AGUA QUEMADA. Atlachinolli

Esta es otra de las metáforas filosóficas más interesantes del Anáhuac. Su compleja estructura nos revela un pensamiento muy profundo y dialéctico.

Nuevamente estamos frente al drama cósmico de la lucha de los contrarios, El agua y el fuego. En efecto, el agua es el símbolo de la energía luminosa, como hemos apuntado con anterioridad.

Todo cuanto nos rodea está constituido de la energía luminosa, y el agua multiplica con la acción de la luz a través de la fotosíntesis, el mundo que nos rodea. Gracias al agua y la luz, el mundo se reproduce y llena de vida.

El fuego es la representación divina de la liberación del Espíritu de la materia. Con el fuego se purifica la materia y trasciende. Lo mismo en la gran hoguera en Teotihuacán, en donde se arrojaron los dioses para que el Quinto Sol tenga vida, como la hoguera en la que se arroja Quetzalcóatl cuando se va del Anáhuac.

La serpiente de fuego es el símbolo liberador por excelencia y el fuego también es el símbolo del sacrificio espiritual. De esta menara –Agua Quemada- representa filosóficamente la vida espiritual.

“Este principio espiritual es tan básico que le fue dedicado el Templo Mayor de Tenochtitlán: la circunstancia de que el dios de las lluvias y el del fuego celeste hayan sido colocados uno al lado del otro, en la cima de la misma pirámide, no puede seriamente interpretarse de otra manera. Sabiendo, además, que el templo fue construido sobre el emplazamiento de la fuente donde brotaban las aguas azules y rojas, se hace patente que las  divinidades que lo regían simbolizaban la fórmula mítica del agua quemada” (Laurette Séjourné. 1957).

El concepto de “agua quemada” implica la lucha de contrarios, fuego y agua, que trasciende en un tercero, diferente a los dos que le crearon. De esta manera el encuentro en equilibrio del agua y el fuego, produce el vapor, que se eleva y se desprende simbólicamente de esta realidad material.

Agua Quemada simboliza lucha interna de los opuestos complementarios, igual que la Batalla Florida. Pero de una manera más universal y cósmica. No así la Batalla Florida, que es una acción íntima y personal de cada guerrero, que tiene que ver con su “micro universo”, en donde la inercia de la materia conduce a la destrucción o corrupción del ser humano, en la medida que no pueda vencer los elementos que lo degradan o corrompen.