El genocidio indígena del porfiriato que no te enseñaron en la escuela

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El genocidio indígena del porfiriato que no te enseñaron en la escuela
Por: Alejandro I. López
30 de agosto, 2017.
culturacolectiva.com
En pleno 2018, algunas voces despistadas ?y otras no tanto? añoran la figura de Díaz y claman por el regreso de la "mano dura", del "orden y progreso" de su administración o peor aún, del modelo de "desarrollo" que suponen, trajo consigo bienestar en una época de crecimiento sin parangón en la historia de México, aunque para el grueso de la población solamente significó explotación, miseria y una brecha aún mayor entre clases. Independientemente de las odas contemporáneas al autoritarismo, es necesario conocer algunos de los más sangrientos episodios que caracterizaron al gobierno de Díaz. Entre ellos, las campañas militares contra yaquis en el norte del país y los mayas en el sureste mexicano.

El genocidio yaqui

El poder casi ilimitado que ostentaban unos cuantos terratenientes dueños de Sonora durante el porfiriato estaba mermado por los yaquis, una tribu agrícola y pacífica a la que, por el peso de la historia, pertenecía el Valle del Yaqui y del Mayo, además de un fértil territorio bañado por los más de 410 km de cauce del río homónimo.

Con el ascenso de Díaz al poder, se intensificó una guerra de exterminio contra los yaquis con la intención de controlar el territorio sonorense y, so pretexto de la pacificación, civilización y el progreso, se prolongó durante el resto de su mandato, cuya repercusión nacional resultó opacada tan sólo con el inicio de la Revolución Mexicana.

Después de décadas de asaltos e intentos fallidos por parte del ejército mexicano para terminar con los yaquis y controlar la zona, en 1900 el gobierno dio un golpe de autoridad sobre los indígenas en la Batalla de Mazocoba, donde a sangre y fuego perecieron cerca de mil yaquis ante el armamento del ejército mexicano. Algunos de los generales que participaron en distintas campañas militares contra esta tribu fueron Ramón Corral, vicepresidente durante la última década del porfiriato y Rafael Izábal, ambos terratenientes y políticos sonorenses, gobernadores del estado y allegados al régimen de Díaz.

Después de capturar y hacer prisioneros a niños y mujeres, el gobierno de Díaz inició una política de deportación masiva hacia Yucatán, a miles de kilómetros de su lugar de origen para trabajar como mano de obra esclava en las portentosas haciendas henequeneras del sureste del país.

A pesar de que no existe cifra oficial, la guerra de baja intensidad contra los yaquis en el norte de México cobró más de 23 mil vidas de indígenas entre fusilamientos, ahorcamientos, suicidios colectivos, toma de prisioneros y una deportación inmisericorde organizada para terminar de tajo con su cultura. En el sureste mexicano, la historia fue similar:

La "heroica" campaña contra los mayas

La Guerra de Castas que sucedía en territorio maya desde al menos cuatro décadas atrás resultaba un lastre para el positivismo porfirista, pues frenaba la construcción de vías férreas que conectaran los grandes núcleos productores de henequén con el centro del país y tensaba las relaciones entre Belice (Gran Bretaña) y México. La justificación ideológica era similar. Desde los medios oficialistas, los mayas eran presentados como una ?amenaza para los habitantes pacíficos, una rémora para el progreso y una mancha negra en el cuadro de paz?.

Díaz consideraba que tal foco de insurrección indígena debía ser sofocado a cualquier precio y mantuvo una campaña militar casi permanente en Yucatán, uno de los sitios que mejor representa la esencia del porfiriato: al tiempo que Mérida se convertía en la ciudad más lujosa de Latinoamérica con bulevares franceses y residencias palaciegas, a unos kilómetros, el trabajo esclavo y la explotación en las haciendas de henequén se recrudecían cada vez más.

No fue hasta 1904 cuando el gobierno declaró oficialmente terminada la campaña contra los mayas, que se defendieron resueltamente a través de la guerra de guerrillas en la selva. Algunos efectivos condecorados por su acción contra los mayas fueron Ignacio Bravo, Lorenzo García, José María de la Vega y el propio Victoriano Huerta, generales al mando de los más de 8 mil soldados que fueron movilizados para la toma de Chan Santa Cruz (hoy Felipe Carrillo Puerto), el último reducto de los rebeldes. A partir de la derrota, los mayas retrocedieron hacia el Sur y en el mismo año se creó el Territorio Federal de Quintana Roo, más tarde constituido como estado.

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