¿Quiénes son los indígenas?

Quienes son los indigenas - ensayoEn la década de los años ochenta, cuando Guillermo Bonfil escribía el México profundo, no existían (oficialmente) “los indios” en este país. El Estado mexicano había alcanzado (según ellos), la unificación cultural del país de menara completa y solo existían “los mexicanos”, unidos por una misma “cultura e identidad nacional”. La insurrección del EZLN en 1994 destruyó el dogma oficial y aparecieron de nuevo “los indios”, como en 1810 en El Bajío, armados e insurrectos, beligerantes e “igualados”, horrorizando a los “coletos”, no solo de Chiapas, sino de todo el país, porque no solo se les movió el suelo, sino el tiempo a los criollos dueños de “este país”.

Pero desde los finales de la década de los años sesentas, “la indianidad chamanica” abría espacios en “las mentes abiertas” de E.U. y Europa. La obra de Carlos Castaneda abrió un espacio negado por cinco siglos de colonización a los indígenas, resultó que los indios ¡si pensaban! y hasta maestros resultaron. La literatura y la intelectualidad cayeron a los pies de “Las enseñanzas de don Juan”, el chamán que le enseñó los misterios de la toltequidad a un antropólogo que, de investigador de los saberes comunitarios de los indios y sus plantas de poder, terminó como aprendiz de brujo. En el México criollo neocolonial, la obra de las enseñanzas de un indio yaqui fueron rechazadas por la intelectualidad y ante el éxito mundial, el FCE se vio forzado a publicar el primer libro seis años después y con el prólogo de Octavio Paz, “certificando” la calidad de su contenido. Tenía que ser el gurú de la cultura eurocéntrica el que tenía que dar “el visto bueno”, para poder superar la colonización mental y empezar a leer lo que en el mundo años atrás era ya un best seller.

Recuerdo que cuando le pedí a Guillermo Bonfil me hiciera el prólogo para mi libro “Para leer a Carlos Castaneda”, me respondió, casi asustado, “tocayo, pídeme lo que sea, menos escribir sobre Castaneda”. Tan contrariado lo vi, que no insistí, aunque ahora veo que fue un error de mi parte.

 

De alguna manera y sin que nadie “se desgarre las vestiduras”, la obra de Castaneda y el EZLN, ubicaron a “los indígenas y sus culturas” en un lugar que no habían tenido en los tres siglos de colonización y los dos últimos de neocolonización entre los mestizos desculturizados y los criollos eurocéntricos. Esta situación cobró “intensidad” ante el fracaso evidente del proyecto modernizador que para finales del siglo XX, era notorio su derrumbe por insostenible y deshumanizado.

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