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A propósito de Castaneda

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A propósito de Castaneda
La saga de Carlos Castaneda está compuesta por 13 libros publicados entre 1968 y 1998. Se trata de una detallada exposición de la enseñanza que recibió de su maestro, el nahual Juan Matus, heredero de un linaje de videntes toltecas que existían en México desde la antigüedad. En ella testimonia su experiencia personal de aprendizaje, las vicisitudes, deslumbramientos y zozobras.
El término tolteca se refiere a la tradición mesoamericana de conocimiento y no a una cultura o grupo étnico particular. En ella hay cuatro grados de realización: aprendiz, guerrero, hombre de conocimiento y vidente. Nahual es el título que se otorga al líder de un grupo de videntes que, debido a su peculiar configuración energética, es apto para guiar a sus compañeros en la búsqueda de la libertad total.
El inicio de esta tradición se remonta a 10 mil años atrás, cuando los chamanes del México antiguo comenzaron a desarrollar su conocimiento. Don Juan estaba convencido de que los hombres que poblaban este continente en esa época estaban profundamente comprometidos con temas relacionados con el Universo y la percepción, temas que el hombre moderno ni siquiera ha comenzado a intuir.

El descubrimiento principal que realizaron fue que era posible percibir la energía que fluye en el Universo como energía, y no solo como objetos o cosas. Elaboraron complejos métodos para desarrollar y manejar esa capacidad. Comprendieron que el mundo de la vida cotidiana era solo una de las alternativas perceptivas del hombre. Entonces se involucraron seriamente con la posibilidad de percibir otros mundos, coexistentes al de la vida cotidiana, en los que podían actuar con la misma operatividad.
Las extrañas historias de chamanes que desaparecen en el aire, se transforman en animales o gozan de inexplicables poderes, podrían ser las apariencias fenoménicas de las maniobras realizadas por los videntes basándose en esas premisas. La saga de Castaneda abunda en relatos de esta naturaleza que son inexplicables para la razón ordinaria. Al mismo tiempo aporta los elementos necesarios para comprender el contexto cognitivo y pragmático que fundamenta esta posibilidad.
Don Juan denominaba a esta tradición ancestral ?los antiguos videntes?. Agregaba que en cierto momento estuvieron al borde de la extinción debido a la irrupción de pueblos conquistadores. Los videntes que sobrevivieron realizaron una rigurosa revaluación de sus métodos y replantearon la meta de su enseñanza. Surgió así el ciclo de los ?nuevos videntes? que se separaron en distintos linajes a uno de los cuales pertenecía don Juan.
El linaje de don Juan constaba de 25 generaciones. Desde fines del siglo XVI había tenido 14 nahuales y 126 videntes. El grupo de don Juan estaba compuesto por 10 mujeres y 5 hombres, el de su maestro por 15 videntes y el anterior por 11 videntes. A Castaneda le correspondió la tarea de cerrar el linaje, ya que sería su último nahual.

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Los datos que aporta la saga permiten esclarecer aspectos ignorados del chamanismo y de las civilizaciones antiguas de Mesoamérica. Si combinamos el relato de don Juan con los registros históricos y arqueológicos es posible establecer algunas correlaciones.
Según don Juan hubo épocas en que los antiguos videntes formaban parte regular de la sociedad. Eran especialistas en diversos oficios y participaban de la vida cotidiana: curanderos, adivinos, narradores, danzarines, cocineros, artesanos. Esto podría aplicarse al período clásico de la civilización mesoamericana (siglos III a X: Teotihuacán, zapotecas, mayas, toltecas). El abrupto abandono de los centros ceremoniales podría ser el resultado del traslado de poblaciones enteras a otras bandas perceptivas bajo el comando de los antiguos videntes.
Un conjunto de factores sociales, migratorios o climáticos sumados a ciertos ?desvíos? de los antiguos videntes precipitaron el final de la era. Durante el siglo XII ocurrieron las invasiones de tribus conquistadoras provenientes del norte. Tula, capital del estado tolteca, fue incendiada en 1168. En esa época se había iniciado la legendaria peregrinación de los nahuas que habría de desembocar en la conquista del valle de México y la fundación de Tenochtitlan, capital de los aztecas, en 1325.
Según don Juan los invasores copiaron los procedimientos exteriores de los antiguos videntes pero ignoraban el significado interior de sus prácticas. Esto podría explicar la deformación del conocimiento ancestral durante la decadencia de la civilización mesoamericana (siglos XIII a XV: aztecas, mixtecas, tolteco-mayas). Los aztecas re-funcionalizaron la espiritualidad tolteca degradándola a una ideología místico-guerrera al servicio de un estado despótico. Tergiversaron la ?guerra florida? del guerrero interior que busca la conciencia a la captura de prisioneros para el sacrificio.
Para don Juan el error de los antiguos videntes fue su extravío en los laberintos de lo desconocido: la obsesión con los mundos no cotidianos que eran capaces de percibir y manejar. Habiendo realizado inconcebibles hazañas se creyeron invulnerables. Pero debido a su morbidez e importancia personal no estuvieron preparados para sortear el descalabro que produjo la invasión de los pueblos hostiles.
Los videntes que lograron sobrevivir realizaron un exhaustivo inventario del saber acumulado y cambiaron los énfasis de la enseñanza. Discontinuaron el uso de plantas psicoactivas, abandonaron los complicados rituales y las ceremonias, se retiraron de la vida social y el dominio, depuraron ciertos métodos y priorizaron otros. Como corolario, su enseñanza se centró en la maestría de ?estar consciente de ser? a través de las prácticas del ?acecho?, el ?ensueño? y el ?intento?.
A la llegada de los españoles un nuevo ciclo de videntes ya estaba encaminado. El régimen de coerción y arbitrariedad que instauró la colonización europea resultó beneficioso para los nuevos videntes porque se vieron obligados a refinar sus prácticas. A fines del siglo XVI los distintos linajes resolvieron abandonar todo contacto entre sí para asegurar la preservación de sus secretos y continuar sus actividades.
En 1723 un suceso inesperado afectó al linaje de don Juan. Siendo el nahual Sebastián monaguillo de la catedral, se le apareció un antiguo vidente y lo amenazó con denunciarlo. El arreglo al que llegaron fue que le revelaría a cada nahual procedimientos desconocidos sobre el punto de encaje a cambio de la energía para seguir viviendo. Fue apodado ?el inquilino? y era una muestra de los laberintos que transitaban los brujos de la antigüedad.
(La relación de don Juan con Castaneda está fielmente documentada en la saga. Comenzó en 1961 y terminó con su partida del mundo en 1974. Don Juan conoció a su maestro, el nahual Julián Osorio, cuando tenía 20 años y estuvo ligado a él hasta 1940, durante 34 años. Por lo tanto don Juan había nacido en 1886, conoció a su maestro en 1906 y vivió 88 años. El nahual Julián, a su vez, había conocido al nahual Elías Ulloa, su maestro, siendo muy joven, hacia 1880. El nahual Elías fue una influencia importante para don Juan hasta que abandonó el mundo en 1914. )
Los encuentros de cada nahual con su futuro aprendiz son relatos de profundo contenido humano. No responden al deseo de los aprendices sino a las señales de un poder impersonal. El nahual Elías encontró al joven Julián como un actor carismático, licencioso y con una avanzada tuberculosis. Éste, ya convertido en el nahual Julián, encontró al joven Juan Matus al borde de un camino con una bala en el pecho. Don Juan, a su vez, encontró a Castaneda como un arrogante estudiante de antropología que buscaba colaboración para su tesis.
A cada nahual le compete la tarea de ?enganchar? al aprendiz poniendo en juego todos los recursos de su maestría. Una vez que el aprendiz comprende la magnitud de la elección que se le presenta, debe aceptarla o rechazarla a plena conciencia. Las contradicciones interiores que experimenta y las circunstancias en las que se desenvuelve este proceso son muy aleccionadoras.

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El aspecto central de la elucidación de los videntes era la posibilidad de percibir la energía que fluye en el Universo como energía. Ella se presenta a su visión como una infinitud de filamentos luminosos de energía autoconsciente. La magnitud de esta visión transmite la presencia de una fuerza misteriosa, impersonal y omnipresente que los videntes llamaron Vida, Espíritu, Intento o Infinito.
El ser humano aparece ante el vidente como un capullo luminoso que reúne en su interior miríadas de fibras energéticas. Un resplandor particular ubicado en la superficie del capullo enciende un pequeño porcentaje de las fibras. La alineación de esas fibras específicas genera los datos sensoriales que van a ser interpretados como ?el mundo de la vida cotidiana?. Llamaron a ese resplandor el punto de encaje.
Los videntes calificaron este hecho como un logro perceptivo monumental de la especie humana. Observaron que el entrenamiento que lo permite comienza con el nacimiento. El proceso de socialización y la vida colectiva son los factores que terminan fijando el punto de encaje en esa posición particular.
Pero la percepción del mundo de la vida cotidiana, que absorbe toda nuestra atención en el estado de vigilia, es sólo una de las múltiples posibilidades perceptivas del hombre. Durante el estado de sueño el punto de encaje se desplaza espontáneamente por las bandas luminosas del capullo humano.
A partir de estos descubrimientos los videntes desarrollaron complejos procedimientos para volverse capaces de mover voluntariamente el punto de encaje y alinear otras bandas de energía contenidas en el capullo del hombre. Esto los llevó a descubrir innumerables mundos perceptivos en los que podían focalizar su atención y que coexistían con el mundo cotidiano. De hecho, podían vivir, actuar o morir en cualquiera de esos mundos con la misma eficiencia que en el mundo de la vida cotidiana.
El movimiento del punto de encaje y la percepción directa de la energía universal se producen de manera normal en la vida del hombre. Pero solo los videntes se ocupan de realizarlo de manera deliberada. Según don Juan un momento de júbilo, miedo, dolor, cólera o pesadumbre pueden mover el punto de encaje de su posición habitual. Las experiencias de místicos y maestros espirituales son movimientos del punto de encaje. Al volver a la normalidad traen consigo un recuerdo que los acompañará toda la vida.
Don Juan explicaba que el dilema del hombre moderno es que intuye sus recursos ocultos pero no se atreve a enfrentarlos. Pues el mandato ineludible de todo ser humano como criatura de conciencia es romper los moldes de la percepción habitual. La proliferación de drogas, estimulantes, rituales religiosos y ceremonias de todo tipo son un indicador de esta necesidad subliminal. Pero esas herramientas son toscas e ineficaces porque no toman en cuenta el factor fundamental: la energía que hace falta para intentarlo.
Don Juan decía que ahora más que nunca los seres humanos necesitan aprender nuevas ideas que se relacionen con su mundo interior, no ideas sociales, sino ideas relativas al hombre frente a lo desconocido y frente a su muerte personal:
?Ahora, más que nunca, necesita el hombre aprender acerca de la impecabilidad y los secretos del punto de encaje? (CS: 301).

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La impecabilidad es el atributo abstracto del camino del guerrero. Aquél que borra su historia personal, se hace responsable de sus actos, toma a la muerte como consejera y a la vida como un desafío. En el camino del guerrero no hay lugar para la queja ni la auto compasión; solo hay lugar para la acción impecable y el asombro.
El guerrero procede como un estratega, toma todos los factores en consideración y se lanza a la acción con frialdad, fluidez y elegancia. No valora los logros sobre los fracasos pues todo es lo mismo en su corta travesía sobre este planeta lleno de misterios.
La meta del guerrero es ahorrar energía para volverse capaz de mover su punto de encaje y atestiguar mundos desconocidos. Si ha alcanzado el conocimiento se convierte en vidente. Puede ?ver? el mundo tal cual es, o sea, como energía, el último término irreductible de todo lo que hay. Esta capacidad lo habilita para realizar hazañas inconcebibles, de las cuales dan testimonio los mitos y leyendas de todos los pueblos.

Temas a desarrollar:
Drogas

Hombre antiguo vs moderno ? conocimiento silencioso vs razón

?Los seres humanos nacen con una cantidad limitada de energía, una energía que a partir del momento de nacer es sistemáticamente desplegada y utilizada por la modalidad de la época, de la manera más ventajosa.? ?La modalidad de la época es el determinado conjunto de campos de energía que los seres humanos perciben. Yo creo que la percepción humana ha cambiado a través de los siglos. La época determina el modo de percibir; determina cuál conjunto de campos de energía, en particular, de entre un número incalculable de ellos, será percibido. Manejar la modalidad de la época, ese selecto conjunto de campos de energía, absorbe toda nuestra fuerza, dejándonos sin nada que pueda ayudarnos a percibir otros campos de energía, otros mundos.? (CS: 10)

?Después habló otra vez del hombre antiguo. Dijo que el hombre antiguo sabía, del modo más directo, qué hacer y cómo hacerlo bien. Pero como hacía tan bien lo que hacía, comenzó a desarrollar cierto sentido de ser, con lo cual adquirió la sensación de que podía predecir y planear los actos que estaba habituado a hacer tan bien. Así surgió la idea de un ?yo? individual: un yo individual que comenzó a dictar la naturaleza y el alcance de las acciones humanas.? ?A medida que el sentimiento de tener un yo individual se tornaba más fuerte, el hombre fue perdiendo la conexión natural con el conocimiento silencioso. El hombre moderno, siendo el heredero de tal desarrollo, se encuentra tan irremediablemente alejado del conocimiento silencioso, la fuente de todo, que sólo puede expresar su desesperación en cínicos y violentos actos de autodestrucción. Don Juan aseveró que la causa del cinismo y la desesperación del hombre es el fragmento de conocimiento silencioso que aún queda en él; un ápice que hace dos cosas: una, permite al hombre vislumbrar su antigua conexión con la fuente de todo, y dos, le hace sentir que, sin esa conexión, no tiene esperanzas de satisfacción, de logro o de paz.? (CS: 190)
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El papel de la mujer
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Evolución
El intento de los dinosaurios y el acto de volar
Esfuerzo colectivo por percibir energía como energía
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Tensegridad
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Tonal y Nahual

Anexo: correlaciones con antiguo Egipto, Vedanta, Taoísmo, Cábala y Budismo tibetano
Notas:
Nahuales desde fines del siglo XII hasta fines del siglo XVI: 11 (36 años x generación)
Nahuales desde fines del siglo XVI hasta 1723: 6 en total (24 años x generación)
Nahuales desde 1723 hasta 1999: Sebastián, Santisteban, Luján, Rosendo, Elías, Julián, Juan y Carlos (34 años x generación)
Promedio x generación 31 años

Citas textuales:
?Ahora sé que el ser humano es una criatura de conciencia, implicado evolutivamente en un viaje de la conciencia, un ser que no se conoce a sí mismo y desbordante de recursos increíbles que jamás utiliza.? (Castaneda PM: 41)
?La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos desafía. La muerte es la fuerza activa. La vida es solo el medio. Y en ella hay solo dos contrincantes: la muerte y uno mismo.? (CS: 148)
?Las posibilidades del hombre son tan vastas y misteriosas que los brujos, en vez de pensar en ellas, prefieren explorarlas, sin esperanzas de entenderlas jamás.? (CS: 165)
?Los brujos habían descubierto que cualquier movimiento del punto de encaje significa alejarse de la excesiva preocupación con el yo individual: la característica del hombre moderno. Los brujos están convencidos de que la posición del punto de encaje es lo que hace del hombre moderno un egocéntrico homicida, un ser totalmente atrapado en su propia imagen.? (CS: 190)
?Los seres humanos tienen un sentido muy profundo de la magia. Somos parte de lo misterioso.? (CS: 210)
?Convierte todo en lo que realmente es: lo abstracto, el espíritu, el nagual. No hay brujería, no hay el mal, ni el demonio. Sólo existe la percepción.? (CS: 230)

Obras citadas
CS: 1988 El conocimiento silencioso, Emecé, Buenos Aires
PM: 1998 Pases mágicos, Atlántida, Buenos Aires
Laurette Séjourné: Pensamiento y religión en el México antiguo, FCE, México, 1957.
Guillermo Marín: Para leer a Carlos Castaneda, Índigo, Madrid, 1999
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Autor RobertoPitluk robertopitluk@gmail.com

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