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Bordados de artesanas wixárikas, en la Semana de la Moda en Nueva York

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Bordados de artesanas wixárikas, en la Semana de la Moda en Nueva York
Trescientos artesanos de ocho comunidades participan en el proyecto.Foto cortesía de Patricia Govea
Susana González G.
Periódico La Jornada
Domingo 26 de enero de 2020.
Con chaquiras de la República Checa, hilos de algodón de Francia y telas de lana, charmeuse de seda o crepés de Italia o Portugal, los bordados de coloridas flores, mariposas, animales diversos, grecas o figuras geométricas característicos del pueblo huichol o wirraritari, se exhibirán en la Semana de la Moda de Nueva York 2020, a realizarse del 6 al 12 de febrero.

Forman parte de la primera colección wixárika de Patricia Govea, diseñadora de moda nayarita que trabaja con 300 artesanos de ocho comunidades remotas y pobres de la Sierra Madre Occidental. Un 95 por ciento son mujeres y entre el 5 por ciento hombres algunos bordan, a la par que sus esposas. También participan ancianos y dos personas discapacitadas.

Seis de esas comunidades se ubican en Nayarit: Potrero de la Palmita, Naranjito del Copal, Guinea de Guadalupe, Paso de Álica, Golondrinos y Colorado. Las otras dos pertenecen a Jalisco: San Andrés y Huejiquilla El Alto.

Patricia Govea, quien al convertirse en madre a los 19 años comenzó a vender ropa de importación para tener ingresos extras y luego pagarse la carrera de diseño de modas en la Universidad de Guadalajara, comenzó hace siete años un proyecto de capacitación para el trabajo con 25 mujeres, pero lo dejó suspendido cuando se casó y mudó a Estados Unidos, hasta que en 2015 lo retomó.

Ahora germina con la venta por Internet de faldas, blusas, vestidos, abrigos y otras prendas para mujeres, únicas e irrepetibles por el bordado huichol (https://patriciagovea.com). Alcanzan precios de entre 300 y mil 400 dólares, es decir, de 5 mil 300 a 26 mil 278 pesos, para quien esté dispuesto a pagar lo que vale un trabajo a mano tan detallado, pondera Govea.

Ni plagio ni apropiación

Los bordados son completamente creación de las mujeres huicholas o wirraritari, inspirados en su cultura, entorno, sueños o visiones espirituales. Los plasman en tiras de telas, con hilos y chaquiras importadas y de mejor calidad que Patricia Govea les proporciona y que después ella integra como cinturones, hombreras, cuello o muñequeras a las prendas que, a su vez, diseña.

Es su cosmovisión y tienen una gama de colores nata, además de que no hay chaquira que pongan fuera de lugar. Es arte lo que hacen, comenta la diseñadora en entrevista con La Jornada.

Niega que se esté apropiando de los diseños huicholes, como se ha señalado a otros diseñadores. En 2015, la francesa Isabel Marant fue acusada de plagio por los mixes de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, por copiar vestimenta tradicional. Lo único que tiene registrado como marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, dice Govea, es su nombre, porque los bordados de los huicholes son patrimonio cultural.

Además, explica que con las artesanos trabaja bajo el esquema de sociedades de solidaridad social (SSS), por lo que todos son socios y accionistas. La ley de las SSS señala que se establecen con un patrimonio colectivo, con el objetivo de crear empleos, así como producir, industrializar y comercializar bienes, entre otros.

Pero Patricia Govea fue la única inversionista del proyecto, y a la fecha le ha inyectado 5 millones de pesos, mientras admite que a los artesanos huicholes se les paga poco más que el salario mínimo, fijado en 123.22 pesos diarios de manera general, o en 130.99 pesos el del costurero que trabaja en casa, pero en ambos casos menos de 4 mil pesos al mes.

Es, sin embargo, el primer empleo establecido o permanente que tienen los huicholes de esa región, porque, explica, durante 3 meses se dedican a la agricultura de temporal y en los restantes nueve meses del año se ven obligados a salir de sus comunidades para buscar otras formas de ingresos, porque no tienen opciones de empleo (https://youtu.be/Q3KEmJqsRBo).

Los bordados son muy elaborados y cada tira puede llevarles hasta tres semanas, pero el laborar con la diseñadora de modas les ha significado un trabajo e ingreso constantes, como nunca antes lo tuvieron, además de que pueden laborar desde su casa, a su ritmo y coordinando su trabajo del campo, las actividades de la casa y el cuidado de los hijos, porque normalmente se juntan una vez a la semana, en grupo de 20 artesanos, con una directora que supervisa el avance del bordado.

No todos los artesanos viven concentrados en las comunidades. Algunos tienen que caminar grandes trayectos durante horas, porque no hay transporte o incluso trasladarse en balsas o chalupas para recoger el material que las coordinadoras de los grupos de trabajo o la misma Patricia les entrega periódicamente. Así que el pago no es quincenal para todos, porque hay mujeres que, por conveniencia, sólo bajan de la sierra una vez al mes para entregar su trabajo y recibir su paga.

Patricia Govea comentó que en un viaje por París, se topó con un tumulto en un museo que hacía fila para ver un muro huichol de lentejuelas y fue ahí donde comenzó a gestar su sueño de integrar los bordados de las indígenas de su tierra a sus diseños, aunque mi primera intención era crear una propuesta sofisticada de moda con una reinterpretación del arte huichol, pero al llegar a la sierra y atestiguar la pobreza de la gente nació el proyecto de trabajar con la gente.

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