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La flor de la palabra

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La flor de la palabra

- Irma Pineda Santiago - Sunday, 25 Jun 2023
Durante el taller 'Slakjsamajan Chuchut' (Las hijas del agua), en imagen de archivo. Imagen tomada del Twitter @UICEH
Semanal, Periódico La Jornada.

En mi niñez, cada vez que llovía, el abuelo Antonio me mostraba el recorrido del líquido mientras decía ?el agua tiene memoria, el agua siempre recuerda su camino?, lo cual constatábamos cada año, pues las corrientes tomaban el mismo sendero hasta encontrar la boca de la mar, que en la cultura binnizá es mujer y se nombra Nisado?, es decir, Agua Sagrada, medicina para algunas enfermedades del cuerpo o del espíritu, por ello, es común ver en las comunidades indígenas procesiones y rituales para entregar ofrendas en algunos espacios considerados sagrados por ser puntos de agua. Asimismo, la gente de algunas comunidades de las montañas, cuando visitan las playas, se llevan botellas con un poco de mar que usarán para su sanación.

El agua es un ser vivo, es sagrada y espiritual, debe ser tratada con respeto y amor, para que permita la vida en la tierra. Amar el agua significa defenderla y defender los espacios donde decidió nacer o establecerse, llámese río, mar, arroyo, ojo de agua, cuenca, manantial, cascada o nacimiento, ya que el agua, además de darle vida a nuestro cuerpo, también permite la vida en los pueblos indígenas, tanto de manera física, al hacer posible la generación de alimentos, como de manera simbólica, al ser considerada un elemento que nos da energía, capaz de sanar a las personas y a la tierra misma, por lo que es necesario cuidarla y cuidar a los seres que la acompañan, los llamados señoras, señores, dueños, guardianes o espíritus del agua, así como los espacios que éstos habitan. En estas ideas coincidimos varias de las participantes en el taller denominado en totonaco Slakjsamajan chuchut (las hijas del agua).

La flor de la palabra



Dicho taller se realizó en el municipio de Huehuetla, Puebla, los días 3 y 4 de junio del año en curso y fue organizado por el Consejo Maxtum Kalaw Chuchutsipi, el Centro de Estudios Superiores Indígenas Kgoyom, el Colegio de San Luis y la Universidad Intercultural del Estado de Puebla, con la coordinación del doctor Francisco López Bárcenas y la participación fundamental de Karen González, Diana Isis de la Rosa y Miguel Sánchez, en las cuestiones logísticas. En este espacio nos encontramos mujeres de diversas edades y ocupaciones ?amas de casa, campesinas, estudiantes, activistas, profesoras, sanadoras, artistas?, de los pueblos totonaco, nahua, maya, purépecha y zapoteco, para intercambiar ideas, experiencias y propuestas en torno al cuidado y defensa del agua, pues el tema central fue el papel de las mujeres como cuidadoras del agua por el buen vivir de los pueblos.

El agua, que en totonaco es llamada chuchut, en nahuat maseual at, en maya ja?a, itsï en purépecha y nisa en didxazá; por la riqueza que representa, es objeto de deseo por parte de individuos y empresas que pretenden acapararla con fines comerciales, despojando a las comunidades de este valioso líquido con estrategias que van desde el ofrecimiento de dinero, hasta las formas más violentas que han cobrado la vida y la libertad de varias personas. Esta situación, constante en los últimos años en estados como Campeche, Oaxaca y Puebla, ha propiciado que los pueblos se organicen y que poniendo el cuerpo y el alma, así como buscando mecanismos legales, hayan logrado detener algunos proyectos empresariales y gubernamentales. Sin embargo, esta férrea resistencia no ha sido suficiente para impedir las afectaciones a la salud de las personas y de la tierra debido al uso de agroquímicos para la siembra o la contaminación de los pozos, además del abuso del agua al insertar especies ajenas a las regiones. Desafortunadamente, estas empresas extractivistas cuentan con permisos y concesiones otorgadas por los diferentes gobiernos desde hace varios años, por lo que, de concretarse los proyectos agroindustriales, mineros o hidroeléctricos, dejarían a las poblaciones sin agua para sus necesidades básicas y sin los seres y sitios sagrados que representan parte importante de sus raíces culturales.

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