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¿LA CULTURA ES UN BUEN NEGOCIO?

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"La primera sesión plenaria de la II Reunión Interamericana de Ministros de Cultura de los 23 países de la OEA, inició ayer con posiciones encontradas sobre el papel que juega la cultura en la globalización.

 

Este tema destacó durante la inauguración, cuando Sari Bermúdez definió al sector cultural como un negocio, mientras que César Gaviria rechazó que sea una mercancía. Para Bermúdez, presidenta de Conaculta, “la cultura es un buen negocio en México”; de los mejores, expresó al referirse a los grandes ingresos que ha dejado este sector en el país, ya que aseguró que genera el 6.7 por ciento del PIB, como 50 mil millones de dólares.

 

Pero momentos después, al tomar la palabra el secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria, dijo que la cultura no es una mercancía. “La cultura no puede ser tratada como mercancía, si acaso, las industrias culturales pueden ser vehículos para expresar nuestras visiones culturales y pueden convertirse en fuentes de empleo y crecimiento económico para los habitantes de los pueblos que los generan”, manifestó”. (La Crónica)
Es muy importante definir lo que debemos entender por CULTURA para poder tener mayor claridad sobre este importante punto, pues nos demuestra la visión que tiene la administración de Vicente Fox sobre
la Cultura.

 

Si confundimos “el arte con la Cultura”, entonces si podemos afirmar que “la cultura” o sea, el arte y especialmente el comercial, es un buen negocio. Podemos hablar de mercados, de oferta y demanda, de bienes y servicios. Las llamadas “industrias culturales”, que van desde muesos, pasando por conciertos de música popular, rock, teatro comercial, hasta grabación de discos, impresos, cine y especialmente televisión. Desde que los mercaderes venecianos utilizaron a los grandes maestros del Renacimiento como empleados, el arte se hizo una mercancía y un “buen negocio”, por lo que entró al “mercado” hasta llegar a la aparición de las empresas trasnacionales dedicadas al arte comercial y el negocio de los espectáculos, quienes han creado grandes mercados internacionales.

Pero si concebimos a la Cultura como la forma de entender la vida, el mundo, sus significados, la familia, la comunidad, el trabajo, la necesidad de trascender espiritualmente la existencia material y el espacio de la divinidad. Es decir, el cúmulo de conocimientos sistematizados a través del tiempo, que nos ayudan en primer lugar a satisfacer nuestras necesidades materiales de subsistencia, y en segundo lugar, a satisfacer nuestra necesidad de trascendencia espiritual. Entonces no podemos hablar de que la CULTURA es un negocio.

Sólo el neoliberalismo económico, en su afán depredador de maximizar las utilidades a cualquier precio, aún sobre el bienestar del ser humano, hace de la “Cultura” un negocio a través de la destrucción de las culturas tradicionales y la imposición del concepto de “la modernidad y el progreso”, que no es más que crear en sustitución, una cultura de consumo de bienes, servicios e ideas, diseñada y producida por los mercaderes desde los grandes centros económicos. Es decir, que en el consumo los seres humanos encuentran la trascendencia de su existencia, (consumo, luego existo). Esa es la “cultura del consumo extralógico” a la que Bonfil Batalla, en su teoría del Control Cultural llama “Cultura Impuesta”.

La Cultura, que en su vértice más elevado busca la trascendencia espiritual de la existencia de los individuos y de los pueblos. Esto ha sido el mayor logro de las civilizaciones hasta que las poderosas fuerzas del Mercado empezaron a quitarle el poder al Estado. La deshumanización convierte a “la cultura comercial” en un medio para embrutecer y enajenar a través de hacer negocio de ella. Encuentra en el “arte”, especialmente el de las elites europeas, un falaz sustituto.

 Es por esto, que Occidente especialmente en los siglos XIX y XX, insistió en hacer sinónimos a la Cultura y al arte. Y ahora en el siglo XXI se atreve a llamar “cultura” al arte comercial que explotan las llamadas “empresas culturales”. No es una casualidad que el neoliberalismo económico atenta directa y descaradamente en contra las Culturas Tradicionales, que esencialmente son de carácter espiritual y comunitario.

La verdadera cara de la cultura del neoliberalismo económico se fundamenta en el consumo, el individualismo, la violencia, el culto al dinero y a la tecnología, la desintegración familiar, la enajenación, la ignorancia funcional, la desvalorización de las tradiciones y la copia ciega de modelos foráneos para crear mega mercados supranacionales homogéneos.

Esta realidad cultural, esta decadencia de valores, esta actitud corrupta ante la vida y el mundo, la tratan de ocultar con “el arte”, al que mañosamente le llaman “cultura”. De ahí la confusión creada ex profeso para confundir a la Cultura con el arte. Y como dijimos anteriormente, en especial con el arte de “las bellas artes europeas”.

 Al parecer el neoliberalismo económico para el siglo XXI intenta hacer creer que las “industrias culturales” son el reflejo de la Cultura de los pueblos y en tal sentido la Presidenta del CNCA de México, se atreve a hacer esta grotesca afirmación, al decir que “la cultura es un buen negocio” en un foro internacional. Por fortuna de inmediato fue rebatida y puesta en su lugar por Cesar Gaviria, Secretario General de la OEA.

 

Nuevamente México vuelve a hacer el ridículo en foros internacionales. Los funcionarios del neoliberalismo económico demuestran su ignorancia en los asuntos de su alta investidura. Como es sabido la señora Sari Bermúdez es una persona ajena al sector cultural de México.  

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