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Presa Valsequillo: ambiente insano

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Presa Valsequillo: ambiente insano
Iván Restrepo
Periódico La Jornada
26 octubre 2020
En mayo de 1998, Ernesto Mangas, investigador de la Universidad Autónoma de Puebla, me hizo llegar su trabajo en el cual mostraba cómo la presa Valsequillo tenía índices de contaminación tan elevados que era un cuerpo de agua inerte. Dicho embalse de 30 kilómetros cuadrados, se ubica al sur de la ciudad de Puebla y, pese a su grave deterioro, era posible salvarlo por medio de plantas de tratamiento en las desembocaduras de los ríos Atoyac, Alseseca y Chinguiños. Los tres llevan a la presa incontables desechos de poblaciones, campos agrícolas e industrias.

Presa Valsequillo: ambiente insanoTambién denominada Manuel Ávila Camacho, es desde hace medio siglo muestra de la carencia de una política integral para cuidar la salud y los recursos naturales. Como fruto del crecimiento urbano e industrial registrado desde los años 70 del siglo pasado en Puebla y Tlaxcala, el líquido que recibe y almacena Valsequillo no es apto para riego agrícola. Sin embargo, se utiliza en extensas áreas de cultivo. Mucho menos lo es para el consumo de miles de familias que levantaron sus precarias viviendas en sus orillas y, al no disponer de drenaje, envían a la presa las aguas negras.

Las administraciones gubernamentales estatales y federales de los últimos cinco sexenios anunciaron programas para rescatar Valsequillo y dotar de servicios públicos los asentamientos humanos que la rodean. Destacadamente sanear el río Atoyac, que lo alimenta todo el año, y el Alseseca en la época de lluvias. Sin embargo, todo quedó en promesas.

Como resultado, el agua de la presa y la de sus ríos tributarios, supera los límites en coliformes fecales, nitrógeno, demanda bioquímica de oxígeno, grasas, sulfuros, metales pesados, aceites y otros contaminantes. Esto afecta a los pozos y norias de las que se abastecen las familias que viven en las riberas de Valsequillo. Los ríos tienen una cuenca de 4 mil kilómetros cuadrados y son el basurero de las aguas negras de la ciudad de Puebla y otros 22 municipios, como San Martín Texmelucan, San Pedro y San Andrés Cholula, Huejotzingo, Cuautlancingo y Amozoc. Igualmente otros 47 de Tlaxcala, la entidad vecina, destacadamente su capital, Apizaco, Chiautempan, San Pablo del Monte, Zacatelco e Ixtacuitla de Matamoros. A lo anterior se agregan los desechos de las actividades industriales.

Las plantas de tratamiento existentes no alcanzan a limpiar las aguas negras de los centros urbanos y por ello éstos incumplen las normas vigentes sobre la calidad del líquido que deben enviar a las cuencas hidrográficas; ni existe una estrategia para captar y conservar el agua de lluvia en las poblaciones evitando que se contamine al enviarla al drenaje, y menos hay un programa para utilizar el vaso de la presa y su amplio entorno geofísico con fines de turismo ecológico.

Aunque en los tres últimos sexenios fueron clausuradas temporalmente decenas de empresas y multados municipios por no tratar sus aguas residuales, y pese invertir más de 5 mil millones de pesos en construir varias plantas de tratamiento, el problema continúa y la presa y los ríos que la alimentan siguen como depósito final de todo tipo de contaminantes.

Para remediar de una vez por todas la situación, hace dos años se inició la primera etapa de los trabajos de limpieza de la cuenca del Atoyac y de Valsequillo. Una tarea a cargo del gobierno federal y los de Tlaxcala y Puebla. Pero se desconocen qué tanto se ha logrado. En cambio hace dos meses el gobierno estatal que preside Miguel Barbosa informó que investiga dónde fueron a dar 300 millones de pesos destinados a dragar la citada presa y otros 700 millones para la fumigación del Atoyac. Igualmente la adquisición de dos embarcaciones para limpiar Valsequillo, pero inservibles para lograrlo. Ese gasto se hizo en la breve administración del panista José Antonio Gali (2017-18).

Durante su campaña electoral, Miguel Barbosa se comprometió a impulsar una estrategia conjunta con el gobierno federal y el de Tlaxcala para sanear el Atoyac y sus afluentes. Y cumplir, además, con la recomendación que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos hizo en 2017 a fin de garantizar un ambiente sano. Ya gobernador, en septiembre pasado, puso en marcha el programa interinstitucional de saneamiento hidráulico del río. Pero se desconoce su contenido. Tampoco se sabe cuándo comenzarán los trabajos para devolver la salud ambiental a Valsequillo. El lunes próximo retomo el tema con la información proporcionada por grupos sociales de Puebla y Tlaxcala.

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