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Argentina: La preexistencia mapuche y la violencia militar

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Argentina: La preexistencia mapuche y la violencia militar
Creado en 25 Octubre 2020
(Por Adrián Moyano, para el Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas, Odhpi.
Chos Malal al finalizar la primera presidencia de Roca. Crédito: Libro «Historia Argentina», de Diego Abad de Santillán.
Odhpi, 12 de octubre de 2020.- Documentos oficiales del Ejército confirman, en 1879, que el norte y centro de la actual jurisdicción neuquina eran territorio permanente de numerosa población mapuche, que se dedicaba a la actividad agrícola y ganadera. La preexistencia del Pueblo Mapuche se constata a cada paso cuando se leen los partes de la 4ta División del Ejército, en la primera fase de la Campaña al Desierto.
La presencia de toponimia en mapuzungún (idioma mapuche) es una constante, con denominaciones que incluso perduran hasta nuestros días.
Además, las tropas al mando de Napoleón Uriburu no sólo batieron a los rankülche (ranqueles) y salineros que buscaban refugio en el antiguo Pikunmapu (Territorio del Norte), también asolaron poblaciones permanentes que se conformaban con ranchos y sembradíos.
En abril de 1879, las tropas del Ejército husmeaban por el arroyo Huarenchenque, en las cercanías del actual Loncopué.

Argentina: La preexistencia mapuche y la violencia militarLa columna se conformaba con una sección de artillería de montaña de cuatro cañones, un batallón de infantería, el Regimiento 7° de Caballería y dos compañías de guardias nacionales, además de ingenieros y médicos.
El 5 de mayo, los soldados cayeron sobre ?las tolderías de Payeiran, cacique ranquelino emigrado de La Pampa, y recién establecido junto con varias familias chilenas a corta distancia de aquí??
Según el diario de marcha de la 4ta División del Ejército, recuperados por el secretario de Roca, Manuel Olascoaga, y publicado en el libro ?Estudio topográfico de La Pampa y Río Negro?).
Los invasores ultimaron al longko (literalmente ?cabeza?, orientador político) junto a 14 de sus weichafe (guerreros) y se apoderaron de otros doce, más 72 mujeres, niños, niñas y ancianos. También robaron 100 vacas, 18 caballos y 500 ovejas.
Del resumen se desprende que no fue un enfrentamiento entre dos fuerzas beligerantes, sino el ataque de una fracción militar que portaba equipamiento de última generación contra un poblado donde residía mayoría de gente no combatiente.
Esas características serían constantes en los siguientes seis años de avance argentino en nombre de la ?civilización?. El informe del Ejército no consigna bajas entre los agresores.
El documento oficial advierte que ?varios ranchos de indios recientemente abandonados, y rastros con señales de riego por medio de acequias, manifiestan que este lugar ha sido ocupado con alguna preferencia por las tribus que ahora se encuentran del otro lado del (río) Neuquén?.
El caserío debió ubicarse no muy lejos del actual emplazamiento de la localidad de Chos Malal (norte neuquino).
El 6 de mayo de 1879, la 4ta División del Ejército permanecía sobre la confluencia del río Neuquén con el arroyo Curi Leivú, a seis leguas de las tolderías del longko Purran.
Allí los oficiales estudiaron el terreno para, posteriormente, erigir el fuerte militar que años más tarde daría origen a la ciudad de Chos Malal. Las humaredas que divisaban al otro lado del río inquietaban a los soldados.
Valiéndose de prisioneros, Napoleón Uriburu invitó (es la palabra que usó el mayor Gomensoro en sus anotaciones) a parlamentar al ñizol longko (longko principal) de los pikunche (gente del norte). El escriba incluyó una meticulosa descripción de los longko que se aprestaba a enfrentar la columna.
Explicó que los dominios de Purran se extendían desde la ribera derecha del río Neuquén hasta Lonquimay por el sur y desde la cordillera, unas 40 o 50 leguas al este, para limitar ?al sureste con los Huilliches de Sahüeque?, que por entonces residía sobre los ríos Collón Cura y Caleufú.
<>Veintidós poblados.
Según la Inteligencia militar, eran 22 las tolderías pikunche, conducidas por otros tantos longko: Curaleo, Udalman, Cheuquel, Jancamil, Zúñiga, Guaiquillán, Thipaiñan, Cusiche, Queupo, Huenupi, Satuno, Henichulan, Sigñan, Currillán, González y Cheuqueya.
Más allá de la ortografía del militar Gomensoro, pueden reconocerse varios nombres que en nuestros días son apellidos de innumerables familias mapuche e inclusive, nombre de comunidades que perduran.
El militar consignó que las primeras 14 tolderías eran de ?bastante gente? pero llamativamente no mencionó al longko Rewke Kura, cuyo espacio territorial seguía al de Purran hacia el sur y se situaba antes del célebre ?País de Las Manzanas (sur de Neuquén y sudoeste de Río Negro)?.
Según el oficial, en conjunto se trataba de mil lanzas, incluyendo las rankülche que había encontrado refugio en la ruka (casa) de Zuñiga, sobre el río Agrio, en cuyas márgenes prosperan hoy Loncopué, Las Lajas y otras localidades.
Uriburu consideró de importancia estratégica la confluencia entre el río Neuquén y el arroyo que llegó a nuestros días con el nombre de Curi Leuvú por ser encrucijada de caminos. El inminente fuerte sería una expresión material muy concreta de la usurpación que la Argentina empezaba a culminar.
?El valle reconocido hoy al oeste como al este se prestará para grandes potreros de alfalfa y otras sementeras, como lo manifiestan los rastrojos abandonados, en que los indios han hecho siembras de papas, trigo, maíz, porotos, lentejas, etc.?, detalla la investigación de Olascoaga, fechada en 1974.
Como puede advertirse, el estereotipo del indio ?malonero?, sediento de sangre y adicto al pillaje, se da de bruces con la realidad agricultora que encontraban las tropas a su paso. ¿Quiénes habían cultivado los campos adyacentes a la naciente población de Chos Malal?
Atónitos debieron observar los ojos de los pikunche las hileras de carpas que se florecieron en un abrir y cerrar de ojos, donde por siglos se habían desplazado las caravanas de sus mayores.
Si bien por las órdenes que había recibido, la 4ta División tenía que detenerse a orillas del río Neuquén, Uriburu convocó a un Consejo de Guerra con la participación de los oficiales bajo su mando.
Después de las deliberaciones, el teniente coronel decidió soslayar no sólo el mandato del Ministro de Guerra y Marina, sino también el del Congreso de la Nación.
Firmó el acta junto con sus pares Rufino Ortega (futuro gobernador de Mendoza), cuyos intereses económicos se relacionaron directamente con el despojo que sufriría el Pueblo Mapuche y la reducción a la servidumbre de su gente.

El fortín Alarcón se fundó durante la expedición de 1882, cerca de la confluencia del Picun Leufu con el Limay. Crédito: Libro «Historia Argentina», de Diego Abad de Santillán.
<>A un galope de distancia.
Después de la decisión castrense, tres compañías al mando del mayor del ejército Torres vadearon las aguas, con la intención de caer sobre los hombres del longko Udalman, que vigilaban a los intrusos.
Mientras tanto, se mantenía correspondencia con el longko Purran. Según los militares, el ñizol longko se proponía simular una retirada hacia el río Agrio, con el fin de atraer a sus perseguidores hacia una zona de pasturas venenosas que dañarían sus caballadas.
Puntualizó en sus anotaciones el militar Gomensoro que ?por esos puntos al parecer de muy buen pasto hay una enfermedad original que da a los animales caballares ?el huecué, que llaman los indios- y que les produce la muerte casi instantánea?.
La pequeña localidad que en nuestros días responde al nombre de El Huecú está a menos de 50 kilómetros en línea recta de Chos Malal.
En 1879, las fuerzas pikunche y argentinas estaban a un galope de distancia, pero en las tolderías más numerosas la prudencia sugirió ganar tiempo para poner a salvo seres queridos y bienes materiales.
Al atardecer del 9 de mayo de 1879, tropas al mando de Saturnino Torres retornaron al cuartel general después de sostener un entrevero con un grupo de 25 weichafe, al que provocaron dos muertos y tomaron cuatro prisioneros.
Esa fue la primera acción armada que tuvieron que mantener hombres mapuches con el Ejército Argentino al sur del río Neuquén, inicio de una contienda desigual decidida de antemano.
Tres días después, salvo una guarnición que quedó en el fuerte (donde hoy es Chos Malal) y otra en Varvarco, el grueso de militares cruzó el río Neuquén con el afán de caer sobre los hogares de Purran y Udalman.
A 17 kilómetros de su punto de partida, acampó ?a la vista de varios rastrojos, pertenecientes al cacique Santuno, que ha vivido aquí hasta ahora poco, y a Chauque-llan, hermano de Purran?, trascribe Olascoaga. Tolderías enmudecidas y rastros frescos de sus moradores recibieron a los inesperados invasores.
Gomensoro precisó que en las nacientes del arroyo Nauman-có se ubicaban las invernadas del ñizol longko de los pikunche y que la expedición hizo un alto cerca ?de unos ranchos de indios, recientemente abandonados?.
Que utilizara esa expresión en lugar de toldos puede referir la presencia de las tradicionales ruka (viviendas), más difundidas al oeste de la cordillera que al este?
Pero también indica que el Ejército se entrometía en un espacio territorial que sirvió de hábitat permanente para familias mapuches. No se trataba de un ?desierto?.
El 17 de mayo la columna militar alcanzó la costa del río Agrio. Los documentos del Ejército describen: ?En este punto donde estamos hay varios toldos de indios; son nuevos y se conoce que sus habitantes los abandonaron en estos días?.
<>Primeras revanchas.
Después de varias acciones en las que fugitivos rankülche (ranqueles) llevaron la peor parte, Uriburu decidió acampar en la confluencia del arroyo Covunco con el río Neuquén, donde hoy se levanta Covunco Centro, a la espera de noticias sobre la marcha de las otras divisiones.
En la madrugada del 29 de junio, supieron los intrusos que la suya no sería una simple excursión invernal.
El destacamento que custodiaba el llamado por ellos Paso de la Balsa en el Neuquén se replegó hasta reunirse con el grueso de la División, después de sufrir el ataque ?de 60 picunches que en pelos y completamente desnudos, habían pasado el río?.
El atrevido contingente consiguió rescatar a una mujer y dos niños prisioneros, recuperó animales y de paso, tomó prisionero a un soldado.
Según el relato militar, el resto de los efectivos se hizo fuerte en las alturas de una barranca e hizo fuego contra el insólito grupo de guerreros, que sufrió la pérdida del ?capitanejo que los dirigía?.
Luego de cruzar nuevamente el bravío Neuquén, los pikunche se reunieron con otro contingente ?como de 200 que los aguardaban emboscados? y luego de ensillar, enfilaron hacia las nacientes del Covunco.
La resistencia se hacía notar pero el campamento de Los Médanos se pobló rápidamente de cautivos y cautivas mapuche.
A pesar de la crudeza del invierno, el ánimo de los invasores se exaltó el 20 de julio, cuando se supo que una partida que lideraba el mayor Torres, ?alcanzó a Baigorrita, muriendo éste en el combate con 5 de los suyos y tomando 25 de lanza y 33 de chusma prisioneros?.
Baigorrita era icónica autoridad de los ranküche (una minuciosa semblanza suya aparece en ?Una excursión a los indios ranqueles?, la célebre obra de Lucio Mansilla).
El informe militar difiere un tanto del que redactó el Secretario de la División Gomensoro: la caída del longko se produjo el 17 de julio, ?éste había sido herido al tomarlo, y falleció ayer (18 de julio) en el camino?.
Pero no fue como consecuencia de las heridas recibidas que dejó de existir Baigorrita, según asevera otra versión.
Aunque no queda claro cuál fue su fuente, el historiador del Ejército Isidoro Ruiz Moreno escribió que después de recibir un balazo y heridas de arma blanca, fue vendado para su traslado al campamento, pero el longko se arrancó las vendas, se arrojó del caballo en que iba?
Y ?hubo que matarlo?, según relata en su libro ?Campañas militares argentinas. La política y la guerra. Luchas contra indios y sediciosos (1870-1884)?. Atribuye la expresión a ?uno de aquellos gauchos? que integraba el destacamento.
La euforia entre la oficialidad fue tal que no sólo se remitieron felicitaciones para Torres y sus hombres.
Se referencia también el ejemplar de un periódico con el proyecto de ley que concedería ?terrenos de los conquistados en esta campaña a los individuos que componen las divisiones expedicionarias?, según señala el diario de la expedición citado por el historiador Manuel Olascoaga.
No sólo motivaciones patrióticas movían a los captores de tantas familias indígenas. Detrás de la falsedad histórica que adjudicaba extranjería a aquellos y aquellas que sufrían la destrucción de sus hogares, existían intereses económicos muy concretos, al igual que en la actualidad.
Se dice que Añelo, la así llamada ?capital del shale?, queda muy cerca del paraje donde perdió la vida el célebre longko rankülche, empecinado defensor de su libertad y del territorio ancestral, como el resto de sus pares.
La preexistencia mapuche se torna indiscutible, sólo con leer los partes de la 4ta División del Ejército de 1879. Y de la preexistencia derivan derechos, como establece el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional.
Entre ellos, ?la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan? las comunidades, al igual que el acceso a ?otras aptas y suficientes para el desarrollo humano?. Las evidencias que sustentan tales derechos, son contundentes.
<>Bibliografía:
Olascoaga, Manuel J. (1974): ?Estudio topográfico de la Pampa y Río Negro?. EUDEBA. Lucha de fronteras con el indio. Buenos Aires.
Ruiz Moreno, Isidoro (2009): ?Campañas militares argentinas. La política y la guerra. Luchas contra indios y sediciosos (1870-1884)?. Claridad. Buenos Aires.
http://odhpi.com/historia-la-preexistencia-mapuche-y-la-violencia-militar/

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