¿Por qué escribir de Tetzcoco?

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Desde hace 500 años, con la invasión española en el Cém Anáhuac (siglo XVI), se comenzó a escribir la historia de “México” por los colonizadores y los colonizados en los siglos XVI y XVII, con una visión manipulada y errónea, en la que buscaron comparar e inferiorizar los conocimientos que los Viejos Abuelos desarrollaron a lo largo de 7500 años. Muy particularmente, en Tetzcoco, se escribió a través de diferentes autores, siendo uno de los principales Hernando Alva Ixtlilxochitl (1578-1650), segundo hijo de doña Ana Cortés Ixtlilxochitl, hija de doña Francisca Cristina Verdugo. Doña Francisca fue hija de doña Ana Cortés, hija, a su vez, de Ixtlilxochitl “el Guerrero”, bautizado como, Fernando Cortés Ixtlilxochitl (hijo de Nezahualpilli) y doña Beatriz Papantzin.

Alva Ixtlilxochitl, basó su obra en varios documentos pictográficos o Códices (Códice Xólotl  y los mapas Quinatzin, Tlotzin y Tepechpan) pintados por antiguos tlacuilos toltecas; con respecto al Códice Xólotl se dice que su historia inicia a partir del año 1429 a 1480 aproximadamente, pasando de manos a manos y finalmente heredado a Ixtlilxochitl por ser descendiente de linaje de tlatoque de Tetzcoco.

Ixtlilxochitl plasma e interpreta bajo un sentido genealógico y descriptivo la descendencia de los linajes ancestrales desde la decadencia de los toltecas de la tollan Tula, el arribo de Xólotl al altiplano central, y la vida y realizaciones del último tolteca, Nezahualcóyotl. Pero siempre bajo la supervisión de la Santa Inquisición y de la corona española a través del Consejo de Indias, resultando una versión a cortapisas y ausente de veracidad, que incluso algunos capítulos los compara con pasajes de la biblia católica. Sin embargo, dejó un legado lleno de interpretaciones de diferente índole, el cual se referirá posteriormente en los siguientes artículos escritos con un sentido crítico y analítico.

A estas historias pictográficas se suman fuentes escritas en idioma español o latino; la más antigua Histoyre du Mechique, escrita por el cosmógrafo francés André Thévet, que se cree fue tomada de un escrito perdido, quizás del fraile Fray Andrés de Olmos, Relación de la Ciudad y Provincia de Tetzcoco escrita en 1582 por Juan Bautista Pomar encargada por Felipe II, Historia Eclesiástica Indiana de Fray Gerónimo de Mendieta de 1611, Monarquía Indiana de Fray Juan de Torquemada de 1615; todas ellas nos cuentan de la historia de Tetzcoco.

Otra fuente de acceso libre, y en espera de ser interpretada con un pensamiento descolonizado, son las esculturas plásticas como lo afirma el poeta Rubén Bonifaz Nuño, en la iconografía y desde luego también en los vestigios antiguos o Tollan de aprendizaje (sitios arqueológicos) de la Toltecayotl y que aún podemos admirar en Tetzcoco y en todos los alrededores de  Acolhuacan.

 

“…Por razones evidentes, tales textos o fuentes deben de ser considerados dudosos. Todos ellos son posteriores a la conquista, y contienen datos proporcionados a los conquistadores -soldados y frailes- o consignados por indígenas ya sometidos y aculturados por ellos” “…En cambio, los monumentos plásticos, grandes y pequeños, están libres de cualquier sospecha de contaminación” “…Me parece evidente que el vencido no está nunca dispuesto a entregar sus máximos secretos, aquellos que para él constituyen en mucho la raíz de su existencia, a su vencedor; secretos que el vencedor, por otra parte, en este caso formado en una cultura distinta, no está capacitado para comprender  ni divulgar, sabiendo que tal divulgación podría hacerlo sospechoso ante instituciones como la inquisición”. (Bonifaz Nuño, 1986).

Ahora bien, a pesar de que éstas fuentes historicas no son cien por ciento verídicas y confiables, creemos que con la herramienta del análisis, nos ayudaran en gran medida a entender y comprender, desentrañando la vida de los dos linajes que coexistieron en ésta región del Anáhuac en la creación de Acolhuacan: toltecas y chichimecas.

Los toltecas eran grandes artífices, habitaban en zonas lacustres y en tierras planas (en un entorno ecológico acuático como el que existía en los cinco lagos de la altiplanicie central) hablantes del náhuatl, constructores de Tollan de aprendizaje e investigación, donde se enseñaba todo tipo de arte cómo la escultura, la iconografía de los libros pintados, la astronomía y el cosmos estelar, las matemáticas, la alfarería, la herbolaria, la interpretación de los diferentes calendarios, pero más que nada se enseñaba el pensamiento filosófico y espiritual de la Toltecayotl.

Los chichimecas, en contraste, vivían en cuevas y serranías, en chozas de paja y cuero, vestían con pieles de los animales que cazaban, para subsistir se dedicaban fundamentalmente a la caza y a la recolección, pero si tenían una agricultura itinerante y poca intensiva, centrada en la roza y la quema, teniendo una vida rustica.

Del proceso de enriquecimiento cultural recíproco de ambos grupos, comienza la historia y desarrollo de Tetzcoco, Altépetl en donde los tlatoque que ahí gobernaron tuvieron una participación importante en la preservación del pensamiento energético y espiritual de la Toltecayotl, el cual concluyó con Nezahualcoyotzin, por estas razones es importante compartir una versión descolonizada de la historia de tetzcoco la cual se pretende compartir por este medio a través de articulos consecutivos tomando como referencia las fuentes bibliográficas ya mencionadas, los vestigios antiguos y la memoria histórica del pueblo.

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Mario Monreal

Miembro de Educayotl A.C.

y promotor cultural de la Toltecáyotl

en Texcoco, en el Estado de México.

e-mail: mario.monreal@gmail.com

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