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LA NATURALEZA HUMANA EN EL PENSAMIENTO MAYA. Manuel Alberto Morales D.

  • Categoría: Biblioteca Tolteca
  • Publicado el Lunes, 15 Febrero 2016 01:29
  • Escrito por Guillermo Marín
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UINICIL TE UINICIL TUN

LA NATURALEZA HUMANA EN EL PENSAMIENTO MAYA

MANUEL ALBERTO MORALES DAMIÁN

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

aunque hay en el pensamiento religioso náhuatl y maya una

diferenciación hombre-mundo, el uno no se explica sin el

otro, más bien se explica por el otro y ambos por lo divino

MERCEDES DE LA GARZA

 

El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya

 

Imágenes simbólicas para explicar al hombre

 

Para la cultura maya prehispánica responder a la pregunta ¿quién es el hombre? implica explicar qué es el universo, De la Garza lo señala con toda precisión en su texto clásico sobre El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya:

 

Al preguntarse por su propio origen, el maya y el náhuatl relatan el origen del cosmos y expresan que el hombre es en el mundo y el mundo es para el hombre, por lo que podría hablarse de la cosmogonía de estos pueblos como de una explicación antropocéntrica del cosmos. Pero, al mismo tiempo, el hombre se explica por la ley dialéctica de lucha de contrarios y de muerte y renacimiento que rige al mundo, por lo que podríamos hablar de la antropogonía de estos pueblos como de una explicación cósmica del hombre.1

 

 

La antropogonía implica la cosmogonía y por ello debe considerarse que la naturaleza del hombre es la naturaleza del mundo del que forma parte. No se concibe al hombre separado del medio ambiente y ambos —el hombre y el mundo—son considerados manifestaciones de lo sagrado. Tal consustancialidad se expresa en una serie de imágenes metafóricas acerca de la naturaleza del hombre, la más conocida de las cuales es la del “hombre de maíz”, pero también existen otras que lo consideran un árbol o una piedra o incluso que lo identifican con el bosque o las montañas y los valles.

1 De la Garza, El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya, pp. 19-20.

En este contexto es significativo un difrasismo recurrente del Ritual de los Bacabes: uinicil te uinicil tun.2

La doble imagen producida por la expresión ritual, la del hombre de madera y de piedra, en su uso reiterado a lo largo de todo el documento, debió ser un recurso propio del lenguaje religioso, que a través de esos símbolos explica la dimensión cósmica de la existencia humana.

El análisis que presento en este artículo se fundamenta en los documentos coloniales mayas y en el estudio del simbolismo religioso, recurriendo en ocasiones a la comparación con las creencias que aún se expresan en los mitos consignados en el siglo XX, así como a ciertas imágenes de la iconografía del Clásico y del Posclásico. El objetivo final es dilucidar los elementos claves de la concepción que se tiene acerca de lo que es el hombre desde la perspectiva del pensamiento religioso de los mayas.

Debo precisar que este trabajo descansa esencialmente en el enfoque fenomenológico de la ciencia de las religiones3 y que, por otro lado, considera que las creencias religiosas mayas tienen un proceso histórico de ritmo lento lo cual, en palabras de López Austin “permite al investigador recurrir a constantes comparaciones y proyecciones a lo largo de la tradición religiosa”.4

 

El cuerpo del hombre es el cuerpo del mundo

En el Popol Vuh se lee:

Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.5

Debe destacarse lo que ha sido observado por los diversos traductores del texto: la creación del hombre es el objetivo final de la creación del cosmos.6 Así, cuando deciden que aparezca el hombre, disponen de inmediato el “crecimiento de los árboles y los bejucos”. Así ocurre de hecho en el texto, se crean las plantas y luego los dioses se preguntan “¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde”.7 Eso lleva a la decisión de crear a los animales. En realidad la prefigurada creación del hombre sólo se realiza hasta que el espacio biogeográfico ha venido a la existencia por el poder de los dioses.

Ahora bien, el término para designar el mundo creado es huyub tacah, término cuyo significado literal es “montaña-valle”. Tedlock destaca que la expresión huyub tacah es utilizado como metáfora para el cuerpo humano en oraciones contemporáneas.8 El cuerpo humano es como el cuerpo del mundo. Así, en otra frase común a los quichés del siglo XX, “El que se hace enemigo de la Tierra se hace enemigo de su propio cuerpo”.9 La naturaleza del hombre es la naturaleza del mundo.

La tierra está cubierta de rocas y plantas que se gestan en su interior, de la misma manera el hombre nace de la tierra. En el Chilam Balam de Chumayel se dice que “salen de dentro de la tierra piedras y de dentro de la tierra árboles y se vuelven hombres para fundar pueblos”.10 El texto es claro: piedras y árboles proceden de la tierra, el hombre deviene de tales materiales, la comunidad se crea a partir de estos hombres que surgieron de los bosques y los pedregales. Por tanto, es evidente que se considera que el hombre es producto del espacio biogeográfico que habita y por ello, en otro pasaje del Chumayel, es llamado: “El hijo natural de la piedra, el hijo natural de la tierra”.11

 

Uinicil te uinicil tun

La asociación simbólica de las piedras y los árboles con el hombre aparece aún más patente en el Ritual de los Bacabes. Allí, como se ha dicho, se reitera la  expresión uinicel te unicel tun, que Arzápalo traduce como “cuerpo de madera, cuerpo de piedra”, así como “madero humano, piedra humana”.12

Uin es una raíz que indica aquello asociado con la figura o presencia que tiene el hombre. Uinic, de acuerdo con el Calepino de Motul, es “hombre o mujer”, es decir indica humano; por su parte, Uinicil significa “humanidad del hombre”, es decir, que este término designa aquello que hace al hombre ser hombre, la esencia humana: “ser o naturaleza del hombre”.13 Esto lleva a concluir que el sentido de uinicil te uinicil tun no refiere tanto a un cuerpo de madera o piedra sino a la naturaleza arbórea y pétrea del hombre.

Para explicar el uso del pareado te’-tun, se revisarán sus componentes por separado, para luego analizarlos en su uso en otras expresiones: acante acantun y u te’ tunil.

 

Tun, el grano, la piedra y el tiempo

El grano de maíz como una piedra preciosa Tun es un término maya cuyo campo semántico incluye tiempo, piedra y grano. Su polisemia se hace patente en el Chilam Balam de Chumayel, en el cual, en un lenguaje metafórico, se dice que el mundo deriva de tun, la piedra preciosa.14 El Diccionario de Motul precisa que esta piedra preciosa es el jade, acota también que es el “cuesco o hueso duro” de algunas frutas.15 En el mito maya tun oculta una esencia vegetal y se desdobla en una semilla de maíz: piedra primigenia y semilla sagrada.

El pasaje del Chumayel que se está revisando plantea que el Dios Creador “despierta” dentro de la primera y tres veces k’an —preciosa, amarilla—, “Tun Gracia”—el grano de maíz—.16 Gracia es una forma reverente de llamar al maíz.17

Redfield comenta que ixim es el término común para designar al maíz que se vende en el mercado, en cambio gracia denota la esencia espiritual del grano ofrecido a los dioses.18 De esta manera tun gracia refiere a la esencia del grano como a una piedra preciosa.

Por otro lado, tun es pareada con k’an; el campo semántico de k’an incluye “amarillo, sazón, maduro de frutas o granos, cuezca, piedra preciosa”,19 de tal suerte que se refiere al color amarillo, el color del grano maduro, listo para servir de alimento; k’an es identificada también con semilla, “cuezca”. Las imágenes posclásicas del Códice Madrid presentan al glifo del cuarto día del calendario ritual, kan, como un grano de maíz, lo cual implica un juego de sonidos y palabras entre kan y k’an, entre cuatro y semilla; la identificación de kan en los códices con el grano de maíz es de Ernst Förstemann y Cyrus Thomas.20 Ahora bien, el diccionario también identifica el término con una “piedra preciosa”. Es decir el juego semántico semilla-piedra es compartido por los términos tun y k’an.

Cabe añadir que la relación entre maíz y piedra se expresa en otros términos en los mitos consignados en el siglo XX, en los cuales se narra que el precioso grano se convierte en el alimento del hombre tras descubrirlo oculto en una roca o peña que tiene que ser rota por el poder celeste del rayo o del ave, o es burlada por un zompopo. 21

La relación simbólica entre maíz y piedra preciosa parece tener sus antecedentes en el área nuclear olmeca: piezas petaloides de jadeíta eran enterradas ritualmente; estas piezas que los arqueólogos han denominado “hachas”, en realidad tienen la forma que recuerda al grano de maíz, e incluso algunos de los entierros votivos disponen a las hachuelas de manera que semejan el corte transversal de una mazorca.22

En síntesis, tun, la piedra, es la jadeíta, cuyo color ya’x23 se asocia con el agua, pero también puede identificarse con las hojas, especialmente con las que cubren la mazorca fresca.24 El grano de maíz, el alimento por antonomasia en la cosmovisión mesoamericana, está oculto por una cáscara pétrea. El mineral, por su coloración, ha sido identificado simbólicamente con el agua preciosa de la vida y, a la vez, se ha considerado que la piedra es la semilla dura que tiene que ser rota por la fuerza fecundante que la anima para hacer brotar una planta.

En diversas concepciones religiosas la piedra, por su dureza y permanencia, representa lo duradero, lo eterno;25 se cree también que las piedras se gestan y maduran en el interior de la tierra, siendo fuentes de fecundidad, generadoras de la vida humana.26 Así la piedra se puede entender también como una semilla.

 

Hombres de maíz

La imagen simbólica del hombre de maíz procede de los mitos mayas, especialmente del Popol Vuh, y pervive aún en los relatos consignados en el siglo XX.27

Para explicar esta metáfora, Thompson tomaba en cuenta que el elemento fundamental de la dieta era el maíz. El maíz es el principal sustento del hombre y la vida gira en torno a las vicisitudes de la milpa ¿qué hay de extraño en considerar que la sustancia que constituye al hombre sea justamente el maíz? 28 Sin descartar esta explicación, casi fisiológica, el análisis cuidadoso del Popol Vuh, realizado por De la Garza, logra rebasarla. Ella hace notar que el hombre es esencialmente materia —sustancia, sustento: maíz—. Tal materia, añade, indica la posesión de una conciencia, la cual permite al ser humano cumplir con su misión cósmica: alimentar a los dioses. Otras sustancias resultaron deleznables y provocaron que los “hombres” creados a partir de ellas finalmente fuesen destruidos. Sólo los hombres de maíz supieron reverenciar a sus creadores.29

La importancia del “hombre de maíz” en el pensamiento maya se expresa con claridad en la pervivencia de estas ideas en los mitos contemporáneos analizados por Cruz Cortés, quien hace notar que en ellos se ha sustituido la sustancia del hombre por el barro, pero el ser del hombre sigue constituyéndolo el maíz:

el hombre será de barro sólo en concepto, pero de maíz en esencia, o bien, el hombre, hecho de barro, adquirirá su verdadero ser al comer el maíz. Se adopta la idea de que el hombre está hecho de barro, como una forma de conciliar el cristianismo y la tradición prehispánica, pero se cuestiona y se modifica; si bien la sustancia inicial es la tierra y el agua, el hombre maya actual es incompleto, el barro no es suficiente —aunque sea mejor que las creaciones anteriores—, deberá buscar la sustancia que mantenga la carne y nutra sus músculos30.

En realidad sigue vigente la estructura prehispánica: el maíz es una sustancia divina —algunos mitos claramente indican que el maíz es un trozo de carne de Nuestro Padre— y además produce el entendimiento.31

Para los mayas no existe oposición materia-espíritu tal como ocurre en el pensamiento occidental,32 de tal suerte que el grano de maíz es la sustancia material que constituye al hombre en tanto que es un grano sagrado cuyas cualidades otorgan conciencia. En los términos del Popol Vuh, analizados por De la Garza, sólo el hombre de maíz puede “reverenciar” a los dioses, es decir, está capacitado para comprender su papel en el cosmos.

 

Sustancia de la vida que brota de la muerte

En el tablero de la Cruz Foliada de Palenque el maíz ha sido intencionalmente equiparado con un axis mundi cuyas mazorcas no son otra cosa que cabezas humanas (figura 1).33 La caña de maíz es como un cuerpo humano al que debe decapitarse  para reproducir la vida.34 En Dresde 34a la mazorca se sustituye por la cabeza humana del llamado dios E, deidad patrona del maíz, lo cual es considerado

por Nájera como “una alegoría de la mazorca del maíz cortada de la planta, vinculada además con la tierra como la proveedora de la vida.”35

La planta es decapitada y los granos entonces pueden ser considerados

“muertos”. Los atitecos llaman muk, “el enterrado” y jolooma “calaveritas” a los granos de maíz. En chol bük es interior, semilla y espíritu.36 El “enterrado” fructificará en planta como la muerte es la condición previa para el surgimiento de la vida. La semilla de maíz se convierte en caña de maíz cuyas mazorcas maduras son las cabezas decapitadas de las que se obtendrán nuevas “calaveritas” que convertidas en “enterrados” brotarán como nuevas cañas de maíz.

Esta relación simbólica entre el grano y la muerte es patente en las páginas del Códice Madrid: Sotelo hace notar que en 7b, 29b, 29c y 91b el dios A —la deidad de la muerte— aparece a horcajadas llevando en sus manos al maíz, significando la germinación de la planta tras haber sido enterrada la semilla. Con las piernas abiertas y llevando en sus manos y pies representaciones del dios E o granos de maíz, el dios A asume una de las posturas del parto en Mesoamérica: morir es parir (figura 2). 37

De esta suerte Uinicil tun hace referencia al hombre de maíz: hecho de la misma sustancia de la que se alimenta, materia sagrada que le otorga conciencia y con la que comparte una existencia cíclica puesto que, como ella, está sujeto a la alternancia de la vida y la muerte.

_________________________

Tomado de: http://www.iifl.unam.mx/html-docs/cult-maya/29/damian.pdf

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