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LA FILOSOFIA TOLTECA.

La filosofía es la base de cualquier civilización. La estructura fundamental de la sociedad se encuentra en una compleja explicación, que le da significado y sentido a la vida y al mundo. Para el caso de la civilización del Anáhuac, es el punto en el que existe la mayor intolerancia y cerrazón del colonizador de ayer y de hoy. Pocos son los autores que en nuestros días se han planteado la existencia de un complejo y profundo sistema de ideas del mundo y de la vida, que expliquen cabalmente la existencia del ser humano, la vinculación con la naturaleza, el cosmos y sus creaciones materiales, y fundamentalmente, el camino para encontrar la trascendencia espiritual de su existencia a partir de la conciencia.

 

“Me siento fuera de sentido,

lloro, me aflijo y pienso,

digo y recuerdo: Oh,

si nunca muriera,

Si nunca desapareciera...

¡Vaya yo donde no hay muerte,

donde se alcanza victoria

!Oh, si nunca yo muriera,

Si nunca desapareciera...”

(Ms. Cantares Mexicanos.)

 

Una filosofía que explique e integre en un todo congruente, el desarrollo humano a lo largo de siete mil quinientos años. Un planteamiento filosófico que interprete y vincule la creación material, (pirámides, estelas, esculturas, códices, cerámica, frescos, etc.), con los ritos, leyendas, ceremonias, mitos, poseía, tradiciones y costumbres, así como con la aspiración suprema de todo ser consciente, que se encuentra en el vértice superior de su civilización. Es decir, la trascendencia espiritual de la vida.

 

“¿A dónde iré?

¿A dónde iré?

El camino del Dios dual.

¿Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados?

¿Acaso en el interior del cielo?

¿O solamente aquí en la tierra es el lugar de los descarnados?

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

EL PROBLEMA ONTOLOGICO DEL SER.

 

Cuando un ser humano o un pueblo llegan a un estadio superior de conciencia, trata de responder al planteamiento otológico del Ser. “Quién soy yo, de dónde vengo y adónde voy”. Hurgar en el tiempo mítico para darse una respuesta convincente, que los afirme en el presente, que explique su devenir satisfactoriamente. Que defina su responsabilidad, su ser y su estar en un momento dado, su vinculación con la naturaleza, con el universo y con lo inconmensurable. Y como todos los pueblos, que escudriñe la realidad que existe más allá de la muerte.

 

“Sólo venimos a dormir,

sólo venimos a soñar:

¡No es verdad.

No es verdad que venimos a vivir a la tierra!

Como hierba en cada primavera

Nos vamos convirtiendo:

Están reverdeciendo, echa sus brotes,

Nuestro corazón.

Algunas flores producen nuestro cuerpo.

Y por allá queda marchito.”

(Ms. Cantares Mexicanos.)

 

De esta manera, los seres humanos crean la filosofía al dar respuesta a estas preguntas básicas de la existencia. Todos los pueblos del mundo, cuando han logrado satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia, inmediatamente buscan encontrar el significado de su existencia.

 

¿He de irme como las flores que perecieron?

¿Nada quedará de mi nombre?

¿Nada de mi fama aquí en la tierra?

¡Al menos mis flores, al menos mis cantos!

Aquí en la tierra es la región del momento fugaz.

¿También es así en el lugar donde de algún modo se vive?

¿Hay allá alegría, hay amistad?

¿O sólo aquí en la tierra hemos venido a conocer nuestro rostro?

(Ms. de Cantares Mexicanos)

 

Una vez que cuentan con un “Marco teórico básico” de ideas, los pueblos empiezan a buscar sus respuestas en el mundo cotidiano y crean “la cultura”, al darle significados a sus actos. Cada cultura está sustentada en un grupo de ideas, muy desarrolladas y complejas o poco desarrolladas y sencillas, pero que todas dan respuesta satisfactoriamente al problema ontológico.

 

“¿A dónde iremos?

Sólo a nacer venimos.

Qué allá es nuestra casa:

Donde es el lugar de los descarnados

Sufro: nunca llegó a mí alegría, dicha.

¿Aquí he venido sólo a obrar en vano?

No es ésta la región donde se hacen las cosas.

Ciertamente nada verdea aquí:

Abre sus flores de desdicha.”

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

En la historia de la humanidad todos los pueblos han elaborado un complejo sistema de ideas, que generalmente están profundamente vinculadas a la vida familiar y comunitaria. Por lo que comúnmente podemos encontrar las respuestas filosóficas de la vida, íntimamente entretejidas con su religión, su educación, sus tradiciones y sus costumbres. Solamente la cultura europea, que ha parcializado el conocimiento, ha hecho de la filosofía una “ciencia del pensamiento”, abstracta y “pura”, que siempre encuentra enormes dificultades para ser aplicada por el común del pueblo en la vida cotidiana. Esta es la razón, además de ser la cultura dominante, por la que los investigadores europeos y norteamericanos nieguen la existencia de una filosofía en el Anáhuac. Hasta la fecha “No han podido encontrar –ni encontrarán- en la historia antigua del Anáhuac”, una filosofía europeizada.

 

“¿Acaso allá somos verdaderos?

¿vivimos donde sólo hay tristeza?

¿Acaso es verdad, acaso no es verdad como dicen?

No se aflijan nuestros corazones.

¿Cuántos de cierto dicen que es verdad o qué no es verdad allí?

Tú sólo te muestras inexorable, dador de la vida. No se aflijan nuestros corazones.”

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

La falacia colonizadora, de ayer y de hoy, de que los Viejos Abuelos no tenían una filosofía, es parte del desprecio y desvalorización con el que han “estudiado” nuestra civilización madre y que hasta nuestros días desconocen verdaderamente a la civilización invadida. El primer punto fundamental para recuperar la –historia propia nuestra- indiscutiblemente es conocer la filosofía antigua, para entender el proceso de desarrollo humano de siete mil quinientos años en el Anáhuac. Comprender cómo nuestra cultura se ha “encubierto” para protegerse y sobrevivir a su destrucción estos cinco siglos.

 

“¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra sólo un poco aquí.

Aunque sea oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra, sólo un poco aquí”.

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

NIVELES FILOSÓFICOS

 

Es también importante visualizar que el máximo desarrollo de la filosofía del México antiguo se dio durante el Período Clásico (200 a. C. a 850 d. C). Lo que implica que los habitantes del Anáhuac habían pasado casi siete siglos de decadencia al momento de la invasión europea. Por lo que se desconoce mucho a aquella filosofía que se llevaron los toltecas. Lo poco que ahora tenemos fue lo que se mantuvo en la cultura y la educación durante el Período Postclásico. Fue lo que sobrevivió a las reformas ideológicas, filosóficas y religiosos que hicieron los mexicas ordenadas por Tlacaélel, y finalmente, fue a lo que salvaron los tlamatinimes de la implacable destrucción que realizaron los españoles. Incursionar en la recuperación de la filosofía del México antiguo, es la búsqueda de valores y principios que están presentes y fraccionados en casi todos los aspectos de su forma de entender la vida y el mundo, es una tarea ineludible para reconocer nuestro propio rostro.

 

Uno de los pilares de la colonización es, aceptar sin cuestionar que por decreto, “Todo lo antiguo es primitivo”. La visión occidental de la evolución de la humanidad es lineal. En esa visión, ellos se ponen a la cabeza y todo lo pasado resulta primitivo sin ningún cuestionamiento. El ser humano ha ido “progresando” de menos a más y los países del primer mundo, abanderan la evolución y el progreso de la humanidad. Sin embargo, esto es muy cuestionable y existen muchos conocimientos científicos modernos, que occidente a “encontrado” recientemente “en las civilizaciones del pasado”. El eterno retorno.

 

Creemos seriamente, sin entrar a elucubraciones fantásticas, que el conocimiento que tenían los Viejos Abuelos sobre la percepción de: la energía, del universo como un sistema de campos energéticos, del ser humano como un preceptor y generador de energía, así como de los fenómenos que emanan de su vibración, resultan casi totalmente desconocidos para “la ciencia oficial” de la cultura occidental. Por eso les resulta a los arqueólogos tan difícil explicar el uso “lógico occidental” de las llamadas “zonas arqueólogas”, del período Clásico, que por la prepotencia e ignorancia colonizadora las han tratado de convertir en “ciudades, palacios, fortalezas y centros ceremoniales”. Muy poco se sabe del período Clásico y los mínimos datos que se obtienen, son “interpretados” por los arqueólogos extranjeros y sus ayudantes mexicanos, en la concepción occidental de la “evolución”. Tratan de “calzar a fuerza” a una civilización totalmente diferente, que no han entendido en lo más mínimo en estos 500 años, y que la siguen comparando tercamente de acuerdo a los procesos de desarrollo de la cultura europea. Es decir, la evolución de la materia (piedra, bronce, hierro, acero), en el desarrollo tecnológico de las armas y en el grado de complejidad de los mercados y las relaciones comerciales y de producción.

 

Pero el pensamiento filosófico de los Viejos Abuelos del Anáhuac, aunque diferente, es parecido en su esencia a los de India y China. Los parecidos que hoy podemos observar en los pueblos de acuerdo a sus tradiciones, temperamentos, fiestas, usos, costumbres, comidas, vestidos, construcciones, nos confirman que la raíz de su concepción filosófica del mundo y de la vida, tiene muchas similitudes y en algunos casos, asombrosas semejanzas.

 

Como en todo pensamiento filosófico antiguo existían tres niveles de conocimiento. El más puro y sofisticado que manejaban los llamados hombres y mujeres de conocimiento, en lo que hoy conocemos como zonas arqueológicas y que debieron ser centros de investigación y de estudio, donde los niveles de la “filosofía del conocimiento” debieron alcanzar su máximo esplendor, mismo que, hasta el día de hoy desconocemos. El concepto filosófico de los toltecas tenía que ver, como hemos dicho ya, con los niveles de “percepción” de la energía.

 

El segundo nivel, que está representado en las maravillosas creaciones materiales, desde las pirámides hasta los códices. Donde de forma artística siempre está presente el pensamiento filosófico. Como ejemplo, podríamos mencionar el “quincunce” o la “cruz de Quetzalcóatl”.

 

Todas las plantas arquitectónicas, especialmente del Período Clásico, están compuestas de una serie de patios rodeados de cuatro habitaciones en sus cuatro lados que, siempre están rigurosamente orientados a los puntos cardinales, mantienen medidas proporcionales a la mecánica celeste y que encuentran un centro unificador o quinto punto en el centro del patio con una pequeña construcción como base de pirámide, estela o monolito esculpido.

 

El concepto dialéctico de los dos perfiles de serpiente que se convierten en un rostro humano y que, simbólicamente, humanizan la materia (serpiente). O los dos rostros de quetzal que se miran de perfil y que producen un tercer rostro con aspecto humano. El quetzal simboliza el cielo o el espíritu, y este símbolo nos habla de la necesidad de “humanizar la parte espiritual” del mundo y de la vida. La repetitiva imagen integrada por un felino (jaguar, puma, ocelote), un reptil (serpiente de cascabel) y un ave (águila, quetzal, búho), que forman un rostro humanizado. Las mismas grecas, los colores y los diseños que están presentes, lo mismo en códices, estelas, monolitos, cerámica, lienzos, madera y metal. Un universo de formas y diseños que implican un lenguaje filosófico, que hasta ahora, poco se conoce y casi no se ha decodificado, pero está ahí, esperando el momento revelador en el que los hijos de los hijos, tengamos la capacidad para entender o decodificar el mensaje.

 

El tercer nivel de con conocimiento filosófico esta explicito en la religión. Dentro de los mitos, ritos y las parábolas, siempre subyace un doble fondo filosófico y humanizador. Las antiguas religiones de la humanidad, contienen en su punto central, una clara estructura filosófica, que permite a los seres humanos comunes, resolver el problema ontológico del Ser, sin entrar a complejidades de carácter filosófico que, requieren mucho mayor grado de conocimiento y especialización. La filosofía como la religión permite al ser humano, en diferentes niveles, enfrentar el desafío de la trascendencia de la existencia.

 

Para penetrar al mundo filosófico del Anáhuac debemos de tomar en cuenta: Que los maestros toltecas, los creadores de “la tinta negra y roja”, desaparecieron literalmente en el llamado colapso del Período Clásico Superior. Que destruyendo piedra sobre piedra sus majestuosos centros de conocimiento ocultando sus saberes. Que los mexicas cien años antes de la llegada de los invasores europeos mandaron destruir todos los códices antiguos que habían logrado conservarse de la época clásica, donde se recordaba la historia y la sabiduría de los toltecas y la Toltecáyotl, creando su propia historia, donde los mexicas ocupaban el sitio preponderante, aunque se sabía que habían llegado al Valle del Anáhuac en el siglo XIII, con una escasa cultura, pues eran nómadas-cazadores. Finalmente, debemos de tomar en cuenta las reformas filosóficas-religiosas que realizó Tlacaelel, el Cihuacoátl más longevo de los mexicas. Estas reformas transgredieron totalmente las normas espirituales que quedaban de la enseñanza de Quetzalcóatl e impusieron a los pueblos sojuzgados la ideología mística, materialista, guerrera de su dios tribal llamado Huitzilopchtli.

 

“Cuando morimos.

No en verdad morimos,

Porque vivimos, resucitamos,

Seguimos viviendo, despertamos.

Esto nos hace felices.

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

FLOR Y CANTO.

 

La filosofía del Anáhuac, entendida como el conjunto de ideas que le dan significado a la vida. La podemos encontrar en dos formas, de una manera implícita y de una forma explícita. La primera la encontramos en el concepto de “Flor y canto”, entendida como -belleza y sabiduría-.

 

“No es verdad que vivimos,

no es verdad que duramosen la tierra.

¡Yo tengo que dejar las bellas flores,

tengo que ir en busca del sitio misterioso!

Pero por breve tiempo,

Hagamos nuestros los hermosos cantos.”

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

En efecto, la belleza del mundo interior y exterior del ser humano se basaba en el equilibrio. La búsqueda del equilibrio, personal, social, con la naturaleza y con el universo. Era la mayor aspiración y desafío de los Viejos Abuelos en la vida. Lo que es bello al espíritu es bello al mundo y, lo que es bello al mundo, es bello al espíritu. La metáfora de la belleza estaba consagrada en las flores. Los antiguos mexicanos veneraban las flores como símbolo de la belleza filosófica que deseaban alcanzar.

 

“Por esto en todos los órdenes de la cultura náhuatl hallamos siempre presente el arte: Comprendemos ahora que siendo la belleza, lo divino, y esto a su vez, lo verdadero, lo auténticamente enraizado, todo el pensamiento filosófico náhuatl giró alrededor de una concepción estética del universo y la vida. Conocer la verdad fue para los tlamatinime expresar con flores y cantos el sentido oculto de las cosas, tal como su propio corazón endiosado les permitía intuir.

 

Cultura y filosofía de metáforas, no aspiró a develar por completo el misterio, pero hizo sentir al hombre que lo bello es tal vez lo único real.” (Miguel León Portilla. 1956.)

 

En efecto, los cantos y las flores eran el símbolo de la sabiduría y la belleza que aspiraban los Viejos Abuelos en su pensamiento filosófico. Debemos de recordar que la misma divinidad suprema no tenía nombre y que se le llamaba a través diversas metáforas poéticas. De la misma forma, al entrar al mundo filosófico del pensamiento abstracto, las figuras metafóricas saturarán los espacios de la reflexión de los misterios de la vida. Las flores y los cantos ocupan un lugar relevante en la filosofía del Anáhuac.

 

“¿Yo quién soy? Volando me vivo,

cantor de flores,

Compongo cantares,

Mariposas de canto:¡broten de mi alma,

saboréelos mi corazón!”

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

Al leer -las traducciones fragmentadas- de los Manuscritos de los Cantares Mexicanos, no cabe la menor duda de que los Viejos Abuelos estructuraron parte de su filosofía (la que actualmente conocemos) a través de las metáforas poéticas. El problema ontológico del Ser está presente en cada uno de los poemas.

 

“Brotan las flores, están frescas, medran, abren su corola.

De su interior salen las flores del canto:

Tú, oh poeta, las derramas sobre los demás.”

(Ms. Cantares mexicanos)

 

Es el ser humano consciente, ante los dilemas universales del existir, del morir y del trascender. En efecto, el cantor clama a cada momento la angustia incierta de la razón de la vida y la trascendencia de la existencia a partir de su muerte. Filosofa poéticamente sobre la valides de esta vida y se pregunta sí en el lugar de los descarnados, se encuentra la verdad de la vida.

 

“¿Acaso de verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra,

Aunque sea oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,

no para siempre en la tierra aquí.

(Ms. Cantares Mexicanos)

 

Los antiguos mexicanos desde los más arcaicos tiempos, acaso cuando inventaron la agricultura, la milpa y el maíz. Comenzaron a crear todo el complejo y profundo sistema de pensamiento. Son cuatro mil quinientos años, desde la invención de la agricultura hasta la irrupción de la cultura olmeca entre Veracruz y Tabasco. Tiempo suficiente para crear y decantar las bases de su pensamiento filosófico.

 

La filosofía explícita del Anáhuac, de momento se encuentra oculta. Como las filosofías de las civilizaciones madres que a excepción de la India, para sobrevivir han tenido que mantenerse en absoluto y riguroso hermetismo. Pero además, en la mítica del Anáhuac se asegura “del regreso de Quetzalcóatl” y su sabiduría. También debemos de recordar que cuando Tlacaélel mandó destruir los códices antiguos, ordenó que “los más importantes” fueran guardados en secretas cuevas, por lo que no se ha perdido. De modo que el pensamiento filosófico “explícito” del Anáhuac está esperando su momento para ser difundido.

 

EL ORIGEN.

 

Los Viejos Abuelos, se debe recordar, por más culturas diferentes en tiempo y espacio, tienen una misma matriz filosófico-cultural. De modo que a la luz de la historia “recuperada” hasta el día de hoy, podemos decir que cada una de las culturas estudiadas, tiene una parte del conocimiento general. En algunos casos coinciden, en otros existen variantes, pero todas comparten la misma raíz. Por ejemplo, en la Leyenda de los Soles, existen variantes en cuanto al orden de los Soles, los alimentos que se produjeron y la transformación que sufrieron los seres humanos. Pero en general, entendemos que tienen todas las historias un origen y un significado común. El mito del origen y la creación del mundo es común en todas las culturas del mundo. Cada cultura tiene su propia concepción de la creación de la tierra y del ser humano, lo cual es indiscutiblemente un planteamiento filosófico. Si recurrimos al Popol Vuj, encontraremos una reveladora concepción de la creación:

 

“Al principio, todo estaba en suspenso, en calma y en silencio. Todo estaba sin movimiento porque toda la extensión del cielo estaba vacía. No había gente, animales, pájaros, peces, cangrejos, piedras, barrancos ni montañas; solamente el cielo estaba allí, sin nada. La tierra aún no existía y no había nada que pudiera hacer ruido. Todo estaba en silencio y solamente el mar estaba allí. Quieto en la obscuridad. Solamente los Creadores y Formadores, Tepew y Q´uk´umatz, estaban sobre las aguas, rodeados de luz y cubiertos con plumas verdes y azules. Ellos eran sabios y grandes pensadores, porque eran los ayudantes de Corazón del Cielo, que es el nombre de Dios. Entonces decidieron crear los árboles y los bejucos. Por voluntad de Corazón del Cielo, que también es llamado Juraqan, ellos crearon las plantas de la obscuridad y dieron vida al ser humano. (Víctor Montejo. 1999)

 

Pero también encontramos en el Chilam Balam de Chumayel otra variante maya de la creación. Seguramente, si pudiéramos tener los mitos de creación de todas las culturas del México antiguo, encontraríamos en su diversidad una matriz filosófica, que nos habla de un origen compartido.

 

“Dominus vobisculum decían todos cuando allí donde no había cielos ni tierras. Del abismo nació la tierra, cuando no había cielos ni tierra. El que es la Divinidad y el Poder, labró la gran Piedra de la Gracia, allí donde antiguamente no había cielo. Y allí nacieron Siete piedras sagradas, Siete Guerreros suspendidos en el espíritu del viento, siete llamas elegidas.Y se movieron. Y siete fueron sus gracias también, y siete sus santos.

 

Y sucedió que incontables gracias nacieron de una piedra de gracia. Y fue la inmensidad de las noches, allí donde antiguamente no había Dios, porque no había recibido a su Dios, que sólo por sí mismo estaba dentro de la Gracia, dentro de las tinieblas, allí donde no había cielos ni tierra.” (Chilam Balam de Chumayel)

 

La pregunta ontológica, de dónde venimos, cómo se creó el mundo, cómo se crearon los seres humanos, encuentra respuesta en los fragmentos que han podido sobrevivir al colapso del período Clásico, a la decadencia del Período Postclásico, a las transgresiones de los mexicas, a las equivocaciones e ignorancia de los escritos europeos del siglo XVI, al dolo de los investigadores norteamericanos del siglo XX, a lo que se ha podido encontrar o se ha dejado ver hasta ahora, y a la “Historia oficial”. Estos fragmentos, son como partes de un valioso rompecabezas, en donde la imagen total representa la esencia de nuestra civilización, es decir, su filosofía.

 

(Tomado del libro RAICES Y ESENCIA DEL MEXICO ANTIGUO. Guillermo Marín 2004)

 

 

 

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