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Ante el escaso apoyo, la gente de varias comunidades se organiza para reconstruir

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"Me alegra tener buenos vecinos; ellos me han dado un bocado"
Diana Manzo  Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 12 de septiembre de 2017, Juchitán, Oax.
Chicapa de Castro, comunidad cercana a la cabecera municipal de Juchitán, donde unas 250 viviendas de adobe y teja resultaron afectadas por el sismo del pasado jueves, se ha organizado para limpiar y reconstruir.

Los pobladores son los que limpian y ayudan a los damnificados. Aún no llega la ayuda del Ejército Mexicano, pero hay un albergue en la primaria de este lugar, instalado por el agente municipal Leónides Santiago Carrasco. La gente lo acusa de que sólo ayuda a los de su partido, el PRD.

Pero esa situación no los atemoriza. Por ejemplo, Tomás Pérez y sus vecinos han quitado escombros, colocado tablas y muebles para evitar mayores desgracias, refieren.

Más de 200 casas se derrumbaron y una cantidad similar está a punto de colapsar. A la vivienda de Tomás no le pasó nada; sólo fue el susto. Sin embargo, a uno de sus vecinos sí, y hace una petición: que llegue maquinaria y las derriben, porque son un peligro para la población.

Necesitamos mucho apoyo, porque nos hacen llegar poco. De verdad, qué triste saber que es la misma gente que hace eso. Muchos de mis conocidos perdieron todo. Es momento de solidarizarnos y ayudar, no de hacernos daño, manifiesta.

La vivienda de Beatriz Pineda López y Heriberto Márquez Pimientel quedó inhabitable, sin techo y paredes. Dos de sus cuatro hijos estuvieron atrapados por más de 30 minutos, pensaron que no los volverían a ver con vida, pero por fortuna los rescataron.

Me alegra saber que tengo vecinos buenos; ellos me han dado un bocado, no pueden darme más porque también lo perdieron todo, expresa.

Lorenzo Martínez, de 70 años de edad, también perdió su casa. Él junto, con otros habitantes, remueve los escombros. No puede contener las lágrimas porque ya no volverá a verla; no obstante, agradece a Dios seguir vivo.

El día del sismo, narra, “un fuerte ruido me movió de la hamaca, salí como pude, porque ya no tengo la agilidad de antes, y como pude fui a ayudar a mi hermana. A ella y mi sobrina les cayeron todos los escombros. Están vivas de milagro.

Esa noche llegué y vi todo aplastado, me asusté mucho y en la oscuridad las arrastre por el piso a las dos. La nena tiene cuatro años y fue quien pidió ayuda, porque mi hermana estaba inconsciente, cuenta.

Lorenzo menciona que no han recibido apoyo, por lo que pide a las autoridades que hagan algo para que la ayuda llegue a los habitantes de este poblado que perdieron su hogar, pues no tienen para comer ni vestir. Aquí son amas de casa, campesinos o pescadores.

Álvaro Obregón, otra agencia municipal de Juchitán, tiene unas 200 casas destruidas. Las familias claman apoyo en medios locales y a través de las redes sociales.

Nanaxhi de Gyves y Latani Fernanda organizaron colectas y acudieron al lugar. Aseguran que prácticamente se abrió la tierra y desgajó las casas; la situación es difícil.

La gente llora por lo que perdió, y lo poco que le hemos llevado es de colectas que amigos y familiares nos hacen. No es mucho, pero lo hacemos con cariño. Qué difícil es ver a la gente que no tiene nada y aún así está fuerte, tiene la esperanza de vivir, expresan.

En esta comunidad, 80 por ciento de la población se dedica a la pesca; el resto son campesino y las mujeres elaboran tortillas para ayudarse en la economía familiar.


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