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TLAZOLTEOTL. Manuel Díaz

  • Categoría: Notas de prensa
  • Publicado el Domingo, 06 Agosto 2017 01:55
  • Escrito por Guillermo Marín
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Manuel Diaz
Tlazolteotl tenía el poder de limpiar los corazones de las vidas consumidas, de dar paz, de regular las acciones, y de lavar con aguas claras las cosas vergonzosas (J.J. Cabada-Izquierdo.)

Es realmente sorprendente el concepto de salud que tenían los aztecas. En el ámbito de la psicología clínica, que es donde yo me desenvuelvo desde hace algunos años, no es sino hasta hace muy poco tiempo que se reconoce la importancia de una concepción holística del ser humano.

Pues para los aztecas, esta era la manera de entenderse y entender el universo; no se podía desligar al ser humano de la naturaleza y por supuesto, de los otros seres humanos como parte de ella. Los dioses, como constructos, sintetizan las propiedades de los eventos naturales, y ponen en relación estrecha los acontecimientos macro y micro cósmicos.

Presentamos en este escrito apenas una pincelada de lo que eran las enfermedades mentales para los aztecas y la manera de aproximarse a su curación.

Las enfermedades mentales ¿en el corazón?

Cuando la medicina occidental aceptó el encargo social de dar cuenta de cierto tipo de enfermedades que parecían no tener una etiología fisiológica, ubicó epistemológicamente al fenómeno en la mente, y por razones ajenas a este escrito, el “lugar” asignado a la mente ha sido tradicionalmente el cerebro. Independientemente del valor topográfico que esto pueda tener, ubicar a la mente en el cerebro tiene implicaciones directas en el diagnóstico y tratamiento de sus disfuncionalidades. Una de ellas, relevante para el tema que nos ocupa, es que las enfermedades mentales se han asociado con los llamados procesos cognitivos superiores; ejemplo de ello es la expresión “perder el juicio”.

Así, una de las características de la enfermedad mental en nuestros días es la incapacidad de discernir. Existen muchas maneras de aproximarse a la explicación de esta incapacidad. Cada una de ellas provee de un sistema clasificatorio, de minimodelos explicativos y de procedimientos de cambio o terapias. Cada una de ellas tiene su propia idea de porqué nos enfermamos de la mente.

Para los aztecas, por otro lado, el corazón yolotl era el órgano relacionado con las enfermedades mentales y los estados de ánimo, como lo sugieren las siguientes palabras del náhuatl (Elferik, Flores, y Rodríguez, 1997:3).

Náhuatl / Español
yollotlauelilocayotl / locura
yollopolluiliztlil / locura-pérdida del corazón
tlatlapololtlli / enloquecido
neyolelelaxitlilixtli / angustia
yolloteneneuiztli / aflicción
teymacaxiliztli / miedo, temor
teyolmalacachoani / Inducir la locura por medio de hechizos
yollomimiquilixtli / epilepsia
motlapololtlani / loco

Otra evidencia la podemos encontrar en el nombre que le dieron a un conjunto de plantas que curan las enfermedades mentales: yollopatli “medicina del corazón”.

Ahora bien, una de las implicaciones de ubicar los trastornos mentales en el corazón, es que nos lleva necesariamente a plantearnos teorías y preguntas de investigación sobre la psicopatología muy diferentes, pues cobran una mayor relevancia los afectos en lugar de la razón. Aún más, para los aztecas, emoción y razón no estarían separados, pues ellos tenían una idea integral de sí mismos y de la naturaleza.

El concepto de enfermedad mental en los aztecas.
Los aztecas no separaron a las enfermedades mentales del resto de las otras enfermedades. Para ellos enfermarse era consecuencia de dos factores, uno mágico-religioso, y el otro, natural. Estaban convencidos de que la gente estaba predestinada para ciertos acontecimientos en su vida, predestinación que se documentaba en el tonalamatl, con el día y la hora del nacimiento. Había días buenos y días desafortunados.

Nacer en un día desafortunado los hacía propensos a padecer alguna enfermedad. Adicionalmente, las enfermedades eran castigo de los dioses, en el sentido de haberse involucrado en un comportamiento negativamente valorado por la comunidad, como emborracharse o robar.

La idea del pecado en el mundo azteca se refería a un mal físico o social y no a una falta de carácter sobrenatural merecedora de un castigo después de la muerte. El lugar al que irían después de su muerte dependía de la manera en la que morían y no de cómo se habían comportado mientras vivían.

Junto con las deidades, existían espíritus sobrenaturales que habitaban en los bosques, ríos, cavernas, manantiales, cañadas y hormigueros, como los que describe Ortíz (1989), los ahuican chaneque, dueños de los lugares peligrosos y habitantes del inframundo. Estos chaneques podían enfermarlos al sacarles el tonalli del cuerpo, por lo que debían mostrarse muy cautelosos al estar en esos lugares.

También los hechiceros y magos tenían tanto la capacidad de sanar como de enfermar a los demás. El nombre genérico de los hechiceros era tlacatecolotl, hombre-búho. Si se tenía la suerte de capturar a un hechicero, se lo podía destruir cortándole el pelo hasta la coronilla, lo que producía pérdida del tonalli y más tarde, la muerte.

Si bien es cierto que entre los aztecas había un gran número de denominaciones para referirse a las alteraciones del estado de ánimo o a los trastornos mentales, también lo es que llegan hasta nuestros días depués de haber pasado por varias traducciones, del náhuatl al latin, del latin al español. Así es que con cierta reserva podemos decir que las emociones que los aztecas identificaron como enfermas fueron: la ansiedad y aflicción, el miedo patológico, la locura, la melancolía y la histeria.

El tratamiento de las enfermedades mentales.
Como en la mayoría de las culturas antiguas, eran dos las estrategias de los aztecas para enfrentar a la enfermedad. Una era por medio de prácticas mágico-religiosas, rezos y encantamientos, y la otra por medio de la herbolaria y otros productos naturales.

Si se revisa el códice Badiano, se pueden encontrar muchos ejemplos del uso de la magia. Un remedio contra el miedo y el desmayo del corazón era un ungüento cuyos ingredientes eran: sangre de zorra, sangre y excremento del gusano llamado acuecueyayotl, laurel, excremento de golondrina, todo triturado y mezclado con agua y espuma de mar.

Elferink, Flores y Rodríguez (1997) documentan el uso de plantas medicinales en el tratamiento de las enfermedades mentales entre los aztecas. Por ejemplo, la medicina neyoltzayanalizpaltli para la rotura del corazón, la medicina tlahuelilocapatli para la locura, o la medicina teyolchipahuac que alegra el corazón. No sólo plantas eran utilizadas en la elaboración de medicamentos, también algunos productos de origen animal o mineral, como el coztictecpatl o el atlchipin. O el quiauhteucuitlatl, que usaban en las primeras fases de la locura.

Por su parte, Ruiz y Morales (1998) documentan que para tratar la neurosis usaban jugo de iztahuhietl (artemisa mexicana) ya que hacía arrojar la cólera y calmaba las angustias del corazón. A los retrasados mentales los llamaban yolloquimil y les daban a beber xaxauactli. Pero lo más interesante para el caso que nos ocupa es que existían curanderos especializados cuya función era transformar los corazones y devolver la ventura o el alma o tonalli a quienes la habían perdido, ellos se llamaban teixtomani y teixcuiltian.

La confesión tenía un papel importante en la terapia, especialmente cuando se atribuían las enfermedades severas a un pecado. Por ejemplo, si la enfermedad era resultado de los males se debían a inmoralidad sexual, se confesaba el pecado ante la diosa Tlazolteotl, que para esos fines se llamaba Tlaelquani comedora de inmundicia, porque se comía los pecados y purificaba así al pecador. También se hacían confesiones ante Tezcatlipoca, quien lavaba al pecador de culpa y evitaba las enfermedades futuras.

Los aztecas dedicaron un templo a Tlazolteotl, que regía también la medicación mágica, conocido como Tocititlan, “el lugar de nuestra abuela”. La presencia de este templo implica una organización sacerdotal encargada del mantenimiento de dicho templo y del culto a la diosa. La importancia de este tipo especial de sacerdotes, los ronaiponque, era primordial en la religiosidad azteca, ya que eran los encargados de la lectura e interpretación de los códices, de dar nombre a los recién nacidos, que estaban bajo el patrocinio de Tlazolteotl, y de celebrar el ritual de la confesión.

Para concluir, es necesario recordar el concepto de los aztecas sobre el hombre, quien es la imagen en su conjunto de rostro y corazón y no de cerebro-mente como se ha concebido tradicionalmente en la psiquiatría occidental. Para ellos fue el corazón y no el cerebro el origen de los sentimientos y la actividad; el corazón podía desviarse, tocerse o perderse por la enfermedad, y la cura consistía precisamente en la recuperación de la armonía con la naturaleza.

Este artículo ha sido escrito por Patricia Landa Durán, Profesora Investigadora de la Clínica Universitaria de Salud Integral, Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM, México. ¡Muchas gracias, Pati!

Bibliografía/referencias:-
• Cabada-Izquierdo, J.J. (1992) Tlazolteotl: una divinidad del panteón azteca. Revista Española de Antropología Americana, No. 22.
• Elferik, J., Flores, J.A. y Rodríguez, E. (1997) Las enfermedades mentales entre los nahuas. Salud Mental, 20, 3
• Ruiz-López, I. y Morales-Heinen, D. (1998) Tratamiento de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas en la medicina del México antiguo. Archivos de Neurociencias, 3, 1, p. 47-52
• Ortíz de Montellano, B. (1993) Medicina, salud y nutrición aztecas. Siglo Veintiuno: México
• Molina, A. (1970) Vocabulario en Lengua Castellana y Mexicana y Mexicana y Castellana. México: Porrúa
• Palacios, A. (1967) Visión histórica de la psiquiatría en México. Neural, Neurocirugía Psiquiatría, 8, p.15-27
• Velasco-Suárez M., Cabildo, M.H., Tejada, C., Nieto, D. (1963) Present status of Psychiatry in Mexico. American Journal of Psychiatry, 120, p.160
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Tomado de:
https://www.facebook.com/mikael.diaz.710/posts/1927254660876257

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