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Lenta reconstrucción de escuelas en el Istmo altera vidas de docentes y alumnos

Aún en obras, 80% de los planteles dañados por el sismo de 2017
Diana Manzo Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 16 de mayo de 2018, Juchitán, Oax.
Ser docente en medio de la reconstrucción posterior a un terremoto es un reto para los profesores del Istmo de Tehuantepec. Muchos de ellos laboran en aulas provisionales o prestadas; algunos cambiaron turno laboral e inclusive dejaron actividades recreativas para ocuparse de sus estudiantes.

Rehacer aulas es un proceso lento en esta zona de Oaxaca. Por ejemplo, los estudiantes de la primaria Juchitán toman clases en salones que prestó la primaria Jaime Torres Bodet y en el turno vespertino, porque sus aulas ni siquiera han sido demolidas más de ocho meses después del terremoto del 7 de septiembre.

De acuerdo con la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el sismo dañó en el Istmo de Tehuantepec alrededor de mil 665 planteles, de los cuales 80 por ciento sigue en reconstrucción y el resto ya se rehabilitaron, pues sólo sufrieron daños menores.

La primaria Juchitán se ubica en la segunda sección de la localidad, y antes del sismo funcionaba en turno matutino con 16 profesores y 270 estudiantes. La matrícula se redujo a 190 alumnos, pues el resto cambió de escuela.

Después del sismo todo cambió, dijo el profesor Francisco Antonio Cuevas, quien imparte clases a estudiantes de quinto grado. Consideró que el cambio de plantel, horarios y tiempo en las aulas ha afectado a sus alumnos, principalmente sus hábitos alimentarios y de recreación.

A las tres de la tarde, en plena clase, los niños piden comer porque su reloj biológico así lo indica. Ellos tomaban clases de las ocho de la mañana a la 1:30 de la tarde; ahora lo hacen de 1:30 a cinco de la tarde. Eso es una complicación, pero lo hemos soportado, dijo.

Cuevas, quien perdió su casa en el temblor, explicó que los padres decidieron que las clases se reanudaran en enero en aulas prestadas, pues temían que se perdiera el ciclo escolar. Por fortuna todos cooperamos y hoy damos clases aun con todas las adversidades, señaló.

El terremoto cambió la vida de Flor Yamileth Regalado de la Cruz, estudiante de quinto grado de primaria, quien dejó sus entrenamientos de futbol en enero, cuando comenzaron las clases en el turno vespertino. Extraña su escuela anterior y no sabe cuándo volverá.

Al ir a mi casa paso por mi escuela y veo con tristeza que sigue lastimada por el sismo. Ahí teníamos clima (aire acondicionado). Ahora tomamos clases fuera, en el patio, por el calor, dijo.

El profesor Francisco Antonio Cuevas admitió que el cambio de horario fue el principal motivo por el que muchos padres de familia llevaron a sus hijos a otras escuelas, pero no había de otra porque el gobierno incumplió con la entregan de aulas provisionales.

Nuestra escuela no figuraba en la lista de las dañadas por el sismo. Tuvimos que ir varias veces a (la capital de) Oaxaca a exigir que nos atendieran. En marzo logramos que nos escucharan y apenas este lunes llegaron a demoler las aulas. Nos urge regresar a nuestra escuela, señaló.

De acuerdo con Cuevas, muchos estudiantes perdieron sus viviendas, al igual que algunos maestros, por lo cual se ofrecen talleres para que los niños cuenten sus vivencias para liberar su tristeza y angustia.

La directora del plantel, Vicenta Toledo Hernández, dijo que es un reto lidiar con la burocracia educativa estatal, que tardó seis meses en reconocer que el plantel había colapsado a causa del terremoto.

Ese retraso de las instituciones nos afectó, pues apenas comenzará la reconstrucción. Dicen que para agosto, cuando se inicie el ciclo escolar, ya tendremos escuela nueva. No lo sabemos; deseamos que los trabajos comiencen pronto y se agilicen. Los niños ya quieren volver a su antigua casa, dijo.

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