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TAMOANCHAN Y TLALOCAN. Alfredo López Austin (Fragmento)

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TAMOANCHAN Y TLALOCAN. Alfredo López Austin
<br>(Fragmento)
SITIOS DE NIEBLA.
ASÍ definieron Tamoanchan y Tlalocan la poesía, los himnos sacros y las descripciones de la religión antigua. Pero poco define la palabra niebla, porque la niebla, en palabra o en presencia, amortigua el claroscuro, desdibuja los perfiles, opaca los colores, guía con falsas distancias la mano que pretende el tacto y enturbia los aromas con su masa húmeda. La niebla es silencio. Niega el movimiento cuando lo envuelve y sus jirones fingen que lo estático se desplaza. La niebla mezcla el sueño con la vigilia. En nuestro caso mezcla también la historia con el mito.

Tamoanchan es lugar de creación. La pareja suprema, Ometecuhtli y Omecíhuatl, envía desde Tamoanchan el germen anímico del niño al vientre de la madre, y fue en Tamoanchan, en el tiempo primordial, donde los dioses pusieron el maíz en los labios del hombre después de haber triturado los granos con sus propias muelas.

TAMOANCHAN Y TLALOCAN. Alfredo López Austin
<br>(Fragmento)

Tlalocan, en cambio, es lugar de muerte. Es una montaña hueca llena de frutos porque en ella hay eterna estación productiva. A su interior van los hombres muertos bajo la protección o por el ataque del dios de la lluvia:

los caídos por el golpe del rayo, los ahogados, los bubosos, los hidrópicos, cualquiera que haya perecido por mal de naturaleza acuosa.

Sin embargo, Tamoanchan y Tlalocan se confunden. Así parece haber sido desde los tiempos antiguos. Y las cosas se complicaron a la llegada de los blancos. Los cristianos vieron en las descripciones de Tlalocan las flores inmarcesibles, la perennidad de los frutos, las deliciosas corrientes de agua, y concluyeron que Tlalocan era el Paraíso Terrenal. Supieron también que en Tamoanchan había existido un árbol en el que se pecó originalmente, y que los culpables habían sido expulsados a la tierra, por lo que concluyeron que Tamoanchan era el Paraíso Terrenal.

No debe extrañar, por tanto, que la imprecisión y la confusión lleguen hasta nuestros días. Los estudiosos de la antigua religión nos debatimos entre hipótesis, suposiciones y especulaciones. La pluralidad de criterios puede verse en las consideraciones topológicas. Algunos autores han ubicado Tamoanchan en el este; otros, en el oeste, en el sur, en los cielos más altos, en los cielos bajos, en la Luna, en las profundidades de la tierra o en su superficie. De Tlalocan se ha dicho que los fieles creían que era una montaña oriental, o que suponían que podía entrarse a él por una cueva de Chapultepec. La misma variedad de criterios existe en torno a la naturaleza de estos sitios. Según unos autores hubo una Tamoanchan real que originó la creencia en la Tamoanchan mítica; otros estiman que el arquetipo dio origen a la fundación de una o varias Tamoanchan reales. Por otra parte, hoy hay voces autorizadas que identifican Tamoanchan y Tlalocan.

El tema es apasionante. Busquemos dónde están estos lugares sagrados, y tal vez encontremos un paraíso terrenal... o dos.
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Tomado de
https://drive.google.com/file/d/1CLtbb3EPJJ0nFmxTVKuTRmZck_u_CBOX/view

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