“Me la pelas”: Sacal Smeke o el lenguaje de los poderosos

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El lamentable suceso que protagonizó el Sr. Miguel Sacal Smeke con un humilde trabajador que prestaba sus servicios en el lujoso condominio en Las Lomas, no es un hecho aislado, -ni de este energúmeno, porque al parecer es su forma de vida en el país que le ha dado todo lo que tiene-, ni de mucha gente que ostenta el poder económico y político.

 

Esta clase de conductas, por desgracia, es la forma de relación de los llamados “mexicanos”, que responde a un país de añeja estructura colonial y con relaciones sociales, políticas, económicas y culturales eminentemente coloniales, es decir, de “vencedores y vencidos”, de encomenderos y encomendados, de caciques de horca y cuchillo, de hacendados y peones acasillados, de magnates y obreros, de funcionarios y ciudadanos. Lo que hoy llamamos “México” sigue siendo una Colonia del siglo XVI, solo que hipócritamente disfrazada una democracia bananera.

Mucha vergüenza le debe dar a la comunidad judía que vive en México el reiterado comportamiento de su paisano. Aunque esta comunidad es muy pequeña, es sumamente poderosa económica y políticamente, en sus empresas laboran el 25% de los trabajadores que cotizan en el IMSS. Pero la bajeza humana de este nefasto personaje no proviene de “ser judío”, ni siquiera de ser un hombre poderoso económicamente, porque existen judíos poderosos que son gente humana y generosa. Lo que viene haciendo, al parecer de manera cotidiana este señor, es una forma muy común de relación entre “los patanes que tiene el poder” y la gente humilde que no lo tienen. Actualmente Sacal Smeke tiene cuatro demandas, dos de ellas en la JLCA por maltrato y despido de dos de sus trabajadores.

 

En efecto, por vivir en una sociedad colonial las relaciones y conflictos se dan en el avasallamiento y la denigración, entre “vencedores y vencidos”, entre “chingones y chingados”. Casualmente los vencidos y los chingados son -por lo general-, los descendientes de la civilización del Anáhuac, los “morenitos”. Pero el punto no es tan sencillo ni maniqueo. El problema es mucho más profundo y se remonta al inicio de la formación de los procesos de relaciones en la sociedad  en la Conquista y la Colonia. Los explotadores que han llegado de fuera, desde Hernán Cortés hasta Carlos Slim han negado y tratado a toda costa de destruir no solo la civilización Madre, sino desposeer de la calidad de seres humanos a los invadidos-vencidos, y en ello se han empeñado en crear “una cultura” y una forma de ver y tratar “al otro”.

 

El lenguaje de Sacal Smeke, además de ser vulgar y bajo, es fundamentalmente racista y clasista, de ahí su gravedad. Tiene como objetivo no solo denigrar al adversario, sino reducirlo a la nada a través de ostentar su superioridad y su poder económico. En esta clase de lenguaje no existe ni ley ni dios, el “otro” pierde su calidad de ser humano y es reducido a la nada: “Te aviso, me la pelas. Tú a mi me la pelas. Yo te escupo y te mando a chingar a tu madre. Te quieres meter conmigo, vas a perder. No sabes con quien te metes pinche gato. Pinches indios. Pago 30 mil pesos para que estos gatos hagan lo que les pido. Me lo estoy madreando para que veas que no hacen lo que les pido.” Este lenguaje desnuda lo que el Sr. Sacal Smeke trae adentro de sus entrañas.

 

Pero estos lamentables hechos y su lenguaje son en general, la forma en que se resuelven las disputas y fricciones en nuestro país. Bástenos recordar al “gober precioso” hablando con Kamel Nacif, otro poderoso industrial libanes o simplemente, escuchar en la calle, o Carlos Talavera hablando de las mujeres indígenas: “huele impresionantemente feo, pero pues pobrecillas: no es lo suyo la higiene”, o el típico “pinche naco jodido” de Miguel Gómez Mont a la familia de Cuauhtémoc Blanco, no solo a “las ladies de Polanco” con su famoso “pinche asalariado de mierda”, el mismo discurso, pero ahora pronunciado por mujeres, sino en cualquier riña entre “masehuales”, “hijos de la conasupo, nacos, indios o como dijera la hija de Peña Nieto “la bola de pendejos que forman parte de la prole”. En efecto, en México entre iguales, sea de la misma clase económica, nivel de estudios o fenotipo, el “pinche indio” es la más grave denigración racial y cultural que se pueda expresar. Ser perteneciente a la cultura original de este país representa una afrenta devastadora para un ¡mexicano! Increíble y totalmente esquizofrénico.

 

Y ese es el punto, amable lector, esta forma que tenemos de insultarnos se sustenta en un cáncer producido por el cinco centenario Sistema Colonial en el que vivimos y no queremos reconocerlo. Que antes no existieran cámaras de seguridad y pequeñas videocámaras al alcance de cualquiera, con las que se puede gravar estas lamentables y cotidianas escenas, no quiere decir que “hasta ahora se descubren” este cáncer en nuestra sociedad. El problema profundo es que por el Sistema Colonial TODOS EN MÉXICO, con un poquito de poder o con la presunción de tenerlo, inmediatamente tratan al adversario en la misma forma que el Sr. Sacal Smeke. La diferencia es que este personaje, además de cobarde y abusivo, porque se rodea de guaruras para cometer sus agresiones sobre empleados indefensos y temerosos de perder su trabajo, la gente común y corriente después de una “mentada de madre” y su consiguiente “pinche indio” se va a los golpes sin guaruras de “apoyo”.

 

El punto de esta reflexión, es que vivimos una sociedad de “vencedores y vencidos”, una sociedad en la que el poder económico y político le permiten a cualquiera trasgredir la ley, denigrar al prójimo, quitarle la calidad de ser humano, reducirlo a la nada y golpearlo. Con dinero e impunidad en México cualquiera puede hacer lo que se le da la gana, desde el Presidente de la República que puede declarar una guerra con 50 mil muertos, porque “se la pelamos” desde la silla presidencial. Uno gobernador puede mandar a asesinar descaradamente y robar como Ulises Ruiz, o robar a través de fraudes al propio Gobierno Federal como Humberto Moreira, o una lideresa gansteril como Elba Ester Gordillo que pude apropiarse del mayor sindicato de América Latina y poseer una parte del poder de la nación, o una familia puede tener como un negocio familiar y privado un partido político como Jorge González Torres, o un duopolio pude tener el control de la televisión comercial, hasta asesinar, secuestrar, robar, defraudar, porque en este país el 95% de los delitos quedan impunes. El punto es que el que tiene el poder, el dinero o un arma en la mano, como sentencia el Sr. Sacal Smeke “Tú a mi me la pelas. Te quieres meter conmigo, vas a perder. No sabes con quien te metes pinche gato.”

 

Y esto es la realidad en nuestro país. Un puñado de familias tiene casi todo el poder económico y por ende, político de México y el 90% de la población “se las pelamos” a estos encomenderos y virreyes del dinero y la política. México es un país de monopolios y encomiendas. El desprecio que tienen los poderosos en México por los pobres, los “indios”, los “gatos” y la prole es descomunal: 52 millones de pobres, 11 millones de expulsados a E.U., 25 millones con carencias de alimentación, 7% de analfabetas y 73% de analfabetos funcionales, 6% de la población desempleada y 28% trabaja en la informalidad sin prestaciones y servicios de salud, 4.1 % de aumento al salario mínimo para 2012 lo que representa $ 2.31 de aumento, aumentos permanentes de gasolina, energía eléctrica y gas, 7 millones de diabéticos y cada día se suman 477 más. Sin embargo, la otra cara de la moneda nos dice que los poderosos cada día tienen más dinero, compran más, viajan más, sacan cantidades increíbles de dólares al extranjero. Es increíble que unos pocos tenga casi todo y la mayoría casi no tenga nada.

 

Como dice Sacal Smeke, dice la realidad nacional: “Yo te escupo y te mando a chingar a tu madre. Pinches indios