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Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de Sahagún* Alfredo López Austin**

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Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de Sahagún* Alfredo López Austin**
**Mexicano. Doctor en historia por la UNAM. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de misma universidad. De sus publicaciones pueden mencionarse Cuerpo humano e ideología, Los mitos del tlacuache, Breve historia de la tradición religiosa mesoamericana, y El pasado indígena, este último en colaboración con Leonardo López Luján.

INTRODUCCIÓN

Se ha afirmado, con mucha justicia, que Sahagún siguió en su época el más riguroso y exigente método para el estudio de la cultura del pueblo náhuatl.1 Él mismo, al describir los pasos que le permitieron obtener el rico material que alcanzaría su más plena realización en la Historia general de las cosas de Nueva España y en el paralelo manuscrito en lengua náhuatl que se incluye en el Códice florentino, menciona como punto de partida una minuta en castellano, "memoria de todas las materias de que había de tratar",2 documento que, de haberse conservado hasta nuestros días, permitiría fijar con toda precisión el valor de cada uno de los libros del franciscano. De ahí podría partirse para determinar el grado de aportación de los informantes indígenas en la obra, no sólo con el fin de atribuir a uno o a otros la gloria del resultado de la empresa, sino con el de proporcionar al historiador que recurriera a tan importante fuente, elementos de juicio que le permitieran valorar con propiedad el acervo de información que ella contiene. Abundan, pese a la falta de la minuta, valiosas y contradictorias opiniones acerca de la actuación del franciscano por una parte y la de los informantes por la otra;3 pero es indispensable penetrar en los textos, tratar de reconstruir el método que siguió Sahagún, para fincar hitos más seguros en la investigación del problema.



Pretende el presente trabajo averiguar, en lo posible, el origen y el contenido de los cuestionarios de que se valió Sahagún y la manera en que los informantes le respondieron. Con justicia puede impugnarse esta pretensión si se aduce la necesidad de contar previamente con la traducción íntegra de los documentos en lengua náhuatl; pero puede también contestarse que el creciente uso de los textos que día a día se van traduciendo hace necesario un trabajo de esta naturaleza, pese a su carácter puramente provisional. Vendrá indudablemente el tiempo en que los cuestionarios puedan ser reconstruidos con más detalle; pero alguna utilidad tendrá, mientras tanto, este acercamiento.



LOS PROPÓSITOS DE SAHAGÚN

La investigación se hace, al decir del propio autor, con la mira fundamental de crear un instrumento apropiado para la predicación en la Nueva España de la doctrina cristiana, y para su debida conservación entre los naturales:

a mí me fue mandado por santa obediencia de mi prelado mayor que escribiese en lengua mexicana lo que me pareciese ser útil para la doctrina, cultura y manutencia de la cristiandad de estos naturales de esta Nueva España, y para ayuda de los obreros y ministros que los doctrinan.4

E, independientemente de que inició la investigación mucho antes de que recibiese la orden del provincial,5 sus motivos parecen de lleno encaminados al fin que él mismo señala. Escogió como particulares propósitos de su obra el conocimiento de la religión antigua, para evitar el retorno a la idolatría;6 el registro de un vocabulario extensísimo de la lengua náhuatl que sirviese para la predicación, y la descripción de las antiguas costumbres para corregir la falsa opinión de que los indígenas poseían un bajo grado cultural antes de la llegada los españoles.7

El propósito particular primero lo expresa Sahagún en el prólogo de su Historia general:

El médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo [sin] que primero conozca de qué humor, y de qué causa proceda la enfermedad; de manera que el buen médico conviene sea docto en el conocimiento de las medicinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medicina contraria [y porque] los predicadores y confesores médicos son de las ánimas, para curar las enfermedades espirituales conviene [que] tengan experiencia de las medicinas y de las enfermedades espirituales: el predicador, de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina; y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dijesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para ejercitar sus oficios; ni conviene se descuiden los ministros de esta conversión, con decir que entre esta gente no hay más pecados que borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves y que tienen gran necesidad de remedio: los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aún perdidos del todo.

Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto, en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos; y dicen algunos, excusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen ?que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se los preguntar, ni aun lo entenderían aunque se los digan?. Pues porque los ministros de los Evangelios que sucederán a los que primero vinieron, en la cultura de esta nueva viña del Señor, no tengan ocasión de quejarse de los primeros, por haber dejado a oscuras las cosas de estos naturales de esta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún [...] escribí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales de esta Nueva España.8

Un poco más abajo menciona el propósito de obtener de sus libros el vocabulario suficiente para hacer un calepino, recogiendo textos previamente y dando cuerpo a obras que no existían en un pueblo sin escritura fonética:

Cuando esta obra se comenzó, comenzose a decir de los que lo supieron que se hacía un calepino, y aún ahora no cesan muchos de preguntarme que ¿en qué términos anda el calepino? Ciertamente fuera harto provechoso hacer una obra tan útil para los que quieren aprender esta lengua mexicana, como Ambrosio Calepino la hizo para los que quieren aprender la lengua latina, y la significación de sus vocablos; pero ciertamente no ha habido oportunidad, porque Calepino sacó los vocablos y las significaciones de ellos, y sus equivocaciones y metáforas, de la lección de los poetas y oradores y de los otros autores de la lengua latina, autorizando todo lo que se dice con los dichos de los autores, el cual fundamento me ha faltado a mí, por no haber letras ni escritura entre esta gente; para [que] quien quisiere con facilidad le pueda hacer, porque por mi industria se han escrito doce libros de lenguaje propio y natural de esta lengua mexicana, donde allende de ser muy gustosa y provechosa escritura, hallarse han también en ella todas maneras de hablar, y todos los vocablos que esta lengua usa, tan bien autorizados y ciertos como los que escribió Virgilio, y Cicerón, y los demás autores de la lengua latina.9

Pero Sahagún no menciona ?los motivos de su silencio son obvios? las miras que los franciscanos tenían para la implantación firme del cristianismo en la Nueva España, y que necesariamente influyeron en los objetivos de su obra. No es lugar aquí para entrar en detalles acerca de la utopía político-religiosa de los franciscanos;10 sin embargo, es posible hacer una brevísima referencia a las ideas particulares del franciscano que, aunque no se atreve a decir, como Acosta, que el triunfo de la Iglesia en el Nuevo Mundo "será el reino no para los de España o para los de Europa, sino para Cristo Nuestro Señor",11 sí justifica la implantación en la Nueva España de un gobierno muy distinto al español. Nos dice el franciscano que el clima y las constelaciones de esta tierra hacen a los hombres ?naturales o extranjeros? inclinarse al ocio y a la sensualidad; los naturales impidieron en su gentilidad esta influencia con ejercicios contrarios, con férrea disciplina, que se perdieron al implantarse las suaves costumbres europeas. Era indispensable recoger y registrar los testimonios de la vieja vida, separar a los jóvenes indios tanto de sus padres ?y con ello de la idolatría? como de los españoles ?y con ello de la corrupción? para iniciarlos en una vida verdaderamente cristiana, y luego, suprimiendo de las normas y prácticas prehispánicas todo lo que de idolátrico tenían, reimplantarlas en beneficio de Cristo.12 La tierra que el infiel y el hereje habían apartado de la Iglesia se reponía en Nueva España, cuyos hombres tenían la suficiente capacidad ?y así lo demostraba Sahagún en su obra?para iniciar aquí la República de Cristo. Por ello puede comparar a los nahuas con los clásicos.13

La obra de Sahagún, como ya antes lo han indicado,14 no podía ser fruto de una inquietud meramente académica. Ni la época lo permitía ni la activa vida dedicada a la evangelización daba tiempo a Sahagún para ello. Pero, ¿y su calepino? Tampoco fue fruto de un estudio desinteresado.15 Cierto es que en esa época la lengua náhuatl que se registraba sólo la conocían fray Alonso de Molina, el propio Sahagún y los viejos nacidos antes de la llegada de los blancos16 ?aunque no quedaban muy a la zaga Olmos y Motolinía?; pero había de registrarse porque era el vehículo para penetrar en la mentalidad indígena17 y porque sería la lengua, elegante y culta, que volvería a enseñarse a los jóvenes nahuas cuando fuera establecida la República de Cristo.

No se realizaron los sueños franciscanos. La obra de Sahagún perdió con ello mucho de su original sentido. Queda ahora sirviendo a otros fines muy diversos, no menos nobles, sosteniéndose en la firmeza de un método extraordinario.



EL MÉTODO DE SAHAGÚN

El propio Sahagún nos proporciona la información pertinente acerca de los pasos seguidos para la recolección del material de su obra.18 Una vez preparada la minuta, que debe entenderse en este caso sólo el proyecto inicial y no el cuestionario desarrollado, pidió en el pueblo acolhua de Tepepulco que le fueran proporcionados los servicios de personas conocedoras de la antigüedad indígena:

En el dicho pueblo hice juntar todos los principales con el señor del pueblo, que se llamaba don Diego de Mendoza, hombre anciano, de gran marco y habilidad, muy experimentado en todas las cosas curiales, bélicas y políticas y aún idolátricas. Habiéndonos juntado propúseles lo que pretendía hacer y les pedí me diesen personas hábiles y experimentadas, con quien pudiese platicar y me supiesen dar razón de lo que les preguntase. Ellos me respondieron que se hablarían acerca de lo propuesto, y que otro día me responderían, y así se despidieron de mí. Otro día vinieron el señor con los principales, y hecho un muy solemne parlamento, como ellos entonces lo usaban hacer, señaláronme hasta diez o doce principales ancianos, y dijéronme que con aquellos podía comunicar y que ellos me darían razón de todo lo que les preguntase. Estaban también allí hasta cuatro latinos, a los cuales yo pocos años antes había enseñado la gramática en el Colegio de Santa Cruz en el Tlatelolco.

Con estos principales y gramáticos, también principales, platiqué muchos días, cerca de dos años, siguiendo la orden de la minuta que yo tenía hecha.19

Tenemos un investigador que reúne a un conocimiento profundo de la lengua el carácter idóneo para entrar en contacto con los informantes ?"manso, humilde, pobre, y en su conversación avisado, y afable a todos"?;20 un pueblo de importancia cultural, regido por un yerno del famoso Ixtlilxóchitl el segundo, señor de Tezcoco;21 diez o doce ancianos cultos, dispuestos a servir de informantes, y cuatro jóvenes que habían bebido de ambas culturas, dispuestos a servir de intermediarios en la información.22 Falta enunciar un elemento más, los códices pictográficos que sirvieron de base a la información. "Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquélla era la escritura que ellos antiguamente usaban: los gramáticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la pintura."23

Y más abajo:

Esta gente no tenía letras, ni caracteres algunos, ni sabían leer ni escribir; comunicábanse por imágenes y pinturas, y todas las antiguallas suyas y libros que tenían de ellas estaban pintados con figuras e imágenes, de tal manera que sabían y tenían memoria de las cosas que sus antepasados habían hecho y habían dejado en sus anales, por más de mil años atrás, antes que viniesen los españoles a esta tierra.

De estos libros y escrituras los más de ellos se quemaron al tiempo que se destruyeron las otras idolatrías, pero no dejaron de quedar muchas escondidas que las hemos visto, y aún ahora se guardan, por donde hemos entendido sus antiguallas.24

O sea que el franciscano obtuvo una información derivada directamente de los códices pictográficos y, aun más, se valió de ese sistema para registrar la información obtenida y, como más adelante se verá, para interrogar a los ancianos nahuas.

La obra de Tepepulco, esquemática si se compara con la posterior, fue la base que le permitió obtener mayores informes de los mexicanos, entre los que fue a vivir en 1560.

Cuando el capítulo donde cumplió su hebdómada el padre fray Francisco Toral, el cual me impuso esta carga, me mudaron de Tepepulco, llevando todas mis escrituras fui a morar a Santiago del Tlatelolco, donde juntando [a] los principales les propuse el negocio de mis escrituras y les demandé me señalasen algunos principales hábiles, con quien examinase y platicase las escrituras que de Tepepulco traía escritas. El gobernador con los alcaldes, me señalaron hasta ocho o diez principales, escogidos entre todos, muy hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas, con los cuales y con cuatro o cinco colegiales todos trilingües, por espacio de un año y algo más, encerrados en el Colegio, se enmendó, declaró y añadió todo lo que de Tepepulco truje escrito, y todo se tornó a escribir de nuevo, de ruin letra porque se escribió con mucha prisa [...]

Habiendo hecho lo dicho en el Tlatelolco, vine a morar a San Francisco de México con todas mis escrituras, donde por espacio de tres años pasé y repasé a mis solas estas mis escrituras, y las torné a enmendar y las dividí por libros, en doce libros, y cada libro por capítulos y algunos libros por capítulos y párrafos [...] y los mexicanos añadieron enmendaron muchas cosas a los doce libros, cuando se iban sacando en blanco, de manera que el primer cedazo por donde mis obras cirnieron fueron los de Tepepulco; el segundo los de Tlatelolco; el tercero los de México, y en todos estos escrutinios hubo gramáticos colegiales.25

Cuatro son las etapas que por documentos se conocen actualmente del trabajo mencionado: hay un escrito breve, esquemático, que bien puede identificarse como la información recibida en Tepepulco y al que Del Paso y Troncoso bautizó con el nombre de Primeros memoriales; hay un extenso manuscrito, después dividido en dos partes que han recibido los nombres de Códice matritense de la Real Academia de la Historia, y Códice matritense del Real Palacio, obra que, como atinadamente informa Ramírez,26 pudo haber sido originalmente una copia limpia, aunque de varias letras, que después fue convertida en borrador; hay un bello y extenso manuscrito bilingüe, conocido actualmente como Códice florentino, posterior a los llamados Matritenses, que tiene en la columna náhuatl el texto que Sahagún debió de haber considerado definitivo27 y en la castellana la redacción ?que no es traducción literal? de la Historia general de las cosas de Nueva España y, por último, existen entre las fojas del Matritense, los trozos conocidos como Memoriales con escolios en los que Sahagún tradujo, palabra por palabra, con amplias explicaciones, el texto náhuatl, base tampoco concluida de aquel calepino que no pudo llegar a formarse. De los tres primeros, que son los que importan en este trabajo, puede decirse que marcan las etapas de Tepepulco el primero, de Mexico-Tlatelolco y Mexico-Tenochtitlan el segundo, ya que en esta última ciudad se pasó en limpio la información tlatelolca, y de traslado con versión al castellano el tercero, trabajo realizado seguramente en Tlatelolco. Comparando los dos postreros se puede ver que la diferencia no es tan grande como se ha pretendido. En el Códice florentino Sahagún dio a su obra las divisiones definitivas por libros, capítulos y párrafos: agregaron los gramáticos los encabezados particulares, en lengua náhuatl; pulieron, y esto no ha de creerse que en demasía, la lengua; algo omitieron por error o equivocaron en la grafía; añadieron bellas ilustraciones, aunque de marcada influencia europea. Pero, para los fines de la investigación del método, puede decirse que ambos códices constituyen una unidad.

Pueden, por tanto, considerarse dos etapas fundamentales de la investigación del franciscano: la inicial de Tepepulco, que da como resultado la información contenida en los Primeros memoriales, y la investigación de Tlatelolco, de la que resultan los Códices matritenses y el Códice florentino. Ya más adelante se verán las diferencias más notables entre el primero y el segundo contacto de Sahagún con los informantes indígenas.

El resultado es una obra de indiscutible valor, en la que se nota una variación constante en el plan original, pues parece que ni siquiera estuvo en él la pretensión de crear un libro en castellano;28 de muy diferente conformación, que dependió de las circunstancias particulares de la temática, de la formación de los cuestionarios y de la voluntad de los viejos indígenas; de contradicciones en el texto, derivadas de la diferencia de informantes, y en la Historia general aun de frecuencia errores del franciscano que, pese a su conocimiento de la lengua, interpretó mal algunos pasajes.29 Todo esto en beneficio del concepto que de la obra pueda formarse en relación a la autenticidad de su contenido. Es una enciclopedia del pueblo náhuatl proyectada y dirigida por fray Bernardino de Sahagún y formada con el material aportado por los viejos indígenas que vivieron con plenitud en el mundo anterior a la conquista.

Una vez expuesto con palabras del propio autor el proceso seguido y señaladas las dos etapas principales de su desarrollo, surge la cuestión de la originalidad del método. Pese a que Chavero asegura que ningún historiador lo puso antes en práctica,30 se sabe que ya Olmos había iniciado la recolección de los huehuetlatolli o discursos antiguos y que éste y Ramírez de Fuenleal habían utilizado los códices pictográficos como base para la obtención de la información, pasos que siguieron, entre otros, Tovar, Durán, Alva Ixtlilxóchitl y Alvarado Te-zozómoc.31 Hay, además, la sospecha de que Olmos obtuvo por el método de preguntas la información que dio base a su obra, y no sería remoto que Durán lo hubiera hecho en igual forma. Creo que el problema de la originalidad es secundario. La gloria de Sahagún está en los resultados de su esfuerzo. El método surgió del contacto de las culturas. El hombre náhuatl, al ser interrogado; ya fuese acerca de la historia de su pueblo, de sus antiguas costumbres o aun de sus pecados en el momento de la confesión, llevó con un sentimiento muy peculiar de autenticación de su dicho el documento pictográfico que era al mismo tiempo mnemotécnico y justificante. Fue ésta la base de sus informes, todos ellos en lengua náhuatl, que podían ser vertidos de inmediato por los traductores o consignados provisionalmente en las palabras textuales cuando se adaptó el sistema de escritura latina al idioma indígena. Fue de interés también, desde el primer momento, consignar los cantos de la antigua religión para pretender formar con esta base los nuevos y registrar los huehuetlatolli con todo el valioso contenido de la vieja moral. Esto hizo indiscutiblemente preferible el sistema de escritura textual al de utilización de traductor simultáneo, cuando menos para los frailes que conocían la lengua, y de esto a la formulación de cuestionarios ya no existía sino un breve paso.



EL PLAN GENERAL DE LA OBRA

Se han señalado como antecedentes y posible inspiradoras de la obra de Sahagún la Arqueología de Flavio Josefo, la Historia de los animales y Las partes de los animales de Aristóteles, las obras de Alberto de Colonia y, sobre todo, la Historia natural de Plinio32 y De proprietatibus rerum del franciscano Bartolomé de Glanville.33 De todas pudo haber tenido conocimiento Sahagún, tanto en la Nueva España como en su vida de estudiante en Salamanca, y todas son ejemplos de una línea continua y evolutiva del pensamiento humano, que parte de los sistemáticos estudios griegos acerca de los animales, pasa por las historias naturales latinas y llega al Nuevo Mundo ya en su forma de enciclopedias medievales que incluyen por riguroso orden jerárquico a todos los seres, partiendo de la Trinidad para ir a terminar en las formas minerales.

Pese a las continuas variaciones del plan del franciscano, en todas ellas estuvo presente una jerarquía escolástica y medieval, adaptada, claro está, a la religión y a las costumbres de los antiguos habitantes de la Nueva España. En la tabla de los sucesivos ordenamientos de la Historia general que nos proporciona Jiménez Moreno34 podemos ver que en los Primeros memoriales partió Sahagún de los dioses, siguió con el cielo y el infierno, luego con el señorío y concluyó con las cosas humanas. Ya en los Códices matritenses se agrega en cuarto lugar el libro de las cosas naturales. En los planes de Mexico-Tenochtitlan se incluyen el libro de la retórica y filosofía moral y el de la conquista. Hasta los Códices matritenses la jerarquía es estricta; ya en la definitiva presentación de la obra Sahagún introdujo modificaciones que pueden hacer dudar a quien no conozca los planes anteriores del orden jerárquico que rigió la distribución de materias. El libro correspondiente a los dioses fue dividido en un tratado de los dioses, una relación de las fiestas religiosas y una descripción de los lugares a los que los nahuas afirmaban que iban los hombres después de la muerte. Es, en resumen, un estudio de la divinidad, de la relación divinidad-hombre como adoración y de la relación divinidad-hombre como castigo y recompensa, cuando menos esto último en la visión cristiana. El último de estos tres libros fue posteriormente modificado por razones que abajo se mencionan; pero todavía en el prólogo de la Historia general Sahagún dice que tratará el tercero "de la inmortalidad del ánima y de los lugares donde decían que iban las almas desde que salían de los cuerpos, y de los sufragios y obsequias que hacían por los muertos".35

Vienen después los libros del cielo, que lógicamente deberían contener el cielo en su naturaleza de ente relacionado con la intimidad anímica del hombre ?la astrología judiciaria? y el cielo como ente físico ?la astrología natural?. Entre estos dos temas, que constituyen sendos libros, se intercaló primero otro que trata de los agüeros y pronósticos, en algún modo ligado ?al ver de Sahagún? con el tema de la astrología judiciaria, y después el de la retórica, filosofía moral y teología, que se supone muy anterior en su elaboración, pero que no fue incluido en el plan original como parte del cuerpo de la obra. Tras un titubeo, juzgó Sahagún pertinente colocar en el sexto lugar de su libros este tratado. La razón que tuvo no es muy clara; tal vez consideró que antes de tratar del conocimiento que los nahuas tuvieron del cielo como ente físico debiera situarse el que tenían de la filosofía y la teología, expresado por medio de la retórica.

A las cosas del cielo siguen las humanas. Primero y por orden jerárquico, las divisiones sociales, partiendo de los señores, siguiendo por los mercaderes y oficiales para concluir con los vicios y virtudes de todos los hombres; segundo, el hombre como ente físico, con las partes del cuerpo humano y las enfermedades y sus remedios; tercero, el hombre como integrante de grupos nacionales.

El siguiente lugar, que ocupa el décimoprimer libro, es el de los animales, las plantas y los minerales, en este orden definitivo en el Códice florentino. Aquí concluye propiamente la enciclopedia del franciscano. Pero así como existía con independencia un tratado de retórica que fue necesario intercalar como libro sexto, Sahagún poseyó una valiosa historia de la conquista relatada por los vencidos. Optó por incluirla simplemente al final, por lo que no deja de ser, en la concepción general, un mero agregado que, a no ser por su valor, pudiera considerarse excedente.



LOS CUESTIONARIOS DE SAHAGÚN

Los tres propósitos particulares de Sahagún ?conocer la religión antigua, crear o motivar textos de los que pudiera obtenerse un rico vocabulario y registrar los grandes logros culturales de los nahuas? determinaron en gran parte el método seguido en cada uno de sus libros, que es muy variable. En algunas ocasiones parece que tuvo presente tan sólo el lingüístico, y aun en este caso llegó a exigir vocabulario con preguntas constantes o permitió la exposición de oraciones y discursos, dejando en plena libertad a los informantes. Fue consciente de que el material obtenido con el primer sistema era valioso a veces sólo para la formación de su proyectado calepino, y excluyó toda versión al castellano en su Historia general.36 En otros casos vertió, pero previno al lector del texto náhuatl de la molestia que pudiera causarle:

Otra cosa va en la lengua, que también dará disgusto al que la entendiere, y es que de una cosa van muchos nombres sinónimos y una manera de decir y una sentencia va dicha de muchas maneras. Esto se hizo aposta, por saber y escribir todos los vocablos de cada cosa, y todas las maneras de decir de cada sentencia, y esto no solamente en este libro [séptimo], pero en toda la obra.37

En los capítulos contestados por los informantes bajo la presión de un cuestionario, las preguntas se manifiestan en forma más o menos clara. La comparación del contenido de los párrafos puede dar una idea aproximada de lo que fue la lista. No está por demás repetir aquí que la aproximación será mayor cuando, con base en una traducción total. Cada libro sea analizado.



Libro primero. En que se trata de los dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la Nueva España

Pueden considerarse antecedentes del Libro primero de los Códices matritenses y Florentino los párrafos V y X de los Primeros memoriales, que hablan respectivamente de los atavíos y de los poderes de los dioses. La posición de las figuras y del texto en el párrafo V hacen suponer que aquéllas fueron copiadas o dibujadas de memoria en las páginas de los Primeros memoriales y que con base en ellas el franciscano fue preguntando sucesivamente por su significado. Los gramáticos escribieron a la izquierda de las figuras de los dioses una lacónica descripción de sus atavíos, que fue todo lo que contestaron los viejos informantes, con una rigidez en la respuesta que hace suponer la repetición de las frases aprendidas en el calmécac, escuela a la que asistían casi exclusivamente los pipiltin o nobles. Al final de la lista, sin embargo, se rompe la unidad de las respuestas. El motivo es fácil de adivinar, puesto que las varias figurillas que ahí aparecen no son propiamente dioses, sino las imágenes de los montes, los tepictoton, y Sahagún debió de haber preguntado su significado, de qué las hacían y por qué tenían esos atavíos. La contestación a esta última pregunta, en el sentido de que son vestidas las figuras como Tláloc porque provocan la lluvia, tal vez motivó a Sahagún a iniciar un nuevo interrogatorio, ahora dirigido a averiguar cuáles eran los poderes de cada uno de los dioses. Esto se ve contestado en el párrafo x, sólo en lo que respecta a los dioses principales, y siempre con gran rigidez y laconismo.

Pese a la brevedad de la información recibida en Tepepulco, Sahagún contó con un análisis de la situación que le permitió redactar, llegado a Mexico-Tlatelolco, una guía de la entrevista. En primer lugar contaba ya con una lista de dioses que serviría de base, aunque la revisión de los tlatelolcas hizo que se suprimieran los que consideraron repetidos ?se quita Xochipilli porque está ya mencionado con su nombre de Macuilxóchitl? y los que no eran importantes para los mexicanos. Cada nombre de dios constituyó un encabezado que formó la pauta sobre la que se formularon cuatro preguntas: 1. ¿Cuáles eran los títulos, los atributos o las características del dios? 2. ¿Cuáles eran sus poderes? 3. ¿Qué ceremonias se hacían en su honor? 4. ¿Cuáles eran sus atavíos?

El orden de las preguntas ha de suponerse estricto, pues sólo varía en un caso. No todas las preguntas son contestadas en cada encabezado. A la primera pregunta la contestación es más o menos rígida, abundante en participios que pueden ser reflejo del recuerdo de las enseñanzas escolares; conforme transcurren los encabezados, las contestaciones se van haciendo más libres y espontáneas, pues incluyen diversos nombres de las divinidades, pueblos que les tuvieron particular adoración, cosas que los dioses inventaron, historia de los númenes y otras por el estilo. La contestación a la segunda parece más libre, aunque es breve; aquí Sahagún permite el explayamiento espontáneo de los informantes y aun parece que formula ayudas o preguntas circunstanciales, que le son motivadas por las repuestas inmediatas, cuando cree ver algo de interés. A la tercera la contestación es muy breve en los primeros encabezados; pero conforme transcurren los capítulos parece que los informantes van tomando confianza y se extienden libremente con valiosas aportaciones. Hablan del mes en que se festejaba al dios, de los lugares de adoración, de los gremios que le dedicaban especial culto y, en el caso de Tlazoltéotl, incluyen importantes parlamentos de la confesión que hacían ante la diosa los que se sentían cargados de culpa por transgresiones, sobre todo de carácter sexual. La contestación a la cuarta es rígida. Sólo falta en casos como el de Tezcatlipoca en el que, como los mexicanos hablaron de la divinidad suprema y no del dios particular de este nombre, no pudieron dar atavío, ya que su concepción era la de un ser invisible e intangible. Esta contestación es rígida, lacónica; como en el caso de Tepepulco dan los informantes una respuesta que tiene base en lo aprendido en la escuela y tal vez también auxiliados por figuras; pero el contenido es diferente al de la primera información.

Las respuestas hacen ver que los informantes son hombres cultos y educados en el México prehispánico. Sin embargo, pueden no haber sido sacerdotes antes de la conquista. La importancia que dan a Yacatecuhtli, a los viajes y a las fiestas de los comerciante organizados, hace suponer que cuando menos algunos fueron de este gremio, cosa que no sería de extrañar si se escogió gente notable de Tlatelolco. Tienen la suficiente capacidad, como hombres preparados, de contestar a la pregunta de Sahagún acerca del significado de términos oscuros. Así, en el capítulo I, dicen refiriéndose a Huitzilopochtli: "[...] tepan quitlaza in xiuhcoatl, in mamalhuaztli, q. n. yaoyutl, teuatl, tlachinolli", que puede traducirse en los siguientes términos: "[...] arroja sobre la gente la serpiente de turquesa, el encendedor del fuego; esto significa la guerra, el agua divina, la hoguera", dándose el lujo de contestar todavía con otro difrasismo ?agua divina, hoguera? que en lenguaje elevado es sinónimo de guerra.

Aunque no es éste el lugar para tratar de la versión de Sahagún en la Historia general, cabe responder a la incriminación que se ha hecho a los informantes por haberse referido a los antiguos dioses con base en comparaciones con los clásicos. Esto ha sido muestra, a los ojos de algunos, de un alto grado de aculturación al que la crítica infundada une la suposición de un olvido de las antiguas creencias. No son los informantes los que equiparan los dioses nahuas a los de la antigüedad mediterránea. En el Códice matritense la comparación está puesta al margen y con letra de Sahagún. Esto pasa a la Historia general; pero en náhuatl no está escrito ni siquiera en el Códice florentino.



Libro segundo. Que trata del calendario, fiestas y ceremonias, sacrificios y solemnidades que estos naturales de esta Nueva España hacían a honra de sus dioses

Este libro puede dividirse, por razón de método, en el cuerpo principal y el primer apéndice, que tratan de las ceremonias religiosas, y en cada uno de los restantes apéndices: los edificios del templo mayor, las ofrendas y ritos, los ministros de los dioses, el tañer de horas y los juramentos, los himnos rituales y las sacerdotisas. Fijaré mi atención principalmente en los caminos que siguió Sahagún para obtener informes acerca de las ceremonias y de los himnos, mencionando sólo de paso lo que concierne al grupo de los otros apéndices. Cabe decir que los capítulos I a XIX de la Historia general no provienen directamente de ningún manuscrito en lengua náhuatl.

El antecedente del cuerpo principal del Libro segundo está en los Primeros memoriales. La base que permite a Sahagún formular las preguntas es un pequeño códice en el que están dibujados los principales pasajes de las fiestas; pero ha de considerarse que estos dibujos son más en este caso auxiliares de los informantes que del franciscano, puesto que él va preguntando una por una las fiestas como encabezado, pero con un cuestionario determinado con anticipación. Las preguntas son: 1. ¿Cómo se llama esta fiesta?, aludiendo al rectángulo que contiene los dibujos. 2. ¿Por qué se llama así?, cuando el nombre despierta la curiosidad del franciscano. 3. ¿Qué sacrificios humanos u ofrendas se hacían en esta fiesta? 4. ¿Cómo era la ceremonia? 5. ¿En qué fecha del calendario juliano caía este mes?

El orden varía tan sólo en las dos primeras fiestas mensuales. Las respuestas son breves, aunque en la correspondiente a la cuarta pregunta hay más detalle. El último capítulo, el de la fiesta de atamalcualiztli, no obedece a cuestionario alguno y tiene una extensión bastante mayor.

Ya en Mexico-Tenochtitlan Sahagún no tuvo necesidad del antecedente. El orden de los encabezados es el de los meses nahuas ?o en su caso el de las fiestas no mensuales? y el franciscano creyó muy atinadamente que obtendría un material más valioso si dejaba a los mismos informantes narrar libremente el curso de las ceremonias. Fue una entrevista puramente dirigida, no estructurada por el interrogante, aunque los propios informantes tuvieron como pautas los momentos sobresalientes de las ceremonias, que recibían en náhuatl un nombre especial. De estos nombres que daban a ciertas partes de las fiestas pueden señalarse, por vía de ejemplo, "quincuahuitlehualtiaya in huahuanti", "les hacen el levantamiento de postes a los rayados", en cierto lugar del mes de cuáhuitl ehua; netzompaco, "el pelo es lavado", en el de tozoztontli; calonóhuac. "se hizo la permanencia en las casas", en el de huei tozoztli, y toxcachocholoa, "se dan los saltos de tóxcatl", en el mes de este nombre. Sahagún sólo intervino con preguntas circunstanciales y tal vez con ayudas.

La libertad de exposición puede ser comprobada por el uso constante de términos de ilación que indican que no hubo una intervención frecuente del franciscano. De ellos puede señalarse niman ye ic, mec, niman, auh in icuac i y el pretérito perfecto como copulador de párrafos. Hay también la indicación de los propios informantes de haber terminado su exposición, con frases como ye ixquich, nican tlami, o nican tzonquiza, que significan "es suficiente", "aquí concluye" y "aquí termina". Por otra parte, la contestación no corresponde a relatos aprendidos en la escuela, sino a un recuerdo del esplendor pasado. Así lo indican el uso predominante del pretérito imperfecto y la descripción más de cuadros vivos de las costumbres sociales que de la sucesión pura de ritos religiosos. Algunas preguntas circunstanciales de Sahagún pueden adivinarse; como ejemplo cito la que se dirige solicitando informe sobre una variedad de maíz no conocida por él ?el cuappachcintli? que se menciona en el texto: "yuhquin cuappachtli itlachieliz", contesta el informante, "su apariencia es como de heno arbóreo".

Los himnos, junto con el material que integra el Libro sexto, son los primeros frutos de la obra de Sahagún, pues se calcula que fueron recogidos entre 1547 y 1558.38 Poca intervención tuvo el franciscano; preguntó por los himnos a los ancianos y ordenó que se recogieran los poemas; después inquirió tal vez acerca del significado de aquellos oscurísimos textos, pero, si lo hizo, no cuidó de interrogar a las personas idóneas o no insistió ante la reticencia de los informantes,39 parte tal vez por su inexperiencia como recolector de textos, pero sin duda motivado fuertemente por su aversión a aquella materia que juzgó diabólica.

La pregunta acerca del templo mayor de Mexico-Tenochtitlan es contestada en Tepepulco con un dibujo demasiado esquemático del plano, a la manera indígena, y quince nombres de edificios que en el recinto existían. En Mexico-Tlatelolco, como es natural, la lista aumenta y con ella se hace una lacónica descripción. De los ritos hay descripción breve, que obedece a la petición de explicación de la figura que previamente se ha trazado. Los informantes dibujaron primero la actitud religiosa y pusieron a su izquierda el nombre del rito; Sahagún pidió ampliación y ésta fue dada y anotada en los espacios libres; pero la extensión variable de las respuestas hizo que se invadieran los lugares de las figuras o que se pasara a los inmediatos posteriores, por lo que fue necesario trazar líneas de demarcación que impidieran que se atribuyera un texto a un encabezado que no correspondía. El informe no es exactamente lo aprendido en la escuela, como lo pueden comprobar el uso del pretérito imperfecto y la existencia de palabras como diablome y juramento. La parte de los sacerdotes es también muy breve. Sahagún pidió primero los nombres de ellos, como puede verse en una lista de sólo cinco que aparece en los Primeros memoriales40 y en otra más amplia que sirvió después de base para interrogar acerca de sus actividades. En esta segunda los nombres de los ministros fueron puestos equidistantes en los folios, y con esta base el franciscano inició el interrogatorio que pedía únicamente explicación. Las respuestas, de mayor o menor extensión, hicieron que el cálculo de espacio fallara en algunas ocasiones. Se contestó también en pretérito imperfecto.41



Libro tercero. Del principio que tuvieron los dioses

Como anteriormente está dicho, este libro se destinó originalmente a los lugares a los que creían los nahuas que iban los muertos. Sahagún debió de considerar como un fracaso el antecedente de Tepepulco. En esta población pidió únicamente que se le hablara acerca del más allá, y el resultado fueron cuatro textos que tratan de las diversas cosas que se pierden en el lugar de los muertos, del lugar al que iban los que morían siendo muy pequeños, de las ofrendas que correspondían a Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl y de la historia de una mujer que resucitó y contó lo que había visto en la otra vida. Pudo haber tal vez algo más, recogido de otro manuscrito junto con esta última historia, pues parece que los textos fueron mezclados al pasarse a los Primeros memoriales y que ni siquiera se concluyó el relato, a menos que el folio de continuación se haya perdido. La exposición en todos estos textos es completamente libre y su información, que pudo ser útil, fue desdeñada por el franciscano. Cuando ya en Mexico-Tlatelolco pregunta por los lugares a los que iban los muertos, ni siquiera se da cuenta de que no está citado el Chichihuacuauhco, el paraíso de los que mueren niños, del que debió tener noticia por la información de Tepepulco. Recuerda tal vez a la mujer resucitada; pero es otro texto distinto el que utiliza y en otra parte de su obra. En Tlatelolco hace la pregunta inicial, para formar con dichos nombres los encabezados, de los lugares a los que iban los muertos. Pudo haber agregado preguntas circunstanciales después de haber oído la exposición. De los otros dos lugares pregunta quiénes iban ahí, al darse cuenta de que era la forma de muerte la que determinaba el destino. La contestación a sus preguntas parece completamente libre, y buena parte la dan los informantes con base en oraciones fúnebres.

Al tratar del Libro primero mencioné que los informantes habían contestado lacónicamente los capítulos iniciales y que, conforme avanzaba el interrogatorio, sus respuestas se hacían más ricas y espontáneas. El resultado fue un libro de marcado desequilibrio, en el que cuatro dioses de capital importancia no habían recibido la atención suficiente. Sahagún, consciente de este mal, volvió a interrogar a los informantes; pero no quiso, por desequilibrado que quedara el Libro primero, desencajarlo y remendarlo con la nueva información. Ésta tenía tal valor que podría formar un libro independiente; ocupó el tercer lugar en la obra definitiva y por ella relegó el tema central proyectado en el inicio a ser un mero apéndice. El problema era dar un título justificativo, y Sahagún no vaciló en proporcionarle uno que en todo rigor no cuadraba plenamente sino al primer capítulo y en forma muy relativa a los restantes: Del principio que tuvieron los dioses. Con todo, el ordenamiento final es muy tardío, pues todavía en el Códice matritense del Real Palacio preceden los textos relativos a la otra vida a los que narran el origen de Huitzilopochtli.

Sahagún sólo pidió informes mayores acerca de los cuatro dioses. Como afirma Garibay K.,42 los nahuas contestaron con un bello fragmento de una epopeya cuando se refirieron a Huitzilopochtli. Dieron referencias breves, tal vez bajo preguntas circunstanciales de Sahagún, al terminar su narración, y cerraron con un ye ixquich, "es suficiente", que el franciscano no tomó al pie de la letra, pues siguió interrogando acerca de las ceremonias religiosas ?principalmente de la comunión? relacionadas con el numen mexicano. La contestación es muy semejante a la del cuerpo principal del Libro segundo en esta última parte.

Tezcatlipoca era el siguiente, y los interrogados no pudieron responder de igual manera acerca de la divinidad suprema, invisible e impalpable, creadora de la historia pero sin historia. Contestaron con pequeñas oraciones dirigidas a él, con los diversos nombres que le daban, con alguna explicación de ellos y con informe acerca de los lugares donde era adorado.

Tláloc seguía, pero los textos a él referentes pasaron a enriquecer el Libro séptimo. De Quetzalcóatl puedo ofrecerse otra epopeya que hizo que este libro tan accidentalmente integrado fuese uno de los más bellos de la obra.

En el apéndice se incluyeron dos textos más que pudieron haber estado con más propiedad en otros libros: el referente a la educación y el que habla del sacerdocio. El primero puede tener como antecedente acolhua una exposición libre y extensa que aparece en los Primeros memoriales y que trata de las actividades de mancebos y doncellas en sus respectivas escuelas y de las funciones de los maestros.43 Sin embargo, poco caso hizo Sahagún de esto entre los mexicanos, ya que no aborda aquí el tema de la escuela de doncellas. Tomó como encabezado los nombres de las dos escuelas de varones y preguntó: 1. ¿Cómo ofrecían los hombres a sus hijos a esta escuela? 2. ¿Cómo vivían los jóvenes en ella? 3. ¿Cómo se castigaba ahí a los transgresores de los ordenamientos? Los informantes se basaron, como en anteriores ocasiones, en discursos bien conocidos para contestar la primera pregunta tanto en el caso del telpochcalli como en el del calmécac. La segunda respuesta de éste se funda en las ordenanzas escolares, también sabidas de memoria y, como en ellas se mencionan los castigos, ya no es contestada la tercera pregunta. Del texto referente al sacerdocio pudieran suponerse la preguntas: 1. ¿Qué jerarquía había en el sacerdocio? 2. ¿Cuál era el origen social de los sumos sacerdotes? 3. ¿Cuáles eran los grados de los que servían en el templo? La redacción de esta última pregunta me la sugiere un apunte marginal del puño del propio Sahagún.44



Libro cuarto. De la astrología judiciaria o arte de adivinar que estos mexicanos usaban para saber cuáles días eran bien afortunados y cuáles mal afortunados y qué condiciones tendrían los que nacían en los días atribuidos a los caracteres o signos que aquí se ponen, y parece cosa de nigromancia que no de astrología

Ya en el título se conoce la aversión que Sahagún tuvo a esta materia, todo porque no se ajustaba la que él llamó astrología judiciaria al curso de los astros, razón suficiente para considerarla falsa y cosa de nigromancia. Pero desde los Primeros memoriales tuvo el firme propósito de comprender un sistema tan extraño para él, como lo era el calendario de 260 días, y mandó registrar con dibujos los signos de dichos días, divididos en las veinte trecenas. Antes de cada trecena se escribió la información acerca de los destinos, de la que se desprende el siguiente cuestionario: 1. ¿Era bueno o malo el signo que inicia la trecena? 2. ¿Qué suerte tenían los nobles que nacían en ella? 3. ¿Qué suerte tenían los plebeyos que nacían en ella? 4. ¿Qué suerte tenían las mujeres nobles que nacían en ella? 5. ¿Qué suerte tenían las mujeres plebeyas que nacían en ella? Es indudable que los propios informantes debieron de haber comunicado a Sahagún con anterioridad que lo acostumbrado era contestar separando suerte de varones y hembras, de nobles y plebeyos. El orden de las pregunta no es estricto y casi nunca se contestan todas. La contestación es breve. La información de los acolhuas en algunos casos diferirá en el contenido de la de los mexicanos.

Es evidente que la información de Tepepulco sirvió como base al cuestionario que Sahagún formuló posteriormente para los mexicanos; pero el hecho de que éstos se refirieran en su extensa información no sólo a las cabezas de trecena, sino a algunos signos intermedios de muy importante significado, hace suponer que, o tuvieron a la mano una tabla de días similar a la que mandó hacer el franciscano en Tepepulco, o sabían con precisión de memoria el orden de los signos. Sahagún tomó como encabezados los signos iniciales de las trecenas, los mexicanos establecieron como suyos los intermedios de importancia, y se contestó bajo el siguiente interrogatorio: 1. ¿Qué signo inicia esta trecena? 2. ¿Qué signos le siguen? 3. ¿Son buenos o malos en términos generales? 4. ¿Cuál es la suerte del noble que nace en este día? 5. ¿Y la del plebeyo? 6. ¿Y la de la mujer? 7. ¿Qué suerte corre el que nace en este día y no se comporta correctamente? 8. ¿Y la del que se comporta correctamente? 9. ¿En qué día es conveniente ofrecer al agua al que nace en este signo? Como puede suponerse, el análisis de la situación que permitió a Sahagún formular de la 1 a la 8 se obtuvo de las respuestas de Tepepulco, mientras que el conocimiento de la posibilidad de cambiar el destino por medio del ofrecimiento de la criatura al agua en fecha distinta pudo haberse adquirido en pláticas previas. Pronto se dio cuenta Sahagún de que en algunas trecenas había una relación fácil de comprender entre el signo y el destino, y la pregunta acerca del por qué era favorable o desfavorable tomó un lugar importante.

La confianza adquirida por los informantes en sus respuestas hizo que, al saber las preguntas del franciscano, adelantaran sus contestaciones o variaran con su exposición el orden impuesto. Sahagún comprendió el valor de la información espontánea que estaba recibiendo y los dejó exponer libremente en el orden deseado y relatar las digresiones que ocupan capítulos enteros. A cambio de esto, empezó él también a formular preguntas circunstanciales muy alejadas no sólo del cuestionario inicial, sino del tema del libro.

Las contestaciones son extensas, espontáneas y no fundadas en un conocimiento rigurosamente memorizado como el que pudieran tener los tonalpouhque o lectores de los destinos. El estilo, elegante aunque en ocasiones, un tanto rebuscado, es el mismo cuando se refieren a los destinos que cuando se explayan en las digresiones. Mucho ha de suponerse que ignoraron cuando dicen no detallar por no repetir y cansar. Es más, la gran importancia que conceden a los discursos y costumbres de los comerciantes organizados hace suponer nuevamente que cuando menos algunos de los viejos pertenecieron al gremio. No es de extrañar, por otra parte, que una persona culta conociera la ciencia de los destinos, aunque no con la profundidad de los especialistas, si era materia que se enseñaba en el calmécac.

Aparte de que este tonalámatl o libro de los destinos es de primera importancia, la descripción de cuadros vivos de los antiguos nahuas aumenta sus méritos. En él se encuentra información acerca de los borrachos, de los discursos de los comerciantes, de la ceremonia del ofrecimiento de las criaturas al agua, de los brujos conocidos por el nombre de temacpalitotique y de otros temas más.



Libro quinto. Que trata de los agüeros y pronósticos que estos naturales tomaban de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futura

Sahagún pide en Tepepulco una mera lista de los antiguos agüeros, y obtiene una relación breve de enumeración, causa y efecto. A ésta se acompaña otra similar, la del significado de los sueños, a la que desgraciadamente no prosigue un desarrollo en Tlatelolco. La primera es la base indiscutible de la amplia información obtenida después entre los mexicanos, puesto que con modificaciones casi insignificantes constituyen los encabezados que darán lugar a un cuestionario simple: 1. ¿Cuál es el augurio acerca de...? 2. ¿Cómo se contrarrestan los efectos del augurio? A estas preguntas se agregan ocasionalmente otras referentes al sonido que producen los animales mencionados o a la apariencia de éstos, con la intención clara y simple de obtener vocabulario y no información de otro tipo. Las preguntas son contestadas libremente, con cierta amplitud, pero sin grandes intenciones de los informantes de dar más de lo que se les pide.

Ya en Tlatelolco sigue una segunda parte de la obra, que irá como apéndice, referente a las supersticiones. No parece aquí existir ni estructura ni guía de encabezados. Los informantes relatan una tras otra, sin más orden que una sucesión de mera asociación de ideas. Parece que responden sólo a la exigencia del franciscano de que mencionen otra abusión más.45



Libro sexto. De la retórica y filosofía moral y teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas tocantes a los primores de su lengua, y cosas muy delicadas tocante a las virtudes morales

Si, como se dijo antes, se incorpora este libro a la obra de Sahagún forzando un poco el plan general, no por ello puede afirmarse que su inclusión es desatinada. Para el propósito del franciscano de contar con el material suficiente para la vuelta a la rigurosa moral, ninguna parte de su obra es tan idónea como ésta. Para quien pretenda conocer al mexicano antiguo, ya desde el ámbito de la etnohistoria, ya desde el de la literatura, ya con el más amplio sentido humanista, no hay libro entre los doce que valga lo que el sexto.

La fecha de recopilación de material debe fijarse, como anteriormente se dijo, entre 1547 y 1558. El hecho de que para la primera de estas fechas fray Andrés de Olmos ya hubiese insertado una parte de sus huehuetlatolli en su Arte de la lengua mexicana ha permitido suponer que trabajaron juntos los dos franciscanos o que Sahagún obró por la inspiración de su compañero de orden.46 Los textos referentes a modos de cortesía y vituperio entre nobles y plebeyos que aparecen en los Primeros memoriales no deben ser considerados como antecedente, sino como pálido paralelo. Las oraciones del Libro sexto obedecen, tanto en contenido como en elección, a un plan mucho más ambicioso. Pueden clasificarse en oraciones a los dioses, discursos de palacio, exhortaciones paternas, discursos de ceremonias y actos solemnes ?matrimonio, preñez, parto, dirigidas al recién nacido, con relación al corte del ombligo, al lavatorio de la criatura, saludos que hacen los embajadores a los padres del niño noble, ofrecimiento al agua, ofrecimiento al templo? y adagios, adivinanzas y metáforas. De la última parte se han querido ver antecedentes en el Libro de los proverbios,47 en los Adagios de Erasmo y en el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés.48 Tal vez en el fondo vuelva la idea de la jerarquía, particular ahora en este libro de retórica.

La idea de que para este libro fueron consultados especialistas49 parece acertada, sobre todo en lo referente a los discursos pronunciados por la partera. Nada tuvo que hacer el franciscano sino solicitar que fueran pronunciadas oraciones, discursos, adagios, adivinanzas y metáforas, tal vez con el esquema de los temas mencionados, pero sin saber de antemano, por ejemplo, que iba a obtener una oración que pide a la divinidad la muerte del gobernante tirano. Sin embargo, no todo e estrictamente exposición de ese material literario: hay información libre valiosa, tanto para hilar unos discursos con otros como para poner el tanto de los temas tratados. Puede mencionarse una breve noticia acerca de los pueblos que adoraban a Tlazoltéotl cuando se dan los discursos de la confesión, la narración de las ceremonias del matrimonio y los cuidados médicos y mágicos de la partera para la mujer preñada. Que mucha de esa información fue solicitada por Sahagún parece indudable. Pero, ¿lo fue en el momento de recoger el material o posteriormente, cuando ya en Tlatelolco o en Tenochtitlan ordenó sus textos? La indispensable ilación entre algunas partes parece indicar que la formulación de las preguntas fue el tiempo de su recolección.



Libro séptimo. Que trata de la astrología natural que alcanzaron estos naturales de esta Nueva España

Si dejar de tratar este tema hubiese sido opcional sin detrimento del plan general de la obra, es muy probable que Sahagún lo hubiese suprimido, y con ello nos hubiese privado de una información verdaderamente valiosa. Al dirigirse al lector para iniciar la exposición de su libro, dice el franciscano:

Razón tendrá el lector de disgustarse en la lectura de este séptimo libro, y mucho mayor la tendrá si entiende la lengua indiana juntamente con la lengua española, porque en español el lenguaje va muy bajo y la materia de que se trata en este séptimo libro va tratada muy bajamente. Esto es porque los mismos naturales dieron la relación de las cosas que en este libro se tratan muy bajamente, según que ellos las entienden, y en bajo lenguaje, y así se tradujo en la lengua española en bajo estilo y en bajo quilate de entendimiento, pretendiendo solamente saber y escribir lo que ellos entendían en esta materia de astrología y filosofía natural, que es muy poco y muy bajo.50

No podía ser más injusto. Este libro es un fracaso personal. Vale mucho en algunos capítulos; pero son precisamente aquéllos en los que no intervino su cuestionario. Sahagún quiso preguntar acerca de una naturaleza del cielo con una concepción completamente occidental, esperando tal vez respuestas que le hablaran de esferas celestes, de densidad de capas, de rotación universal, de origen de variación de temperatura con atracciones y repulsiones de frío y calor, de explicación de climas en latitudes y altitudes distintas, de cronometría, todo esto y mucho más que constituía la ciencia celeste de su época. Frente a su proyecto se encuentra con una barrera cultural que no pudo sospechar. Si él denuesta a los indios por la bajeza de sus alcances, éstos debieron de haber hecho lo mismo ante preguntas que creyeron ingenuas por no poder alcanzar. Si Sahagún hubiese entendido la causa del choque de las ideas, tal vez su libro sería uno de los más valiosos, el de la cosmovisión de los nahuas con sus pisos superiores e inferiores, el paso de los astros a través de ellos, los árboles sustentantes, información que en escasa medida se obtiene de otras fuentes.

Los Primeros memoriales ya son el inicio de su fracaso en este libro. Pidió, como en ocasiones anteriores, que a la derecha de los folios se hicieran los dibujos, y obtuvo así las figuras del Sol, la Luna, los eclipses de estos dos cuerpos, tres constelaciones, Venus, el cometa, la flecha de la estrella, dos constelaciones más; y también los meteoros, con lo que se representaron el viento, el rayo, la lluvia, el arcoíris, el hielo, la nube, la nieve y el granizo. Se le dieron las siguientes informaciones: que el Sol era adorado tantas veces al día; que a la Luna la veneraban los de Xaltocan; que la gente se amedrentaba con el eclipse del Sol, creyendo que acabaría el astro y bajarían los monstruos llamados tzitzimime, y que entonces se hacían sacrificios de sangre; que las preñadas se asustaban con el eclipse de Luna porque creían que sus hijos se podían transformar en ratones, y que los niños eran rapados cada mes para que no enfermaran; que la constelación de mamalhuaztli servía para saber a qué hora debía ser ofrecido el juego o debían ser tañidas las flautas; silencio ante las otras constelaciones, de las que nada pudieron decir; que Venus brilla; que el cometa anuncia que habrá guerra o que morirá un noble; que la flecha de la estrella agusana perros y conejos; que la constelación de xonecuilli brilla; que la de cólotl brilla; que el viento produce efectos dependientes del lugar del que procede; que los rayos son hechos por los Tlaloque; que la lluvia es hecha por los Tlaloque, y así en adelante.

Ya esto debió ponerlo sobre aviso; pero al llegar a Tlatelolco insiste en su rutina. ¿Qué nombre recibe el astro?, y se le contesta más o menos satisfactoriamente. Después pregunta acerca de su naturaleza, y se le responde de su apariencia, de las fases cuando es posible, con una ingenuidad con la que los informantes tal vez quisieron ponerse a la altura del cuestionario. Ante esto Sahagún tiene que volver a lo relativo al culto, que es a lo que los viejos le responden con mayor soltura, y con ello va aparejado lo relativo a los males que causan los cuerpos celestes y los modos de evitarlos.

Si tal es la incomprensión, sólo dos caminos puede recorrer el franciscano, y los recorre: busca vocabulario referente al tema y deja que los nahuas expongan libremente sus ideas. Así surge, para explicar el porqué se ve un conejo en la Luna, lo que Garibay K. considera la prosificación de un poema épico sacro,51 texto que tiene un inmenso valor etnológico y literario.

Cuando Sahagún vuelve a los meteoros, se encuentra con que todo se achaca a los Tlaloque. Por ello incluye la información acerca de Tláloc que creo provino del intento de corrección del desequilibrio del Libro primero.

Después de hablar de los meteoros, y tal vez bajo la sugerencia del trozo que en los Primeros memoriales decía que los vientos influyen sobre la gente según el rumbo del que vengan, pregunta acerca del curso de los años, del que ya sabe que para los nahuas corre espacialmente en espiral, terminando su ciclo en trece vueltas horizontales al cumplirse un siglo de cincuenta y dos. Con esta base y con la de un apunte de Tepeapulco acerca de la fiesta de fin de siglo, motiva la libre exposición de la ceremonia. Relacionado con este tema está el de las calamidades que se esperan cada año Dos Conejo, y su relato se impone también en forma libre.

Ni fue consciente de su falta ni pudo apreciar, tal vez por disgusto ante el fracaso, el valor de los informes recibidos.



Libro octavo. De los reyes y señores y de la manera que tenían en sus elecciones y en el gobierno de sus reinos

Sucintamente me referiré a este libro. La diversidad de materias y formas de cuestionario impide aquí una descripción más detallada.

Al ser preguntados por las cosas del señorío, los informantes entendieron que Sahagún quería tener noticia acerca de la historia de los señores y dieron al franciscano la copia de códices pictográficos que contenían brevísimas relaciones de la vida de los gobernantes. Su explicación en lengua náhuatl fue anotada al margen. A los de Tenochtitlan, Tezcoco y Huexotla se refieren los acolhuas. Los tlatelolcas agregan los propios. Son textos muy pobres, de pleno estilo náhuatl, con narración muy breve y de escaso valor. En nada son comparables a otros códices que, bajo las mismas normas prehispánicas, proporcionaron durante siglos a los nahuas el conocimiento de su pasado. No obstante que su pregunta no fue entendida y que nada nuevo aportaron estas informaciones, Sahagún no sólo las recogió sino que las pasó al Códice florentino y las vertió a su Historia general. Aún más, hizo lo mismo con similares noticias fragmentarias acerca de Tula, de los pronósticos de la llegada de los españoles y de las cosas notables de México hasta 1530.

Siguió con los atavíos de los señores y con los aderezos que usaban en los bailes. Son simples listas de vocabulario tanto en la información de Tepepulco como en la de Tlatelolco, que no coinciden. En la segunda parte algunos aderezos están ligeramente descritos.

En los pasatiempos de los señores hay simple enunciación de ocho actividades recreativas en los Primeros memoriales, que sirven de base, como encabezados, para el desarrollo que hicieron los mexicanos.

Al tratar de los muebles que usaban los gobernantes, Sahagún se conformó también con el simple vocabulario. Las listas son diferentes en la primera y en la segunda información. La experiencia de Tepepulco sólo le sirvió para aclarar términos, ya que mueble doméstico fue traducido como tlátquitl, "bien", y obtuvo en la primera respuesta la inclusión de flores, tabaco, comida fina, cacao y otros por el estilo.

Con relación a los atavíos militares Sahagún sigue un doble procedimiento en Tepepulco. En un caso pide enunciado, y tras éste, al margen, pide desarrollo. En el otro pide dibujo, primero de los atavíos y luego de las insignias, y solicita desarrollo en el primero y simple nombre en el segundo. En las informaciones mexicanas sólo hay enunciado, verdadero retroceso ante la riqueza de información que pudo haberse obtenido con base en los bellos dibujos acolhuas.

En lo referente a las comidas, en los Primeros memoriales hay interrogantes tanto para las de los nobles como para las de los plebeyos:

1. ¿Cuáles eran las comidas de los nobles? 2. ¿Cuáles eran sus bebidas? 3. ¿Cuáles las carnes que consumían? 4. ¿Qué comían los plebeyos?, y se contesta no sólo la pregunta directa, sino cuáles eran los manjares complementarios. En Tlatelolco se pregunta: 1. ¿Qué comían los señores?

2. ¿Cómo era servida la comida? Se desarrolla con poca amplitud.

En Tepeapulco pidió el simple enunciado de las casas reales, y tal vez quiso utilizar las nueve enunciadas como base en Tlatelolco; pero, al ser desarrolladas libremente las contestaciones por los mexicanos, los edificios aumentaron en la lista y abandonó Sahagún el interrogatorio hecho con la información acolhua.

Con relación a los atavíos de las señoras pregunta el franciscano a los tepeapulcas ¿qué prendas usan?, ¿cómo se adornan?, mientras que en Tlatelolco sucesivamente interroga acerca de camisas, faldas, orejeras, afeites faciales, peinados, cuidados del cuerpo y maneras de cortesía. En ambos casos se contesta con simple enunciado. Para saber los ejercicios de las damas nobles sólo pide vocabulario, aunque las respuestas de Tepeapulco incluyen las ocupaciones de las plebeyas.

El tema del regimiento de la república hace a Sahagún conceder más atención. En Tepepulco obtuvo una larga lista de actividades del gobernante, algunos de cuyos enunciados fueron desarrollados brevemente a la derecha. De la lista tomó Sahagún las que le parecieron más importantes y en Tlatelolco pidió el desarrollo de las siguientes: 1. Guerra, 2. Elección de jueces, 3. Preparación de danzas, 4. Organización de guardias y protección de la ciudad, 5. Diversión del pueblo, y 6. Otorgamiento de dones al pueblo. Las contestaciones fueron libres y muy extensas. Posteriormente y en forma separada se contestó una séptima, la de la dirección del mercado.

En la parte en que habla de la elección del señor parece haber preguntado primero por el sistema y luego por la ceremonia.

Todo lo anterior tiene otro antecedente acolhua: un texto que se inicia con la historia de los chichimecas y termina con una larga lista de cosas que obtuvieron con las conquistas y el poderío.

La parte final de este libro tiene un problema. En el Códice matritense, separado de las cosas del señorío, existen las contestaciones a las siguientes preguntas, referentes a la educación: 1. ¿Cómo se educaba un niño plebeyo desde su nacimiento? 2. ¿Cuáles eran los grados de ascenso en el telpochcalli hasta llegar a la categoría de tecuhtli? 3. ¿Cómo educaban a sus hijos los señores y principales? Estas contestaciones pasaron al Florentino en forma incorrecta, pues se tomaron sólo la tercera y segunda, quedando en tal forma colocadas que se dio a entender que son los hijos de los nobles los que ascienden en el telpochcalli para llegar a tetecuhtin.



Libro nono. De los mercaderes y oficiales de oro, piedras preciosas y plumas ricas

La parte más importante de este libro, la relativa a los comerciantes, ha sido estudiada detalladamente por Ángel María Garibay K. en la ya mencionada obra Vida económica de Tenochtitlan, donde aparece su versión al castellano. Debo aquí, por tanto, referirme escuetamente a la forma en que Sahagún obtuvo este material, repitiendo la idea de que es en Tlatelolco, cuna de comerciantes, donde el franciscano recibió toda la información, indudablemente de labios de los pochtecas mismos. Por el método seguido han de dividirse estos textos en tres partes: a) la historia de los pochtecas o comerciantes organizados, capítulos I y II; b) la información acerca de sus costumbres y actividades, parte final del capítulo II y todo el V; c) costumbres y ceremonias de los pochtecas que fueron relatadas de corrido, en todo el resto de estos textos. En la primera parte Sahagún pregunta en general sobre la historia de los pochtecas, y la respuesta viene casi de seguro de un códice pictográfico de carácter histórico, particular del gremio, de estilo netamente prehispánico y de bastante calidad. En la segunda parte se nota la pregunta constante del franciscano; la contestación es abierta, precisa pero no elegante, en parte porque no parece haber estructuración en el cuestionario. En la tercera es probable que Sahagún haya hecho preguntas sobre amplias áreas, a las que contestaron los informantes libremente y con mucha elegancia, con la estructura propia de la sucesión temporal de las ceremonias. La narración es firme, segura y muy semejante a la de las ceremonias religiosas del Libro segundo, pero reforzada con largos discursos.

En cuanto a los artesanos, los encabezados están constituidos por los diversos oficios, y con esa pauta hace Sahagún las siguientes preguntas: 1. ¿Cómo se llaman y por qué? Al contestar los informantes, si el nombre se deriva del origen, se hace alusión a él: si se subdividen los oficios, se explican los diversos nombres. 2. ¿Qué dioses particulares veneraban? 3. ¿Cómo se atavían sus dioses? 4. ¿En qué forma se les adoraba? En la contestación se incluye época, sacrificios, bailes, colaboración económica para compra de esclavos, etcétera, todo en extenso. 5. ¿Qué es lo que producen? 6. ¿Cómo trabaja cada oficio? Cuando son varios los métodos, la contestación se da por separado; se explica en extenso, con orden lógico de proceso; se mencionan los instrumentos.

En el caso de los amantecas o fabricantes de mosaicos de plumas parecen existir preguntas circunstanciales, dirigidas principalmente a conocer la pujanza del oficio en la época prehispánica y las causas de la decadencia contemporánea.



Libro décimo. De los vicios y virtudes de esta gente indiana, y de los miembros de todo el cuerpo interiores y exteriores, y de las enfermedades y medicinas contrarias, y de las naciones que han venido a esta tierra

Este libro puede dividirse, por razón de método, en las siguientes partes: a) parentesco, edad, oficios y cargos; b) miembros del cuerpo humano; c) enfermedades y medicinas; d) naciones.

Con toda propiedad puede aplicarse a la primera parte el título de "diccionario en acción" que dieron Jourdanet y Siméon a los libros décimo y undécimo de esta obra.52

Ya en los Primeros memoriales se ve la clara intención de formar simplemente un vocabulario con estos temas, con excepción de un desarrollo relativo a los procedimientos de magos y curanderos. Los encabezados de la información mexicana fueron proporcionados previamente por los mismos tlatelolcas, cosa que puede notarse principalmente en los grados de parentesco, establecidos bajo el sistema náhuatl y no bajo el europeo, y en las listas de personas nobles, en las que se incluyen muchos nombres metafóricos de los hijos de los pipiltin; no existe, por tanto, una razón que amerite desarrollo independiente, aunque éste se haga con posterioridad. Las preguntas son simples: 1. ¿Qué es el...? 2. ¿Cómo es el bueno? 3. ¿Cómo es el malo?, en una antítesis que se ha supuesto derivada de Teofrasto53 o de Bartolomé de Glanville.54 La pregunta segunda desaparece por obvios motivos cuando el sujeto mencionado es el hombre-búho, el vicioso, el homosexual, el loco o la prostituta. Las dos finales se pierden muchas veces ante el interés de la información, como en los casos de los vendedores de colores, de pelo de conejo, de jícaras, de papel o de salitre. Porque, pese a la intención casi por completo lingüística de Sahagún en esta parte, las contestaciones que en un principio son breves, a base de adjetivos o verbos, poco a poco aumentan por el valor del material que surge, y esto tal vez por instancia del propio franciscano. Llegan así a constituir los textos un reflejo de la vida tanto prehispánica como contemporánea de Sahagún, en la que aparecen los vendedores de papel europeo, de animales del Viejo Mundo, de velas o de zapatos. El interés de formar un vocabulario no es para registrar una lengua que tiende a morir, sino la que debe revivificarse y aumentarse con nuevos contenidos.

La segunda parte, la de los miembros del cuerpo humano, tiene un papel absolutamente lingüístico; de simple recolección de vocabulario. En los Primeros memoriales la lista de miembros, en posesivo de primera persona del plural como forma usual en náhuatl para referirse al cuerpo humano, tiene a su derecha de uno a cuatro verbos relacionados con el nombre. En Tlatelolco la lista de órganos aumenta notablemente, incluye sinónimos, ordena las partes del cuerpo por regiones o por naturaleza, crece desmesuradamente la lista de adjetivos y verbos que pueden aplicarse a las partes mencionadas. Esto explica que Sahagún no haya juzgado prudente hacer una versión al castellano de aquel simple arsenal de palabras. Fue una buena ocasión perdida de conocer el concepto que los nahuas tenían de las diferentes partes del cuerpo humano.55

Muy diferente es el caso del capítulo dedicado a las medicinas y a las enfermedades. Grande fue el interés de Sahagún, del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco al que tantos años se dedicó y en general de los españoles de la época por la medicina indígena. Desde Tepepulco empezó el franciscano a recoger informes sobre esta materia, y existen dos listas diferentes en su contenido de los Primeros memoriales, una en buena letra y otra en mala, en las que se registra el nombre de la enfermedad a la izquierda, y a la derecha, en pocas palabras, la medicina o la mención de que es incurable.

En Tlatelolco se registran, excepcionalmente, los nombres de los informantes, todos ellos médicos indígenas. Dividen por sí mismos en encabezados que incluyen las enfermedades de la cabeza, ojos, nariz y dientes; las del cuello y garganta; las del pecho y espalda; las del estómago y vejiga; otras en las que agrupan las de la piel, la diarrea, las de los pies, la obstrucción de los conductos urinarios, la fiebre, y uno final, el de las heridas y quebraduras.

El proceso de elaboración puede seguirse por comparación entre el Códice matritense de la Real Academia de la Historia y el Florentino: a) uno o varios médicos nahuas redactaron los cinco primeros párrafos del capítulo; esta redacción está en el Códice matritense, y tiene rectificaciones y adiciones hechas en el momento mismo de ser escrito el texto; b) posteriormente los médicos mencionados como informantes revisaron y corrigieron los cinco primeros párrafos y agregaron unos más, haciendo constar sus nombres al final de éste; c) Sahagún ordenó que esta revisión, corregida y adicionada, pasara al Florentino por considerarla definitiva, con una adición más que se colocó al final del párrafo quinto; d) posteriormente uno o varios médicos, que pueden suponerse diversos a los mencionados, corrigieron y eliminaron partes importantes y adicionaron el texto del Matritense, todo posiblemente sin la autorización del franciscano, ya que una de las adiciones puede suponerse sospechosa de idolatría.56

La parte relativa a las naciones que poblaron esta tierra no es de fácil análisis. El texto es variable en la extensión de cada párrafo; en ningún caso se formulan todas las preguntas; el orden de éstas no es fijo; no existe, como en otras partes, un ascenso o descenso constante del cuestionario; la narración hace que se toquen muchos puntos relacionados con lo que pudiera constituir posteriormente otra repuesta; los informantes se toman la libertad de agregar lo que consideran de importancia; son muchas las preguntas y no todas pueden ser contestadas en cada encabezado. No obstante, analizados los capítulos individualmente, se descubre la existencia de un cuestionario.57 De él pueden ser mencionadas las siguientes preguntas: 1. ¿Cuál es el origen de este pueblo? 2. ¿Qué lugares habita, y cuáles son sus características y productos? 3. ¿Cuáles son los nombres, y cuál su origen etimológico, que se dan a este grupo humano? 4. ¿Cuál es su grado de cultura? 5. ¿Cuáles son sus ocupaciones más importantes? 6. ¿En qué artes descuellan? 7. ¿Cuáles fueron sus aportaciones culturales? 8. ¿Cuáles fueron sus dioses y cómo los adoraban? 9. ¿Cuáles son sus virtudes morales? 10. ¿Y sus defectos? 11. ¿Qué apariencia física tienen? 12. ¿Cuáles son sus comidas y cómo las preparan? 13. ¿Cómo se visten? 14. ¿Cómo se peinan? 15. ¿De qué tipo es su gobierno? 16. ¿Qué lengua hablan? 17. ¿En cuántos grupos se dividen o a qué grupo pertenecen? 18. ¿Cómo se organiza la familia? 19. ¿Qué educación dan a sus hijos?

Aparte de la frecuencia con que estos temas son tratados, la existencia de las preguntas se descubre por la indicación que los informantes hacen de referirse a una intervención del franciscano. Cito como ejemplos las frases siguientes: izcat qui in imitlacauhca, in imacu altiliz in otomí, "he aquí los vicios, los defectos de los otomíes"; izca in quichihua, "he aquí lo que hacían"; oc izca centlamantli in iyeliz, in innemiliz otomí, "he aquí otra forma de conducta, otro hecho de la vida de los otomíes". En otras ocasiones, por el contrario, es el propio informante el que parece tomar la iniciativa: oc izca achiton, in no monequiz mitoz in intechcopa toltecah, "he aquí aún un poco más que es necesario decir en relación a los toltecas".

Las respuestas son libres, derivadas del conocimiento común, pero de gran importancia, fluidas y sin pretensiones de estar dichas en lenguaje elegante.



Libro undécimo. De las propiedades de los animales, aves, peces, árboles, hierbas, flores, metales y piedras, y de los colores

El Libro undécimo se anuncia ya desde su calificativo inicial en el Códice florentino como "bosque, jardín, vergel de la lengua mexicana". Mucho tiene, en efecto, de interés puramente lingüístico; pero su importancia como historia natural también es grande. Los informantes, que aportan descripciones de plantas y animales no conocidos sino en regiones distantes, debieron ser comerciantes expedicionarios o servidores de los jardines palaciegos que albergaban plantas exóticas ?o que tenían sus dibujos en los muros? y de la casa de las fieras58 que tanto espanto causó a los españoles.

La clasificación de plantas y animales obedece tanto a parentesco biológico como a fines de aprovechamiento. Aunque los grandes encabezados capitulares están establecidos jerárquicamente por Sahagún, la clasificación en párrafos y las listas de las especies parecen hechas por los nahuas. Esto puede verse en la doble clasificación que en algunos casos hace remitir la descripción de animales acuáticos a las referencias ya pasadas de aves o mamíferos, o en que la serpiente que vive en los hormigueros ?tzicanantli? no sea mencionada entre las de su orden, sino junto a las hormigas. Por rudimentaria que fuese la clasificación biológica europea en la época, estas libertades serían imperdonables.

La variedad de cuestionarios utilizados en este libro y la extensión de los temas hace necesario que ofrezca aquí sólo los ejemplos más sobresalientes. Por otra parte, muchos de los problemas mencionados al referirme al cuestionario de las naciones en el libro anterior valen para éste.

Un orden aproximado de las preguntas hechas con referencia a los cuadrúpedos, que he obtenido por mayoría numérica de casos de sucesión, es la siguiente: 1. Nombre o nombres del animal. 2. ¿A qué animales es semejante? 3. ¿Dónde vive? 4. ¿Por qué recibe este nombre? 5. ¿Qué aspecto tiene? 6. ¿Qué costumbres tiene? 7. ¿De qué se alimenta? 8. ¿Cómo caza? 9. ¿Qué sonido produce? A éstas se agrega en escasas ocasiones la pregunta que busca vocabulario simple, sin relación con el tema. La que alude al aspecto es la más frecuente y la mejor desarrollada; la de las costumbres también adquiere extensión e importancia considerables. Pueden descubrirse algunas frases que indican contestación: inic tlama, "así caza"; inic itlacual, "así es su comida"; inic maci, "así se caza"; auhin ieliz, "y su forma de vida".

Los textos referentes a las aves son recogidos con el mismo cuestionario, con un orden más variable, y predominan las respuestas que indican el lugar de vida y el aspecto. Las preguntas especiales empiezan a surgir: si emigran y cuándo lo hacen, cuántos huevos empollan, cómo son éstos, si son aves comestibles y cómo es su carne, cuando se refieren a las del lago; cómo cazan, al hablar de las rapaces; cómo cantan, al referirse a las canoras. Aumenta la frecuencia de la pregunta acerca del origen del nombre, a menos que sea información espontánea cuando éste es onomatopeya. En vez de contestarse a qué animal es semejante el ave citada, se dice a qué clasificación pertenece, y así se contesta "es un pato", "es un águila". Las digresiones adquieren importancia, por la libertad que concede el franciscano en busca de informes mayores. Las respuestas son de regular extensión cuando se refieren al aspecto y breves en lo demás, con importantes excepciones. Al final se incluye en extenso vocabulario anatómico de aves, motivado tal vez por la mención que se hace de las muy diversas clases de plumas en el párrafo de las rapaces.

Al hablar de las serpientes y de los insectos aumenta el cuestionario con las obvias preguntas acerca de si son o no venenosos y de su forma de atacar.

En el párrafo de los árboles frutales se pregunta por el aspecto del árbol, las características de la fruta y empieza a adquirir importancia la exigencia de palabras para el vocabulario, a la que se responde con mucha frecuencia con verbos enunciados en la primera persona del singular. Doy como ejemplos: nictzetzeloa; nictequi, nixococihui, que significan "yo lo sacudo [al árbol] para que caiga la fruta"; "yo corto [la fruta]"; "yo tengo dentera [al comer la fruta]". No obstante esta exigencia, se ve que Sahagún insiste en que las dos primeras preguntas sean respondidas también con palabras sin ilación sintáctica que puedan ser utilizadas en el calepino. Paralela se ve la tendencia de los informantes de liberarse de esta forma de expresión, y lo lograran en aclaraciones relativas al medio, a la medicina, etcétera. Al referirse a los árboles de flores se cambia la segunda pregunta por la de las características de éstas.

En el párrafo que habla de las hierbas comestibles se pregunta, sin riguroso orden de cuestionario, dónde crecen, cuál es el origen de su nombre, cuál es su aspecto, a qué saben, cómo se comen, y se termina con la exigencia de vocabulario. En el de pastos, cuál es su aspecto, para qué sirven, dónde se producen y se exige vocabulario. En el de los hongos se agregan las cuestiones de si son medicinales, si son comestibles y cómo se preparan. En el de estupefacientes se preguntan los efectos que producen en el organismo y en la mente.

Los referentes a los árboles en general, a las partes del árbol, a la madera, al bosque, al jardín y a las flores en general son exclusivamente lingüísticos. Se contesta con palabras sueltas, con verbos enunciados en primera persona del singular, con adjetivos simplemente aplicables, con locativos y abundanciales, con nombres de los procesos de germinación, maduración, marchitamiento, con frases y dichos.

En la parte relativa a las piedras preciosas y espejos, las preguntas son, no en orden estricto: 1. ¿De dónde viene el nombre? 2. ¿Cuál es su aspecto? 3. ¿Quiénes pueden usarlas?, al hablar de las preciosas. 4. ¿En qué forma se pulen o utilizan? 5. ¿Qué valor les atribuyen? 6. Exigencia de vocabulario, que se contesta con verbos enunciados en primera persona del singular. La primera pregunta debió de haber sido hecha con demasiada insistencia, pues es frecuente la contestación acampa quiza in itoca, "de ninguna parte proviene su nombre", u otra semejante.

Cuando se trata de colores, si el tema es de materias primas, pregunta el franciscano el origen del nombre, si es animal, vegetal o mineral, el lugar donde se produce, la forma de elaboración del producto, el color que de él se obtiene y exige vocabulario. Cuando se habla del material colorante ya elaborado pregunta el origen del nombre, los tonos cromáticos, la forma de fabricación y exige vocabulario.

He querido mencionar en lugar postrero lo relativo a las medicinas parte que se incluye en el capítulo séptimo del libro. Lo hago porque la mención de los autores59 ?como en el caso de las enfermedades y las medicinas? indica que fue encargado a especialistas; porque las contestaciones son muy libres y extensas si se comparan con el resto de las del libro; porque falta toda exigencia de vocabulario, y porque ninguna relación tienen las plantas, animales y minerales medicinales aquí descritos con las menciones que de los mismos se hacen en el resto de este tratado de historia natural. Todo indica que es una obra no sólo independiente, sino muy diversa, insertada en el Libro undécimo. Es más, no aparece la versión definitiva sino en el Códice florentino, aunque sustituye un pobre apartado del Códice matritense.

El cuestionario, con poca variación en el orden y con gran frecuencia en el cumplimiento de las respuestas, está formado de la siguiente manera: 1. ¿Qué es?, en caso de plantas, ¿qué parte de la planta es? 2. ¿Qué aspecto tiene? 3. ¿Qué cura? 4. ¿Cómo se prepara la medicina? 5. ¿Cómo se administra? 6. ¿Dónde se encuentra?



Libro doceno. Que trata de la conquista de México

Muchos son los problemas de esta historia de la conquista, y muy contradictorias las respuestas que los estudiosos han dado al respecto.60 Sin embargo, en el orden del método empleado en la versión del Códice florentino puede decirse que el proceso es simple: Sahagún recogió de los informantes indígenas de Tlatelolco una relación que ellos tenían acerca de la caída de México. El estilo náhuatl no deja lugar a dudas, puesto que abundan los enlaces característicos de los relatos no interrumpidos por preguntas, principalmente los que se forman con la palabra auh y un verbo en pretérito perfecto que hace referencia al último mencionado en la frase anterior; la descripción contiene largas listas de funcionarios y los parlamentos de típico estilo indígena dan frecuentemente cuerpo a la historia. Que el origen es tlatelolca no cabe tampoco duda, puesto que el papel de los mexicanos de la ciudad del norte se juzga más meritorio que el de los de la hermana Tenochtitlan, y hay frases que exaltan su valor, como la siguiente: [...] ayatle huel quichiuhque; juhquin tetitech onehuaco; yehica ca in tlatilulque cenca mochicauhque, o sea "[...] nada pudieron hacer [los hombres de Alvarado]; fue como si contra una roca vinieran a enfrentarse, porque los tlatelolcas se hicieron muy fuertes". Es seguro que esto no fue dictado por tenochcas.

Sahagún sólo dividió por capítulos, y ni siquiera siempre en el lugar debido, pues cuando menos entre el XXI y el XXII y entre el XXXIII y el XXXIV cortó la frase de los informantes.



CONCLUSIÓN

Nuevas preguntas surgen al terminar este acercamiento. Pueden mencionarse tres de importancia capital: ¿En qué grado hay veracidad en las respuestas de los informantes? ¿En qué grado las respuestas pueden considerarse rescate de la antigua cultura? ¿Hasta qué punto Sahagún empleó fielmente el material que le fue proporcionado? Algo puede contestase ya con lo aquí expuesto. Sin embargo, quedan como caminos necesarios el cotejo de los informes con los que nos dan otras fuentes y la comparación muy minuciosa de todos los manuscritos en lengua náhuatl entre sí y con la Historia general. Es éste tan sólo un paso previo.

El análisis del método de esta obra ?que bien puede ser considerado su primera historia, para diferenciarla de aquella otra tan calamitosa que la sumió en el olvido dos siglos? muestra que no puede ser vista como trasplante de un modo de inquirir del Occidente cristiano ?reavivada la vieja enciclopedia medieval por el humanismo? ni como invento de un hombre. Tampoco es el fruto postrero de la milenaria tradición de los cultivadores del maíz ni el perfeccionamiento del viejo glifo de colores. Surgió como nueva realidad que no es suma ni promedio. Está cargada de comprensión y de incomprensiones. Fue teñida por un sueño que no se realizó y persiste como una realidad que no fue soñada, fuente que da a conocer al hombre náhuatl y en última instancia al hombre.



BIBLIOGRAFÍA DE SAHAGÚN61

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Arte adivinadora o breve confutación de la idolatría: véase García Icazbalceta, Bibliografía..., México, Librería de Andrade y Morales. Sucs., Imp. de Francisco Díaz de León, 1886, XXIX-419 (3) p. [ Links ], ils., p. 314-323, y en la edición citada en la "Bibliografía acerca de Sahagún" de este trabajo (1954).

Arte de la lengua mexicana con su vocabulario apéndiz

Bordón espiritual

Breve compendio de los ritos idolátricos que los indios de esta Nueva España usaban en el tiempo de su infidelidad: "Un breve compendio de los ritos idolátricos que los indios desta Nueva España usavan en el tiempo de su infidelidad, nach dem vaticanischen Geheimarchiv aufbewahrten Original zum ersten Mal herausgegeben von P. W. Schmidt S. V. D.", Anthropos, Ephemeris international ethnologica et lingüística, Salzburg, Austraria, v. I, 1906, p. 302-318. [ Links ]

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Declaración parafrásica del símbolo de quicumque vult (de san atanacio)

Doctrina para médicos

Ejercicio cuotidiano en lengua mexicana

Escalera espiritual

Espejo espiritual

Espiritual manjar sólido

Evangeliarium, epistolarium et lectionarium aztecum. Evangeliarium, epis-tolarium et lectionarium aztecum sive mexicanum ex antiquo códice mexicano nuper reperto, depromtum cum praefatione, interpretatione, adnotationi-bus, glossario, eidit Bernardinus Biondelli, Mediolani, Typis Jos, Bernardoni Q. M. Johannis, 1858, XLIX-574 p. [ Links ]

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Fruta espiritual

Historia general de las cosas de Nueva España: Historia de la conquista de México, escrita por el P Sahagún, de la orden de S. Francisco, y uno de los primeros enviados a la Nueva España para propagar el evangelio, publícala por separado de sus demás obras Carlos María de Bustamante, México, Imprenta de Galván, 1829, 70 p. [ Links ]; Historia general de las cosas de Nueva España que en doce libros y dos volúmenes escribió el R. P fr. Bernardino de Sahagún, de la observancia de San Francisco, y uno de los primeros predicadores del Santo Evangelio en aquellas regiones, dala a la luz con notas y suplementos Carlos María de Bustamante, 3 v., México, Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1829-1830; [ Links ] Historia general de las cosas de Nueva España, en Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, 9 v., London, 1831-1848, v. V y VII; [ Links ] Histoire generale des choses de la Nouvelle-Espagne, traduite et annotée par D. Jourdanet et par Rémi Siméon, París. G. Masson Editeur, Librairie de I'Académic de Médecinc, 1880, LXXXIX-898 p. [ Links ]; Apéndiz del Libro I. que falta en las ediciones de 1830, véase Garcia Acazbalceta, Bibliografía..., 1886, p. 309-314, [ Links ] y en la edición citada en la "Bibliografía acerca de Sahagún" de este trabajo (1954); Historia general de las cosas de Nueva España, notas y suplementos por Carlos María de Bustamante, 4 v., México, Imprenta, Litografía y Encuadernación de Ireneo Paz, 1890-1895 (Biblioteca Mexicana, 22-25); [ Links ] 1547-1577. A History of Ancient Mexico, translated by Fanny R. Bandelier, Nashville, Fisk University Press, 1932, VIII-(I), 315 p. [ Links ]; Historia general de las cosas de Nueva España, edición de Joaquín Ramírez Cabañas, nota preliminar de Wig-berto Jiménez Moreno, estudios de Nicolás León e Ignacio Alcocer, 5 v., México, Editorial Pedro Robredo, 1938, ils. [ Links ]; Suma indiana, introducción y selección de Mauricio Magdaleno, ilustraciones de Julio Prieto, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1943, XXXIV-202 p. (Biblioteca del Estudiante Universitario, 42); [ Links ] Historia general de las cosas de Nueva España, noticia preliminar, bibliografía, notas, revisión y guía para estudiar a Sahagún de Miguel acosta Saignes, 3 v., México, Editorial Nueva España, 1946 ils. (Colección Atenea, 23); [ Links ] Historia general de las cosas de Nueva España, noticia preliminar, bibliografía, notas, revisión y guía para estudiar a Sahagún de Miguel Acosta Saignes, 3 v., México, Editorial Alfa, 1955, ils. (edición facsimilar de la de 1946); [ Links ] Historia general de las cosas de Nueva España, disposición de la edición para la prensa numeración, anotaciones y apéndices por Ángel María Garibay K., 4 v., México, Editorial Porrúa, 1956, ils. (Biblioteca Porrúa, 8-11); [ Links ] Tenochtitlan, México, descrito por fray Bernardino de Sahagún, texte presenté et annoté par J. Dovez, París, Libraire a. Hatier, 1957, 80 p. (Collection Ibéro-Américaine, publiée sous la direction de M. Duviols et J. Villégier); [ Links ] Historia general de las cosas de Nueva España, disposición de la edición para la prensa, numeración, anotaciones y apéndices por Ángel María Garibay K., 4 v., México, Editorial Porrúa, 1969, ils. (Biblioteca Porrúa, 8-11) (edición facsimilar de la de 1956). [ Links ]

Impedimentos del matrimonio

Leche espiritual

Libro de la conquista (segunda redacción). La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de México, comprobada con la refutación del argumento negativo que presenta don Juan Bautista Muñoz, fundándose en el testimonio del P. fray Bernardino de Sahagún; o sea: Historia original de este escritor, que altera la publicada en 1829 en el equivocado concepto de ser la única y original de dicho autor, publícala, precediendo una disertación sobre la aparición guadalu-pana, y con notas sobre la conquista de México, Carlos María de Busta-mante, México, impreso por Ignacio Cumplido, 1840, XIV-252 p.

Los mandamientos de los casados

Lumbre espiritual

Manual del cristiano

Otra declaración del mismo símbolo (de quicumque vult de san atanacio) por manera de diálogo

Pláticas para después del bautismo de los niños

Postillas: a) Postillas sobre las epístolas y evangelios de los domingos de todo el año; Adiciones a la Postilla o Declaración breve de las tres virtudes teologales; c) Apéndice de esta Postilla o doctrina cristiana en mexicano.

Psalmodia cristiana: Psalmodia cristiana y sermonario de los santos del año, en lengua mexicana, ordenada en cantares o psalmos, para que canten los indios en los areitos que hacen en las iglesias, México, impreso por Pedro Ocharte, 1583.

Regla de los casados

Síguense unos sermones de dominicas y de santos en lengua mexicana, no traducidos de sermonario alguno sino compuestos nuevamente a la medida de la capacidad de los indios: breves en materia y en lenguaje congruo, venusto y llano, fácil de entender para todos los que le oyeren, altos y bajos, principales y meceguales, hombres y mujeres.

Sumario de todos los libros y prólogos de la historia general de las cosas de Nueva España

Vida de san Bernardino

Vocabulario trilingüe castellano, latino y mexicano



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Notas

* Este trabajo se publicó originalmente como un capítulo de la obra coordinada por Jorge Martínez Ríos, La investigación social de campo en México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, 1976, p. 9-56. Se incluye aquí, con autorización de su autor, por la relevancia que tiene para la comprensión de la obra de fray Bernardino de Sahagún y por ser actualmente de difícil acceso. [Nota del ed.].

1 Wigberto Jiménez Moreno, "Fray Bernardino de Sahagún y su obra", en Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, edición de Joaquín Ramírez Cabañas, 5 v. México, Editorial de Pedro Robredo, 1938, el estudio de Jiménez Moreno en v. 1, p. XIII-LXXXIV.

2 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, numeración, anotaciones y apéndices de Ángel María Garibay K., 4 v., México, Editorial Porrúa, 1956 (Biblioteca Porrúa, 8-11), I, 105. Siempre que se cite la Historia general sin especificarse la edición, ha de enternderse la mencionada en esta nota.

3 Pueden mencionarse, a manera de simple ejemplo, Angel María Garibay K., Historia general..., proemio general, I, 11; Joaquín García Icazbalceta, Bibliografía mexicana del siglo XVI. Catálogo razonado de libros impresos en México de 1539 a 1600, con biografías de autores y otras ilustraciones, precedido de una noticia acerca de la introducción de la imprenta en México, editado y con notas de Agustín Millares Carlo, México, Fondo de Cultura Económica, 1954, 584 p. (Biblioteca Americana. Serie de Literatura Moderna, Historia y Bibliografía), p. 375; Donald Robertson, "The Sixteenth Century Mexican Encyclopedia of fray Bernardino de Sahagún", Cuadernos de Historia Mundial, Commission Internationale por une Histoire du Développment Scientifique et Culturel de I'Humanité, v, IX, n. 3, Éditions de la Báconniere, Neuchatel, Switzerland, p. 617-628, esta referencia en 625-626, en especial nota 26; Jiménez Moreno, op., cit., liii; Arthur J. Anderson, "Sahagun's Náhuatl texts as Indigenist documents", Estudios de Cultura Náhuatl, v, II, México, 1960, p. 31-42, esta referencia en 35.

4 Sahagún, op. cit., I, 105.

5 Vid. García Icazbalceta, op., cit., 345; Alfonso Toro, "Importancia etnográfica y lingüistica de las obras del padre fray Bernardino de Sahagún", Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografia, cuarta época, t. 2, México, 1924, p. 1-18, esta referencia en 7-8; Robert Ricard, La conquista espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España, traducción de Angel María Garibay K., México, Editorial Jus/Editorial Polis, 560 p., ils., 125-126. Cfr. Ángel María Garibay K., Historia de la literatura náhuatl, 2 v., México, Editorial Porrúa, 1953-1954, ils. (Biblioteca Porrúa, 1 y 5), II, 66.

6 Esta idea no es sólo de Sahagún. Véase, por ejemplo, a Acosta, que frecuentemente se refiere a la necesidad del conocimiento de las costumbres indígenas como auxiliar de la evangelización. Joseph de acosta, Historia natural y moral de las Indias en que se tratan de las cosas notables del cielo, elementos metales, plantas, y animales dellas, y los ritos y ceremonias, leyes y gobierno de los indios, preparación, apéndices e índice de materias por Edmundo O'Gorman, México, Fondo de Cultura Económica, 1962, XCVI-446 p. (Biblioteca Americana. Serie de Cronistas de Indias), 14, 45, 215, 278, etcétera.

7 También Acosta se refiere a este fin como motivo de su Historia, op. cit., 318.

8 Sahagún, op. cit., 1, 27-28.

9 Ibid. 1, 31-32.

10 lid. José Antonio Maravall, "La utopía politico-religiosa de los franciscanos en Nueva España", Estudios Americanos, v, I, n. 2, enero de 1949, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, p. 199-228,passim; Luis Nicolau D'Olwer, op. cit., 155-170; John Leddy Phelan, The Millennial Kingdom of the Franciscans in the New World. A study of the writings of Geronimo de Mendieta (1525-1604), Berkeley-Los Ángeles, University of California Press, 1956, 160 p. (University of California Publications in History, XLII), passim. He tenido conocimiento que Edmundo O'Gorman realiza actualmente un estudio en el que incluye detalladamente el problema de la influencia de esta utopía en la historiografía de la época, estudio que espero sea de la gran calidad que la firma de dicho autor obliga.

11 Op. cit., 45.

12 Op. cit., III, 158-161.

13 Ibid, II, 53. En cuanto a la recuperación de las tierras separadas de la Iglesia, iibid., I, 31.

14 Miguel León-Portilla, Siete ensayos sobre cultura náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1958,160 p., 12.

15 Cfr, Nicolau D'Olwer, op. cit., 171.

16 Códice franciscano. Siglo XVI. Informe de la provincia del Santo Evagelio al visitador licenciado Juan de Ovando. Informe de la provincia de Guadalajara al mismo. Cartas de religiosos. 15331569, advertencia al lector por Joaquín García Icazbalceta, prólogo de Salvador Chávez Hayhoe, México, Editorial Salvador Chávez Hayhoe, 1941, XLVI (2) 302 p. (Nueva Colección de Documentos para la Historia de México, 61); Fray Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, advertencias por fray Joan de Domayquia, noticias del autor y de la obra de Joaquín García Icazbalceta, 4 v., México, Editorial Salvador Chávez Hayhoe, 1945, IV, 114.

17 Miguel León-Portilla, "Significado de la obra de fray Bernardino de Sahagún", Estudios de Historia Novohispana, v, I, México, 1966, p. 13-28, 21.

18 Quien desee conocer estudios más detallados acerca del método en general, que no se estudia aquí con amplitud por importar más la reconstrucción de la minuta y los cuestionarios desarrollados, puede consultar las obras ya citadas de García Icazbalceta, Jiménez Moreno, Garibay K., Alfonso Toro, las dos de León-Portilla, Ricard, 124-125, Nicolau D'Olwer y Anderson.

19 Op. cit., I, 105-106.

20 Mendieta, op. cit., IV, 114-115.

21 García Icazbalceta, op. cit., 345.

22 Vid. La importancia de los gramáticos, Anderson, op. cit., 35, y Ricard, op. cit., 125.

23 Op. cit., I, 105-106.

24 Ibid., III, 165.

25 Ibid., I, 106-107.

26 José Fernando Ramírez, "Códices mexicanos de fray Bernardino de Sahagún", Anales del Museo Nacional de México, segunda época, t. I, México, 1903, p. I-34, 6.

27 Cfr. Ángel María Garibay K., Vida económica de Tenochtitlan. 1. Pochtecáyotl (Arte de traficar), paleografía, versión, introducción y apéndices preparados por... , México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Saminario de Cultura Náhuatl, 1961, 190 p. (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl. Textos de los Informantes Indígenas de Sahagún, 3), 8.

28 Garibay, K., Historia de la literatura..., II, 65.

29 Garibay K., Historia general..., I, 12, y Anderson, op. cit., 41.

30 Alfredo Chavero, Historia antigua y de la conquista, v. I de México a través de los siglos, publicada bajo la dirección de Vicente Riva Palacio, 5 v., México, Publicaciones Herrerías, s/f, 34.

31 Garibay K., Historia de la literatura..., II, 72-73, y Vida económica..., 14; Miguel León-Portilla, "Ramírez de Fuenleal y las antigüedades mexicanas", Estudios de Cultura Náhuatl, v, VIII.

32 Garibay K., Historia de la literatura..., II, 67-71.

33 Robertson, op. cit., passim.

34 Op. cit., segundo cuadro, desplegado entre XL-XLI.

35 I, 28.

36 Vid. el capitulo XXVII de su Libro décimo.

37 Ibid., II, 256.

38 Ángel María Garibay K., Veinte himnos sacros de los nahuas, publicados en su texto, con versión, introducción, notas de comentario y apéndices de otras fuentes por... , México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958, 280 p. (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, Informantes de Sahagún, 2), 10. Los problemas relativos a los himnos son en extremo abundantes y escabrosos. Quien quisiere penetrar en ellos tiene en la obra mencionada en esta nota el mejor estudio que sobre la materia se ha hecho.

39 Ibid., 23.

40 Primeros memoriales, en Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, ed. facs. de Francisco del Paso y Troncoso, 4 v. [V, VI (cuaderno 2), VII y VIII], Madrid, Fototipia de Hauser y Menet, 1905-1908, V. VI (cuaderno 2), p. 41.

41 Quien desee más información sobre estos apéndices puede recurrir a Miguel León-Portilla, Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses, introducción, paleografía, versión y notas de..., México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958, 176 p., ils. (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl. Textos de los Informantes Indígenas de Sahagún, 1).

42 Historia general..., I, 265.

43 Op. cit., p. 130.

44 Códice matritense del Real Palacio, en fray Bernardino de Sahagún, ed. facs. citada de Del Paso y Troncoso, v. VI.

45 Para mayor información véase Alfredo López Austin, Augurios y abusiones, versión, notas y apéndices por... , México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl. Textos de los Informantes Indígenas de Sahagún, 4).

46 Garibay, K., Historia general..., II, 41-42.

47 Thelma D. Sullivan, "Nánuatl proverbs, conundrums and metaphors collected by Sahagun", Estudios de Cultura Náhuatl, v. VII, México, 1963, p. 93-178, 94.

48 Garibay K., Historia general..., II, 46.

49 Ibid., II, 43.

50 II, 256.

51 Historia general...,II, 251.

52 D. Jourdanet y Rémi Siméon, en Fray Bernardino de Sahagún, Histoire genérale des choses de la Nouvelle-Espagne, traduite et annotée par..., París, G. Masson, Editeur, Librairie de l'Académie de Médecine, 1880, IXXIX-898 p., p. 593-594 y 597, n. I, citados por Ricard, op. cit., 122.

53 Garibay K., Historia general..., II, 88-89.

54 Robertson, op. cit., 624-625.

55 En relación a esto es importante ver el artículo de Charles E. Dibble, "Náhuatl names for body parts", Estudios de Cultura Náhuatl, v. I, México, 1959, p. 27-30, y el de Spencer L. Rogers y Arthur J. O. Anderson, "El inventario anatómico sahaguntino", Estudios de Cultura Náhutl, v. V, México, 1965, p. 115-122.

56 Trato más a fondo este capítulo en Alfredo López Austin, "De las enfermedades del cuerpo humano y de las medicinas contra ellas", Estudios de Cultura Náhuatl, v. VIII.

57 Esto ha permitido precisar las preguntas, por ejemplo, en el caso de los huaxtecos. Vid. Miguel León-Portilla, "Los huaxtecos según los informantes de Sahagún", Estudios de Cultura Náhuatl, v, V, México, 1965, p. 15-30, 17-18.

58 Garibay K., Historia general..., III, 216-217.

59 Sahagún, Historia general..., III, 326.

60 Cfr. Ramírez, op. cit., 19-22; Chavero, op. cit., 36; Eugène Boban, Documents pour server a l'Histoire du Mexique, Catalogue reisonné de la Collection de M. E. Eugene Goupil. (Ancienne Colection J. M. A. Aubin), 2 v., París, Ernesti Leroux, 1891, ils., 189; García Icazbalceta, op. cit., 374-375; Garibay K., Historia general..., IV, 7-14; Jiménez Moreno, op. cit., XLIX-1; Miguel León-Portilla, Visión de lo vencidos. Relaciones indígenas de la conquista, introducción, selección y notas de..., versión de textos nahuas de Ángel María Garibay K., 2a. Ed., México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1961 (Biblioteca del Estudiante Universitario, 81); Nicolau D'Olwe, op. cit., 154-155; Luis Leal, "El Libro XII de Sahagún", Historia Mexicana, México, octubre-diciembre de 1955, v. V, 2, n. 18, p. 184-210, ils.

61 No he pretendido incluir en estas listas bibliográficas sino las obras principales. Esta primera lista, "Bibliografía de Sahagún", se encuentra dividida en dos partes: a) las obras escritas por el franciscano y sus ediciones, totales y parciales; b) las ediciones de los textos de los informantes indígenas de Sahagún y las traducciones del náhuatl que de algunos de ellos se han hecho a diversas lenguas modernas. El diferente origen de estas obras hace que merezcan, a mi juicio, un lugar especial.

La primera parte de esta "Bibliografía de Sahagún" no es en modo alguno definitiva y se ha integrado con muchísimas dudas. Trascribo enseguida lo que Jiménez Moreno, en su Fray Bernardino de Sahagún y su obra, p. XIX, dice respecto al estudio de la producción del franciscano: "Complicada como pocas es la bibliografía de Sahagún y, a pesar de nuestro empeño, será esta enumeración harto incompleta y defectuosa. Hay para tal complejidad serios motivos, y es uno la existencia de varias copias de una obra misma en etapas distintas de elaboración, y el estado fragmentario o trunco del algunas de ellas; son otros el frecuente cambio de títulos y los nuevos arreglos que el autor inducía; y agréguese a esto lo incorrecto o lo pobre de las noticias bibliográficas y el desconocimiento de la lengua en que las obras están escritas por parte de los biógrafos que las describen".

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