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Batallas diarias por el reconocimiento del zapoteco

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Batallas diarias por el reconocimiento del zapoteco
Mónica Mateos-Vega
Periódico La Jornada
Lunes 18 de febrero de 2019.
La poeta Natalia Toledo ?cuyo nombre real es Natalia López de Paz? recuerda la primera batalla que, al lado de su padre, el artista juchiteco Francisco Toledo, ganó en favor del reconocimiento de las lenguas indígenas: ?Cursaba la primaria en Ciudad de México, la maestra pidió que alzaran la mano quienes hablaran otro idioma, mientras ella escribía en el pizarrón: euskera, inglés, francés, catalán... Cuando llegó mi turno dije: zapoteco, y la maestra no lo anotó. Se lo conté a mi papá, y al otro día fue conmigo a la escuela e hizo que la maestra pusiera en el pizarrón za-po-te-co. Esa fue nuestra primera batalla ganada en la defensa de la lengua.

Alguien pensaría que he tenido ciertos privilegios por ser hija de quien soy, pero no es cierto. Nos han visto como seres de segunda, siempre. Hay un menosprecio, pues en el país la discriminación y el racismo son tremendos, basta ver lo que ha sucedido por Yalitza Aparicio; muchas personas no soportan que ella y lo que representa triunfen.

Poesía para dejar la rigidez

Por tal motivo, propios y extraños aplauden que la subsecretaria de Diversidad Cultural haga brillar a cada momento el zapoteco en los actos oficiales que debe presidir, como nunca se había visto en una secretaría de Estado. Nombramientos, bienvenidas y discursos son dichos por Toledo primero en su lengua natal, luego en español.

En estos días que se han tenido reuniones con los secretarios y directores de Cultura de todas las entidades del país, la servidora pública narra: Acostumbramos acudir los dos subsecretarios (el otro es Édgar San Juan, subsecretario de Desarrollo Cultural) para darles la bienvenida, una parte en zapoteco, y también les leo un poema, porque estamos en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas; les explico que trabajamos en cultura, pero a veces no tenemos ni tiempo de leer, entonces les regalo un poema ya sea de Briceida Cuevas, Hubert Matiúwàa o Isaac Carrillo. Los colegas sonríen, se relajan y nos salimos de esa rigidez que imponen las formas.

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