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TRAYECTORIA HISTÓRICA DE LOS MAYAS. Mercedes de la Garza.

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TRAYECTORIA HISTÓRICA DE LOS MAYAS. Mercedes de la Garza.
DE ACUERDO con el estado actual de la investigación mayista, sabemos que los pueblos
mayas prehispánicos crearon una asombrosa cultura asentados en una vasta región que
comprende los actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y
parte de Chiapas; Guatemala, Belice y porciones de Honduras y de El Salvador. Esa gran
área tiene una riqueza y variedad geográfica extraordinarias, que influyó notablemente
en la cultura.
Los mayas son un conjunto de etnias con diferentes lenguas, costumbres y
trayectoria histórica, pero todas ellas comparten determinadas características que nos
permiten considerarlas una sola cultura. El desarrollo histórico prehispánico de los
mayas abarca aproximadamente del siglo XVIII a.C. al siglo XVI d.C., es decir, alrededor
de 3 400 años.

TRAYECTORIA HISTÓRICA DE LOS MAYAS. Mercedes de la Garza.En el periodo más antiguo, denominado por la investigación científica Preclásico
(ca. 1800 a.C.-250 d.C.), surgió en la costa del Golfo de México la primera gran
civilización de Mesoamérica, la olmeca, considerada una ?cultura madre? por su alto
desarrollo y su expansión hasta sitios tan alejados como los actuales estados de
Guerrero y Morelos. Pero entre 1200 y 500 a.C. en el área maya ya había asentamientos
humanos que fabricaban objetos de cerámica, como vasijas y figurillas.
Durante todo el Preclásico, en el área maya se fueron definiendo los rasgos que
darían su carácter propio a esta cultura, con diversas influencias de otros grupos
mesoamericanos, como los olmecas, los mixe-zoques y los creadores de la cultura de
Izapa, en la porción sur de la propia área maya. La agricultura se constituyó en el
fundamento económico, con la aparición de algunas formas de regadío, aunque los
cultivos dependieron sobre todo de las lluvias. Los principales productos fueron el
maíz, el frijol, la calabaza y el chile.
Alrededor de 500 a.C., los mayas de las tierras bajas selváticas establecieron sus
primeras ciudades con espectaculares plataformas para templos decoradas con
extraordinarias pinturas murales, como San Bartolo, y con mascarones de deidades en
estuco, como Nakbé y Mirador (en Guatemala); esta última ciudad, de enormes
dimensiones y situada en el Petén guatemalteco, floreció entre 150 a.C. y 150 d.C.
En la región sur del área maya surgieron los rasgos culturales que caracterizarían al
periodo siguiente: registro de fechas, inscripciones jeroglíficas y retratos de personajes

históricos, en sitios como Izapa, Kaminaljuyú, El Baúl, Chocolá y Tak?alik Ab?aj. Entre
los textos y registros cronológicos más antiguos se pueden mencionar la Estela 1 de El
Portón, Guatemala (400 a.C.), y los murales de San Bartolo, Guatemala (300 a.C.). En
Izapa, aunque tal vez no haya sido un sitio maya, se localizan las primeras imágenes de
las deidades, los símbolos y los ritos mayas en un extraordinario conjunto de estelas
esculpidas. Finalmente, hacia finales del periodo ya se habían consolidado ciudades
como Kaminaljuyú, Uaxactún y Tikal en Guatemala; Nohmul, Lamanai, Cuello y
Cerros en Belice, y Calakmul y Dzibilchaltún en México.
Durante el siglo III d.C. se inicia una época de florecimiento en todos los órdenes,
llamada por ello periodo Clásico, que culmina en el siglo IX. En primer lugar se produjo
un gran desarrollo de la agricultura con sistemas de riego y cultivos comerciales, como
el del cacao y el algodón. Se incrementaron las relaciones con otros pueblos de
Mesoamérica como los teotihuacanos, creadores de la primera gran ciudad del
Altiplano Central de México. Hubo un aumento en la tecnología y se consolidó una
organización política estrechamente vinculada con la religión, que ya para este
momento presenta un alto grado de complejidad.

En el periodo Clásico prosperan numerosos asentamientos humanos que se
convirtieron en verdaderas ciudades, porque además de edificios destinados al culto
religioso, hay construcciones dedicadas a actividades políticas y administrativas,
numerosas casas habitación, calzadas, mercados, plazas y otras que revelan una
consolidada estructura de poder religioso y civil. Numerosas ciudades se enfrentaron
entre sí en busca de poderío, riqueza y expansión de su territorio, o bien para preservar
su autonomía, pero nunca llegaron a formar una sola unidad política; en el periodo
Clásico hubo más de 60 reinos, cada uno de los cuales era gobernado por un K?uhul
ahaw, ?Señor sagrado?, es decir, un gobernante con atributos divinos otorgados por los
dioses y por sus propios ritos iniciáticos, y el poder de ese gran señor no fue solamente
político o guerrero, sino fundamentalmente religioso, como en muchos otros pueblos
antiguos.

Entre las múltiples ciudades que florecieron en este periodo podemos destacar
Kaminaljuyú, Tikal, Uaxactún, Piedras Negras y Quiriguá (en Guatemala), Lamanai y
Caracol (en Belice), Copán (en Honduras), Palenque, Yaxchilán, Toniná, Bonampak,
Calakmul (en México, área maya central), así como Dzibanché, Edzná, Becán, Río Bec,
Jaina, Uxmal, Kabah, Sayil, Ek? Balam, Xcambó (puerto comercial) y la Chichén Itzá
clásica (en la porción norte de la península de Yucatán).

Al mismo tiempo se desplegó, sobre todo en la región central, la profunda
creatividad espiritual que ha dado a los mayas un lugar excepcional en la historia de la
humanidad: la escritura se desarrolla hasta convertirse en la más avanzada de América,

despuntan la matemática, la astronomía y la cronología, conocimientos que podemos
llamar ?científicos?, desde la idea occidental de ciencia, pero que para ellos fueron una
forma de conocer y manejar las energías sagradas emanadas principalmente de los
astros, los cuales fueron concebidos como seres divinos o como epifanías de lo sagrado;
pero esos conocimientos también constituyeron una forma de consolidar el derecho de
los linajes ilustres a gobernar y mantener su dominio sobre el pueblo.
También en el periodo Clásico se creó un gran arte plástico y arquitectónico, que se
caracteriza por una notable libertad creadora; ella se aprecia en una gran variedad de
estilos en las distintas regiones, los cuales conservan, sin embargo, el carácter maya que
los distingue del arte de otros pueblos mesoamericanos. Y destaca un notable interés
por el ser humano y su peculiar situación en el mundo, que además de expresarse en
vívidas y realistas representaciones humanas en la escultura, está presente en la
aparición de la historiografía, o sea, de textos que registran la historia de los grandes
linajes gobernantes; esta historia se presenta entrelazada con una compleja mitología y
un riguroso ritual, pues para ellos lo que nosotros llamamos mito no es sino parte de su
historia. De la historiografía desarrollada en diversas ciudades destaca la de Palenque,
que es la más completa descifrada hasta ahora. Dichas creaciones, que nos permiten
hablar de un ?humanismo? maya, son excepcionales en el mundo mesoamericano.
En relación con la religión, se veneró a energías sagradas invisibles e intangibles
relacionadas con las fuerzas naturales y con diversos animales, que constituían
manifestaciones de dichas energías, y múltiples fueron las prácticas rituales dedicadas a
venerar y alimentar a esos seres sagrados. Las fuentes escritas coloniales y los textos
jeroglíficos descifrados hablan de una compleja jerarquía sacerdotal, que en el periodo
Clásico estuvo encabezada por el gobernante, el K?uhul ahaw (?Señor divino?) que se
representa en las obras plásticas con sus atributos de poder político, guerrero y
religioso.

Sin embargo, el extraordinario mundo de los mayas clásicos del área central
terminó con una gran caída. A principios del siglo X cesaron las actividades políticas y
culturales en las grandes ciudades; las dinastías reinantes huyeron, la población
disminuyó significativamente y las majestuosas ciudades fueron paulatinamente
abandonadas y desaparecieron bajo la espesa selva. A este fenómeno se le ha llamado
Colapso Maya. La última fecha registrada con el sistema de Cuenta Larga es 909 d.C. en
la ciudad de Toniná.

Existen varias hipótesis acerca de las causas del colapso, entre las que se mencionan
una gran sobrepoblación, crisis agrícolas, ruptura del equilibrio ecológico, hambrunas y
desnutrición, que pudieron acarrear graves conflictos políticos dentro de las ciudades o
los Estados mismos, y entre unos y otros.

Al periodo que va de 900 d.C. a 1524 d.C., fecha de la caída de la capital del imperio
quiché, Gumarcah, después de la cual es conquistada de manera paulatina toda el área
maya hasta la conquista de Ta Itzá en 1697, se le conoce como periodo Posclásico. Los
principales acontecimientos de este periodo fueron recogidos en los textos indígenas y
españoles escritos en los primeros momentos de la colonización, que han apoyado a las
investigaciones arqueológicas, por lo que conocemos mejor su historia.

A grandes rasgos, podemos decir que en el Posclásico, contrariamente a lo que
ocurre en el área central, donde no volverá a florecer nunca la cultura maya, en las
regiones norte y sur (norte de la península de Yucatán y tierras altas de Guatemala), no
sólo no son abandonadas las ciudades, sino que se producen profundos cambios
influidos por la llegada de diversos grupos de otras regiones de Mesoamérica, como el
Altiplano Central y la costa del Golfo de México; esos grupos conquistan algunos sitios,
entre ellos Chichén ltzá (ciudad fundada al parecer por la etnia itzá); más tarde surgen
Mayapán (gobernada por el linaje de los cocomes) y otras ciudades.
Durante el Posclásico se intensifican los contactos con diversos pueblos, el comercio
adquiere una función central en la vida maya y se crean emporios comerciales como el
de los chontales o putunes procedentes de la costa del Golfo de México. Asimismo, se
secularizan muchas actividades, debido tal vez a la predominancia de los intereses
pragmáticos. Se desarrollan importantes ciudades dedicadas al comercio en la costa
norte de la península de Yucatán, como Xcambó, así como varias ciudades fortificadas
en la costa de Quintana Roo, entre las que destaca Tulum. En Guatemala florecen
Gumarcah, capital de los quichés, e Iximché, capital de los cakchiqueles.
Como consecuencia de las migraciones, se introducen nuevos dioses y cultos;
disminuye el cultivo de la ciencia, surgen nuevos estilos artísticos y se da un gran auge
reflejado sobre todo en la ciudad de Chichén ltzá, que fue ocupada por los toltecas del
Altiplano Central y cuyo cenote sagrado fue uno de los grandes centros de
peregrinación a donde acudían grupos de toda el área maya.

Después de diversas luchas por el poder, hacia el año 1200 d.C., Chichén ltzá y otras
importantes ciudades del norte de la península de Yucatán son conquistadas por
Mayapán, gobernada por el linaje de los cocomes, centro que dominará la región hasta
su caída en 1441. Asientan los textos ?y concuerdan con ellos los datos de la
arqueología? que la ciudad fue incendiada y los miembros de la dinastía gobernante
fueron aniquilados, salvo un personaje que en ese momento estaba en Honduras.
Después de ese acontecimiento, las principales ciudades fueron abandonadas y se
fundaron nuevos asentamientos que constituyeron las ?provincias? halladas por los
españoles.

Según Tsubasa Okoshi Harada y Sergio Quezada, los mayas yucatecos llamaban a
las entidades políticas cuchcabal, hacia finales del periodo Posclásico. Estas entidades
eran los señoríos o batabiloob, que mantenían una relación de dependencia con un gran
señor o Halach Uinic. R. M. Hill, en su Prólogo a Kaqchikel Chronicles de Judith
Maxwell, asienta que entre los cakchiqueles la unidad política básica era el chinamit,
territorio gobernado por un individuo de familia aristocrática y los que trabajaban las
tierras. Dos o más chinamits se confederaban en un amaq?, y la alianza o confederación
de varios amaq? formaba un winaq, equivalente a una nación. Los cakchiqueles fueron
un amaq?, que vino de un chinamit: los Xajil, que escribieron la Crónica Xajil en la
época colonial.

En cuanto a la historia posclásica de las tierras altas, en el sur del área maya, está
también registrada la llegada de grupos de extranjeros, sobre todo de habla náhuatl, que
modificaron el proceso histórico. Los quichés, quienes narraron su historia en diversos
textos después de la conquista española, crearon un poderoso Estado militar que
sojuzgó a las otras etnias, como los cakchiqueles y los tzutuhiles. Tuvieron también un
intenso contacto con los mexicas del Altiplano Central, a quienes rendían tributo, y a la
llegada de los españoles, comandados por Pedro de Alvarado, su ciudad, llamada
Gumarcah (Utatlán en náhuatl), tuvo un fin violento en 1524, a sólo tres años de la
conquista de la gran capital mexica Tenochtitlan.

Entre 1527 y 1546 se realizó la conquista paulatina de cada una de las provincias
(cuchcabal) de la península de Yucatán, en la que Francisco de Montejo, su hijo y su
sobrino, del mismo nombre ambos, fueron los protagonistas principales. A finales del
siglo XVII, en 1695, fue exterminada por los españoles la etnia lacandona en la selva del
mismo nombre, después de un proceso largo y dramático iniciado en 1530; se trató de
un etnocidio, como afirma Jan de Vos, ya que la mayoría de los llamados lacandones
que habitan hoy esa región no desciende de aquéllos, sino que proviene de un grupo de
mayas yucatecos que se internó posteriormente en la selva huyendo del dominio
español.

Dos años después, en 1697, cae el que al parecer fue el último baluarte indígena de
la Mesoamérica prehispánica: la ciudad de Ta Itzá, llamada por los españoles Tayasal,
que era gobernada por la familia Canek del linaje de los itzáes, quienes habían huido a
esas regiones desde Chichén Itzá. Ta Itzá se ubicaba en las márgenes del lago Petén Itzá
en Guatemala, y conservaba las creencias y costumbres prehispánicas, en impactante
contraste con la Nueva España, donde en ese momento despuntaba el pensamiento de
una nueva nación, con el brillo de sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de Alarcón.
Durante la Colonia, con la imposición violenta de la civilización occidental, la
historia de los mayas sufrió un cambio radical; los sobrevivientes de los creadores de
una de las grandes civilizaciones originales del continente americano quedaron

humillados, marginados y esclavizados en sus propios territorios. La condena y
abolición de sus prácticas religiosas, la reorganización territorial y el sistema de
encomiendas que implantaron los españoles, así como la carga de los tributos y las
nuevas enfermedades que diezmaron a la población, causaron además un gran
aislamiento de las comunidades indígenas que no existía en la época prehispánica. Al
perder el contacto con otras etnias, se acentuó la diferenciación de los grupos mayas,
que aunque siguieron hablando sus lenguas, adquirieron nuevas identidades; aunque
continuaron manteniendo vivas sus tradiciones, las resignificaron constantemente.
Pero en medio de esta inimaginable destrucción los grupos mayas han continuado
luchando por conservar sus tierras y mantener su identidad; la rebeldía constante ante
la opresión, que se expresa en múltiples levantamientos armados, como los de 1712 y
1867 en Chiapas, y la Guerra de Castas en la península de Yucatán, no se ha perdido
nunca. Y uno de los fenómenos más impactantes fue la recuperación de la memoria de
su pasado a través de la palabra escrita, que se inició desde el mismo siglo de la
conquista española.
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Tomado de:
https://drive.google.com/drive/folders/16oX4ipB_RYKD-KJHrUhfTqd8HEpSGi-1

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