían organizado en esta estructura universal y habían vivido armónicamente con la Tierra, logrando cumplir con las leyes fundamentales de la existencia, en momentos con mayor intensidad y acierto, en momentos con tropiezos y descalabros, pero siempre guiados por la necesidad de acercarse a la Gran Fuerza Creadora. La condición de seres humanos no es la perfección, por el contrario, la condición humana es la conciencia de su imperfección y la lucha por lograr la pureza de sus actos y sentimientos, a pesar de estar condenados a la inevitable corrupción.

 

Esta es precisamente la maravilla y el prodigio de ser un Ser Humano, que a través de la conciencia y la autodeterminación pueden definir su propio camino.

 

La vida virtuosa, la austeridad y la frugalidad, así como la disciplina y responsabilidad eran enseñados a los seres humanos por los reyes y sacerdotes de todo el planeta a la base de la pirámide, que con un vivir humilde y sencillo, trabajando la tierra sin mayor pretensiones que el llegar algún día a reunirse con su Dios.

 

En este ciclo de ciclos, en este lento avance espiral, en este flujo y reflujo de energía luminosa y energía espiritual, de actos y sentimientos; las sociedades y los reinos de todos los continentes, cumplían la ley universal de la existencia. De modo que iniciaban su difícil ascenso, llegaban a la luminosa cúspide de su potencial y declinaban lenta o abruptamente por las fuerzas retrogradas que rigen a todos los seres vivos, desde los planetas hasta los microorganismos.

 

Sin embargo, en la tierra de los hombres blancos y a través del tiempo, un pequeño grupo de individuos que no tenían tierra y que nunca habían formado parte de la pirámide de organización humana y que se habían especializado en producir cierto tipo de objetos que trocaban por alimentos con los campesinos, lentamente se empezaron a asentarse cerca de las grandes fortalezas donde vivían los reyes blancos, quienes eran los más atrasados y menos evolucionados del planeta, tanto en el aspecto espiritual como en el material, su existir era una permanente lucha entre sí, apoderándose de las tierras y sus campesinos, saqueando los castillos de sus vecinos y sufriendo los saqueos también. No tenían una religión original y habían tomado en préstamo algunas ideas de una religión de los pueblos del desierto. La imagen deformada de un hombre iluminado y sus enseñanzas, las habían mezclado con fragmentos de religiones paganas de culturas poco evolucionadas y de antiguas religiones ya desaparecidas, donde el concepto de la divinidad humana y sus misterios eran muy pobres y limitados.

 

Las comunidades de seres humanos sin tierra se empezaron a dedicar al comercio, actividad que era poco apreciada y menos valorada por los demás pueblos del mundo, pues la humildad, austeridad y frugalidad que enseñaban las leyes divinas de la existencia, hacían que los seres humanos vivieran preocupados más por las cosas del espíritu, que por el disfrute de objetos suntuarios y superfluos; para ellos, la Tierra les daba todo lo que en verdad necesitaban. Algunos pueblos, como los amarillos, habían desarrollado la actividad comercial con mayor intensidad, pero siempre se mantuvo acotada estrecha y firmemente por las milenarias formas de gobierno y los valores espirituales nacidos de su antiquísimas religiones, respetadas y seguidas fielmente por los pueblos. La avaricia, la codicia y el atesoramiento, siempre han sido instrumento de las fuerzas retrogradas y obscuras que impiden la ascensión del espíritu humano. Pero en los pueblos blancos, poco desarrollados humana y espiritualmente, con reinados sustentados únicamente en el poder de las armas y en una religión fabricada para las necesidades de los gobernantes y no para la divinidad, la actividad comercial no tuvo los límites y condicionamientos que en otras partes del planeta. Los mercaderes que viven con los pueblos blancos comenzaron transportando exóticos productos de un lugar a otro y después importando valiosos artículos suntuarios, donde multiplicaban extraordinarias ganancias.

 

Como no existía el comercio como una actividad vital de los pueblos del mundo, los comerciantes blancos iniciaron esta actividad con intensidad, en parte por la falta de autoridad moral y espiritual de los reyes blancos y porque la tierra, el clima y los conocimientos sobre su cultivo eran muy pobres entre estos pueblos. La alimentación era muy pobre, no tenían especies, no producían telas y cerámica avanzada, sus pertenencias y objetos para hacer agradable y cómoda sus casas eran muy limitadas. Su arte era primitivo y sus manifestaciones religiosas eran básicas y se fundamentaban en el temor y no en el amor a su Dios.

 

Durante mucho tiempo, los mercaderes se dedicaron a comerciar con gran éxito con los pueblos amarillos, por lo que recorrían inmensas distancias en grandes caravanas que cruzaban de un extremo a otro el extenso continente, para abastecer a una nobleza ignorante, poco espiritual y muy belicosa, que poco a poco empezaron a aficionarse a los bienes importados de lejanos pueblos.

 

Cada vez los mercaderes tenían más riqueza y poder, pero su situación seguía siendo subordinada a las jerarquías que estaban encima de ellos en la pirámide social. Es por ello que empezaron a corromper lentamente los estratos inmediato superiores. Los metales preciosos, las gemas, las mercaderías y los objetos suntuarios comenzaron a ser la obsesión, no sólo de los mercaderes, sino de aquellos nobles, clérigos y guerreros, que se alejaban de los principios esenciales de la vida.

 

La materia es muy frágil ante las fuerzas gravitatorias y retrogradas. El espíritu sucumbe fácilmente a la carne y la inercia de la materia es la corrupción. La vida humana es la lucha de estas dos fuerzas que forman parte misma de su ser, condición indispensable para enfrentar el desafío de su existencia.

 

Al pasar el tiempo y a pesar de que cada vez los mercaderes tenían mayor riqueza, no podían acceder abiertamente al poder, la milenaria pirámide de organización humana lo impedía. El destino planetario cambió cuando a los mercaderes les sucedieron dos hechos importantes. El primero es que decidieron cambiar el orden mundial, la pirámide de organización humana había sido condenada a la destrucción. Se propusieron destruir lenta pero inexorablemente la estructura de organización divina de la existencia y la relación de equilibrio de los seres humanos y todas las fuerzas de la naturaleza, incluyendo a la Gran Fuerza Creadora.

 

La segunda, fue que un poderoso pueblo les impidió el paso de sus caravanas comerciales, por lo que financiaron la invasión al planeta entero por los hombres blancos en busca de nuevas rutas comerciales con los pueblos amarillos, los pueblos blancos en gran medida habían sucumbido a la codicia y se habían alejado de la divinidad. Los mercaderes primero usaron a los reyes más pobres y a los pueblos más ignorantes y en guerra, para apoderarse del mundo y después, los reinos más poderosos sucumbieron ante la codicia y la sed de dominio y explotación.

 

- ¿Quién apoyó a los hombres blancos en esta locura? – Preguntó el Sol- ¡Marte!, respondió Mercurio.

 

- Yo sólo les he dado a los seres humanos la fuerza que les permite inmortalizar su alma, el ser humano es por naturaleza un guerrero que luchará por liberar a su espíritu de la efímera materia que le contiene. Sí los seres humanos han envilecido este don, es su responsabilidad, no la mía. – afirmó Marte.

 

En poco tiempo los mercaderes se apoderan de los reinos y los pueblos blancos, quienes impulsados por los sentimientos guerreros iniciaron con entusiasmo la invasión y conquista del planeta a favor de los intereses de los mercaderes.

 

El inicio del “nuevo orden mundial” arrancaba con injusticia y dolor. Con el fanatismo de una nueva religión que había nacido muerta y que les otorgaba “el permiso divino”, pues desde sus orígenes como iglesia fue utilizada por los reyes blancos como una arma de control político, los pueblos invasores con sus espadas y sus cruces iniciaron el primer paso para el cambio del orden mundial, dirigidos y financiados por los astutos comerciantes, quienes ya habían pactado con los reyes y los prelados corruptos.

 

Uno a uno fueron cayendo los reinos en todos los continentes. Las riquezas saqueadas del mundo entraban al continente blanco por medio de los reinos y los mercenarios depredadores, pero quienes verdaderamente aprovecharon y multiplicaron esta riqueza fueron los mercaderes asentados en los reinos blancos. El cambio del orden mundial, no sólo consistía apoderarse de los demás pueblos del mundo, sino empezaba por cambiar los valores milenarios de los seres humanos en los reinos blancos para después proseguir con los del mundo entero. Cambiar el sentido divino y espiritual de la vida, por un sentido material y económico, cambiar la búsqueda de la libertad interior para expandir el potencial espiritual, por la búsqueda de la libertad económica para poseer y disfrutar los placeres del mundo material. En este cambio, los mercaderes se habían propuesto destruir la milenaria organización piramidal de los pueblos de la Tierra. Al destruir a la nobleza y la iglesia, los mercaderes podrían asumir el poder y el control del mundo, aliándose primero y después subordinado a los corrompidos guerreros. Rompiendo la milenaria estructura organizativa que los tenía sujetos al poder de los reyes y las iglesias, y cambiando el bajo estatus que tenía el comercio para sobreponerlo como la actividad más importante y fundamental de los seres humanos.

 

El nuevo orden mundial, debía girar en torno al dinero, el consumo y al mercado, su bandera sería la libertad y la democracia. El objetivo de los mercaderes es que algún día la necesidad de poseer, comprar y atesorar sería para los seres humanos la única razón de su existencia. Donde el dinero fuera el dios, el mercado el imperio, los sacerdotes los científicos corruptos y la gran iglesia universal la ciencia, y ellos, los mercaderes, los amos del mundo, sin ninguna autoridad moral, espiritual o física sobre ellos. Actuando con total impunidad a la sombra de “las leyes del mercado”, sin reinos, imperios o naciones, un mundo sin fronteras, sin iglesias, sin líderes, sin valores ni principios, sin arquetipos y con los medios de comunicación a su servicio, embruteciendo y enajenando a los seres humanos. El viejo orden mundial había iniciado su desmantelamiento, tardarían cinco siglos, pero al final casi lo lograrían.

 

Del inicio de la invasión del mundo a su completo dominio militar se llevaron alrededor de doscientos años. Al final de ese periodo y gracias a su permanente labor de zapa y corrupción de las estructuras de gobierno y al desmantelamiento de los valores y principios que habían regido la vida humana durante milenios, los mercaderes llegaron a un punto culminante cuando en el reino más importante del continente blanco de ese momento, azuzaron al populacho y no sólo derrocaron al rey, sino le cortaron la cabeza a él y a su familia.

 

Lo que estaba considerado por miles de años como un hecho imposible y sacrílego, que un plebeyo le quitara la vida a un rey, quien representaba la voluntad y presencia de Dios en la Tierra, había sucedido. Después comenzaron a rodar las cabezas y a caer los reinos de todos los pueblos del mundo. Los mercaderes financiaron el derrocamiento de los reinos, primero la de los blancos y después los demás en todos los continentes, para erradicar aquella organización ancestral que no les permitía tener el poder de los seres humanos e imponiendo la democracia blanca, que alentaba el comercio y la destrucción de las milenarias culturas de los pueblos invadidos.

 

Para realizar su cometido, los pueblos blancos emprendieron la colonización del mundo. Después de la invasión militar, el derrocamiento de sus reyes y antiguos linajes de gobierno, así como la imposición de pesados tributos y brutales saqueos directos o a través del comercio, los pueblos blancos se dedicaron a cercenarles a los pueblos vencidos su idioma, su memoria histórica, sus conocimientos, sus espacios y su religión, para dejarlos sin su ancestral forma de ver y entender la vida y el mundo, cambiando sus valores y principios. De esta manera dejaban a los pueblos invadidos mudos y silentes, amnésicos y ajenos a sí mismos, estúpidos e impotentes de crear y recrear el mundo en el que viven, sin espacios físicos, sociales y espirituales, para finalmente dejarlos sin la protección de sus dioses y la convicción de la altísima responsabilidad espiritual de la vida y el mundo.

 

Los pueblos invadidos se quedaron hablando la lengua de los invasores, con la historia de los vencedores, dependiendo de las tecnologías de los pueblos blancos, en los más desolados e inhóspitos espacios de su tierra y en las manos de una religión ajena a sus principios morales, éticos y espirituales.

 

Los pueblos blancos se convirtieron en los esbirros de los mercaderes y se asumieron como los defensores de la “Libertad en la Tierra”, traducido como la posibilidad de que cualquier ser humano a través del comercio y el dinero, pudiera acceder al nivel más elevado de la sociedad por medio del poder económico. En segundo lugar, los pueblos blancos a través de los guerreros, derrocaron en el mundo a todas las formas de gobierno ancestral e impusieron por medio de las armas, la democracia.

 

La democracia de los mercaderes consiste en que al no existir la milenaria forma de organización piramidal, que fue la guía y la tutela divina sobre los pueblos, los seres humanos de manera individual tendían que elegir a sus gobernantes. Los políticos y las democracias son la manera que tienen los mercaderes para controlar y dirigir a los pueblos. En la democracia de los mercaderes, no gobiernan las personas más nobles, inteligentes y comprometidas con los pueblos y su desarrollo espiritual; ni tampoco las personas más virtuosas, honestas y conscientes. En la democracia de los mercaderes gobiernan las personas que tengan más dinero para ganarse el voto de las personas.

 

Dentro de la implantación del nuevo orden mundial y para el reemplazo de la nobleza, los mercaderes crearon una nueva clase dirigente. Los políticos debían sustituir a los reyes y la política a las leyes universales de la vida humana. Cayó la milenaria organización divina y se impuso los intereses materiales de los mercaderes. Empezaron a desparecer los reinos y a brotar como hongos venenosos las naciones estado. Los mercaderes crearon el engaño más perverso y dañino a la humanidad. Los políticos inventaron el mito de la democracia. Pusieron a luchar a los seres humanos unos contra otros, exaltando ideales nacionalistas, que no eran más que divisiones territoriales de carácter económico entre los mercaderes y sus nuevos seguidores locales.

 

Las naciones estado eran cotos de poder económico de los mercaderes, donde los seres humanos deberían ser iguales, tener la libertad de comerciar y producir, de votar y elegir a sus gobernantes, pero los mercaderes tendrían el dinero y por ello el verdadero poder. Los generales primero y los políticos después, sólo fueron las marionetas de los intereses de los mercaderes. Se acabarían los reyes y la pirámide milenaria de organización, se impondría sobre toda condición el poder del dinero, el comercio y las leyes del mercado.

 

La democracia ha sido la manera en la que los seres humanos han sido engañados, para alejarlos de su milenaria organización piramidal dirigida por la nobleza. Todo organismo, sea un galaxia, un planeta, un ser humano o una bacteria, por necesidad tiene jerarquías y funciones, que hace que las partes que lo integran sean diferentes y estén firme y perfectamente organizados por leyes inviolables que garanticen su buen funcionamiento. El organismo humano tiene millones de millones de células, unas diferentes a otras y cada una con diferente responsabilidad y función. La democracia en un organismo vivo se traduce como el cáncer, donde las células pierden el orden fundamental y la razón misma de su existencia, en pos de una libertad criminal. La democracia es la invitación al caos y a la desorganización milenaria de la humanidad, en favor de los intereses económicos y políticos de los mercaderes. La democracia que impusieron los mercaderes a los pueblos blancos y estos a su vez a los demás pueblos del mundo, ha sido un verdadero cáncer que ha afectado al mismo planeta.

 

Al final de aquel tiempo, se dio otro gran paso en la destrucción de lo humano en la Tierra, se inventó la producción en serie y la fábrica. Se ponderó la materia sobre el espíritu. Destruyendo con ello, no sólo el núcleo central de la sociedad. La familia que durante milenios había funcionado como centro de producción, reproducción y de educación, compartida entre el hombre y la mujer, fue brutalmente desmembrada. Los hombres y los niños ingresaron a las factorías y a las minas. Se inició la progresiva destrucción de los valores y principios familiares, y fundamentalmente el alejamiento de los seres humanos de la tierra. Nació la obsesión por la producción de objetos materiales y se midió el avance humano en términos de consumo material. Se inició el hacinamiento de la gente cerca de los centros de producción y consumo. La contaminación espiritual inició y sus efectos serán más tarde la contaminación ambiental. Porque para que un ser humano pueda vivir con la basura en su casa, en su calle, en su pueblo, en la ciudad y en el campo, antes que nada y primero que todo, tuvo que contaminar su espíritu y como este es inmaterial, se manifestará la contaminación en su entorno material. La contaminación del planeta es el resultado de la contaminación espiritual de los seres humanos.

 

La otra gran batalla los mercaderes la dieron en el terreno de lo divino y lo sagrado en los dos últimos siglos. El ser humano que por su naturaleza es místico y espiritual, fue despojado de su ancestral necesidad de acercarse a Dios. Las iglesias de todo el planeta recibieron los embates de los mercaderes. Las más débiles y corruptas inmediatamente sucumbieron, aliándose a los mercaderes convirtiéndose en instrumentos de dominación y enajenación, unas pocas resisten totalmente disminuidas y asechadas por el nuevo orden. Pues sí los mercaderes inventaron a la democracia y a los políticos para sustituir a la nobleza; la ciencia y los científicos sustituirán a los sacerdotes y a las iglesias. La nueva religión de la humanidad se tornó en la ciencia y los científicos se convirtieron en sus ministros. Los espacios de lo divino y lo sagrado, serán dejados sólo para los pueblos y las personas acusadas de fanáticas, incultas o primitivas. El culto a la materia y al poder económico y científico, estarán por encima de todos los valores humanos. Se creará el mito de la evolución lineal y se hará creer a los seres humanos que la democracia, el mercado y la ciencia, son la evolución más decantada de la humanidad. El conocimiento se transformará en la ciencia y ésta perderá la sabiduría y los científicos se deshumanizarán y embrutecerán, terminado como esclavos estúpidos de los mercaderes. La educación dejará de ser humanista y espiritual, pasará a ser productivista y materialista. Se buscará embrutecer a los estudiantes y deshumanizarlos, se les impondrá a través del individualismo y la competencia el culto al consumo y a la producción.

 

Los filósofos y la filosofía que por milenios habían tratado de resolver el misterio de la vida en base a contestar las tres preguntas básicas de la existencia. Quién soy yo, de dónde vengo y a dónde voy, terminaban frente a lo inconmensurable en el campo de la metafísica. Es decir, que la solución al milagro de la existencia humana quedaba para después de la muerte, más allá del mundo físico, en el perímetro del misterio de la Gran Fuerza Creadora. Así, los filósofos y las filosofías, al final se unían con los grandes maestros y las religiones milenarias, que explicaban estos profundos misterios a las grandes masas humanas. Los mercaderes convirtieron a los filósofos en economistas y a la filosofía en economía. A partir de que un filósofo blanco decretó la muerte de Dios y que definió que la realización humana no estaba después de la muerte, sino en la vida misma, y que primero tenía el ser humano que satisfacer todas las necesidades materiales de la vida, para después pasar a satisfacer las necesidades espirituales de la existencia. Este planteamiento fue la cuartada filosófica que necesitaban los mercaderes para cimentar el nuevo orden mundial.

 

La sociedad blanca se metió de cabeza en el mundo material para encontrar su realización existencial. El concepto del logro del progreso, el desarrollo, la modernidad y la globalización, arrastraron a los pueblos en una búsqueda irracional del bienestar humano en la materia, depredando en el intento, no sólo a la naturaleza y al planeta, sino el espíritu y la conciencia de los seres humanos.

 

Dos importantes grupos humanos traicionaron las leyes divinas de la creación y la organización humana. Los guerreros y los creadores artísticos. Los primeros que tenían como sagrada obligación defender y reguardar a la nobleza dirigente y a sus amados pueblos. El guerrero, ancestralmente en todos los pueblos del planeta, encarnaba la pureza y templanza del espíritu y la fuerza de la materia. Los guerreros tenían conocimientos esotéricos y cofradías, donde aprendían los secretos y misterios de su alta responsabilidad en las organizaciones humanas. La disciplina, la sobriedad y la austeridad, así como la templaza física y de carácter, hacían del guerrero un ser capaz de enfrentar las tentaciones del poder y la fuerza. Los guerreros debían ser por excelencia los defensores de la vida, la organización humana y las leyes divinas de la existencia. Los guerreros estaban sometidos a fuertes presiones gravitatorias donde la inercia de la materia arrastraba al espíritu a su perdición. Las fuerzas retrógradas y negativas del universo, permanentemente estaban presionado a los guerreros, de modo que en el devenir humano, los guerreros siempre tuvieron un importante papel en la historia de los pueblos, en sus momentos más luminosos y en los más obscuros.

 

El culto a la guerra, la barbarie, el despojo y la injusticia en pos de la riqueza material, hicieron que la grandeza y nobleza de aquellos guardianes del espíritu humano, se aliaran y entregaran servilmente a los intereses económicos, convirtiéndose en mercenarios de los mercaderes. Asesinos y saqueadores que degradaron el espíritu del guerrero.

 

Los artistas blancos también traicionaron al espíritu humano y a la Gran Fuerza Creadora, pues el arte había sido por milenios el lenguaje del espíritu. El arte era el medio tangible que transformaba la materia y la convertía en un puente entre lo divino y lo humano, entre el espíritu y la materia, entre Dios y los pueblos. Los artistas por milenios interpretaban las más elevadas aspiraciones de los seres humanos en busca de lo sagrado y lo divino de la vida y la existencia. Hacían concreto lo abstracto, material lo intangible, el amor a Dios en obras de arte, en las que todos unían sus corazones y se identificaban por generaciones en torno a una misma aspiración trascendental de carácter espiritual. El arte es el lenguaje por excelencia que nombra y busca a Dios, acercando a los pueblos al inconmensurable misterio de lo divino y lo sagrado de la existencia humana.

 

Los artistas sucumbieron también a los mercaderes y se convirtieron en sus esclavos. Construyeron sus mansiones, esculpieron sus bustos, pintaron sus retratos y decoraron sus palacios. Se entregaron de lleno al mercado y el dinero quemó sus corazones y calcinó sus enfermos espíritus. El arte dejó de ser algo espiritual, anónimo y comunitario, para trocarse en algo material, personalizado e individual. Dejó de ser abstracto y se convirtió en concreto, dejó de ser espiritual y pasó a ser económico, dejó los templos y se hundió en los mercados, dejando indefenso a los pueblos.

 

- Qué les ha pasado a los seres humanos – preguntó el Sol.- Los seres humanos han perdido el Amor –contestó Venus.- Sí los seres humanos se pierden, estamos perdidos nosotros. Todo loque ha concebido la Gran Fuerza Creadora está íntimamente ligado. Los planetas no somos más que seres concientes convertidos en dioses por gracia de la pureza espiritual. – dijo Saturno, la fuerza justiciera del sistema.

 

En el último siglo los mercaderes se han logrado apoderar de la mente y los corazones de los seres humanos. Han destruido sus ancestrales estructuras de organización, han acabado con la nobleza dirigente, han cambiado los valores de la vida, han corrompido las iglesias con sus prelados y ministros, han envilecido los corazones arrastrados por el culto al consumo y a la materia, han embrutecido a los científicos y a los artistas, han corrompido a los guerreros y los han convertido en mercenarios asesinos, defensores de los intereses del mercado, han destruido a la familia y han dejado en la orfandad y la desolación individualista a los seres humanos, han creado las democracias como un cáncer, donde unos cuantos deciden por todos y a favor de los intereses de los mercaderes, pues los políticos son financiados y manejados por ellos. Las leyes del mercado finalmente han subordinado a los estados y los mercaderes empiezan a desmantelar las naciones y se están deshaciendo de los políticos y la política, dejándoles el papel sólo de administradores para imponer por fin el nuevo orden mundial, donde los mercaderes tienen todo el poder y ninguna responsabilidad.

 

El sistema monárquico y piramidal en el que vivó la humanidad a lo largo de nueve mil setecientos años y que dio los mejores frutos espirituales, finalmente fue destruido y substituido por una dictadura feroz, impuesta por los mercaderes, pero con una fachada de aparente libertad y democracia popular. El fundamentalismo económico, la materia, el dinero y el consumo, apoyado por la ciencia deshumanizada, las armas de los guerreros corruptos, los medios electrónicos de comunicación, han construido el imperio del mercado. Finalmente los mercaderes tienen el control de los seres humanos y poseen todo el poder.

 

- No todo está perdido, ni los mercaderes tienen el poder total del mundo. Existen pueblos y regiones del planeta que siguen fieles a los universales principios de la Gran Fuerza Creadora. - Afirmó la Tierra con gran fuerza.

 

- Es verdad que los seres humanos más viles y poderosos han esclavizado y embrutecido a sus hermanos, que gran parte de mi ser lo han contaminado y degradado, que ya no producen energía espiritual, que su ambición de poder y de consumo me está dañando; pero también es cierto que los seres humanos son partículas divinas de la Gran Fuerza Creadora y mientras vivan, tienen la oportunidad y el potencial de enderezar el camino. Debemos darles una oportunidad. Existen miles millones de seres humanos que viven en armonía con su espíritu, con nosotros y con la Gran Fuerza Creadora.

 

Los seres humanos, especialmente los que viven bajo la hegemonía de los pueblos blancos han perdido el sentido místico y espiritual de la vida. Sus cerebros y sus corazones están permanentemente expuestos a uno de los inventos más eficientes para neutralizarlos, embrutecerlos y enajenarlos a favor de los intereses de los mercaderes.

 

Los medios de comunicación, pero especialmente la televisión y la radio han impuesto los nuevos patrones culturales e ideológicos de las sociedades modernas, los valores y los principios del nuevo orden mundial son permanentemente reforzados de manera subliminal o de manera grotesca, pero diariamente entran al subconsciente de los seres humanos que viven bajo el dominio ideológico, cultural y económico de los pueblos blancos.

 

En el nuevo orden mundial, se ha logrado borrar la memoria histórica de los antiguos pueblos. Se hace creer en una historia universal, que no es más que la historia manipulada y retocada de los pueblos más bárbaros e ignorantes de la Tierra. La historia humana de los mercaderes arranca hace dos mil años y desmantela y disuelve en el olvido los diez mil años de desarrollo humano en el planeta. La sabiduría y las enseñanzas espirituales producidas por los milenarios pueblos de todo el planeta son desestructuradas de la conciencia y la memoria de los pueblos dominados por el nuevo orden. Los mercaderes a través de sus científicos esclavos y su ciencia deshumanizada, enseñan como un dogma que, todo lo antiguo es primitivo y que el presente siempre es mejor que el pasado. Que la evolución es lineal y que va de menos a más. Que la humanidad vive su mejor momento y que pese a la realidad que les dice lo contrario, el presente humano es mejor que su pasado y que los humanos tienen un futuro prometedor.

 

Las personas que viven bajo la influencia ideológica y el poder del mercado, ya no tienen arquetipos, ideales y valores humanos. Todo se reduce en trabajar, ver televisión, comprar, tener y pagar, sus corazones se están muriendo en la desolación, el tedio y la frustración. Han perdido el asombro de saberse vivos y la maravilla de ser seres luminosos en contacto con la naturaleza. Los valores sociales de la modernidad no contemplan el prodigio de la vida y del estar vivo. Están encerrados en su ansias voraces de tener y consumir, están absortos en su mundo de ideas, actuando sus pensamientos y dejando de vivir sus actos y sentir sus sentimientos. Totalmente desconectados del mundo que los rodea.

 

Los mercaderes han usado a los artistas y a los deportistas comerciales, como arquetipos y modelos a seguir. Ante la destrucción de los milenarios arquetipos humanos que se oponían a las leyes del mercado y ante la inevitable necesidad de realización espiritual del ser humano, los milenarios arquetipos son cambiados por los artistas y los deportistas, que alientan la necesidad de trascender, comprando y poseyendo, el consumo como la forma de justificar la existencia. Los artistas y los deportistas, se han convertido en fenómenos comerciales que suplen la íntima necesidad humana de tener modelos que imitar. El triunfador social es individualista, competitivo, despiadado y rompe permanentemente las tradiciones del grupo humano al que pertenece. Ya no tiene que esforzarse por desarrollar una virtud o un don, ya no tendrá que sacrificarse o trabajar extraordinariamente, ahora sólo comprando los objetos que venden los arquetipos comerciales satisface esta atávica necesidad humana.

 

La modernidad, el progreso y su universalidad, son los argumentos ideológicos con los que se tratan de destruir las culturas de los pueblos sabios y humanistas de la tierra. Ser tradicional se contrapone a ser moderno. Ser tradicional representa estar atrasado, fuera de la moda, ser poco evolucionado, no haber triunfado en la vida y en el mundo. En contraparte, ser moderno significa estar a la moda y haber progresado. La modernidad y la democracia son impuestas por los hombres blancos a todos los pueblos del mundo. La imposición pude ir desde lo sutil y subliminal, a través del comercio y la tecnología o brutalmente por medio de las armas. La consigna ha sido derrocar toda forma de gobierno que no sea la democracia que los mercaderes le han inculcado a los pueblos blancos y cambiar los milenarios valores culturales por los valores de las sociedades de consumo.

 

- Pero por qué los hombres que dirigen a los pueblos han permitido tal embrutecimiento y degradación del espíritu humano, -preguntó el Sol.- Porque los mercaderes han destruido las originales formas de organización humana y de gobierno, ahora quien dirige a los pueblos, es un puñado de hombres increíblemente ricos, que poseen la mayor parte del dinero del mundo –contestó Mercurio.- Que se puede hacer por remediar esta calamidad. –inquirió de nuevo el Sol.

 

- Ya nada se puede hacer por los seres humanos, lo que debemos hacer por resguardar y proteger el equilibrio cósmico y salvar a nuestra hermana la Tierra. Debemos acabar con la mayor parte de estos embrutecidos seres y crear otra humanidad. Acabar todo para iniciar de nuevo. –afirmó Marte.

 

- La Tierra sale en defensa de sus hijos argumentando – La humanidad no son unos cuantos degradados individuos. En más de seis mil millones de seres humanos, ni una sexta parte de ellos tiene el corazón y el espíritu envenenados. El espíritu humano sigue floreciendo de manera normal y ancestral, las distorsiones se dan en la dirigencia de los mercaderes que viven en algunos pueblos blancos, no en todos, y el ser humano por naturaleza es bueno, amoroso y espiritual; respeta a la vida y el medio ambiente. Mis hijos, -dijo la Tierra- comparten con nosotros la chispa divina de la Gran Fuerza Creadora, es por ello que no pueden ser malos.

 

Saturno le pregunta a el Tiempo. – ¿Se pude lograr que los mercaderes, sus seguidores, sus intereses y su inmensa estructura puedan ser cambiados y dirigidos a encontrar el desarrollo espiritual perdido en estos quinientos años?

 

La vida para muchos seres humanos ya no tiene ningún significado espiritual. El equilibrio, la belleza, el amor, la necesidad de trascender espiritualmente es ahora utilizada por los mercaderes para que los seres humanos vivan sólo para consumir y poseer. Los valores humanos ahora sólo son recursos mercadológicos para alentar e inducir el consumo y la enajenación. La propuesta del nuevo orden mundial es que en la medida que el ser humano compre, en esa medida y en esa manera se realiza. La vida de los seres humanos ahora tiene un valor económico, el individuo, la familia, la comunidad y las naciones, han basado todo su esfuerzo en lograr el desarrollo, progreso y bienestar en términos únicamente materiales y económicos. La riqueza y el poder de los mercaderes y el nuevo orden mundial, es directamente proporcional a la corrupción de las instituciones y el embrutecimiento y enajenación de los seres humanos. La pérdida de los valores y principios con los que los pueblos han ido evolucionando a lo largo de casi diez mil años, es lo que permite a los mercaderes dejar indefensos y a su merced a los pueblos dominados por el mercado. Los seres humanos en el nuevo orden mundial han perdido la dirección, sabiduría y protección de aquellos individuos de alta nobleza y decantado espíritu, quedando los pueblos en manos de los impostores y corruptos políticos y en el burdo engaño de su democracia. Sin los milenarios valores espirituales y los principios solidarios, comunitarios y fraternales, así como sin el amor a la naturaleza y a Dios, los seres humanos caen en el vértigo degradante del nuevo orden, donde la materia y la economía, están por encima del espíritu y lo divino.

 

Por todo ello, sería muy difícil que los pueblos embrutecidos y envilecidos retomaran el ancestral camino de la humanidad. El nuevo orden está muy bien cimentado en la degradación humana y ahora unos cuantos tienen todo el poder de las mayorías. Los seres humanos no sólo están inconscientes, embrutecidos y desorganizados por los mercaderes, sino ellos mismos se embrutecen por las mismas fuerzas gravitatorias, que arrastran a la materia a su propia destrucción. El ser humano se ha convertido en el mayor depredador de sí mismo y el enemigo mortal del planeta. Los seres humanos no tienen salvación.

 

¿No podemos tener la esperanza de que los seres humanos tomen conciencia? – preguntó la Luna. Quinientos años no son nada en el tiempo cósmico de la hermana Tierra y muy poco en la historia humana. Los mercaderes no pueden ser tan poderosos. –Terminó diciendo el satélite.

 

Efectivamente existen tres grandes grupos humanos. Los que siguen viviendo en los antiguos valores y principios del ser espiritual. Miles de millones de personas en el mundo que no han sido tocados internamente por la corrupción moral y espiritual del nuevo orden. Pueblos que viven en armonía con la naturaleza y acogidos a sus centenarias tradiciones y costumbres, probablemente sean las dos terceras partes de los humanos. Pero estos a pesar de ser mayoría son los más pobres y débiles, viven bajo feroces tiranías gobernados por servidores locales de los mercaderes, están desorganizados o viven en lugares verdaderamente inhóspitos, refugios naturales donde todavía no ha llegado la voracidad de los mercaderes. Existe otro grupo, no tan numeroso como el primero. Vive en las ciudades y sus periferias, han perdido el contacto con la naturaleza y con la cultura de sus lugares de origen. Generalmente viven hacinados, embrutecidos y explotados salvajemente, son la carne de cañón, la materia prima de los mercaderes. No tienen pensamientos propios, no tienen sentimientos propios, no tienen actos propios, viven de acuerdo a los valores predeterminados por los mercaderes y son sus aliados. Son los que le cortaron la cabeza a los reyes, son los mejores consumidores, los defensores del libertinaje y la irresponsabilidad existencial. Finalmente, existe un pequeñísimo grupo de personas y familias, que tienen el control financiero y económico del mundo. No tienen nacionalidad, religión, idioma, responsabilidad social o histórica. Su dios es el Becerro de Oro, tienen la ley y el poder en sus manos, no se dejan ver, se mantienen en la oscuridad del anonimato y no les interesa la vida, la humanidad y el planeta. Los mercaderes después de quinientos años de iniciar el cambio de un nuevo orden mundial, han logrado imponerlo en casi todo el mundo y han destruido las ancestrales formas de organización humana. El mudo financiero y económico, de manera fría e impersonal controla el destino de los seres humanos y del propio planeta.

 

Es por ello, que no existe posibilidad de cambio. Los seres humanos están perdidos, porque han malogrado lo más esencial de sí mismos; su conciencia y su fuerza espiritual. Los seres humanos fueron creados por el amor infinito de la Gran Fuerza Creadora, es por ello que tienen el potencial luminoso para transformar su realidad.

 

- El amor es la fuerza más importante del universo capaz de vencer cualquier obstáculo. Los seres humanos no pueden estar derrotados y menos desahuciados. –expresó Venus, que se había mantenido callado.

 

El verdadero problema no es que los mercaderes sean muy poderosos, sino que los seres humanos ahora son muy débiles. Los seres humanos han perdido la capacidad de amar y ahora confunden sus deseos y debilidades, su necesidad de consumir y poseer, por la maravillosa esperanza de amar. En el nuevo orden mundial está proscrito el amor, pues este humaniza y libera; la ambición e inconsciencia esclavizan.

 

- Pido a mis hermanos que, no sólo les den una oportunidad a los seres humanos, sino que les brinden su auxilio. Tu hermano mayor, dales con tu luz y tu calor, la alegría de la esperanza. Saturno enséñales a los seres humanos los límites de la necesidad y la fuerza equilibradora de la justicia. Mercurio, guíalos con tu infinita sabiduría. Venus, bendícelos con tu inconmensurable amor y enséñalos de nuevo a amar. Marte, dales ímpetu para que luchen contra las obscuras fuerzas que arrastran a la materia a su inevitable corrupción. Y tú, mi compañera silenciosa, enséñalos de nuevo a soñar y alúmbralos en su oscuridad. A final de cuentas todos son mis hijos y son parte de mi ser y todos juntos, tanto ellos como nosotros, no somos más que una pequeña e insignificante expresión de la Gran Fuerza Creadora. –dijo la Tierra con profundo sentimiento.

 

- Reinó un frío silencio sideral, hasta que el Tiempo comenzó a hablar con serenidad y aplomo.

 

Todo en el universo se compone de ciclos. La muerte y la vida son parte de una realidad. No puede haber vida, sí no existe la muerte. Esa es la ley universal del cambio. Nada es para siempre y todo termina y continúa eternamente. El movimiento es una de las manifestaciones de la Gran Fuerza Creadora, por el movimiento nacieron ustedes, por el moviendo existo yo. La vibración primigenia, la frecuencia infinita, la divina palpitación dadora de vida.

 

No es la primera vez que los seres humanos pierden el camino, no será ésta su primera destrucción. La crisálida tiene que morir, para que nazca la mariposa. Los seres humanos han cumplido otro ciclo más. Aún los mercaderes, forman parte de la voluntad de la Gran Fuerza Creadora, ellos son tan sólo la expresión de la dualidad universal. El día y la noche, la vida y la muerte, par de opuestos complementarios. La madre tiene que dar vida, la Tierra nuevamente deberá parir dolorosamente y el sistema solar continuará su inevitable y eterna marcha. Las leyes universales de la vida rigen a todos los seres vivos del universo, todos absolutamente todos, sean estrellas o bacterias, tiene tres condiciones que los hermanan y los igualan. Todos están vivos, todos sienten y todos indefectiblemente tendrán que morir. A esta humanidad le ha llegado su hora de morir.

 

Están preparados todos. – preguntó el Tiempo. Hubo entonces un silencio estelar. Cómo una señal del destino, en ese preciso momento hizo su aparición el cometa negro.

 

Los planetas poco a poco se alinearon y de pronto la Tierra se estremeció. Muy lentamente cambió su inclinación y las aguas descontroladas cubrieron las tierras, inmensas montañas surgieron violentamente del mar. Por un instante el planeta brilló pálidamente y su luz se fue expandiendo suavemente, hasta desvanecerse en el oscuro espacio.

 

La vida había comenzado de nuevo en la Tierra, se iniciaba otro intento humano por lograr alcanzar la Luz.

 

 

 

 

 

 

 

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