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El secuestro de la Antropología

  • Categoría: Notas de prensa
  • Publicado el Lunes, 17 Abril 2017 15:06
  • Escrito por Guillermo Marín
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Pablo Mondragón Valero
antropologia2-0.com
en Opinión /por Pablo Mondragón Valero
En este artículo expongo la tesis del secuestro de la antropología por parte de la Academia. El escrito mantiene que la antropología está, principalmente en el contexto iberoamericano, demasiado enfocada a los intereses departamentales. Y aboga por un cambio.
No pretendo con ello quitarle mérito a la larga trayectoria de la antropología académica,que es la historia de la disciplina en general. Asumo que la adquisición de fuertes bases teóricas y metodológicas es un requisito imprescindible para la antropología del mañana, y bajo ningún concepto planteo las dos vertientes como una oposición maniquea. Dicho esto, doy paso al artículo.

Cuentan los antiguos mitos griegos que Ganímides fue un príncipe troyano hijo del poderoso Laodemonte. Ganímides poseía una belleza legendaria, por lo que no tardó en atraer la atención de Zeus, el gran rey de reyes del Olimpo helénico. Ni corto ni perezoso, Zeus, que como sabemos sentía debilidad por el trans-especismo, se transformó en un águila real y secuestró a Ganímides en las faldas del monte Ida. Ganímides sirvió como copero de los dioses hasta que le encontraron un sitio entre las estrellas. La constelación de Acuario, el copero, guarda su recuerdo.

Esta historia podría resultar baladí si no guardase un tenebroso parecido con la situación de la antropología actual. La tesis de este artículo es que, como Ganímides, la antropología ha sido secuestrada por un ente divinizado y todopoderoso: la academia.
El rapto de Ganimedes

El rapto de Ganimedes. Óleo de Eustache Le Sueur. 1650.

Es innegable que actualmente la mayor parte de los estudios etnográficos y experiencias de campo provienen de la academia. La Universidad es el sol que calienta la disciplina, que orbita a duras penas en las galaxias de las revistas de impacto. Este hecho se repite en las múltiples realidades nacionales donde la antropología tiene una presencia, pero está especialmente acentuado en los contextos hispanohablantes. Ya sea en México, en Perú, en Colombia, en Chile, en El Salvador o en España, la práctica antropológica es terreno hegemónico de las Universidades.

Esta realidad no es viable a largo plazo. El secuestro de la antropología por parte de las Universidades invisibiliza la disciplina de cara a la sociedad, lo que reduce enormemente las posibilidades de profesionalizarla. Mientras los alumnos no encuentran trabajo ni saben qué hacer con su disciplina, los docentes se dedican a las publicaciones de impacto y esa especie de Game of Thrones departamental tan enraizado en los micro-mundos universitarios.

A menudo se me califica de exagerado cuando expongo la gravedad de este asunto. Por eso, en un intento de poder evidenciar esta realidad y contribuir a su cambio, expongo al menos 4 hechos relevantes que defienden la tesis del secuestro de la antropología. Espero, con ello, contribuir de alguna forma a la liberación de Ganimedes, exhausto ya por su larga estancia en la torre de marfil.
Los curriculums de los docentes

El primer aspecto al que me gustaría referirme es a la escasa presencia de investigación extra-universitaria en los curriculums de los docentes de antropología. Podría pensarse que esto entra dentro de la “normalidad”, pero como antropólogos debemos asumir que esta “normalidad” no es más que la consecuencia de un modelo establecido, y que tenemos toda la potestad para ponerlo en duda.

La relación entre los departamentos de antropología y el “mercado laboral extra-universitario” es casi testimonial, algo que se hace muy evidente en los escuetos programas de prácticas. La consecuencia de esto es que gran parte de los docentes desconocen los ámbitos y las metodologías demandas por la realidad laboral, que por otro lado está llena de oportunidades para la antropología del mañana. Esta cuestión se expuso de forma honesta en uno de los simposios del congreso de AIBR 2017, donde llegué a anotar una frase textual de uno de los ponentes: “los profesores no sabemos decir a nuestros alumnos en qué pueden trabajar”. Para reforzar este argumento, propongo que cada cual lleve a cabo una breve investigación sobre la experiencia curricular de sus docentes. Recordemos que Zeus es un dios, y que los dioses no siembran los campos, sino que observan, a veces divertidos, a veces alarmados, la banalidad de la vida humana.
Profesionalización: gran ausente de las ofertas formativas

El que los docentes que habitan los grados de antropología difícilmente puedan responder al ¿qué hacer con la antropología? influye muy negativamente en la oferta formativa. Basta echar un vistazo a los planes de estudio de los grados en España para darse cuenta de lo poco enfocados que están a la práctica de la antropología fuera de la academia. En el caso de la Universidad de Granada, que es donde yo cursé mis estudios, de 240 créditos de grado, tan solo 6 optativos (una asignatura) se enfocaban al mercado laboral extra-académico. Una sencilla regla de tres nos demuestra que tan solo el 2,5 % de las asignaturas de este grado pretenden guiar al alumno más allá de las salidas académicas. Un 2,5%, repito, optativo. Un dato que evidencia el irrisorio compromiso de la carrera con el mercado laboral. Y por lo que he podido saber a través de mis compañeros de otras Universidades de España, Granada no es una excepción.

 

Si analizamos la oferta de posgrado (máster) de España, la cosa tampoco es para tirar cohetes. Son pocos los másters en Antropología que aboguen por una vertiente realmente aplicada, algo que de nuevo se relaciona con la falta de conocimientos “aplicados” de los docentes. Además, tampoco existe un interés en ello. Al menos por lo que yo he podido percibir en mi Universidad natal, los másters se diseñan PARA los docentes y no para los alumnos. Espero poder extenderme sobre este asunto en el futuro, porque tiene tela.
El fantasma de la aplicabilidad

La histórica oposición entre la antropología aplicada y académica es una cuestión que hoy en día resulta absolutamente inservible. Aunque brillantes antropólogos hayan señalado los beneficios que ambas formas de entender la antropología pueden aportar a la disciplina, el fantasma de la aplicabilidad persiste. El discurso es sutil, filtrado gota a gota a través de esas clases magistrales que demonizan la antropología aplicada y advierten a los asustadizos alumnos sobre Sol Tax o el proyecto Hawthrone. Y aunque campos como la Antropología de la Salud o del Desarrollo son ya más o menos tolerados, vertientes como la antropología organizacional o digital son percibidas con recelo y consideradas herejías disciplinarias.

Creo que la demonización de la antropología aplicada solo sirve para mantener el statu quo en los departamentos. Si los departamentos y solo los departamentos controlan la disciplina, el cupo de antropólogos en España quedará cubierto… por ellos y solo por ellos. Agazapada en los rincones departamentales, la antropología (española) seguirá vociferando su utilidad social mientras en la sombra construirá sus defensas en torno a la institución universitaria.
Se hace necesaria una presión “exterior” proveniente del alumnado, demandando un sitio en la antropología del mañana, más allá de los muros del Olimpo.
Las revistas de impacto: endogamia y grafocentrismo

Resultaría muy difícil entender el micro-mundo departamental si no atendiésemos a las lógicas que existen en torno a las revistas de impacto, liturgia y amargura suprema de todo académico que se precie y que desee escalar en su carrera. Estas lógicas bien merecerían un artículo aparte, que sin duda ofreceremos en el futuro, pero que no es objeto de este artículo.
Las revistas de impacto son el principal canal por el que circula la antropología social. ¿Y quién lee las revistas de impacto…?

¡Bingo! Lo has adivinado.

El que académicos escriban solo para académicos genera una nefasta endogamia que tiene más que ver con cuántas veces son citados (existen auténticas red clientelares del yo-te-cito-tú-me-citas) que con la visibilización real de la disciplina, y que, por supuesto, no tiene nada que ver con el futuro laboral de los alumnos. La lógica de la endogamia está al servicio de los currículos de docentes e investigadores departamentales. Nunca del antropólogo profesionalizado.

Por otro lado, la elección de las revistas de impacto como escaparate de la antropología nos precipita hacia un grafocentrismo demodé, una forma de comunicación volcada exclusivamente hacia esa escritura abstracta y postmoderna que tanto nos gusta a los antropólogos y que escasamente entienden otros colectivos. La academia valora y privilegia la escritura Frankestein por encima de formatos emergentes (y mucho más populares) como los blogs, los vídeos de Youtube o las infografías.

Con mayor o menor acierto, he tratado de exponer cuatro ideas que considero fundamentales para entender el fenómeno del secuestro de la antropología. Cada una de ellas merecería matices y horas de discusión. Y sin duda, la elección del académico como “sujeto colectivo” es una licencia que no profundiza en la variada y heterogénea vida departamental del ámbito iberoamericano, ni siquiera del español. Numerosos docentes y asociaciones continúan llevando a cabo impresionantes esfuerzos por sacar la antropología de su secuestro, y sin duda les animamos a contactar con nosotros para poder conocernos y aunar fuerzas. Avanzar juntos hacia una antropología profesionalizada. Solo entre todos; alumnos, docentes, investigadores, profesionales, asociaciones, blogueros, simpatizantes… podemos generar una masa crítica con el estado actual de nuestra disciplina, reinventarla, mejorarla.
Solo entre todos podremos rescatar a Ganímides de su largo cautiverio en las tierras del Olimpo.

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