| La iniciación del Guerrero en Mitla. Guillermo Marín |
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. Después de cinco horas de camino, pasando por estrechos túneles y amplias galerías, llegaron a una inmensa sala, que tenía treinta cuerpos de una circunferencia irregular y una altura, en la parte más alta, de veinticinco cuerpos. Con la luz de las antorchas, las estalactitas y estalagmitas, así como las rocas, creaban una visión sobrecogedora del lugar. En la parte central estaba una roca a manera de altar. Uno de los cuatro hombres sacó de su red un incensario, poniendo a quemar copal. El hombre de blanco le entregó un guaje con agua, una antorcha apagada y una encendida y le dijo a Águila Nocturna:
-“Tendrás que quedarte sólo aquí (subterráneo de Mitla) por diez días. Deberás desprender de tu cuerpo todas las ideas que tienes de ti mismo, y llegar al silencio interior. Hasta que no tengas ningún pensamiento, hasta que seas un puñado de huesos, hasta que te conviertas en una roca más. Te dejamos muy poca agua, cuídala, porque perderás la noción del tiempo. Por ningún motivo debes de moverte de este lugar. Pase lo que pase, veas o escuches lo que sea, “tú lugar es el centro”. En esta piedra muchos guerreros como tú, velaron su más poderosa arma para la Guerra Florida, para afinar "su fuerza de voluntad". La seguridad en sí mismos y la sobriedad de carácter, de estos guerreros han dejado su huella milenaria; estás frente a una piedra de poder. La templanza y solidez de tu espíritu te deben mantener en este lugar.
Esta piedra y tú fuerza de voluntad; serán lo único que tendrás, para enfrentar el aterrador misterio que te acechará en esta oscuridad. Todos tus demonios y todas tus debilidades se confabularan contra tuya. Si te desesperas y tratas de buscar la falsa salida, te perderás para siempre en este laberinto. Muchos de los cadáveres y esqueletos que viste en el camino, fueron de aquéllos, que no resistieron y trataron de regresar. Nadie conoce esta inmensa y misterios gruta, sólo El Señor y La Señora de la Muerte. Aquí existen miles de caminos, que ni nosotros, sus más fieles ciervos conocemos. No te muevas de aquí, quédate en ti mismo, no pierdas tú equilibrio. Recuerda que el lugar seguro es el centro. Dentro de diez días vendremos por ti y esperamos encontrarte vivo en este lugar".
Acto seguido, los cuatro hombres iniciaron el regreso entonando un himno que producía por el eco, muchas voces, que resonando se perdían entre las galerías.
. Águila Nocturna primero observó detenidamente a la roca que se encontraba en el centro de la caverna, vio que estaba esculpida en forma rectangular, de aproximadamente un cuerpo y medio de largo por un medio cuerpo de ancho y un cuerpo de altura. Tenía labrado en sus cuatro costados, las mismas grecas que estaban en los templos del exterior. Lentamente recorrió con la mirada, la inmensa galería con más fascinación que asombro. De alguna manera esta gran oquedad en la roca, le recordaba la impresión que tuvo frente a “Las Grandes Aguas"; esa sensación de pequeñez e insignificancia frente a un todo, inconmensurable e indiferente. Poco a poco, la luz de la antorcha empezó a disminuir y Águila Nocturna, colocó el guaje con agua y la antorcha nueva, que no usó, en un costado de la piedra; se recostó y esperó a que los últimos chisporroteos de la antorcha lo dejaran totalmente a obscuras.
Nunca en su vida, había estado en un lugar en que la oscuridad fuera total. Pasaron las horas y el joven quedó profundamente dormido. Cuando despertó, por un instante, no recordaba en donde estaba y por más que abría los ojos, no veía absolutamente nada. Primero pensó que había muerto, inmediatamente después, que estaba ciego y finalmente recordó donde estaba.
Después de algunas horas, empezaron a venir a su mente muchas imágenes de su vida. Primero trató de detenerlas, pero después recordó lo que un día le dijo Espejo Humeante al respecto -"Cuando quieras que algo desaparezca, deja que se expanda"- así dejó sin objeción, que las imágenes corrieran vertiginosa por su mente hasta quedar dormido.
El tiempo se extendía "sin tiempo", Águila Nocturna empezaba a sentirse inquieto. La oscuridad total, lograba la pérdida del equilibrio físico y emocional. Otro factor empezó a ser el hambre. El muchacho se refugió en el sueño, pero después de un tiempo, ya no sabía si estaba soñando o estaba despierto.
Tal vez habían pasado cuatro o cinco días, cuando Águila Nocturna fue despertado por un pavoroso grito, que desgarró el mortal silencio y que le heló la sangre completamente; instantes después el grito tomó la potencia de un aullido, como de un lobo o el rugido intenso de un jaguar. De momento quiso salir corriendo, pero se detuvo y puso atención al extraño ruido, que se convirtió en un jadeo y a veces en un resoplido. El momento era de pánico, Águila Nocturna sentía la presencia de una inmensa fiera, podía olor su fétido aliento y sentir la tibieza de su vaho. El muchacho estrechó sus piernas dobladas contra su pecho y con sus manos se cubrió la cabeza esperando el ataque de la bestia. Paso el tiempo, no sabía exactamente si había sido unos minutos o unas horas, la espera fue interminable. La amenaza de la fiera se fue disipando lentamente como un pensamiento.
En otra ocasión, estaba tratando de detener su diálogo interno, cuando escuchó a la lejanía una avenida de agua, que violentamente se acercaba. Pensó que debería estar en el lecho de un río subterráneo. De momento quiso correr a una pared para buscar la protección de las piedras altas, pero se detuvo al instante, ¡a dónde iba, sino no podía ver! El estruendo del agua crecía con tal furia increíble, que se confundía con el bramido de un inmenso animal. Águila Nocturna se sentó en el centro de la piedra y escuchó claramente como el agua rugiente pasaba al lado de la piedra y pensó que la corriente crecería y que pronto lo arrastraría, pero transcurrió el tiempo y el agua nunca llegó.
El calor cada vez era más insoportable, sentía como le caminaban insectos por el cuerpo y algunos que no quitaba a tiempo, le inyectaban su ponzoña. Luchaba por detener sus pensamientos. La compasión por sí mismo, empezaba a ganar terreno. Su cuerpo estaba lleno de llagas y de picaduras de animales ponzoñosos. Su espíritu se reblandecía, la autocompasión empezó a causar sus efectos demoledores.
De pronto empezó a temblar, la tierra se movía y se escuchaban caer inmensas piedras, por el estruendo creyó que la enorme galería se vendría abajo. Se quedó inmóvil esperando el fin, con claridad escuchaba el golpe de las inmensas rocas que se desprendían de la bóveda y se hacían añicos en el piso, casi podía sentir el polvo y las pequeñas piedras que salían como proyectiles en todas direcciones; y sin embargo nada pasó. Todo parecía que sucedía en su mente y en su corazón, la caverna se mantenía en una quietud y silencio absoluto.
Águila Nocturna estaba totalmente llagado por el sudor y su cuerpo estaba extremadamente adolorido. Le quedaba muy poca agua y el hambre lo estaba debilitando. En un momento empezó a sentir una violenta y helada corriente de aire, que a cada momento aumentaba su intensidad. Por la frescura, sintió en principio alivio y creyó que por el derrumbe habría podido abrirse una salida al exterior.
Estaba a punto de iniciar el intento, cuando recordó las palabras del hombre pintado de blanco, "pase lo que pase, no te muevas de ti mismo, lo único que tienes para enfrentar esta prueba, es tu fuerza de voluntad y la piedra; busca el centro". Inmediatamente se ubicó en el centro de la piedra y empezó hacer respiraciones profundas.
El viento cesó, pero ahora escuchaba las voces de Serpiente de Fuego y Relámpago de la Noche que lo llamaban; uno, diciéndole que por ahí estaba la salida y el otro le pedía ayuda, porque estaba atrapado en unas piedras que le habían roto una pierna. Las voces parecían tan reales, que Águila Nocturna trató de hablar con ellos sin éxito.
El límite de sus resistencia estaba por llegar; la sed, el hambre, el silencio, pero sobre todo la oscuridad, le estaba reduciendo su fuerza de voluntad a la mínima expresión. Águila Nocturna empezó entonces a llorar, se sentía tan desprotegido y desolado, tan indefenso, quería salir de ese infierno, no podía más. Recordó entonces, las palabras de Serpiente de Fuego, cuando le dijo:
"La diferencia entre un guerrero de la Batalla Florida y un hombre común; es que el guerrero, sabe que ni un mar de lágrimas influirán un dedo en su destino, por eso los guerreros lloran sabiendo que de nada le servirá. Un guerrero por más que decante su espíritu y fortalezca su cuerpo, es tan solo ¡un ser humano!, que siente y que sufre igual que todos los seres humanos. La diferencia entre un hombre común y un guerrero; es que el guerrero no se entrega al dolor."
El recuerdo de estas palabras, fueron como un bálsamo para su Dolor. Poco a poco, regresó la sobriedad y con ella el equilibrio para de nuevo quedar dormido.
Águila Nocturna mantuvo el equilibrio, a partir de que logró poner su mente en blanco. Su respiración se redujo a la mínima expresión y poco a poco, su cuerpo se integró a la piedra. Dejó de ser él, para sumarse a la piedra. Se sintió fuerte y compacto, se dio cuenta que la piedra estaba viva y que lo había aceptado, y por ello, ahora lo defendía.
De pronto sintió un súbito cambio de temperatura; vio que brotaba fuego por todas partes en torno a la piedra, inmensas llamas subían hasta el techo de la caverna, con gran estruendo. Toda la galería se iluminó por completo, Águila Nocturna no se asustó y por el contrario, se dedicó a observar detenidamente las paredes y el techo del recinto. El fuego se tornó más violento y se dirigió amenazante hacia él. El joven había encontrado el centro, el punto de equilibrio.
Algo le decía que esa piedra era el ombligo del mundo. Sabía que hacia su cabeza apuntaba el cielo; hacia sus piernas la tierra; hacia su brazo derecho estaba el mundo conocido y hacia su izquierda el mundo desconocido; que en el centro de la tierra, a partir de su ombligo, se exaltaba la conciencia hacia lo prodigioso e inconmensurable de las alturas sagradas del Espíritu, pero también, si se perdía el equilibrio, se caía a los infiernos degradados de la estupidez y el abyecto embrutecimiento existencial. Águila Nocturna había dejado de ser él, ahora formaba parte de la piedra milenaria. Era sólo un testigo sin sentimientos y sin juicios. En un momento el fuego desapareció, para quedar de nuevo la inmensa galería en completa oscuridad y silencio.
Pasó el tiempo; más bien, dejó de existir el tiempo. Águila Nocturna estaba ahí, inmutable y perfecto, como un pedazo de piedra que llevaba millones de años ahí, y sin ningún problema, podía estar otros tanto más, pues era sólo una piedra.
Fue entonces que llegaron los cuatro hombres por él. Lo encontraron tendido e inmóvil, sobre la piedra. Más que un cadáver, parecía una perfecta escultura, esculpido por su voluntad inflexible en la misma piedra. Cuando salió de la gruta era de noche. El cielo estaba completamente estrellado y sin luna. Águila Nocturna jamás en su vida había sentido de esta manera la bóveda celeste. La vida láctea era un río de estrellas luminosas, que le daban la bienvenida. Serpiente de Fuego y Águila Nocturna pasaron cinco días más en la Ciudad de los Muerto (Mitla).
__________________ Tomado del libro: Daany Beédxe el espíritu del guerrero
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