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El juicio de residencia de la corona española en el siglo XVI.

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Es interesante saber, que tanto Cristóbal Colón como Hernán Cortés, terminaron emplazados a un juicio de residencia por parte de las instituciones judiciales de la corona. No es para menos, los dos, fueron asesinos, ladrones y defraudadores. No sólo de los pueblos invadidos, sino también, de sus compinches que los acompañaron en sus tropelías; pero, sobre todo, de la corona española.

Esta actitud, propia de la Europa medieval, que se basaba en el robo a las instituciones reales, por parte de sus funcionarios, en el Anáhuac tomó una dimensión descomunal. Tanto por la riqueza, aquí encontrada, como por la distancia que existía entre Madrid y la Ciudad de México. Esta permanente defraudación al erario real, llevó en el siglo XVIII a que la nueva familia gobernante, los Borbones, hicieran una reforma administrativa que perjudicó los intereses creados a lo largo del tiempo por funcionarios corruptos y hombres poderosos que tenían negocios fraudulentos, no solamente con España, sino también, con algunos reinos de Europa, que la corona española prohibía comerciar.

Citaremos del libro “Crónica de la Eternidad”, de Christian Duverger (Taurus 2012), un texto que habla sobre el juicio de residencia.

“Existe precisamente una mina que es maná para el historiador: el inmenso expediente relativo a la inculpación de Cortés, lo que se llamaba en aquella época su “juicio de residencia”. Era un procedimiento particularmente inconveniente, de espíritu inquisitorial y con una finalidad exclusivamente fiscal y que fue el arma permanente de Carlos V. He aquí la técnica empleada: el soberano nombraba de manera discrecional a todos los puestos de responsabilidad; les dejaba a los hombres que había designado el tiempo para enriquecerse agrupándolos con su autoridad; luego los destituía y lanzaba una auditoría sobre la manera de servir de estos altos responsables; para mayor seguridad, le confiaba la investigación al sucesor en el puesto, quien hacía un llamado a la delación. Podemos imaginar el tipo de testimonios que eran recogidos: los envidiosos, los delincuentes castigados, los especuladores frustrados, los enemigos políticos aprovechaban la ganga y proponía sus servicios; de ser necesario, se recorría a sobornar a los testigos. El objetivo era siempre el mismo: el rey quería recuperar para sí la fortuna de sus antiguos protegidos; había entonces que encontrar un motivo de condena que justificara la confiscación. Al procedimiento no tenían por supuesto ninguna justificación moral o política, ya que al actuar de tal manera el rey se desdecía perpetuamente; todo juicio de residencia equivalía a condenar las decisiones tomadas por el soberano mismo. Pero tal era la práctica.

Cortés no escaparía a la regla. Mientras el conquistador se encontraba en España, Carlos V intentó destituirlo y le confió el gobierno de nueva España a un triunvirato de triste memoria. Formalmente constituida como Audiencia, presidida por Nuño de Guzmán, dicha autoridad lanzó inculpaciones en 1529 contra Cortés. Repitiendo todos más o menos las mismas acusaciones, 22 testigos de cargo fueron escuchados. El asunto se estancó cuando Cortés obtuvo la destitución de Nuño de Guzmán. Reabierto en abril de 1534, el juicio de Cortés prosiguió con declaraciones de 26 testigos de cargo quienes durante más de un año se sucedieron en el estrado, requeridos para contestar 422 preguntas en las que decidió toda la vida del marqués del Valle. Esas dos sesiones judiciales de 1529 y de 1534-1535 dieron lugar a testimonios que pusieron en escena a todos los actores de la conquista de México, hasta el más humilde. Pag. 61.

Conocer a profundidad de manera crítica la historia, nos permite empezar a descolonizar el discurso oficial hispanista que justifica el genocidio y el epistemicidio, que en el Anáhuac se realizó.

 

 

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