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FALSA Y DOLOSA LA HISTORIA “PREHISPÁNICA” DE LOS MEXICAS

  • Categoría: Libros
  • Publicado el Jueves, 09 Noviembre 2017 23:47
  • Escrito por Guillermo Marín
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El pueblo de este país, está desposeído de su memoria histórica y su identidad cultural ancestral. A través de una estrategia realizada por el Estado mexicano desde 1824, para dejarlo en un estado de total indefensión por medio de una amnesia que lo deja vulnerable e inconsciente. 
A pesar de que los ciudadanos de este país, son herederos culturales de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad, y la que, alcanzó uno de los niveles más altos en desarrollo humano, especialmente en los más de diez siglos del periodo Clásico (200 aC a 850 dC), están desposeídos de ese valioso patrimonio cultural que podría cambiar al país, y mejorar sus vidas radicalmente.

La ideología criolla, de la clase dominante, por una parte, siempre se sintió disminuida y acomplejada, por recibir el desprecio de los peninsulares en los tres siglos de Colonia, y en los dos últimos siglos, se siente acomplejada por las culturas europeas y norteamericana, a las cuales han querido imitar torpemente con desastrosos resultados. Pero al mismo tiempo, ha despreciado y marginado a las culturas de la Civilización Madre del Anáhuac, excluyéndolas y folclorizándolas. Los poderosos en este país nunca se han sentido arraigados a esta tierra, a sus culturas y a sus pueblos, por el contrario, siempre se han sentido superiores y ajenos.

Como lo definió el Dr. Guillermo Bonfil, cuando señaló que existían “dos Méxicos”. Uno profundo; de estirpe anahuaca, ancestral, proveniente de la Civilización Madre, pero marginado, explotado, aferrado a una cultura de resistencia. Y un “México imaginario”, nacido con la invasión-ocupación española, sustentado ideológicamente, primero en España y posteriormente en Francia y Estados Unidos. Bonfil dice que es “imaginario”, porque nunca ha tomado en cuenta al “México profundo”, en los desafortunados proyectos de nación que ha tratado de crear. Uno es “profundo”, el otro es superficial, ambos siempre en permanente lucha.

En el periodo porfirista, se inició la construcción ideológica de una identidad nacional. Los criollos, desde 1824 hasta 1872, se la pasaron entre guerras fratricidas por el poder e invasiones, de modo que fue hasta que, en 1884, Porfirio Díaz le ordena a Vicente Riva Palacio crear “la historia oficial”, con la publicación del libro “México a Través de los Siglos”. En el que, en la “Historia Prehispánica”, los mexicas o aztecas, ocuparán el lugar prevalente.

Esto viene de la “herencia” de los textos del siglo XVI, escritos por ignorantes conquistadores y fanáticos misioneros, en donde los primeros pretenden hacer del holocausto invasor, una epopeya de heroísmo, y los segundos, del brutal epistemicidio, una piadosa jornada de evangelización. Unos y otros, harán de los mexicas la cultura más importante y representativa de las tierras invadidas y conquistadas. Los pueblos y culturas mayas, zapotecos, mixtecos, purépechas, entre muchas otras, pasarán a un segundo plano.

Este discurso maniqueo, es la forma en la que el Estado mexicano, logra que el pueblo, desconozca su milenario pasado y quede marginado de su verdadero potencial de sabiduría. De esta manera, gracias a la SEP, las universidades, los intelectuales colonizados, los medios masivos, las iglesias y la iniciativa privada, “el pasado ancestral”, queda reducido a la “historia prehispánica” de solo 196 años, es decir, desde la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlán en 1325, a su destrucción en 1521. El “discurso del Estado mexicano” se ve materializado en “la catedral del México Prehispánico”, nos referimos al Museo Nacional de Antropología e Historia, en donde la sala principal se reserva para glorificar a la cultura mexica, sobre todas las demás.
 
La historia oficial prehispánica pone a los mexicas, como un inexistente imperio, con un poder que nunca tuvo y un falso dominio del territorio del Cem Anáhuac. La milenaria sabiduría de la Civilización del Cem Anáhuac, que tal vez comenzó en las cuevas de Guilá Naquitz, en los Valles Centrales de Oaxaca, con la invención del maíz y la agricultura, hace diez mil años, que son la base del Sistema Alimentario, el Sistema de Salud, el Sistema de Educación y el Sistema de Organización, que se conoce como La Pirámide de Desarrollo Humano tolteca, y que, en su conjunto, serán los cimientos de la Civilización Madre. Para que, en el periodo Clásico, se alcanzara el mayor esplendor, no solo del Cem Anáhuac, sino de las civilizaciones ancestrales del planeta. Toda esta sabiduría, que fue investigada, desarrollada y trasmitida durante siglos, se conoce como Toltecáyotl, fue creada por todos los pueblos del Anáhuac.

Sin embargo, a mediados del siglo IX, se dio un misterioso colapso, y los Tollan y sus hombres y mujeres de conocimiento que investigaban y estudiaban en ellos, literalmente desaparecieron del Anáhuac, dejando la profecía que regresarían a restaurar el equilibrio y el bienestar. Siglos después, empezaron a llegar al Altiplano Central, oleadas de pueblos del Norte, que no sembraban maíz y algodón, no hablaban náhuatl, y eran cazadores recolectores. El último en llegar fue el pueblo mextin, que más tarde, en su periodo de expansión cambiará su nombre al de mexica, para que no se conociera su humilde pasado.   

El proyecto postrevolucionario del Estado mexicano, con la creación de la SEP, pretende crear un país con una sola identidad, una sola lengua, una sola historia, un ciudadano “mexicano” sin distinciones y diferencias. Comienza una campaña de integración de los pueblos anahuacas al modelo “desarrollista”. Como lo llamó Guillermo Bonfil, un proyecto de “desindianización”. En este periodo se trató brutalmente de integrar al desarrollo y a la modernidad a los pueblos anahuacas. Pasaron entonces a ser nombrados como comunidades marginadas, “mexicanos deprimidos” a los que se les debería castellanizar, capacitar en la lecto escritura para incorporarlos a las ciudades para ser mano de obra e integrarlos al consumo.
 
El anahuaca “desapareció” de la vida nacional y reaparecerá, con sus demandas históricas e identitarias hasta 1994, con la irrupción del movimiento neozapatista del EZLN. Los pueblos y culturas anahuacas vuelven a ocupar un espacio, en sus luchas por la autodeterminación, la justicia y el respeto a sus derechos históricos. Ahora les llamarán “indígenas o pueblos originarios”. En el año de 2017, el Consejo Nacional Indígena y el EZLN, lanzarán a una vocera como candidata a las elecciones presidenciales de 2018.

Pero desde la década de los años setentas, empezó a surgir un movimiento en el Zócalo de la Ciudad de México, primero marginal y después con mayor presencia en otras partes del país. Su origen se remonta a los grupos tradicionales de la danza de Concheros, que habían logrado sobrevivir desde los tiempos coloniales en los atrios de los templos, gracias a un impecable ejercicio de sincretismo religioso-cultural y resistencia cultural, que la iglesia católica tuvo que aceptar. Se tocaron instrumentos de cuerda con concha de animales y se mezcló con cantos religiosos católicos. Este movimiento, una hermandad, nació en el centro del país y se mantuvo, por más de cuatro siglos, en un hermetismo casi clandestino. Sin embargo, se empezó a abrir a personas que no eran de la tradición. Posteriormente, de la danza conchera, se crea la llamada “danza azteca o danza guerrera”, que busca “autenticidad y desvinculación con la religión católica”. Se quitan los instrumentos de concha y se baila únicamente a través de un tambor llamado “huéhuetl”. Comienza la expansión.
 
Los mextin llegaron al Altiplano Central en el año de 1215, totalmente ajenos a la sabiduría ancestral llamada Toltecáyotl. Después de un peregrinar, se asientan en un pequeño islote, debido a que las tierras estaban ya ocupadas. Empieza un proceso de culturización, tomando de los pueblos de estripe tolteca, la Toltecáyotl, para pasar a tener una vida sedentaria y civilizada. Los hijos de los nobles, que estaban destinados a gobernar, eran enviados, como todos los del Altiplano al Calmécac de Cholula dedicado a Quetzalcóatl, como símbolo de la educación y el conocimiento, en donde se les educaba bajo la sabiduría tolteca. Fue aquí en donde se “toltequizaron” todos los tlatoani nahuas, especialmente Moctezuma Ilhuicamina, Tlacaélel y Netzahualcóyotl.
Cuando estos tres personajes toman el control de la Triple Alianza (Ēxcān Tlahtōlōyān), después de vencer a Maxtla, el tirano del Señorío de Azcapotzalco, los mextin, en el inicio de su expansión, liderados ideológicamente por Tlacaélel, deciden cambiar las bases filosóficas espirituales de la Toltecáyotl de origen ancestral tolteca, para crear, lo que se conoce como Mexicáyotl.

En efecto, Tlacaélel le da un giro total a la espiritualidad tolteca y tomando las bases estructurales de la Toltecáyotl, le da un enfoque mixtico-materialista-guerrero. Quitan de la dualidad ancestral tolteca, la dualidad de Tláloc-Quetzalcóatl, y crean la dualidad mexica de Tláloc-Huitzilopochtli, el numen tutelar que los mextin traían del Norte, y que, no pertenecía al Panteón tolteca. El Quetzalcóatl tolteca es, -entre otras cosas-, el símbolo del equilibrio entre la parte espiritual (quetzal) y la parte material (cóatl) del ser humano, el equilibrio. Es también, el referente a la educación y el conocimiento. Huitzilopochtli es en cambio el símbolo de la voluntad de poder, de la guerra y el mundo material. Los mextin, en el Templo Mayor de Tenochtitlán, “bajaron” a Quetzalcóatl y lo ubicaron en la parte frontal, en un “cu” mucho más pequeño. Y en el lugar que le correspondía, según la tradición tolteca, pusieron a Huitzilopochtli. Esta transgresión filosófica-cultural-religiosa, es el rompimiento con la milenaria Toltecáyotl. Este sisma, explicará más tarde, la estrategia de Hernán Cortés, asesorado por Malinche y apoyado militarmente por Ixtlilxóchitl, al presentarse como el embajador de Quetzalcóatl, creando una guerra civil entre los pueblos nahuas.  
Las reformas del Cihuacóatl Tlacaélel, le dieron una nueva pero efímera vitalidad a los mextin, en su periodo de expansión (1440-1521). Tlacaélel el longevo Cihuacóatl de tres tlatoani (Mixcóatl, Moctezuma Ilhuicamina y Axayáctl), fue “el poder atrás del trono”. Fue quien ordenó la quema de los códices ancestrales y su reposición con una nueva historia, para que no se conociera el humilde origen de los mextin, creando la “historia oficial” de los mexicas. Nombre con el que aparecerán en la peregrinación, que era un mito de origen ancestral, pero ahora, protagonizado por los “flamantes mexicas”.

Las modificaciones a las milenarias normas comunitarias, religión y filosofía tolteca, adaptándolas a la nueva ideología mixtico-materialista-guerrera, será conocida como Mexicáyotl.
Estas modificaciones, cambiaron sustancialmente el sentido filosófico y de vida de los mexicas. Entre algunos cambios podemos mencionar: El Sistema de Educación paso de enseñarse la sabiduría tolteca a convertir a las escuelas en instituciones militares. Los guerreros toltecas realizaban la Batalla Florida en lo profundo de su corazón. Los guerreros mexicas hacían la guerra a los vecinos, les imponían fuertes cargas tributarias, y a estas guerras, también las llamaron “floridas”. Los pochtecas toltecas intercambiaban, con trueque, los productos para el culto entre las regiones del Anáhuac. Los pochtecas mexicas comerciaban y eran espías. Los mexicas comenzaron a introducir el cacao como instrumento de cambio y la acumulación, los toltecas jamás usaron moneda. Los mexicas iniciaron con la propiedad privada, los toltecas nunca la usaron, todo era comunitario.

El Estado mexicano, nacido en 1824, de ideología criolla, se asume como el “vencedor histórico” de los mexicas (por sus abuelos españoles), y también de los gachupines, a quienes corrieron en 1828, crearon su país, de ellos y solo para ellos. Para los criollos, los mexicas, serán en su “historia oficial, un gran imperio mítico”, como los griegos para los europeos, que le funciona al Estado mexicano como los cimientos más antiguos de “su nuevo país”.
En los últimos años en el país, se ha creado una fuerte corriente de “mexicanos” que se han acercado a los grupos llamados de “la tradición”, “la mexicanidad”, “danza azteca”, o “danza guerrera”. Personas que están buscando “otra alternativa”, desilusionados del modelo necolonial-trasnacional. Por intuición, se acercan hacia la Cultura Madre”. Sin embargo, gracias a la colonización de la historia, por parte del Estado mexicano, se quedan tan solo en la historia oficial del “México prehispánico”.

En efecto, estas personas, que no estudian, que no investigan a profundidad de manera crítica y analítica, se quedan atrapadas en el fantasioso mundo del “Imperio azteca, los guerreros aztecas, los mexicas, en la gran México-Tenochtitlán”, del discurso perverso del Estado mexicano, que, desde 1824, se ha propuesto de manera sistemática y a través de sus tres poderes y tres niveles de gobierno, despojar al pueblo de su “memoria histórica e identidad cultural ancestral”, para imposibilitarlos de recurrir a la sabiduría de sus Viejos Abuelos, los creadores de una de las civilizaciones antiguas que alcanzó el más alto nivel de desarrollo humano en el planeta.

El mito del Imperio Azteca, sus guerreros y la Gran México-Tenochtitlán, cumple con varios propósitos. El primero y más importante es, desposeer al pueblo, del potencial civilizatorio condensado en la sabiduría ancestral conocido en lengua náhuatl como Toltecáyotl, para mantenerlo sometido en la ignorancia y la vulnerabilidad.
Es decir, los conocimientos y las instituciones creadas a lo largo de miles de años, que permitieron alcanzar el más alto grado de desarrollo humano, -para todo el pueblo-, de la humanidad. El segundo es, construir un mito que le de prestigio y “autenticidad nativa”, para edificar los cimientos del Estado necolonial criollo. Para la historia oficial, “todo comienza con la peregrinación de los mexicas”, el desarrollo de su “Gran Imperio”, la heroica conquista de los abuelos españoles, y la Guerra de Independencia de los abuelos criollos que fundaron el país. Para la historia oficial neocolonial criolla, todo se resume a “Cuauhtémoc, Cortés e Hidalgo”. Una historia que explique, sin cuestionamientos, el por qué existe tanta pobreza en muchos y tanta riqueza en pocos. Una historia de vencedores y vencidos. Un país monolítico, monolingüe, mono cultural, centralista, con mandones y mandados.
 
Para lograr esto, desde 1921, el Estado mexicano a través de la SEP, el INAH, los investigadores del sistema, las radiodifusoras, las televisoras, las universidades, la iniciativa privada, las iglesias, se han confabulado para “secuestrar la Historia Verdadera”, y crear, en la mente de los ciudadanos, la idea de que “vivimos en tiempos mejores”. Que los aztecas, a pesar de ser un gran imperio, hacían abominables sacrificios humanos y explotaban inhumanamente a sus vecinos. Que los conquistadores de manera heroica, pues eran un puñado de valientes, lograron vencer a cientos de miles de feroces guerreros aztecas, para librear a los pueblos explotados de todo México del yugo mexica. Que el periodo Colonial fue benéfico para los salvajes y primitivos habitantes de estas tierras. La corona española y la iglesia católica, generosamente, nos trajeron la civilización, la paz, nos trajeron la verdadera religión, nos dieron un idioma, nos enseñaron a construir, a trabajar y a vivir civilizadamente.

Este mito es la base del sistema, y aún, en la película Apocalypto de Mel Gipson, se mantiene y reafirma, como una verdad comprobada e irrefutable, que pesa sobre el inconsciente del pueblo desposeído de su memoria histórica y su identidad cultural ancestral.
   
Cuál es la diferencia de la Mexicáyotl creada por el Cihuacóatl mexica Tlacaélel, y re-creada por el Estado Mexicano neocolonial criollo a partir de 1921, y la Toltecáyotl, creada por la milenaria sabiduría de los toltecas del Anáhuac a lo largo de por lo menos 3500 años.

La primera, fue una institución creada trasgrediendo la filosofía, principios y objetivos de la Toltecáyotl, para dirigir un esfuerzo de expansión militar, política y filosófica, para encumbrar al último pueblo salvaje venido del Norte, los mextin, dándole un destino manifiesto (mantener con vida al Quinto Sol) a través de la transformación de la filosofía y religión humanista y espiritual tolteca, en una filosofía y religión guerrera y materialista. Hecho evidenciado por la sustitución de la dualidad Tláloc-Quetzalcóatl, por la nueva dualidad Tláloc-Huitzilopochtli.

La segunda, La Toltecáyotl, es la suma de miles de años de investigación, análisis, razonamiento, aplicación y trasmisión, del conocimiento y la sabiduría, a partir de la observación de la mecánica celeste y la naturaleza, para que el ser humano logre vivir en equilibrio interno, con los demás seres humanos, con todos los seres vivos y con los planetas y estrellas. Esto queda plasmado de manera esquemática en la Pirámide de Desarrollo Humano toltecas. Es decir, que, por medio de los siete niveles sistemas y maestrías, el ser humano llega a la plenitud. Los cuatro sistemas son: el de Alimentación, Salud, Educación y Organización. Las tres maestrías son: la conciencia del ser histórico, la conciencia de la sacralidad de la existencia y finalmente, el logro supremo civilizatorio, la maestría de la conciencia del ser energético.

Las elites nahuas de los Altépetl del periodo Postclásico, en el Altiplano Central, se educaron en el Calmécac de Cholula, consagrado a Quetzalcóatl, que era el benefactor de la educación. En esta institución, en el periodo Postclásico, solo se enseñó los cuatro sistemas básicos, las tres maestrías se fueron con los toltecas. Esta es la razón por la cual, Tlacaélel, que estudió en este Calmécac, no conoció la sabiduría superior de la Toltecáyotl. Y todas las transformaciones que le hizo a la Toltecáyotl, básicamente estuvieron en los sistemas de educación, organización y en la religión.
Esto puede explicar, -de alguna manera-, la incongruencia de
algunas grotescas prácticas materialistas mexicas, sustentadas en una ancestral y sofisticada sabiduría espiritual.

El Estado mexicano, neocolonial de ideología criolla, no le conviene que el pueblo, que en su inmensa mayoría es mestizo culturalmente, recupere su memoria histórica y su identidad cultural ancestral. Mientras crean que su más remoto pasado “prehispánico” son los mextin, convertidos en mexicas por Tlacaélel, y posteriormente, en el siglo XIX, por Humboldt en aztecas. Mientras todo quede en “danzar y emplumarse” los fines de semana, tatuarse y hacer “turismo cultural”, nada atenta contra el sistema colonial de explotación y enajenación. Lo mismo es “disfrazarse de guerrero azteca, que de darketo o de emo”. Son solo fugas inocuas de la atroz realidad. Una moda más, un nuevo mercado de consumo. Más nada.

 El peligro real para el sistema, es que el pueblo recupere su memoria histórica y su identidad cultural ancestral, y que, en vez de disfrazarse de mexicas, se empeñen en vivir como toltecas. Que salgan de los cinturones de miseria de las ciudades y regresen a su tierra, a volver a ser hombres y mujeres libres. Que produzcan su propio alimento, que vuelvan a vivir del autoconsumo y dejen el consumismo chatarra, que cuiden su alimentación y que dejen de ser maltratados por patrones explotadores y burócratas prepotentes.

Personas y familias que se preocupen y ocupen en mantener su salud, con buenos hábitos alimenticios y hábitos higiénicos, cuidando de su salud emocional y espiritual. Familias que eduquen y enseñen, con el ejemplo, valores y principios éticos y morales, donde el respeto vuelva a ser el medio de comunicación. Donde el hogar sea el centro de la vida, la madre el eje y los abuelos la base de la familia. En donde la hermandad se extienda a toda la comunidad, en donde el calpulli sea la institución rectora.
 
Que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, los creadores de la Toltecáyotl, se rijan por los milenarios usos y costumbres. Que la Asamblea vuelva a ser el espacio democrático de análisis y discusión de la comunidad, del “deber ser” y el bien común. En donde los ciudadanos se capaciten para servir desde niños. En donde todos los ciudadanos se roten en el servicio por el bien común, y de manera cíclica y en una espiral ascendente, vayan tomado poco a poco, responsabilidades para auto organizarse y auto gobernarse.
 
ESTO ES JUSTAMENTE LA TOLTECÁYOTL, UNA FORMA RESPONSABLE Y CONSCIENTE DE VIVIR EN EQUILIBRIO.

Al Estado neocolonial de ideología criolla, bajo ningún motivo le conviene que el pueblo “recupere la memoria” y recuerde cómo fue que sus ancestros se organizaron para alcanzar el más alto grado de desarrollo humano en la historia de la humanidad.      
Sería un atentado al “establishment”, el sistema se vería herido de muerte. Los grandes negocios se acabarían, la corrupción no funcionaría, la impunidad se derrumbaría, El “México imaginario colapsaría”.
 
Cuando el pueblo reconecta su “banco genético de información cultural”, el pueblo sabe lo que debe hacer y sabe cómo hacerlo. Así ha sucedido los días 19 de septiembre de 1985 y de 2017. Ante la tragedia, el pueblo despertó y por horas tomó el control y salvó la vida. El pueblo rescató al pueblo y recuperó a los heridos. Horas después, llegó el gobierno, los uniformes, los políticos, las televisoras y los granaderos, para asumir y recuperar “el control”.

No existe ningún problema con la cultura mexica, es parte de un proceso de diez mil años de civilización en el inmenso Cem Anáhuac. El problema, radica en cómo el Estado mexicano, ha manipulado y usado la falsa historia del último pueblo en llegar al Altiplano Central. En cómo se engaña y manipula a las personas, presentando una falsa “historia prehispánica”, que nos nulifica de nuestro potencial civilizador y nos impide volver a vivir con dignidad y en libertad. El problema es que, ante la evidencia histórica, se prefiera vivir engañado y en la simulación vana.

La ignorancia es la madre de los fanatismos. De los fanatismos deviene la cerrazón y la violencia. Esto es justamente, lo que pretende el Estado mexicano, para que los anahuacas se queden en la superficie ideologizada de “la identidad cultural prehispánica”, con los mexicas y el Gran Imperio Azteca, y en permanentes pugnas internas. Para que no profundicen en sus ancestrales raíces y su esencia más primigenia, para que queden deshabilitados de la riqueza de sabiduría, que posee la Toltecáyotl, que nos enseña una forma de vivir en libertad, conciencia y responsabilidad.  

 
El desafío es de conciencia y responsabilidad.

Oaxaca, otoño 2017

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