Artífices del barro en Tetzcoco. Mario Monreal

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Las culturas con origen autónomo desarrollaron diferentes formas de expresiones artísticas, en donde el arte musical significó parte importante en la existencia humana,  aunque éste en la actualidad puede no ser reconocido en lo que hoy  se define como “música” (armonía, melodía y ritmo) y sin embargo, sabemos que para la supervivencia del ser humano  en su mundo primigenio, le fue necesario observar y entender su entorno del cual dependía; luego entonces sabía que su esencia provenía  de ese mundo; y en un acto de respeto y veneración, se fundía con sonidos multicolores de una manera genuina a la par: naturaleza  y realización humana; hombres entregados al estudio de las artes y las ciencias, que entretejían en sus danzas y ceremonias sagradas, las historias que hablaban de sus aspiraciones superiores.

No conocemos el sentido exacto en que se utilizaba la música en el Cem Anáhuac (polifonías sonoras, música minimalista, etc.), porque los invasores europeos, prohibieron su ejecución que era eminentemente sagrada, así como todos los instrumentos con los que se creaba la música ancestral. Sólo en los libros pintados podríamos apoyarnos para saber que, en diversos actos cotidianos del Anáhuac, se cantaba a la naturaleza y se celebraba a la vida en sus fechas calendáricas, con danzas y cantos comunitarios. Debe tomarse en cuenta que la música es vibración, y que ésta, es energía, y que nuestros ancestros exploraron, como ninguna otra civilización los misterios de la energía.

Intentar imaginar los sonidos producidos por instrumentos de percusión y de aire, elaborados de madera, de conchas marinas, de hueso, de caparazones de tortugas y diversos materiales como el barro, lo hace genuino y único; siendo éste último, el más maleable de hacer con sus manos de artífices, dándoles formas antropomorfas y zoomorfas, pero sobre todo dotándoles de sonidos naturales y simbólicos como por ejemplo; la chirimía la cual eran polifonías acústicas producidas con  tlapizallis y teponaztlis y los fantásticos Voladores de Papantla o Quetzales, teniendo un significado mucho más profundo; ambos se hacían con la intención de representar, simbólicamente, los conocimientos de la sabiduría de los viejos abuelos, y por otro lado, reproducir los sonidos de la naturaleza, que actualmente se siguen utilizando erróneamente en ceremonias religiosas judeocristianas.

Ahora bien, a pesar de la destrucción de los colonizadores españoles a nuestra cultura Madre; en la actualidad, se preserva y continua la elaboración de instrumentos de barro. Como caso particular, se encuentra, en la zona de Texcoco Estado de México, un poblado llamado Santa Cruz de Arriba, en donde los hermanos Gregorio y Mario Cortés Vergara pertenecientes a una familia alfarera que se dedicaba a elaborar  objetos domésticos de barro (ollas, cazuelas, tazas, etc.), y que hace más de 50 años, por encargo de un investigador de arte en barro mexicano: Jorge Dájer, su señor padre Mario Cortés Basilio, se inicia en el arte de reconstruir réplicas de instrumentos originales de  viento anahuacas, como flautas, ocarinas y silbatos. Posteriormente Mario y Gregorio aprenden dicho arte y continúan con la tradición.  

 Ellos nos concedieron amablemente una entrevista acerca de su arte a la Asociación Educáyotl A.C., promotora cultural de la sabiduría y conocimiento del Cem Anáhuac, y a continuación, nos narran su vida con la alfarería y sus experiencias en diferentes facetas de investigación y experimentación en la reconstrucción de réplicas de diferentes lugares del Anáhuac, aunados con la interacción de músicos de talla nacional e internacional,  con el propósito de seguir preservando y promoviendo la cultura ancestral todavía existente.

En principio, nos comentan que la elaboración de réplicas de piezas originales, se da por la influencia directa de su papa, Don Mario, y  a la vez, por el gusto de los sonidos de las aves y elementos naturales en su entorno, como: el sonido del viento, el sonido del agua, de las águilas, de las tórtolas, de las palomas, etc., los cuales representan simbólicamente a la madre naturaleza. Reconstruyen las copias, respetando cuidadosamente que los instrumentos hechos de barro, tengan la misma tonalidad del sonido, dándole a éste, una importancia relevante; para esto se han dado a la tarea de investigar cada, instrumento tratando de reproducir auténticamente el sonido, y así cuidando que cada orificio, boquilla y conductos, sean lo más cercano a los originales. En ocasiones, nos dicen que los instrumentos no se encuentran completos y en esas situaciones, no es la estética lo que les importa, si no más bien, el rescate, reproducción y características de los tonos o semitonos alcanzados por los mismos (graves o agudos).

Su colección de instrumentos musicales cuenta con cerca de 150 réplicas entre las que se encuentran: vasijas silbadoras de agua, vasos de agua, flautas dobles, triples, cuádruples, silbatos, ocarinas, timbales y “conectores” (éstos se ejecutaban por dos personas al mismo tiempo por ambos lados), todos  obtenidos de instrumentos de barro originales de diferentes museos públicos, colecciones privadas y fuentes escritas; provenientes de diferentes regiones de la República Mexicana, por ejemplo de la Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Nayarit, Colima, Sinaloa, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Yucatán  etc.; sumándose a éstos de Guatemala y Colombia, y desde luego las ocarinas creadas por Don Mario Cortes Basilio; recreando e  intentando respetar los sonidos originales que interpretaban los hombres del Anáhuac. 

En sus investigaciones, han encontrado que los sonidos de los instrumentos tenían un rol importante en el universo de las cosas que les rodeaba a esos hombres del pasado, y  especialmente en la música, detentaban un cuidado extremo en las emociones expresadas de las personas que ejecutaban y  escuchaban, como la alegría, la tristeza, el miedo, etc. Esto es una clara evidencia de que los hombres del Anáhuac, no estaban dedicados únicamente a la sobrevivencia alimentaria, si no que alcanzaron un alto grado de desarrollo en  las artes y  ciencias, que les permitió experimentar con los sonidos.

Su colección está conformada, en su mayor parte, por instrumentos musicales como silbatos, flautas y ocarinas,  éstos no tienen nombres específicos, porque no se conocen con exactitud los nombres originales, por lo tanto ellos les asignan el nombre según la forma y tipo de sonido que reproducen, por ejemplo si el instrumento emite un sonido de viento se le nombra silbato viento (este sonido se relaciona con la muerte desde tiempos antiguos), y de la misma manera con los silbatos águila, silbatos tortolita, entre otros. Han colaborado con músicos que se presentan en las calles, hasta con varios reconocidos internacionalmente como,  José Manuel Bizarro del grupo Mago de Oz (ahora actualmente flautista del Cirque du Soleil); Luis Márquez de Bélgica; Gonzalo Ceja de México; Pierre Hamond de Francia; Brian Olivera de Montreal; Carlos Blanco Fagola de España y David Brite del Real Ballet de Londres, en una obra musical en idioma ingles presentada hace 3 años en México, que relata la historia de la Triple Alianza, en la cual todos los instrumentos utilizados fueron elaborados por los hermanos Mario y Gregorio. 

También han participado en la construcción de  instrumentos de barro para obras discográficas de músicos mexicanos multiinstrumentistas  reconocidos mundialmente, como: Antonio Zepeda y Luis Pérez Ixoneztli, con estilos que podrían ser música de vanguardia (etnorock) mezclados con instrumentos electrónicos  y de origen anahuaca, combinados con música concreta y minimalista contemporánea, obteniendo de todo ello matices que hacen remontar sensiblemente al escucha al glorioso pasado ancestral.  Los artistas platican que, cuando los músicos les solicitan cambiar  la configuración de  algunas replicas, ha sido necesario modificar algunos sonidos, tratando de respetar cada pieza, realizando instrumentos de barro llamados “afinados” por ejemplo, algunos apegados a la escala Europea para fusionarlos con el Jazz contemporáneo y así contextualizarlos con instrumentos como la guitarra y el saxofón.

De igual manera nos indican que por la incorporación de sus réplicas (silbatos, ocarinas, vasijas silbadoras de agua, flautas, entre otras), en las obras musicales de músicos mexicanos y extranjeros, su oficio se ha mantenido vigente permitiendo continuar con la difusión e investigación de instrumentos musicales de barro, logrando así un modus vivendi. Cuentan con exposiciones permanentes en el museo Barranda, España y en Ecuador.  Exhibiciones temporales en el museo Ande de Bélgica en una exposición llamada “La música en el barro” y en Carrara, Italia.

En México, no se cuenta con una exposición permanente, solo en temporadas, en el Museo Nacional de Antropología e Historia se presentan muestras; advirtiendo que falta mucha difusión del legado que por herencia histórica nos dejaron nuestros viejos abuelos, el cual es inmenso, todo ello en un contexto que ahora llamamos música pero que bien pudo haber sido con otro nombre y con otro concepto distinto. Afirman que seguramente con estos instrumentos buscaban la evolución de los sonidos en las diferentes atmósferas que creaban. Es en el taller ubicado en Santa Cruz de Arriba, donde los hermanos tienen exhibidos y disponibles todo el acervo cultural de sus instrumentos hechos de barro, recibiendo visitantes de todos lados, dedicándole su tiempo, esfuerzo y trabajo, como reflejo de su memoria histórica, transmitida por Don Mario Cortés, para la conservación y rescate del arte en barro.

La comunidad de Santa Cruz de Arriba, contaba en 1970, con 57 alfareros y en la actualidad solo quedan cuatro, y podría decirse que tal vez sean la penúltima o quizá la última generación que estarían dándole vida al barro, presentándose como problema principal la falta de materias primas (como el barro y los zacates) por lo cual se encuentra en vías de extinción. Este trabajo artesanal, tan importante, que realizan los hermanos Mario y Gregorio Cortés, enfrenta una guerra desleal con el sistema, a través, de los medios masivos de comunicación, que se encargan de mantener una visión colonizada, limitando así las conciencias y desvalorizando la cultura milenaria del Anáhuac.

Finalmente, Mario y Gregorio, envían un mensaje para las nuevas generaciones:

“Nosotros les decimos a las nuevas generaciones, que tenemos un gran legado de conocimientos ancestrales, no solo musical, sino también un legado de conocimientos ecológicos, de gastronomía, de escultura, de arquitectura, de astronomía, y que, a nosotros, nos toca valorar, no dejárselo a las instituciones o gobernantes que siempre lo desconocen y menosprecian. Somos parte de tener ese orgullo, ese nacionalismo, que en otros países se ve. Es el momento de que nosotros lo retomemos, primero conociéndolo mediante una exploración interna que tenemos que hacernos, como dice la consigna a Cuauhtémoc, “si ya guardamos lo que más quisimos en nuestros corazones, ahora que salga, florezca y se dé a conocer”. Vivimos ante una situación muy difícil de globalización, de conciencias muy pobres, por lo tanto, debemos de apoyar y conocer más nuestra cultura”

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Mario Monreal

Miembro de Educayotl A.C.

y promotor cultural de la Toltecáyotl

en el Estado de México.

e-mail: mario.monreal@gmail.com

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