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LA HISTORIA DE MI PUEBLO

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Mi pueblo es muy antiguo, muchos creen que nuestros antepasados fueron los primeros seres humanos en la tierra. Nuestra historia se remonta, allá en el origen de los tiempos. Cuando no había Sol y el mar cubría la tierra. Cuando no había animales, ni plantas, cuando todo estaba en silencio. Cuando todavía no existía la historia ni el tiempo.

 

Existen muchas historias en mi pueblo de la forma en el que el mundo se hizo como ahora lo vemos. Pero casi todas hablan de la intervención de los dioses. La verdad es que todos los seres vivos tenemos la misión de crecer y trascender. Todos desde el principio estamos evolucionando y en ocasiones involucionando. Todo es movimiento y cambio. Todo cambia y todos cambiamos, comenzando con la misma Tierra, quien es el maravilloso ser vivo que nos ha dado asilo y todo lo que necesitamos para sobrevivir.

Unos dicen que Dios hizo a los seres humanos del barro, otros dicen que salieron de las cuevas, pero hay quien afirma que nacieron de los árboles. Sin embargo, también dicen que nacieron de las nubes y otros afirman que vienen del centro de la Tierra y otros más de las estrellas. Lo cierto es que ya tenemos mucho tiempo y todos coinciden con que poco a poco, fuimos avanzando en una evolución creciente, tratando de ser cada vez, más humanos y menos animales. Dos pasos para delante y uno para atrás.

El inicio de todo comenzó cuando buscamos la forma de alimentarnos. Necesitamos observar detenidamente el mundo y probar de todo. Probamos lo que encontrábamos en este misterioso y desconocido mundo: animales, insectos, plantas y hasta minerales. Fue un proceso muy largo y costoso, pues murieron muchas personas para que todos supiéramos, qué era bueno comer y que nos dañaba. Pasó mucho tiempo hasta que pudimos poseer los conocimientos suficientes para, no sólo sobre vivir, sino que empezamos a conocer a partir de la observación a la Naturaleza y la Mecánica Celeste el mundo en que vivimos. Ellos fueron, por decirlo de alguna manera la maestra y el maestro que nos enseñaron todo cuanto sabemos.

A través del tiempo, de un tiempo muy largo, pudimos estructurar un sistema de alimentación que nos permitiera tener la energía para poder desarrollarnos y construir nuestro mundo. Pero también elaboramos un complejo y profundo sistema de salud, que nos permitiera estar sanos y poder curar las enfermedades y daños que sufriera nuestro cuerpo. Aprendimos que la mayor riqueza de un ser humano y un pueblo es su salud.

En ese tiempo, fue cuando desarrollamos un sistema de educación, que partió desde saber trasmitir la sabiduría antigua para vivir correctamente, hasta trasmitir los principios y valores que apuntalaran las aspiraciones más elevadas de nuestro pueblo. Finalmente desarrollamos un complejo sistema de organización social que le posibilitara a nuestro pueblo, no sólo vivir en armonía y trabajar por el bienestar, sino fundamentalmente que la organización nos permitiera trabajar conjuntamente en la búsqueda del fin supremo de nuestro pueblo. La aspiración más elevada que los antepasados se habían propuesto como el logro supremo de la vida y la razón de la existencia.

En efecto, la sabiduría ancestral acumulada a lo largo de la historia de mi pueblo había logrado descubrir la razón, “del por qué, estamos vivos y cuál es nuestra misión en la vida”. Porque nuestros antepasados nos enseñaron que cada ser vivo tiene una misión sagrada en la vida. Desde el ser más pequeño hasta el más grande. La razón de la vida en particular era la razón de la vida en general. Los antepasados no sólo formaron civilizaciones para sobrevivir con mayor éxito, sino fundamentalmente para lograr con mayor eficacia, la trascendencia material de la vida en el plano espiritual.

A través de miles de años que el conocimiento se fue perfeccionando y alcanzado niveles más elevados. Se crearon escuelas de conocimiento en las que se perfeccionó diversas formas de encontrar la trascendencia espiritual de la existencia. Estos conocimientos eran accesibles sólo a una pequeña elite de gente, especialmente porque su estudio y práctica requería una entrega absoluta y una disciplina tan grande que, muy pocas personas podían intentar su práctica.

Pero los Venerables Maestros crearon estructuras comunitarias y culturales para que la mayoría del pueblo viviera en armonía y con bienestar, con humildad y sencillez. De esta manera los pueblos se estructuraron de manera piramidal, pues quedó demostrado que era la mejor forma de organización. La pirámide es el símbolo de la sabiduría humana.

La parte superior de esta pirámide fue ocupada por LA NOBLEZA. Entendiendo por nobleza, el desarrollo de las mejores cualidades morales, éticas y espirituales de los individuos Las cuales eran desarrolladas desde la más tierna infancia en niños seleccionados por sus capacidades energéticas traídas de nacimiento. La Nobleza se tenía que desarrollar a partir de las capacidades intrínsecas de los individuos y de una formidable organización que se encargaba de educar a los niños escogidos, para exaltar y fortalecer su Nobleza.

Lo mejor de la pirámide era dedicado a esos niños para su formación y capacitación. Los mejores maestros, sabios, filósofos y artistas constituían los cuadros docentes de esta elite. A través de su infancia y adolescencia se iba conociendo sus capacidades y aptitudes. Se formaban en escuelas muy especiales y poco a poco se iba decantando el número de aspirantes a dirigir los destinos de la comunidad. Su responsabilidad era altísima, en su capacitación se aseguraba la organización comunitaria, el buen desempeño del gobierno y una sabia dirección de los esfuerzos comunitarios para permitir el desarrollo espiritual del pueblo.

El pueblo sabía que dependía de la sabiduría y eficiencia de sus conductores, la continuidad y desarrollo del proyecto compartido. Estos jóvenes se capacitaban en la religión, la historia, las ciencias, el arte y el ejercicio físico. Tenían una forma de vida muy sobria, disciplinada y frugal. El estudio y el ejercicio, así como el culto a la divinidad ocupaban todo su tiempo. Sus maestros propiciaban que desarrollaran la paciencia, la tolerancia, la reflexión. Pero al mismo tiempo también desarrollaban la auto disciplina, el ejercicio y el deporte. Templaban su espíritu y fortalecían su cuerpo.

Con el tiempo, el número de estudiantes iba decreciendo. A la menor falta eran separados del grupo y regresaban a sus familias para llevar una vida común. Cuando eran jóvenes adultos, eran invitados a las jornadas de administración de la comunidad y poco a poco, primero como atentos escuchas y más adelante, como parcos participantes, se iban empapando de los problemas y acciones que resolvía y organizaba las autoridades para guiar por buen camino a la sociedad.

Cuando era necesario, sea por muerte o destitución de las autoridades en turno. Estos muchachos se iban integrando al cuadro de dirigentes, hasta que en su momento, ocupar las posiciones de mayor responsabilidad. Así vivimos por muchos milenios. Unas épocas con mucha claridad y certeza, otras pasábamos por tiempos de oscuridad y confusión, pero en general mi pueblo no perdía el camino de su alta misión espiritual.

En aquellos tiempos no todos éramos iguales. Pues hasta en una familia los hijos son diferentes. El que más se esforzaba, estudiaba y trabajaba para servir a la comunidad y desarrollaba su potencial espiritual, tenía mayor reconocimiento y mayor nivel de vida. El objetivo fundamental de todos era asegurar el desarrollo y bienestar de la comunidad. El fin supremo de la comunidad era propiciar que los individuos tuvieran las mejores oportunidades para solventar de la mejor manera posible sus necesidades materiales de vida, y una vez resueltas éstas, dedicarse a resolver su íntima necesidad espiritual de trascender su existencia.

El pueblo vivía las cosas simples de la vida y en ellas encontraba la grandeza de la existencia. En ese entonces no había muchos objetos que poseer y menos comprar, el dinero no existían, pues en general las necesidades se auto satisfacían o se intercambiaban los productos. Lo que más valía en aquel entonces no tenía precio y mucho menos se adquiría con dinero. La gente tenía metas y aspiraciones reales y propias, emanadas de la tradición y de la costumbre.

Así que después de la nobleza seguía el nivel de los sacerdotes y sabios. Personas que se dedicaban a estudiar, reflexionar y mantener el culto a la divinidad suprema y sus múltiples advocaciones en la Tierra. Los sabios se dedicaban a crear y mantener las estructuras de conocimiento que les eran trasmitidas por los Verbales Maestros, para que ellos de una manera más sencilla de comprender se la trasmitieran a la comunidad. Los sacerdotes se dedicaban a guiar y asesorar al pueblo para conducir su vida espiritual y desarrollar armónicamente la vida material con la espiritual. Los valores éticos, morales y espirituales se mantenían a través de tradiciones, fiestas, usos y costumbres de una manera muy sencilla pero totalmente eficaz.

Después existía una clase que se dedicaba a organizar y administrar los recursos de la comunidad para mantener asegurado su desarrollo y bienestar material. Esta gente también estudiaba y era preparada moral y éticamente de manera muy rigurosa. Sin embargo, su capacitación era mucho menos rígida y más corta que la de la nobleza, los sabios y los sacerdotes. La ética y la moral eran las virtudes que más se les exigían a estos administradores. Cómo en las clases altas, cualquier falla, desvío o corrupción, eran castigados con gran severidad, lo que implicaba según la falta, desde la muerte hasta enviarlos al peldaño más bajo de la sociedad.

En mi pueblo los Venerables Maestros nos enseñaron desde tiempos ancestrales que, en el mundo comunitario, lo más importante de un individuo era “su palabra de honor”. En ella se empeñaba toda una vida de enseñanza, disciplina, respeto y participación comunitaria. Nuestros Viejos Abuelos sabían que la comunidad era más importante que el individuo. Nuestras leyes, tradiciones y costumbres protegían el interés comunitario sobre el interés individual.

 

 

Después seguían el ejército, quienes eran los encargados de defender a la sociedad y a la estructura de gobierno, de los probables enemigos internos y externos que pudieran atentar contra su existencia. Los militares tenían también una formación muy estricta y se basaban en la disciplina, la templanza física y la capacidad de sacrificio. Todos en la comunidad los admiraban, pues sabían que ellos estaban formados y preparados para defender con su vida a la sociedad. Su formación no era tan elevada como los sabios y sacerdotes. Se basaba más en el desarrollo de las cualidades físicas, la disciplina, el honor y el valor.

De manera innata, todos los hombres desde la niñez desarrollan una aptitud natural por las actividades castrenses. La disciplina física, el desarrollo de la fuerza y la destreza humana. Más la organización de los individuos en grupos y estos grupos en contingentes, hasta llegar a formar ejércitos, dan como resultado la multiplicación del potencial humano. La organización, disciplina y adiestramiento para que un grupo humano pueda actuar como un solo individuo, ha sido el potencial más importante de los seres humanos en la historia de las civilizaciones, tanto en el aspecto físico como en el espiritual. Esta organización militarizada fue utilizada más para lograr los propósitos abstractos o espirituales de mi pueblo, como la construcción de grandes obras materiales para desplantar el potencial espiritual de nuestra cultura, que para realizar guerras. Esta misma disciplina era usada por los Venerables Maestros para que los sabios y sacerdotes pudieran educar y formar a la Nobleza.

La base de la pirámide era el pueblo. El cual estaba integrado en su mayoría por campesinos, quienes en diferentes épocas del año se convertían en artesanos y en momentos de peligro, llegan a ser soldados. Los Venerables Maestros nos enseñaron que la Tierra era “Nuestra madre querida”. El cultivo de la Tierra no solo era un medio para producir alimentos y los bienes necesarios para sobre vivir. La Tierra era “La Gran Maestra” y su cultivo era la forma en la que trasmitía su sabiduría y enseñanzas. La relación existencial entre la Tierra, su cultivo y la vida del pueblo, eran los cimientos más profundos de la pirámide social.

En aquellos tiempos, todo mundo tenía una clara conciencia de que la vida era un don. Que este don nos lo había concedido la divinidad suprema para poder trascender, en el campo material de la vida el potencial espiritual. Por ello, el aspecto místico y espiritual era la estructura en la que se desplantaba la vida individual y colectiva. Todas las actividades tenían que ver, directa o indirectamente, con parte espiritual de la existencia.

La vida cotidiana de mi pueblo estaba sustentada en una sólida estructura espiritual. Todo lo que hacían nuestros antepasados estaba íntimamente vinculado a la concepción espiritual de la existencia, tanto del universo, la Tierra y la propia vida humana. La construcción de las casas y las ciudades, la siembra y cultivo de los alimentos e insumos para mantener la vida material, la educación familiar y escolar, la organización comunal y la estructura jurídica, tenía una clara orientación espiritual que se vinculaba totalmente al universo. En esta forma de vida no estaba considerado como algo importante el poseer y consumir, ni el enriquecerse materialmente. De hecho, el truque era considerado como una actividad necesaria para traer materiales e insumos para el culto religioso, la organización comunitaria y la educación, que no se tenían en la región y que tenían que ser traídos de regiones lejanas por los pochtecas.

Las diferencias en la comunidad radicaban sobre la base de la capacidad del individuo por desarrollar el aspecto espiritual de su existencia y la capacidad de servir a la comunidad. El valor supremo del aspecto material de la vida era la comunidad y el valor supremo del aspecto espiritual era la capacidad de evolucionar a planos superiores de conciencia. Esto se daba en todos los niveles. Desde la misma Nobleza, hasta los campesinos. En unos era a partir de reflexiones muy profundas, estudios, análisis y prácticas energéticas y de conciencia. En otros era a través de seguir al pie de la letra las sabias tradiciones y costumbres milenarias que garantizaban la solvencia espiritual, moral y ética de todos los miembros de la sociedad.

En efecto, mi pueblo a través de los miles de años, logró conformar una compleja, profunda y diversa amalgama de tradiciones, fiestas, usos y costumbres en las que la forma externa iba cambiando lentamente con el tiempo, pero que su fondo era inalterable a través del tiempo y el espacio. El fondo de las tradiciones de mi pueblo, es una enseñanza práctica del desarrollo de las potencialidades espirituales y creativas de los individuos que, sin tener profundos conocimientos filosóficos y de sabiduría abstracta, podían a través de la práctica de las tradiciones y costumbres, desarrollar los valores y principios más elevados de nuestro pueblo, que les permitieran exaltar su espíritu y vivir con armonía y equilibrio entre ellos, con la naturaleza y el universo.

Nada es perfecto y eterno en nuestro mundo. Todo es cambiante y dialéctico. Todo es un flujo y reflujo. La vida de los individuos y los pueblos se mueve en ondas como la energía. El mundo es una vibración. Como en el mar, subimos y bajamos permanentemente. Nos movemos en una gran espiral que no tiene principio ni fin. En tantos miles de años, nuestro pueblo, con aciertos y desaciertos se dirigió, como fin supremo de la sociedad a trascender espiritualmente su existencia.

El sistema de gobierno y administración funcionó durante miles de años. De manera cíclica, iniciábamos el desarrollo, llegábamos a niveles muy elevados y caíamos por nuestros errores, para comenzar de nuevo. Cómo las personas que nacen, crecen, se desarrollan, se multiplican y mueren. Así nuestro pueblo se mantenía en estos flujos y reflujos cíclicos de la existencia, buscando en cada intento llegar con mayor virtud a la trascendencia espiritual de la existencia. Con muchos tropiezos, desafíos y dificultades, como todo en la vida. Surgían problemas debido a errores de la Nobleza, los sacerdotes, los guerreros o desviaciones del pueblo. Podían ser también debido a factores de la Naturaleza o al conflicto con otros pueblos en un diferente nivel de conciencia.

De esta manera vivimos por muchos milenios. La búsqueda espiritual de trascender la realidad material fue dirigida por el selecto grupo de personas que desde su más tierna infancia, trabajaron rigurosamente con los mejores maestros del pueblo para lograr exaltar y desarrollar SU NOBLEZA. La sabiduría que se fue acumulando a través del tiempo era sistematizada y preservada por los Venerables Maestros, que no pertenecían a LA NOBLEZA, tampoco a la iglesia, la administración, la milicia o el pueblo.

Los Verbales Maestros tenían una hermandad secreta y estaban totalmente apartados del mundo cotidiano y material. No eran sacerdotes, más bien eran profundos investigadores de temas muy complejos que tenían que ver con la energía y lo inconmensurable de nuestro mundo y el universo. Su único contacto con el mundo ordinario era la supervisión y capacitación de los más distinguidos Nobles, Sacerdotes y Militares. Eran los guías y daban las pautas para que mi pueblo se mantuviera en el camino del desarrollo espiritual.

Cuando llegó a existir las crisis recurrentes de todos los ciclos. Los Verbales Maestros literalmente desaparecían de la faz de la Tierra. Existe una permanente lucha entre la luz y la oscuridad en todo el universo. Esperaban a que los movimientos caóticos terminaran y nuevamente aprecian en la superficie de la Tierra, para comenzar un nuevo ciclo, apoyando a mi pueblo con sus sabías enseñanzas y sus virtuosos consejos. Los Venerables Maestros afirmaban que todo inicio de un nuevo ciclo, comenzaba en un sitio más avanzado que el anterior. Decían que eran “naturales” y positivos estos procesos.

Desde el mismo inicio de los tiempos existía un pueblo de mercaderes. Gente extraña que no tenía una tierra propia y que vagaba por el mundo, dedicándose al comercio. Siempre llegaban perseguidos y diezmados por sus enemigos a otro pueblo. El pueblo, anfitrión se compadecía de su sufrimiento y les ayudaba, dejándolos vivir en sus ciudades. Como no tenían tierras y no sabían más que comerciar, con el tiempo y a través de generaciones se apoderaban de la riqueza, explotaban a los lugareños y empezaban a vivir mejor que ellos. Posteriormente los esclavizaban económicamente, hasta que estallaba una revuelta en su contra. Nuevamente eran perseguidos, diezmados y despojados de la riqueza mal avenida por la usura y el comercio. Teniendo que huir de ese pueblo para salvar la vida y así, llegaban a otro pueblo y nuevamente se repetía la historia.

Durante miles de años mi pueblo, y los demás pueblos del mundo, no fincaban la realización existencial del individuo y la sociedad en el culto a la materia, la producción, comercialización y consumo. Como ya dijimos, la base fundamental de su existencia era la búsqueda del desarrollo espiritual, la trascendencia de la existencia, la cercanía a la divinidad y el amor a la Tierra. La gente de mi pueblo vivía sencilla y noblemente. Unos con más capacidad, otros con menos, entre virtudes y errores, entre éxitos y fracasos la vida transcurría en la exaltación de los valores humanos.

La Nobleza gobernaba a través de una administración que buscaba el desarrollo material y espiritual de todos los ciudadanos. Los Nobles se preparaban para la administración pública a través de las complejas y diversas formas de la organización social. Los funcionarios del gobierno, desde los más sencillos hasta los más importantes tenían el gran orgullo de ser parte de esta estructura, la eficiencia y la eficacia eran su norma de trabajo. Los que fallaban eran sancionados con la pérdida del trabajo hasta con la muerte. El sentido de la justicia y la honestidad eran su aspiración suprema.

La iglesia y los sacerdotes guiaban al pueblo en la búsqueda de la trascendencia espiritual de su existencia. Eran el contacto con la divinidad y los realizadores de los lineamientos propuestos por los Venerables Maestros y que les daban a los Supremos Sacerdotes, para que la iglesia guiara y ayudara al pueblo en la búsqueda de su desarrollo espiritual. La esencia del mensaje místico-espiritual de la iglesia, es el que los Venerables Maestros diseñaban para el pueblo, sólo que los sacerdotes lo trasmitían de una manera más sencilla y accesible, usando parábolas, ritos y tradiciones comunitarias, especialmente a través de celebraciones de fiestas y rituales.

Los campesinos vivían muy apegados a la Tierra y sus enseñanzas. En mi pueblo, desde los primeros tiempos los Venerables Maestros nos enseñaron que la Tierra era nuestra “Madre Querida”. Existe un mundo muy complejo y diverso de enseñanzas y sabiduría que los campesinos a través de muchas generaciones han ido sistematizando y guardando celosamente en la sabiduría popular. Esta sabiduría ha sido incluida en la vida cotidiana de los pueblos a través de tradiciones, usos, costumbres, refranes, dichos, rituales, que en su conjunto forman un abigarrado tesoro de experiencia humana.

Los campesinos, si bien son la parte baja de la pirámide, son los más sólidos y por ende, la base y estructura de mí pueblo. El pueblo es la razón de ser de la sociedad. El pueblo es el principio y el fin de todo cuanto existe en nuestra historia y nuestra cultura. El desarrollo y bienestar, físico y espiritual del pueblo es la razón misma de la existencia de La Nobleza, la iglesia, el gobierno y el ejército. No por estar abajo son menos importantes. Están abajo porque son los que sostienen y le dan razón de ser a todo cuanto está en la super estructura.

Los Venerables Maestros nos han enseñado que si los campesinos, si la base de la sociedad no tiene satisfechas sus necesidades básicas de subsistencia material, y si tampoco tiene la posibilidad de desarrollar el aspecto espiritual de su vida, tanto en lo particular como individuos como en lo general como comunidad, la existencia de La Nobleza y sus órganos de apoyo, no tienen sentido. El fracaso de La Nobleza significa la destrucción del pueblo. Si el pueblo no posee una virtuosa dirección, se derrumbará con todo y la super estructura que él sostiene.

De este modo, todo cuanto hace La Nobleza, la iglesia, el gobierno y el ejército, están para servir y tienen como único fin el pueblo. Que con su vida sencilla y práctica le da razón de ser al universo que es creado por el potencial existencial de lo humano. La razón de ser de la super estructura es su base. Esta sencilla verdad ha sido la causa de muchos fracasos en la historia de mi pueblo.

Es por ello que mi gente, durante muchos milenios vivó buscando humilde y sencillamente, en la práctica de su simple existir, el desarrollo del potencial espiritual de su existencia. Amaban con devoción a La Nobleza dirigente, quienes mandaban obedeciendo a la comunidad. Respetaban y obedecían a los sacerdotes. Acataban las disposiciones del gobierno y los funcionarios. Y admiraban a los militares que eran la garantía de la seguridad y permanencia de mi pueblo.

Sin embargo, un día llegaron perseguidos los mercaderes a mi pueblo y pidieron permiso para quedarse a vivir en nuestra tierra. La Nobleza por misericordia y caridad humana, dejó que se asentaran en la periferia de nuestras ciudades. Se les impuso un riguroso y estricto reglamento para que no alteraran la vida pacífica y armónica de nuestra sociedad. No podían, por más riqueza que tuvieran acceder al poder. No podrían pertenecer a la Nobleza, la iglesia, el gobierno y el ejército. Se les dejó comerciar para que el pueblo pudiera acceder a productos que se producían y manufacturaban en lejanos lugares. Los mercaderes organizaban caravanas comerciales y viajaban llevando lo que producía mi pueblo y traían lo que producían otros lejanos pueblos, con una mínima ganancia. Todas sus operaciones estaban rigurosamente vigiladas por el gobierno y el ejército.

Así vivieron por cientos de años, respetando las leyes, reglas y costumbres de mi pueblo. Pero en su corazón, día a día crecía la ambición y la avaricia de tomar el control de mi pueblo y destruir su milenaria organización y sus ancestrales tradiciones y costumbres de vida espiritual, para implementar su maligna predilección que es, “la adoración y culto del becerro de oro”. Su objetivo no sólo era derrocar a La Nobleza y tomar el poder, sino que planeaban destruir la sabiduría de Los Venerables Maestros, neutralizar y reducir a la iglesia, corromper al gobierno y usarlo como sus empleados, corromper al ejército y usarlo para sus planes de expansión y sometimiento, no sólo de mi pueblo, sino de los pueblos vecinos. Pero el objetivo fundamental era embrutecer y esclavizar a mi pueblo y a los pueblos vecinos.

En efecto, los mercaderes sabían que en el pueblo radicaba la riqueza de la vida. Al enajenar y embrutecer a mi pueblo, al perder sus guías, maestros, sacerdotes y administradores, quedaría indefenso para entregarse enloquecido al “culto del becerro de oro”. El objetivo fundamental era que mi pueblo cambiara su deseo innato de la búsqueda de “la libertad espiritual”, por el de la libertad económica. Que mi pueblo perdiera su memoria, sus valores, sus principios y con ellos el sentido místico y espiritual de la vida. Que no pensara más que en el dinero, el consumo, el confort, el placer. Que el culto “al becerro de oro” fuera la razón de su existencia. Cuando mi pueblo creyera y pensara, que el dinero y el consumo eran lo más importante de la vida, entonces los mercaderes garantizaban para siempre el reinado de su maligno poder, pues ellos habían sido siempre los dueños del dinero. Cambiar el paradigma de la vida era la manera para esclavizar a mi pueblo.

Lo primero que hicieron los mercaderes es acumular mucha riqueza. Esto lo lograron a partir de ir poco a poco, enviciando a la parte más elevada del pueblo y a la más alta del iglesia, el gobierno y el ejército, en los placeres del consumo y el confort. La estrategia de corrupción fue muy lenta, pero segura. La inercia de la materia es la corrupción. De manera muy sutil fueron infiltrándose en las tradiciones y costumbres de mi pueblo. Este silencioso, pero sistemático ataque se llevó muchos siglos. Los mercaderes invitaban al consumo, al confort, al desarrollo de los placeres materiales. Lo hacían de manera muy cuidadosa, tratando que La Nobleza y el alto clero, los altos funcionarios y los jefes militares, no notaran la infiltración de los perversos sentimientos entre sus subalternos.

Hicieron cada vez, a través de cientos de años, más dependiente a mi pueblo de sus productos y servicios. El consumo y el confort empezaron a desplazar muy levemente los valores y principios existenciales de mi pueblo. La gente seguía viviendo para amar y respetar a Dios, y a sus representantes en la Tierra. Pero al mismo tiempo, empezó mi pueblo a depender del consumo y el confort de los bienes materiales. Los mercaderes hacían creer que era algo natural que representara “progreso”. Esta degradación fue creciendo y como los viejos ríos, llevaban la corriente por dentro. Grandes cambios se empezaron a dar entre la gente sencilla de mi pueblo.

Los campesinos y la parte baja de la super estructura empezaron a tratar de vivir con más comodidad y trataban cada vez más de consumir para ser felices. Por esta razón el dinero, el comercio y los mercaderes, empezaron muy lentamente y inapreciablemente a tener un lugar más significativo en la sociedad. Mi pueblo iniciaba sin saber el camino de su fin y los mercaderes fincaban los cimientos de su futuro poder.

Un día sucedió lo impensable, lo imposible. Los mercaderes, como tenían el control de las mercancías, especialmente los alimentos, empezaron a esconderlos para provocar ficticiamente una carestía y por ende una hambruna con el consiguiente malestar del pueblo en contra del gobierno. Esta táctica para levantar al pueblo en contra del gobierno es muy antigua y eficaz. Cuando el pueblo no tiene que comer, pierde la claridad y se exalta. Si los mercaderes tienen el control de la economía y el dinero, y por consiguiente de los alimentos, ellos controlan la situación y se tornan muy poderosos, pero le hacen creer al pueblo que es culpa del gobierno.

De modo que después de una larga temporada en que los mercaderes fueron propiciando el desabasto, los motines callejeros alentados por falsos líderes y alborotadores incondicionales de los mercaderes quienes invitaban al desorden. Mi pueblo embrutecido y utilizado fue llevado a que cometiera el más grave delito de la historia... ¡que se revelara en contra de La Nobleza, condenándolos a muerte cortándoles la cabeza!

Los mercaderes les declararon la guerra a La Nobleza y a la monarquía de todo el mundo. Iniciaban el Golpe de Estado y lucharían por derrocar el “viejo orden mundial”. Los mercaderes implantarían “el nuevo orden mundial”, en el que el culto al “becerro de oro”, el dinero, la tecnología y el comercio serían los cimientos de esta nueva concepción de vida. Su propuesta era desmantelar la antigua pirámide de organización humana basándose en la idea de que todos los seres humanos deberían ser iguales.

Declararon la “igualdad” de todos los seres humanos, especialmente para que a ellos se les quitaran los frenos y restricciones que tenían sobre la sociedad y el orden establecido por milenios. Sostuvieron que ellos defenderían la “Libertad” de todos los seres humanos a “ser iguales”. Pero no se referían a “La Libertad Espiritual”, sino a la libertad para comerciar y ganar mucho dinero en detrimento de la sociedad y la Naturaleza. Libertad que se convertiría más adelante, al destruir las tradiciones y costumbres ancestrales, en libertinaje. Instauraron la “libre empresa”, los bancos y la “sociedad anónima”. Legalizaron y expandieron los bancos y el derecho a la usura como la estructura de su “nuevo orden mundial”, en el que a final de cuentas se volvía a sustentar sobre una pirámide, pero ahora los mercaderes ocuparían la parte suprior, pero sin exponerse y comprometerse, pues primero usaron a los políticos y la democracia representativa y últimamente al Mercado, como una entelequia abstracta que tiene el poder pero sin ninguna responsabilidad social e histórica frente al pueblo. En la nueva pirámide la parte más elevada la ocupa el dinero.

Los intelectuales, una nueva clase que crearon los mercaderes, se dedicaron a desarrollar una nueva concepción de la organización de la sociedad, cambiaron el objetivo de su existencia. Se inspiraron en un antiguo pueblo guerrero extinto que creó el concepto de la “democracia”. El gobierno del pueblo y para el pueblo, pero éste pueblo sostuvo su democracia con un ejército de esclavos que, igual que sus mujeres, no tenían ningún derecho dentro de su “sociedad perfecta”. Estos “demócratas antiguos”, se dedicaban a las guerras para saquear y someter a los pueblos vecinos. En su “República” la libertad y la igualdad sólo era para ellos. Sus mujeres, sus esclavos y los pueblos sometidos por las armas, no alcanzaban ese derecho y vivían en la opresión.

De esta manera los mercaderes a través de sus incondicionales intelectuales crearon el nuevo modelo de gobierno en la historia de la humanidad. La democracia representativa es la forma en la que los mercaderes se han apoderado del gobierno y a través de los políticos, gobiernan a los pueblos del mundo. Suplieron a los milenarios reinos, federaciones, sultanatos e imperios por “las democracias sustentadas en el dinero” y a La Nobleza la sustituyeron con los políticos, seres humanos con capacidades histriónicas, mentirosos por naturaleza y con desmedida ambición por el control y el poder del pueblo. Los políticos no tienen una formación humanista, espiritual, ética y moral. Su doctrina es que “el fin justifica los medios” y que el poder se logra sobre todas las cosas.

Los intelectuales le dieron un golpe mortal a la divinidad y declararon que “Dios había muerto”. Destruyeron el poder de la iglesia alentando la proliferación de muchas sectas y crearon una nueva religión con sus nuevos sacerdotes. En efecto, los mercaderes lograron hacer pensar a la mayoría de mi pueblo que la iglesia era corrupta y la religión era para los ignorantes. Afirmaron que la religión era “el opio de los pueblos” e iniciaron una guerra no declarada que ha durado dos siglos, saboteando la necesidad espiritual de trascender la existencia. Cambiándola por la necesidad del “tener material” para darle sentido a la vida.

Los mercaderes hicieron de “la ciencia” la nueva religión y de los científicos los nuevos sacerdotes que conducirían a la humanidad a su bienestar y felicidad. La realización del ser humano dejaba de estar en “el más allᔠy pasaba a estar en la vida y el mundo material del “aquí y ahora”. Se destruía la milenaria tradición de buscar la trascendencia espiritual de la existencia y se rendía culto al “becerro de oro”, como la forma de trascender. Los nuevos sacerdotes de la humanidad, los científicos, han hecho pensar que la evolución y el tiempo son lineales. Que la humanidad va de menos a más y que los mercaderes y que la concepción económica de la vida y el mundo, es la punta de lanza del progreso y la modernidad humana.

El desmantelamiento de las milenarias tradiciones y costumbres de mi pueblo ocupa uno de los objetivos más importantes de los mercaderes. Estas ancestrales normas de conducta, donde los valores y principios éticos y morales, garantizaban la fortaleza espiritual de la comunidad y actuaban como orientadores y contenedores sociales fueron desmantelados. El objetivo de los mercaderes es que mi pueblo tenga valores y normas morales y éticas nuevas, diseñadas por los mercaderes para enajenar y controlar más fácilmente a mi pueblo.

Esta degradación y atentado contra la esencia espiritual de la humanidad, la presentaron los mercaderes como un paso en la evolución del ser humano. El golpe de Estado dado por los adoradores al culto del becerro de oro, ha significado el más grande revés de nuestro pueblo, pues nunca antes tuvieron tanto poder y control sobre todo mi pueblo. Modificaron la historia humana y se han puesto los mercaderes como los salvadores de la humanidad. Mi pueblo ha sido engañado temporalmente, porque mi pueblo es noble y ha creído por milenios en el valor sagrado de la autoridad y el gobierno.

Derrocada La Nobleza, la democracia representativa y la política tomaron el control de la sociedad. Mancillada y desprestigiada la iglesia, los sacerdotes empezaron a declinar y a corromperse. El pueblo ahora lo que buscaba era el desarrollo material y económico de la vida. Le ha dado la espalda a Dios. La administración y el ejército se volvieron aliados de los mercaderes. El gobierno, los pueblos, las familias y las personas lo único que concebían en su existencia, era la posibilidad de tener dinero. La vida de mi pueblo y de nuestras familias se convirtió en una obsesión fanática por “TENER” dinero, comprar, vivir cómodamente y tener el reconocimiento social por el poder acumulado a través del dinero. Así comenzó el principio del fin de mi pueblo.

La ciencia y la tecnología se pusieron al servicio de la economía. El hacer dinero a través de la guerra, la alimentación, la salud, la educación, la enajenación y embrutecimiento de mi pueblo, se ha convertido en el medio por el cual los mercaderes se han adueñado del mundo material, intelectual y emocional de mi pueblo. Todo en la vida de mi pueblo se convirtió en un negocio. Las necesidades espirituales de trascendencia, la familia, el amor, la amistad; todo, los mercaderes lo han usado y manoseado para hacer negocio.

 

 

La nueva religión y sus sacerdotes les han dado a los mercaderes la mejor arma para neutralizar, embrutecer y controlar a mi pueblo. En efecto, desde hace 50 años la ciencia y la tecnología desarrollaron los medios electrónicos de comunicación, especialmente la televisión que penetra cada hogar, cada mente y cada corazón, todos los días durante horas enteras. La televisión ha logrado que mi pueblo deje de pensar y de sentir. Que obedezca puntualmente todo lo que se le dice que tiene que pensar, sentir y hacer a través de una avalancha de mensajes subliminales o directos.

Los mercaderes casi han acabado con el “ser espiritual” y han creado el “homo económicus”. Un ser sin sentimientos propios, sin aspiraciones propias, sin pensamientos propios. Un ignorante funcional que rechaza todas las tradiciones y costumbres, convirtiéndose en un fundamentalista de la modernidad, el dinero y el consumo. No conoce el pasado, no le interesa entender el presente y vive pensado en un futuro, que los mercaderes le han diseñado.

Hace quinientos años los mercaderes iniciaron la destrucción del “viejo orden mundial” y crearon el paradigma de “La Modernidad y el progreso”. La modernidad implicaba la sustitución de las tradiciones y costumbres milenarias de carácter espiritual, para implementar nuevas formas de vida que desechaban el pasado, como base del presente y tomaban al futuro como la guía de su existencia. Para lograr esto, hace tres siglos, los mercaderes se habían apropiado de un vasto territorio, habían financiado a la gente más pobre y fanática para crear “un nuevo mundo”, donde la libertad económica, la cancelación de las antiguas tradiciones y costumbres permitieran el libre culto al “becerro de oro”. La creación de la “Tierra de la Libertad” se logró a partir del exterminio de los pueblos originarios de ese vasto territorio y la atracción de las personas más deshumanizadas, pobres material y espiritualmente de todo el mundo. La tierra de las oportunidades materiales se había creado con la muerte de los valores espirituales de la vida.

 

 

 

Los mercaderes por fin, en la historia de la unidad, tendrían una tierra propia, una patria y un ejército de miserables espiritualmente, que adoraran al “becerro de oro” y en su ignorancia creyeran que habían logrado obtener la dicha humana de la libertad a través del dinero y el consumo. Los mercaderes reclutaron de todo el mundo a las personas con mayor ambición material, atrajeron a los más pobres entre los pueblos para constituir un ejército incondicional, que estuviera dispuesto a morir por la defensa y expansión de los intereses de los mercaderes. La patria de los mercaderes se hizo con el tiempo fuerte. Su base era el culto a la materia, vivir como un pueblo agresor y depredador, embrutecido por el culto a la tecnología, el comercio, el consumo, la modernidad, la producción de bienes materiales y la acumulación de la riqueza.

Desde el principio de los tiempos, los Venerables Maestros nos enseñaron que el hombre y la mujer eran un par de opuestos complementarios. Que juntos formaban la unidad primordial. Vivían compartiendo todos los espacios de la existencia y formaban una unidad familiar de producción y reproducción, de modo que juntos y en muto apoyo educaban a los hijos, formaban una unidad de producción con toda la familia para trabajar el campo. Juntos participaban con la familia del culto a los dioses y el mantenimiento de las tradiciones, fiestas, usos y costumbres ancestrales, que le daban fuerza y sentido a la existencia individual y colectiva.

Sin embargo, los mercaderes hace dos siglos decidieron romper la unidad familiar y extrajeron al hombre del hogar para mandarlo al taller, la fábrica o la mina, pues los mercaderes habían echado a andar impunemente la producción en serie. La mujer se tuvo que hacer cargo de la casa y la familia. Envenenados por la visión material de la vida y guiados por los políticos y dirigentes, mi pueblo buscando una nueva forma de vida se entregó al mito de la modernidad y el progreso material, que los mercaderes habían impuesto en su “nuevo orden mundial”. Los mercaderes embrutecieron al hombre y los separaron de la responsabilidad y vida familiar. Lo convirtieron en una pieza remplazable de su maquinaria de producción. El estado, el gobierno y el futuro de mi pueblo quedaron en manos del Mercado.

Posteriormente los mercaderes secuestraron también a la mujer y destruyeron totalmente a la familia. En efecto, en su plan de embrutecer a mi pueblo y deshumanizarlo, los mercaderes metieron a las mujeres a la línea de producción, la enviciaran con el dinero y el consumo. Al incluir a la mujer en el mundo económico crearon un mercado paralelo, se duplicó la producción y el consumo. Se le hizo creer a las mujeres que el desarrollo personal radicaba en la capacidad de tener poder adquisitivo a través del trabajo asalariado. Se inventó el feminismo y se creó una lucha ideológica entre el hombre y la mujer. La mujer llegó a pensar que el hogar, la maternidad, la crianza y educación de los hijos era lo más bajo y humillante que ellas podían vivir. Muchas mujeres se han entregado ciegamente a la propuesta de los mercaderes y están siendo utilizadas, encontrando sólo la desolación y la infelicidad en ese camino. Para forzar a la mujer a entrar al campo de trabajo, a los hombres les han empezado a pagar la mitad del salario mínimo que se requiere para mantener una familia.

Los mercaderes han embrutecido y enajenado a los hombres y a las mujeres. Recientemente han comenzado con los adolescentes y los niños. Los han convertido en mercados muy productivos a partir de pervertir sus necesidades espirituales de existencia. Enseñándoles que en el culto al “becerro de oro” se encuentra la felicidad y la trascendencia de la existencia. En la medida en que las mujeres y los hombres se encuentren enfrentados en una falsa “lucha de sexos”, en la medida de que los jóvenes se hundan en una “lucha de generaciones” y los niños queden indefensos, desolados y entregados a los medios que exaltan el consumo... los mercaderes fortalecen su imperio y esclavizan a mi pueblo.

En los últimos 50 años el dominio creciente de los mercaderes y su enloquecido culto al “becerro de oro” ha creado mucho sufrimiento, pobreza, miseria espiritual. La forma de control llega todos los días a todo mi pueblo a través de la televisión. De manera subliminal o de manera grotesca. Todos los días, como una pequeña gota que cae sucesivamente sobre el cerebro y el corazón de la gente de mi pueblo, los mercaderes los enajenan y embrutecen impunemente. Exterminan sistemáticamente sus necesidades espirituales de existencia y las cambian por una ambición desmedida de poseer y tener dinero para encontrar el prestigio social y la felicidad. Se ha perdido mucho de la tradición espiritual de vida de mi pueblo. Los mercaderes nos han enseñado que nuestras tradiciones y costumbres son primitivas, costosas y superfluas. Que no tienen ningún valor y que representan signos bochornosos de primitivismo y de una falta de “modernidad y progreso”.

En estos últimos 50 años la voracidad depredadora de los mercaderes y el embrutecimiento y enajenación de mi pueblo han permitido que nuestra Tierra se enferme y se vea amenazada de muerte por la contaminación en todas sus formas. La basura cada día ocupa todos los espacios en nuestras casas, calles, carreteras, campos y playas. Mi pueblo ha perdido la vergüenza de crear y tirar basura en todas partes. Es inconsciente por su embrutecimiento de que vivimos en un mundo trasformado en un basurero. En la “modernidad y el progreso” todo es “úsese y tírese”. Para que exista basura en el medio ambiente se requiere que exista basura en nuestro interior.

En los últimos 20 años los mercaderes han lanzado una nueva iniciativa para lograr el dominio total de mi pueblo. Han decidido desmantelar los países que apenas crearon hace 200 años para sustituir a los reinos, imperios y federaciones. El Estado ha sido dominado completamente por el Mercado. Los mercaderes gobiernan impunemente y sin ninguna responsabilidad social e histórica a mi pueblo a través de los políticos títeres. A través del sistema de partidos políticos y la democracia representativa, los mercaderes han puesto a pelear a mi pueblo por las migajas de poder que les dan los mercaderes a los políticos. Dividiendo y fragmentando, el dinero desvía intenciones y somete conciencias. El dinero de los mercaderes es el que pone candidatos y gana votos por la costosa publicidad con la que los lectores sufragan en las urnas a través de la carísima publicidad. El negocio es más que redondo para los dueños del dinero.

Los mercaderes han decidido crear grandes bloques económicos en sustitución de los países. Han implementado la doctrina ideológica-política-económica-social llamada “neoliberalismo económico”. La más feroz embestida contra mi pueblo en la que los gobernantes se convierten en sometidos e incondicionales empleados, los países en territorios comerciales, los ricos adoradores del “culto al becerro de oro” en los únicos seres dignos de vivir en el planeta, porque generan riqueza y los pobres en inmensas masas despreciables que deben ser implacablemente eliminadas porque sólo generan pobreza.

Mi pueblo y la Tierra entrará al tercer mileno de la era Cristiana amenazado de muerte. Estamos viviendo uno de los momentos más peligrosos de esta humanidad. Nunca, unos cuantos, han tenido el poder casi total de mi pueblo. El control más que por el dinero, las armas, los mercados, las tecnologías y los políticos, es por el control mental y espiritual de mi gente. Han logrado los mercaderes que mi pueblo casi se olvide de su gran potencial espiritual y de su misión divina en la tierra. Que lo humano se diluya y que el espíritu sucumba al lado oscuro de la materia.

La fuerza de los mercaderes radica en la pérdida de la conciencia espiritual de la vida del ser humano. Los seres humanos somos esencialmente espirituales, nobles y buenos. El desafío de la vida es fortalecer y decantar este potencial. Lo que nos hace humanos es precisamente nuestras imperfecciones y debilidades. Si no las tuviéramos seríamos ángeles. Lo que le da sentido a nuestra vida es la conciencia de las debilidades e imperfecciones. Lo que permite al ser humano trascender la vida material, es la lucha interior por decantar su espíritu y ser lo mejor de sí mismos, superando sus debilidades y deficiencias.

La materia y el espíritu son un par de opuestos complementarios que se deben mantener en un perfecto y sutil equilibrio. La materia necesita del espíritu y el espíritu de la materia. Ninguna de las dos puede avasallar a su contraparte, porque representa destrucción de la totalidad.

La historia de mi pueblo y de la Tierra es mucho, pero mucho más antigua de lo que hoy conocemos, pues está inmersa en la historia del “Espíritu Inconmensurable del Universo”.

La batalla no se ha perdido, especialmente porque nuestra “Madre Querida” no desamparará a sus amados hijos de la maldad que los asecha. La fuerza del Espíritu humano es muy grande y poderosa. Si bien ha sido neutralizada y embrutecida temporalmente por los mercaderes, la Tierra no permitirá que se dañe a sus hijos y mucho menos que se atente contra ella misma. Los mercaderes por más poderosos que se nos presenten. Con todo su dinero, poder militar y tecnológico, son sumamente vulnerables a la fuerza del espíritu y al poder de la conciencia humana. El imperio del “becerro de oro”, por más portentoso y omnipotente que los mercaderes nos lo presentan, es sólo un frágil castillo de naipes.

En estos momentos de contingencia lo que se requiere, es buscar con serenidad e inteligencia en nuestro pasado y en nuestro corazón, la sabiduría que potencialice la parte luminosa de los seres humanos y la fuerza que genera el poder del Espíritu para superar esta adversidad momentánea. En la historia de mi pueblo los mercaderes serán nuevamente derrotados y el Sol volverá a salir para todos.

 

Oaxaca                                                                                                                 Noviembre de 1998.

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