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TEXTO DEL SERMÓN DE ANTÓN MONTESINO SEGÚN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS Y COMENTARIO DE GUSTAVO GUTIÉRREZ

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TEXTO DEL SERMÓN DE ANTÓN MONTESINO
<br>SEGÚN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
<br>Y COMENTARIO DE GUSTAVO GUTIÉRREZ
Decid, ¿con qué derecho
y con qué justicia tenéis
en tan cruel y horrible
servidumbre aquestos indios?
¿Con qué auctoridad
habéis hecho tan detestables
guerras a estas gentes que estaban
en sus tierras mansas y pacíficas,
donde tan infinitas dellas, con muerte
y estragos nunca oídos habéis consumido?
¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados,
sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades
en que, de los excesivos trabajos que les dais,
incurren y se os mueren y, por mejor decir,
los matáis por sacar y adquirir oro cada día?
¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine
y cognozcan a su Dios y criador,
sean baptizados, oigan misa,
guarden las fiestas y domingos?
¿Éstos, no son hombres?
¿No tienen ánimas racionales?
¿No sois obligados a amallos
como a vosotros mismos?
¿Esto no entendéis?
¿Esto no sentís?
¿Cómo estáis en tanta profundidad
de sueño tan letárgico dormidos?

Esta voz os dice que todos estáis en pecado mortal
y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con
estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué
justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos
indios? ¿Con qué auctoridad habéis hecho tan detestables
guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y
pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muerte y estragos
nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan
opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus en-
fermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais,
incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por
sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de
quien los doctrine y cognozcan a su Dios y criador, sean
baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?
¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?
¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos?
¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tan-
ta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened
por cierto, que en el estado que estáis no os podéis más
salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la
fe de Jesucristo.

TEXTO DEL SERMÓN DE ANTÓN MONTESINO
<br>SEGÚN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
<br>Y COMENTARIO DE GUSTAVO GUTIÉRREZEl sermón de Montesino es el primer jalón en un largo proceso de
reivindicación de la dignidad humana de la población originaria del con-
tinente que hoy llamamos América Latina y el Caribe. Un reclamo que
sigue vigente en nuestros días.
En 1510 desembarca en La Española un pequeño grupo de frailes do-
minicos encabezados por un joven fraile de 28 años, Pedro de Córdoba,
una persona clave en los primeros momentos de la presentación del
mensaje evangélico en las llamadas Indias. Las Casas se refiere a él
varias veces y lo consideraba, algo así, como su mentor espiritual1. La
comunidad misionera que hace su entrada en la isla proviene del con-
vento de San Esteban de Salamanca, uno de los centros de la reforma
interna de la Orden dominica en esos años; reforma que insistió en el
regreso a las fuentes de la Orden, poniendo el acento en la contempla-
ción y la pobreza. Dos notas que marcarán su testimonio y los conduce
a una intervención en favor de los indios que dará comienzo a lo que se
llamó la controversia de las Indias. El sermón de Antón Montesino no
fue un grito aislado, fue un punto de partida que tuvo inmediatas con-
secuencias y solidaridades, y que inspiró el testimonio de Bartolomé de
Las Casas y sus reverberaciones en los siglos posteriores. Por ello vol-
ver a ese sermón y a las circunstancias que lo rodearon es ir a las fuen-
tes de lo que, de alguna manera, todavía vivimos.

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