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EL DEBER, EL SER Y EL PLACER ?en la trascendencia de la existencia.

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Mucha gente no sabe la razón fundamental de su vida. Vive…por vivir. Vive por lo que le dicen que tiene que vivir. Esa gente vive ausente de sí misma y así también mueren…son de “los muertos que no hacen ruido”.

 

La vida esta llena de muchos medios y de algunos fines. Los medios son el vehículo que nos permite llegar a obtener un fin. Pero todos tenemos, o por lo menos, deberíamos tener “UN FIN SUPREMO” de nuestra existencia. Un fin que trascienda nuestra existencia y que le de razón y un profundo sentido sagrado y divino.

 

Las civilizaciones milenarias en todo el mundo trabajaron intensamente en resolver este problema, conocido pomposamente por los filósofos, como “El problema Ontológico del Ser”. Para ello crearon la filosofía, que justamente se encarga de vislumbrar el potencial humano. Pero también se creó la religión para un grupo mayoritario, que en general no tenía una educación académica y menos filosófica. La religión busca dar un camino virtuoso de vida al grueso del pueblo y con ello trascender la existencia. Pero también se creó la Cultura Popular, que es la condensación y selección de la sabiduría de vida de muchos seres humanos.

 

En efecto, la Cultura Popular entraña una enorme riqueza de experiencia existencial que los seres humanos van aportando en su existir de una generación a otra. Como estas soluciones a los problemas de la vida funcionan, entonces se quedan “en la tradición popular”. Esta sabiduría va desde conocimientos sobre el mundo material, como sembrar o construir una casa, hasta chispazos de sabiduría en los dichos, refranes, cuentos y leyendas.

 

El problema en nuestros días es que quienes tienen el Poder en el mundo, es decir “los mercaderes”, los dueños del dinero, tratan a través del control de todos los medios masivos y de la economía, de que la gente de todos los países no piense, no sienta, no recuerde.

 

Este tipo de sociedades consumistas para estar “sanas”, necesitan que los ciudadanos estén enfermos, enajenados, embrutecidos. De lo que se trata, para que los mercaderes ganen mucho dinero, es que la gente NO TENGA un PROYECTO ABSTRACTO DE VIDA. Un proyecto que esté más allá de comprar, tener y pagar. Un proyecto que este en el espacio más sublime y etéreo de la existencia humana…en el ESPÍRITU.

 

En efecto, la gente poco “evolucionada espiritualmente” (que puede ser muy inteligente y poseer grandes títulos académicos o mucho dinero en el banco), solo piensa en la inmediatez de la vida. No dimensiona el aspecto ESPIRITUAL de la existencia. Para ellos todo esta en un mundo material, en el aquí y en el ahora, en el cuánto tienes cuanto vales, en dónde vives, cuánto ganas y que coche tienes. Esta gente no puede vislumbrar algo más allá del mundo material en su miope visión de “la realidad y del Ser”.

 

Para esta clase de gente, la televisión y la radio (porque no les gusta leer) es la fuente de sus valores, sentimientos, aspiraciones, estilo, forma de hablar, de vestir, de “divertirse”, de vivir y de ser “feliz”. Los noticieros son la base ideológica de su “saber y entender el mundo” y viven en un enorme “placebo de felicidad”, saturado de vulgaridades y aderezado de bajezas.

 

Sin embargo, y pese a todo un mundo de mentiras y verdades a medias…toda la gente, INEXORABLEMENTE TODA LA GENTE, TIENE QUE MORIR. Es aquí donde tan solo por un instante, antes del momento culminante de partir, el ser humano se enfrenta a la necesidad de trascender la vida. Lo hace al entrar a la fase de la muerte. Muerte y vida, dualidad de opuestos complementarios. Morir para nacer, nacer para morir. En el último instante toma conciencia de LA RAZÓN DE SU EXISTENCIA. Este conocimiento lo manejan la mayoría de las filosofías y religiones antiguas.

 

La religión judeocristiana le llama “El Juicio Final”. Sea como fuere, lo cierto es que todos los seres humanos tenemos una misión trascendente en nuestra vida. Que nada tiene que ver con los hijos, el ser amado, la familia y mucho menos los bienes materiales. Es algo que esta más allá del mundo ordinario material, es algo íntimo e intransferible…como la vida o la misma muerte y todos inequívocamente lo enfrentaremos, unos primero y otros después.

 

Es como cuando el niño no hacen la tarea el viernes por la tarde, ni el sábado, ni todo el largo domingo y que para el atardecer se empieza a sobrecoger, dado que sabía que durante el fin de semana debió haber cumplido con “su responsabilidad” y que la dejó “para después” de manera irresponsable. A final de cuentas, no cumplió con su deber, venció su Ser irresponsable y el placer…el placer nunca llegó realmente, pues siempre estuvo presente la zozobra de la responsabilidad no cumplida. Inexorablemente llega el lunes y a las 8 de la mañana enfrentará “el juicio final” de no haber cumplido con “su tarea”.

 

En la vida cotidiana tenemos un innumerable número de tareas que tenemos que cumplir, que son los “medios” que nos permiten lograr los “fines”. Estas tareas se deben de cumplir puntual y eficientemente. Cuando esto se hace de manera regular, podemos ver alcanzados los fines propuestos. Una cadena de pequeñas tareas cumplidas puntual y eficazmente, se logran con disciplina y responsabilidad. El cuerpo, la mente y el Espíritu aprender a coordinarse, se concertan armoniosamente. Cuando se cumple con EL DEBER, el SER se ilumina y se torna pleno. Una persona que cumple con su deber, por consecuencia “ES”, pues somos la suma de nuestras tareas y obligaciones cumplidas. Entonces el DEBER nos posibilita el SER. Una vez “que somos”, podemos disfrutar de nuestro placer, cualquiera que este sea.

 

Justo y perfecto hemos cumplido, entonces tomamos nuestra recompensa, cualquiera que esta sea. Cuando se actúa de esta manera se construye un círculo virtuoso que llega a culminar con la maravillosa posibilidad de que nuestro DEBER se transforme en nuestro PLACER.

 

En efecto, cuando esto sucede se logra la armonía plena de la vida. Uno es lo que hace y lo que uno hace, lo hace a uno SER. Sí usted hace con gusto y alegría su “deber”, usted es una persona eficiente y eficaz. Pero sí usted logra hacer que su DEBER se convierta en su PLACER, usted en verdad llegará a ser feliz. Por el contrario, sí no se cumple con el “deber”, generalmente no se “ES” lo que uno desea o sueña ser. La irresponsabilidad y la indisciplina derrumbarán todas las expectativas de la vida y en general, siempre se vive “deficitariamente”, esto es, que lo que hacemos y el cómo lo hacemos, no cubre con el requerimiento, por lo cual, tenemos siempre problemas, ganamos poco, tenemos reclamos y somos reclamados. Es esa gente peleada con el mundo, fracasada, fastidiada con el mundo y la vida.

 

Pero más allá de este primer plano del DEBER SER. Más allá de “los grandes fines materiales de la vida”, existe el fin supremo de la existencia. La razón primigenia y más importante del Ser y del Estar aquí. Eso que tiene que ver con la trascendencia de la vida en el plano material. Eso que todos enfrenaremos en el último instante de conciencia, que se convertirá en otra eternidad (no es parábola). Eso que no tiene nada que ver con la materia, comenzando con la de nuestro cuerpo y de todas nuestras pertenencias materiales. Eso que tiene que ver con EL ESPÍRITU.

 

Amable lector, más allá de todo este mundo inmediato, obvio, material y efímero, se encuentra la grandeza humana. En la Sabiduría tolteca de los antiguos mexicanos conocida como Toltecáyotl, se decía que no somos seres humanos trabajando el plano espiritual, sino por el contrario, SOMOS SERES ESPIRITUALES TRABAJANDO EL PLANO HUMANO. Que el cuerpo es solo una manifestación fugaz y pasajera de nuestra esencia. Que hemos venido a este plano material a decantar y purificar el Espíritu, esa pequeñísima partícula divina que el creador depositó en cada uno de nosotros y que con nuestro albedrío, disciplina y responsabilidad existencial podemos decantar y TRASCENDER. O con nuestra estupidez podemos DEGRADAR y hundir en el fangoso mundo material.

Gran desafío saber, quién en verdad somos, de dónde venimos y sobre todo…a dónde vamos después de la muerte. Usted, ¿qué piensa?

 

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