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DE CÓMO SE PERDIÓ LA NACIÓN MEXICANA

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Todo inició en la década de los años ochentas, cuando los dueños del dinero decidieron tomar el poder de las naciones y del mundo. Durante doscientos años se mantuvieron agazapados en las sociedades anónimas y el “libre mercado”.

 

En México iniciaron una acción concertada para desprestigiar a un sólido sistema político que había dado estabilidad y paz a la nación durante el siglo XX. Tomando como pretexto los excesos y desvaríos de los presidentes Echeverría y López Portillo, la ofensiva se centró en que los políticos eran corruptos e incapaces, por lo que entrarían a relevarlos los “tecnócratas”. Nos los vendieron como “gente que sí sabía” de economía, administración y finanzas, gente honorable. El ofrecimiento es que ellos sacarían a México y a los mexicanos de la pobreza y la corrupción en la que nos habían metido los “políticos-populistas-demagogos”.

 

Si bien la decena trágica de “Echeverría-López Portillo” dejó al país momentáneamente sin efectivo, el México de ese entonces era un país en expansión, tenía un Estado rico y fuerte, gozaba de relativa autonomía, dado que mantenía la soberanía, tenía muchos activos, estaba bien organizado y existía un futuro que estaba en nuestras manos.

 

El gobierno era el rector de la economía, se contaban con defensas arancelarias que permitían sobrevivir a las empresas y comercios pequeños y medianos. El gobierno mexicano era producto de una revolución que había prometido mejorar la condición de vida de los más pobres a través de la justicia social. El Estado tenía una responsabilidad histórica, social y moral con el pueblo de México, especialmente con los más pobres (aunque fuera tan sólo un enunciado).

 

Eran los tiempos en el que un salario mínimo alcanzaba para satisfacer las necesidades básicas de una familia. Producíamos todo el alimento que consumía el pueblo, especialmente en granos. La mayor parte de la gente vivía y comía del campo. La industria mexicana estaba atrasada tecnológicamente pero era nuestra y teníamos un solvente mercado interno. Poco era lo que se importaba. La vida política se movía dentro de leyes no escritas y el sistema era fuerte y respetado. El presidente era “el jefe máximo” y la figura más importante de la nación.

 

Con De La Madrid las puertas de la nación se abrieron a los adoradores del “Becerro de Oro”. El neoliberalismo se echó a andar y se empezó a desmantelar la nación mexicana. Se destruyó el sistema político desde las más altas esferas políticas del país. Desde Los Pinos la estrategia era facilitar y legalizar la entrada de los amos del dinero para someter al gobierno y al pueblo de México.

 

Después de 22 años de desmantelamiento los resultados son patéticos. Los tecnócratas resultaron totalmente incompetentes, mucho más ladrones y sobre todo... traidores a la patria. En efecto, el TLC, los rescates, el FOBAPROA, las AFORES y un largo etcétera han puesto a la nación de rodillas ante el capital financiero supranacional. De 1982 a la fecha se han pagado a los acreedores internacionales alrededor de 500 mil millones de dólares tan sólo de intereses a la deuda externa. Los tecnócratas se “vendieron” fraudulentamente a sí mismos a las ricas y poderosas empresas paraestatales y los bancos. Se abrieron las fronteras de manera suicida, favoreciendo a los mercaderes internacionales en perjuicio de los empresarios mexicanos. El campo se abandonó con dolo y alevosía para que nos volviéramos dependientes hasta de maíz y de fríjol. Ahora somos totalmente dependientes en alimentos. Se desregularizó la explotación de los recursos naturales y las empresas trasnacionales han depredado casi todo el país, que, además, ahora se encuentra peligrosa e irreversiblemente contaminado. La gente abandonó el campo y vive hacinada en las ciudades en condiciones infrahumanas, generando problemas sociales que se antojan irresolubles. El gobierno les ha cedido a los medios masivos, especialmente a la televisión el control social, cultural y político. Los medios manipulan descaradamente la opinión pública.

Los tecnócratas pasaron a ser neoliberales y ahora nos gobierna un ex gerente de una embotelladora trasnacional. Se destruyó el sistema político y ahora los partidos luchan de manera deshonesta por el poder. La política ha llegado a los niveles más bajos y los partidos políticos no tienen credibilidad. La democracia partidaria hoy en día es sólo marketing y publicidad.

 

El Estado mexicano se ha debilitado y el Mercado se ha fortalecido al punto que el control económico y político esta en sus manos.

 

La “política neoliberal” es entregar al pueblo de México, los recursos naturales, empresas paraestatales, sistema bancario, sistema de salud, sistema de pensiones, sistema educativo, a las empresas trasnacionales, subsidiar a los ricos y explotar impunemente a los más pobres.

 

El neoliberalismo no tiene ninguna responsabilidad histórica, social y humana con los mexicanos. El Mercado no tiene nacionalidad, bandera, credo o amigos... el Mercado solo tiene negocios. Los pueblos de todo el “mundo libre” están sufriendo esta destrucción de su calidad de vida, su nivel de vida y su condición de “seres humanos”. Sean alemanes, franceses o norteamericanos, los pobres del mundo están siendo exprimidos por los “mercaderes” con la complicidad de sus gobiernos, que no son más que los títeres de los intereses de los fundamentalistas adoradores del “Becerro de Oro”.

 

En México esta prohibido pensar, hablar y actuar a favor de la Patria, su Historia, el pueblo, los pobres, la identidad y la cultura propia. Quien se atreve a hacerlo, es ferozmente escarnecido y santanizado. La jauría de sirvientes del “Becerro de Oro”, con todos los poderosos medios de comunicación en sus manos, inmediatamente se rasgan las vestiduras y los acusan de “POPULISTAS”.

 

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