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EL ORIGEN Y DIVERSIDAD DE EN EL CONTINENTE AMERICANO. José Antonio Serratos Hernández

  • Categoría: Biblioteca Tolteca
  • Publicado el Lunes, 09 Mayo 2016 20:11
  • Escrito por Guillermo Marín
  • Visto: 471

José Antonio Serratos Hernández
Universidad Autónoma de la Ciudad de Méxic
Fragmento.

El maíz es el cereal de los pueblos y culturas del continente americano. Las más antiguas civilizaciones de América –desde los olmecas y teotihuacanos en Mesoamérica, hasta los incas y quechuas en la región andina

de Sudamérica– estuvieron acompañadas en su desarrollo por esta planta. Esta asociación entre cultura y agricultura del maíz ha motivado a científicos y humanistas a preguntarse: ¿cuál es el origen de este cereal? ¿cómo fue su evolución, una vez que los diferentes grupos humanos lo adoptaron y cultivaron para su provecho?

 

Estas preguntas los han llevado a explorar el pasado y en la actualidad, junto al desarrollo científico y tecnológico,

han podido descifrar varios de los enigmas que rodean la domesticación de este cultivo.

 

Aunque no se han resuelto por completo todos los detalles que permitan explicar su origen y domesticación, los científicos tienen un consenso: el ancestro directo del maíz es el teocintle. Sin embargo, durante más de 70 años, antes de llegar a esa conclusión se generó un riquísimo debate que contribuyó al avance del conocimiento en muchas áreas del quehacer científico. Tan es así que algunos de los más grandes científicos del siglo XX han sido estudiosos del maíz, de su origen y su diversificación. Por ejemplo, en 1983 la investigadora estadounidense Bárbara McClintock recibió el Premio Nobel en Fisiología, por el descubrimiento de los elementos genéticos móviles1 en los cromosomas del maíz.

El maíz es el cereal que más importancia ha tenido en varios sectores de la economía a escala mundial durante el siglo XX y en los inicios del XXI. En los países industrializados, el maíz se utiliza principalmente como forraje,

materia prima para la producción de alimentos procesados y, recientemente, para la producción de etanol. Por el contrario, en algunos países de América Latina y, cada vez más en países africanos, un gran porcentaje del maíz que se produce o importa se destina al consumo humano. En este sentido, el maíz ha sido y sigue siendo un factor de sobrevivencia para los campesinos e indígenas que habitan en la mayoría de los países del continente americano. Resulta paradójico que los pobladores de las comunidades marginadas sean los guardianes de

la diversidad del maíz, ya que cada vez se destinan menos recursos económicos a esas comunidades.

Esta situación pone en riesgo ligada a la trayectoria tecnológica de los países desarrollados y además porque las restricciones financieras de muchos países menos desarrollados, no permiten la implementación de la conservación in situ. Se prevé que en pocos años, el descuido y la falta de atención a las comunidades rurales en las que se encuentra el mayor porcentaje del germoplasma nativo, podría impactar negativamente la diversidad del maíz.

También se anticipa que las políticas públicas que promueven tecnologías intensivas en capital y que expulsan el trabajo hacia las zonas urbanas o el extranjero, determinarán la tasa a la que se estarían extinguiendo los recursos genéticos del maíz. El riesgo de perder la diversidad del maíz es muy alto.

Las condiciones económicas de marginación y pobreza que enfrentan los campesinos, como ya es evidente en muchas regiones de América, llevarán a la extinción generalizada de la diversidad del maíz. Una manera de aliviar esta situación es revalorar el cultivo a través del conocimiento de su origen y diversificación en el continente americano. El propósito de este trabajo va en ese sentido, recuperar la historia de la

investigación científica y aspectos socio-culturales del origen y la diversidad del maíz nativo para que

los pueblos de América rescaten a la planta emblemática del continente americano y su cultura.

 

Introducción

1A estos elementos genéticos se les conoce también como elementos transportables o “genes saltarines” por su capacidad de “saltar” de un lado a otro de los cromosomas. 2 El origen y la diversidad del maíz en el continente americano I Greenpeace A la derecha Maíz de Norogachi Chihuahua / © David Lauer

El centro de origen del maíz

 

Uno de los más grandes genetistas del siglo XX y estudioso de las plantas cultivadas, Nikolai Vavilov (1887–1943, http://www.vir.nw.ru), consolidó el concepto de centro de origen. Es gracias a sus estudios que se conocen y

exploran las ocho grandes regiones del mundo en las que se originaron las plantas cultivadas. Más que

teoría, es el trabajo práctico y la exploración biogeográfica lo que constituye el legado de Vavilov a la humanidad.

Este legado se conserva en uno de los primeros bancos de germoplasma de las especies cultivadas del mundo,

construido a principios del siglo XX, en Leningrado. Se ha definido como “centro de origen” de plantas cultivadas a

una zona geográfica en donde se encuentra un máximo de diversidad del cultivo y en el que coexisten o

coexistieron sus parientes silvestres (Figura 1).

 Resultado de imagen para EL ORIGEN Y DIVERSIDAD DE EN EL CONTINENTE AMERICANO. José Antonio Serratos Hernández

En particular, Vavilov toma en cuenta varios aspectos para definir a los centros de origen de los cultivos agrícolas: 1) se trata de áreas geográficas en las que éstos se siguen cultivando; 2) se asocian a grandes extensiones de territorio y; 3) “los focos primarios del origen de los cultivos se encuentran en las regiones montañosas”. Según

las observaciones de Vavilov, el origen del maíz junto con aproximadamente 49 especies más, está en el Centro Primario VII (Figura1) que se localiza desde el centrosur de México, hasta la mitad del territorio de Centroamérica. Desde sus primeras exploraciones en México, para Vavilov fue evidente que Euchlaena, género en el que antiguamente se clasificó al teocintle, era el pariente silvestre más cercano del maíz.

 

Junto con el maíz, el teocintle se describió desde tiempos de la Colonia en México y Francisco Hernández Boncalo (1515/1517-1578) es el primer informante de esta planta hacia 1570. El botánico y médico español Hernández

Boncalo realizó expediciones para estudiar la flora de México y escribió varios documentos sobre las plantas del Nuevo Mundo y su herbolaria medicinal. Muchos de sus escritos se perdieron en el incendio de El Escorial, en

1671, pero se fueron recuperando gracias a las copias que él había guardado en diferentes obras de botánica y medicina.

 

Historia de la investigación del origen del maíz 1700 - 1990.

 

Posterior a las primeras referencias botánicas de Francisco Hernández en la época de Felipe II en España, y de la primera dispersión del maíz en Europa hacia el siglo XVI, los estudios del maíz y el teocintle

continuaron hasta siglos después. El maíz, desde el Sistema Natural de Linneo (1748), se clasificó dentro del género Zea y no había sufrido modificaciones importantes hasta el siglo XX cuando se integró el teocintle

a este género. Otros estudios taxonómicos y botánicos realizados a finales del siglo XIX y principios del XX recapitulan la relación y posible evolución del teocintle al maíz. Los estudios pioneros de la taxonomía del teocintle los realiza Schrader (1833) quien lo clasifica como Euchlaena mexicana. Según George Beadle2, en 1875 el botánico Ascherson ya considera que Euchlaena es en realidad el género Zea pero le parecía muy difícil explicar cómo “una simple espiga de teocintle pudo dar origen y evolucionar en la monstruosa mazorca de maíz, aún con la poderosa influencia de la selección humana”. Otros estudios sobre el origen del maíz fueron realizados

por Harshberger (1893) y en ellos sugiere que el maíz es un producto de la hibridación del teocintle con

otro pasto, quizá extinto.

 

El origen del maíz no ha sido sencillo de rastrear. La mazorca es única entre los cereales y de ahí que la dilucidación de su origen haya sido un gran desafío científico. Por otra parte, el registro fósil de los restos más antiguos del maíz, encontrados en diversas partes de México, demuestran un gran cambio morfológico desde la pequeña espiga femenina (“mazorquita”) del teocintle, con unos cuantos granos de fácil dispersión, y la espiga

femenina (mazorca) del maíz con una gran cantidad de granos fuertemente adheridos al “olote” (raquis). Aunque

hay una evidente discontinuidad entre la morfología de la espiga femenina del teocintle y el maíz, el análisis de estructuras intermedias (Figura 2) que se producen en su progenie, sugieren diferentes interpretaciones del origen del maíz.

 

En el primer cuarto del siglo XX, previo a las primeras exploraciones arqueológicas relacionadas con el maíz, se iniciaron estudios de la genética celular del maíz y del

teocintle. Entre 1930 y 1932, Barbara McClintock3 fundamentaría las bases de la investigación que la

llevaría a obtener el Premio Nobel, 50 años después, por sus estudios y descubrimientos con la genética del

maíz y la metodología para el análisis de sus cromosomas.

 

2 G.W. Beadle, 1978. “Teosinte and the origin of maize”. Maize breeding and genetics; D.B. Walden (Ed.), Wiley IntroducciónInterscience; páginas 113-128.
3 McClintock B. 1929. “Chromosome morphology in Zea mays”. Science, Volumen 69, Número 1798, página 629; McClintock B. 1930. A Cytological Demonstration of the Location of an Interchange between two Non-Homologous Chromosomes of Zea Mays PNAS Vol. 16, Número 12; páginas 791-796; Creighton HB, McClintock B. 1931. A correlation of cytological and genetical crossing-over in Zea mays. PNAS Volumen 17,
Número 8, páginas 492–497.
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Tomado de: http://www.greenpeace.org/mexico/global/mexico/report/2009/3/el-origen-y-la-diversidad-del.pdf

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