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Philip Glass se postra con sabiduría y humildad ante la música wirrárika

  • Categoría: Notas de prensa
  • Publicado el Domingo, 03 Diciembre 2017 15:34
  • Escrito por Guillermo Marín
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El compositor unió su piano al raweri y la kanari de Daniel Medina de la Rosa y Erasmo Medina
Foto Gracias a Glass por llamar la atención en lo noble que hay en nuestro país, dijo uno de los organizadores del conciertoFoto Yazmín Ortega Cortés
El espíritu de la Tierra: preludio a la sinfonía tolteca, velada mágica ayer, en el CSJ
Pablo Espinosa
Periódico La Jornada
Domingo 3 de diciembre de 2017.
Valido del poder de la música, el compositor Philip Glass puso de cabeza el curso de la historia de la humanidad: postró la cultura dominante, la gran tradición musical europea, y miró y trató de igual a igual a músicos indígenas mexicanos, la cultura dominada. Ellos expresaron la riqueza de contenido de la cultura wirrárika, en una sesión de alta intensidad anoche en el Claustro de Sor Juana (CSJ). No fue un concierto. Se trató de un ritual.

De hecho, esos músicos wirrárikas, Daniel Medina de la Rosa y Erasmo Medina Medina, fueron presentados por delante de Philip Glass, otrora tratado en otros lares como lo que es: uno de los tres músicos vivos más interpretados en el planeta, junto a John Adams y Arvo Part, de acuerdo con la firma especializada Bachtrack, la base de datos más confiable de la música de concierto.

El espíritu de la Tierra: preludio a la sinfonía tolteca, se tituló la velada. Mágica: se inició a las 17:17 horas y se prolongó una eternidad, hasta que las 222 personas sentadas en las butacas del auditorio Divino Narciso del Claustro de Sor Juana perdieron la noción de tiempo y espacio.

Se trató, en consecuencia, del ritual que realizan cada año estos músicos hacia los lugares sagrados en representación de toda la comunidad wirrárika.

Los cuatro episodios del ritual: El venado sabio, El cacto sagrado, Estamos en el viento, ¿Es verdad lo que están haciendo?, a partir de textos y música que soñó Daniel Medina de la Rosa y que nos narró en escena anoche:

Mi aparición fue en un cerro,/ allí me encuentro/ en el sitio sagrado Wirikuta./ Estamos en el lugar,/ en mi apariencia me convierto en hermano mayor/ y soy como me ves/ pero a la vez / soy el hermano venado./ Mi nacimiento fue aquí, / y estando aquí me/ convierto en el hermano mayor;/ en flores y aves,/ porque mi nacimiento fue así/ y así seguiré de generación en generación a generación./ Estoy rodeado de cerros y lomas, / estoy en Wirikuta,/ el lugar sagrado en Mukuyuawi/ la tierra azul./ ¡Hikuri, hermano mayor!/ brotaste en el centro de una flor del desierto/ atrayendo toda la sabiduría/ y los conocimientos ancestrales/ que necesita el universo.

Todo el tiempo caminaron por delante los músicos wirrárikas, mientras Philip Glass con sabiduría los escuchaba en silencio y comenzó a mover las teclas de su piano occidental con la mano izquierda mientras Daniel tocaba el raweri, violín wixárika (la ortografía permite escribir por igual wirrárika, o wixárica, con c o con k), y Erasmo activaba la kanari, una pequeñísima guitarra wixárika.

Llegó un momento del ritual en el que todos los poderíos se ordenaron, como sucede cuando la peregrinación wirrárika llega a la cima de la montaña sagrada y entonces la voz, el violín, la leve guitarra y el piano sonaron unísonos, de igual a igual, en momentos de alta intensidad que en Occidente se denomina Lo Sublime y en lengua wirrárika solamente se pronuncia en sueños.

El violín, o raweri, también es pequeño, mientras el arco es una flecha que termina en una gran borla color rojo intenso, como la casaca roja de Mozart. Daniel Medina de la Rosa hace sonar su instrumento valiéndose, en lugar de un arco de violín, de un clavel.

El antropólogo Víctor Sánchez, quien con Mauricio González hicieron posible este sueño, que un músico proveniente del imperio, poseedor del conocimiento musical de la cultura dominante, se postrara con sabia humildad ante la música wirrárika, condujo al público con su voz en off durante la velada.

Dijo Víctor Sánchez: La wirrárika es la última cultura indígena viva que nos queda; está amenazada; urge apoyarla, nos hace mucha falta, entre otras cosas, para recuperar esa parte de nuestra alma que está en la Naturaleza. Gracias a Philip Glass por llamar la atención en lo noble que hay en nuestro país.

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