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JAVIER CASTELLANOS MARTÍNEZ
Cooperativa de autodefensa La Esperanza, Jalapa, Nueva Segovia, Nicaragua. Foto: Antonio Turok
Ojarasca, Periódico La Jornada.
Febrero 2019.
Tiene tiempo de esto, unos dos tres años, en un mes de febrero, en la ciudad de Oaxaca. Los encargados de mirar por el buen desarrollo de las lenguas indígenas, reunieron a un grupo de intelectuales de origen indígena que se considera que saben sobre el tema y querían que dieran a conocer su pensamiento y opinión al respecto. Para esto, por diversos medios invitaron a asistir a todo aquel que le interesara este tema. Cuando llegó el día señalado, los oradores invitados empezaron a expresar sus opiniones ante un buen número de interesados, hubo alguien que dijo: ?México es un país rico por sus 62 lenguas, 63 con el español?; otro dijo, casi en la euforia: ?Nosotros somos como una casa que tiene 62 ventanas que nos permiten ver todo lo que nos rodea?; apoyando esta idea el otro dijo: ?somos un cuerpo con 62 pares de ojos que nos permiten ver diferentes cosmovisiones?. Como siempre, no faltó la voz discordante que recordó que estas lenguas estaban pasando por un mal momento; a esto, todos los que se encontraban en la mesa de oradores aceptaron esta situación, agregando cada quien lo que a su juicio era la causa: que estos idiomas no cuentan con suficientes libros, que no hay discos para escucharlas y al tocar al responsable de esa situación, todos coincidieron en acusar al gobierno. Ya para finalizar, el conductor del evento, dirigiéndose al público, preguntó si no había alguien que tuviera una duda o que quisiera hacer una pregunta a los especialistas o dar su propia opinión. Dijo que para ello estaba a su disposición el micrófono para quien quisiera hacerlo; esperó un momento hasta que alguien sentado hasta la parte de atrás, levantó la mano. Los que ayudaban a la organización del evento, contentos por la participación del público, casi corrieron a llevarle un micrófono para que todos escucháramos su opinión. Obviamente que nadie esperaba palabras que contradijeran lo dicho por los expertos, por eso se oyó la insolencia cuando aquel hombre empezó a decir:


?Ya dejen de lloriquear, ya es hora de que entiendan que esos idiomas están destinados a desaparecer, porque no aportan nada, ni a ustedes les sirven cabalmente, lo único que hacen es que estos eventos se vuelvan como velorios, algunos haciendo que lloran, otros asistiendo por pura formalidad y los únicos que lloran son los que en verdad aman esos idiomas, pero lo recomendable es que ya los entierren y dejen de lloriquear para dedicarse a otra cosa más productiva.

Por eso cuando terminó de hablar, la persona que conducía el evento, con algo de nerviosismo dijo: ?Todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, este es un punto de vista y es respetable? y después dirigiéndose a los intelectuales que se encontraban en la mesa de los oradores, preguntó si alguien de ellos quería responder al decir de aquella persona. Quién sabe si ninguno tenía qué comentar o estaban de acuerdo con lo dicho, la cuestión es que nadie quiso hablar y así terminó lo que quería ser una fiesta para celebrar el día de las lenguas.

Ya ni pensaba yo en esto, cuando una mañana en que llegué a la ciudad de Oaxaca, caminando me dirigía al lugar donde debía ir ese día, cuando vi que a unos diez metros, en la banqueta, allí estaba una persona que me miraba fijamente, no podía reconocer quién era: un alto, güero, de unos cincuenta años, cuando llegué a donde estaba, sonriente me tendió la mano, diciéndome:

?Buenos días, maestro.

Ni modos de no contestarle, me detuve y le di mi mano, hasta entonces me acordé quién era, era el que nos dijo que ya no lloráramos por nuestros idiomas; al recordarlo, sentí molestia de volverlo a ver, por lo que simulé no recordar quién era, hasta cuando le dije que me estaba confundiendo, me dijo:

?Tú estabas entre los oradores que hablaron sobre la lengua en el auditorio de la Universidad y yo soy el que les dijo que dejaran de lamentarse de la suerte de su idioma ?sonriendo volvió a decir?, yo soy.

Me estaba preparando para contestarle ofensivamente, cuando señalando la entrada de una casa muy bonita, que en su interior se veía una puerta de vidrio, este individuo con mucha amabilidad, señalándola, me dijo:

?Ese es mi despacho, yo soy abogado y también doy clases en la universidad, por eso allí estaba cuando hablaron de ese tema, pásale ?me dijo señalándome la puerta? te invito a tomarnos un café.

Lo sentí casi cínico, pero ya no le dije nada, me di cuenta que quería platicar y yo todavía no desayunaba, así que me justifiqué, pensando que nada mal me caería un café y entré a su despacho.

?Siéntate ?me dijo ofreciéndome un gran sofá que allí se encontraba, mientras se apuraba a servir el café que allí ya tenía, me vino a dejar una taza con un platito de galletas, con la taza de café en la mano, le pregunté: ?De dónde es usted, cómo es que vive en Oaxaca y odia lo que tiene Oaxaca.

Con una sonrisa que la vi forzada me contestó:

?Yo no odio lo que tiene Oaxaca, lo que pasa es que no tolero la simulación, me repugna el miedo que se ve en algunos indígenas, el miedo a perder lo que consideran que ya ganaron, sin darse cuenta que sus pueblos ya casi nada tienen que perder, y simulan no ver la verdadera situación de sus pueblos para no molestar a sus patrocinadores, a ellos les dije lo que dije, porque allí estaban algunos.

Esto que dijo me causó un poco de molestia, aunque le veía algo de verdad, pero para no denotar que me sentía aludido me atreví a decirle:

?Dónde estudió usted que no conoce la historia de estos pueblos, por eso ofende con facilidad, ¿no sabe que fuimos conquistados?, que cuando se fundó este México, desde entonces se determinó que sólo la lengua castellana fuera la que en él se hablara y que las demás deberían desaparecer, y que no fueron simples palabras, se mandaron maestros por todas las regiones para castellanizar y hacer que dejaran de hablar su idioma, natural para ellos, con el que nacieron. Y aprovechándose de la triste situación en la que vivían por su condición de esclavos, de conquistados, con todas las secuelas que esto trae: enfermedades, carencias, envidias, maldades, que cuando oyeron decir ?la letra y el castellanos son la llave para el progreso, para desterrar los problemas que aquejan a nuestros compatriotas?, como le sucede a alguien que lo va arrastrando el río, al ver una rama que lo pueda salvar, aunque esté erizada de espinas, de ella se va a agarrar con tal de salvarse, así fue como les pasó a nuestros pueblos, así vieron esas palabras que aquellos les decían, aunque hasta hoy algunos ya comprendan que su idioma no era el río que los arrastraba, pero parece que ya es tarde, parece que ya sólo queda lo que usted dijo ?ponerse a lloriquear?.

Mientras le decía esto, con su taza de café en una mano, y con la otra como si planchara el mantel en donde estaba la jarra de café, me escuchaba con atención, por eso cuando terminé de hablar, vino a sentarse frente a mí en otro sillón que allí estaba, le dio un trago a su café y dijo:

?Nada tengo que decir de aquellos que no olvidan, me disgusta que haya quien olvide y se deje engañar creyendo en una ley que dice que las lenguas no deben desaparecer, contentos porque ven una tienda con nombre en un idioma, confiados porque ya hay una oficina para atender este problema, o porque ya hay unos cuantos que escriben o cantan en su idioma, y si tienen algún disgusto es porque ellos no mandan en esas oficinas, tiendas o leyes, a éstos son a los que me refiero cuando digo que hay simuladores, y a fin de cuentas a los que lloran con sinceridad, hay que decirles que comprueben bien si su enfermo tiene remedio, si lo tiene pues que se muevan, que viajen, visiten, toquen puertas, hay posibilidades de vida; si creen que ya no hay remedio, también hay que movilizarse para preparar un buen funeral, incluso si fue víctima de alguien, pues prepararse para el litigio para que se paguen los daños, no sirve de nada, sólo ponerse a llorar.

Tratando de no mostrar mi molestia y casi convencido de que me encontraba frente a un fascista, ya preparándome para salir de su oficina, al mismo tiempo que dejaba la taza vacía sobre la mesa donde estaban los trastes, le contesté:

?Desde su posición es fácil decir eso, pero la verdad es que para nosotros, los pocos que estamos interesados en este asunto de las lenguas, eso que dices que hacemos es lo único que nos queda hacer, siempre en esto de la lengua no hay recursos destinados para reactivar o cuidarlas.

Al verme ya dispuesto a despedirme me dijo con mucha amabilidad: ?Seguramente tienes algo que hacer ahorita, me hubiera gustado seguir platicando contigo de este tema, para exponerte otra idea al respecto y yo conocer las tuyas más de cerca, y pensaba yo después de nuestra plática, yo acostumbro por estas horas ir a almorzar a una fondita de por acá cerca, irnos a almorzar, yo te invito, pero ya habrá otra oportunidad, ¿no crees?

Yo en realidad no tenía a esa hora a dónde ir, la reunión a la que venía a la ciudad sería hasta las doce del día, así que lo de la invitación me tentó y di muestras de aceptar, lo cual él con inteligencia captó, porque sin hacer algún comentario al respecto, como si no hubiera habido alguna pausa en la plática que veníamos sosteniendo, al momento en que se arrellanaba en su sillón y señalaba el mío, siguió diciendo:

?Es cierto eso de los recursos, pero un indigente o el perro callejero más cargado de pulgas encuentran un recurso para mantener su vida porque tienen bien claro aunque sea a nivel de intuición o de reflejo lo que hay que hacer, y ése es el recurso que ustedes no tienen, no se han planteado un objetivo; se han nutrido de slogans de intelectuales que no sienten lo que implica esto de la lengua, y ustedes, gracias a ellos, consideran a la lengua de cada quien ?la ventana para ver el mundo?, ?el alma del pueblo?. No, mi amigo, es mucho más que eso, las lenguas del mundo existen porque cada grupo humano dijo ?quiero ser diferente a ti, queremos ser nosotros mismos?, la lengua de un grupo humano inventó los límites territoriales, por eso la diversidad de lenguas es un rotundo rechazo a la anexión, a la conquista, a la rapiña, a la ley del más fuerte; la diversidad de lenguas es un rechazo al dogma, al iluminado, al líder, al dios universal; y cada lengua que es aplastada (las lenguas no se extinguen, las extinguen) es un espacio para el fuerte, para el poderoso, por eso, cualquiera que se precie de ser un buen conquistador (o sea un buen gandalla) después de haber derrotado a sus conquistados empieza a destruir la lengua con todos los medios a su alcance, y si después de muchos años aún sigue la campaña por destruir el idioma de alguien es porque sigue conquistado, y si nadie se da cuenta de eso, que bien para el conquistador, qué vil y qué memoria la del conquistado.

?Ese es el caso de ustedes ?concluyó, mientras se paraba y tomando dos vasos que había sobre la mesa donde estaba el café, los llenó de una botella que también allí se encontraba, me dio uno de los vasos, y levantando el suyo, me dio a entender que tomara, y una vez que él dio un largo sorbo, continuó diciendo: Yo comprendo el temor, porque difundir estas ideas nos lleva a caminos desconocidos. Hablar de la razón de la diversidad de lenguas a lo primero que nos lleva es ?a la tuya y a la mía?, al dónde termina lo mío y dónde empieza lo tuyo, hasta dónde tengo permitido, por qué alguien tiene que autorizar, y cuando el que cuestiona tiene vigor, pues pone a actuar ese pensamiento, pero en el caso de ustedes, los pueblos se hacen esos cuestionamientos, pero ya están demasiado sangrados en todos los sentidos, ya no hay vigor, sólo queda seguir tras alguien, vivir en el desánimo, y allí es donde se necesitan los intelectuales indígenas, allí es donde fallan, porque el escritor ya debe saber bastantes experiencias, allí es donde se debe escuchar su voz diciendo: ?No al desánimo, aún hay vida, lo arrebatado allí sigue, se puede recuperar, enseñemos a nuestros hijos nuestra historia y nuestra lengua, hagámoslos intelectuales de lo indígena, recuperemos nuestra vieja religión, seamos nosotros mismos?.

Y prosiguió:

?Cuando el pueblo se encuentre con este nuevo lenguaje de sus intelectuales, las va a sentir, va a mostrar que el problema no son los recursos, la esperanza va a volver porque se ha encontrado el camino. Pero así como se están portando hoy en día: que llega el escritor con una canción en su idioma, que ya tradujo el himno nacional, que ya quiere ser diputado indígena, que ya quiere poner hoteles para el turista; estas acciones, para esta idea, son agua sobre la lumbre. Ésa es la situación actual que ustedes no quieren ver, mira ?me dijo mientras se encaminó hacia donde se encontraba su librero de donde sacó un libro y después de encontrar lo que buscaba en él, empezó a leer y a comentar:

Según la UNESCO un idioma para que tenga posibilidades de sobrevivencia necesita tener mínimo 100 mil hablantes, obsérvense ustedes: En todo el territorio mexicano se dice que se hablan 63 idiomas, el español es uno de ellos y lo hablan casi todos los más de 100 millones de personas que en él vivimos, mientras que los idiomas indígenas tienen estas cantidades: el náhuatl con 1 millón 586 mil 884 hablantes, el maya con 796 mil 405 hablantes, el zapoteco 460 mil 683 hablantes, el otomí 239 mil 850 hablantes, el tseltal 474 mil 298 hablantes, el tsotsil 329 mil 901 hablantes, el mixteco 494 mil 454 hablantes, el mazateco 230 mil 124 hablantes. Como verás estos pueblos con facilidad rebasan los 100 mil hablantes. Sin embargo en ninguno de estos pueblos hay una escuela en donde, cuando llegue el niño se le salude y se le indique cualquier cosa en su idioma, que se les enseñe en su idioma todo lo que haya que enseñarles de primero a sexto, que note que vive en su patria, en su tierra. Si eso no sucede para estos pueblos con suficiente población, en otros apenas rebasan los 100 mil habitantes, como el purépecha que lo hablan 105 mil 556 hablantes; el chol con 185 mil 299 hablantes; el huasteco con 149 mil 532 hablantes; el chinanteco con 125 mil 706. Son como quince pueblos que rebasan los 100 mil habitantes. En estos tampoco se observa ninguna política que haga posible evitar su extinción. Pues si en éstos no se observa eso, qué puedes esperar de los 17 que apenas se acercan a las 100 mil personas, de las siete lenguas que apenas rebasan las mil personas, de las 21 lenguas que no llegan a mil personas o de las siete que ya no tienen ni cien hablantes, y que si no se hace algo, son espejos de lo que les espera a las demás. Lo más asombroso es que hay estados como Oaxaca, Chiapas, Yucatán, en donde la población que habla una lengua indígena suma más de la tercera parte del total, y sin embargo en la educación, en la cultura, en la repartición de la riqueza pública, nada de eso se refleja. Ni siquiera digamos que ustedes los intelectuales estén preparando el camino para lograr eso, que estén elaborando sus diccionarios, gramática, enciclopedias, que se dice tratando de normalizar esta situación tan anómala, nada de eso hay, ustedes sólo repiten lo que los intelectuales no indígenas les gusta decir: educación indígena, multiculturalidad, interculturalidad, comunalidad, educación comunitaria, que lo único que hace es ocultar que si alguien aspira a ser intercultural, es condición necesaria que lo suyo ya esté bien asegurado en su interior, pero ustedes ni por asomo tienen esa idea, y pensar que tienen las posibilidades humanas para lograrlo, y entonces harían realidad el sueño de tener un país multicultural multinacional, pero mientras no puedan ver su realidad, eso será imposible.

Mientras hablaba, como ya conozco algunos de estos datos, pues empecé a pensar que mucho de verdad tenían sus palabras, desafortunadamente nosotros como asalariados culturales, pues con tal de conservar el empleo, no hay mucho ánimo como para pensar independiente, pero tampoco se puede reconocer esta situación con total desparpajo, por lo que le contesté lo mejor que pude:

?Tiene usted toda la razón en lo que dice, pero desconoce algunas peculiaridades de las cifras que maneja el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), que sirven de descargo a la conciencia, como usted nos llama, de nosotros los intelectuales indígenas. Por ejemplo en el caso de los zapotecos, que registra 460 mil 683 hablantes, es cierto que son muchos y con un rico territorio, pero lo que pasa es que no todos vivimos juntos, estamos divididos políticamente, no vivimos en el mismo municipio, algunos ni en el mismo estado: hay gente en Veracruz, en el Distrito Federal, en otros estados, en Estados Unidos, por todos lados están estos 460 mil hablantes buscando mantenerse. Con decirle que sólo en la ciudad de Oaxaca, el INEGI dice que hay 20 mil personas que hablan zapoteco, y seguramente así es, pero casi cada uno vive en diferentes lugares, sin la posibilidad de hablarlo. Seguramente allí conocerá a la que será su mujer, que a su vez, posiblemente hable otro idioma indígena, que su futuro esposo no sabe, y así, aquí se nulifican dos idiomas para la generación que de aquí surja, por lo tanto estos sólo son hablantes para la estadística.

Me referí a otro de los obstáculos que casi nadie quiere reconocer: la política lingüística llevada hasta el día de hoy ha ocasionado una terrible fragmentación de este idioma y de otros, hay quien calcula que ya son casi 60 idiomas provenientes del zapoteco. Algo hay de esto, por ejemplo en mi región son 28 pueblos con una población total de 14 mil gentes que hablan la variante xhon, entre estos 28 pueblos hay bastantes diferencias en el habla de cada pueblo y a veces entre el mismo pueblo, dije.

?Esto sucede en idiomas que carecen de una literatura escrita que regule o dirija los cambios naturales que cualquier idioma tiene. Ante esto se han hecho intentos de crear un solo idioma literario para que todos nos entendamos por escrito, pero cada individuo no acepta hacerlo, porque no es iniciativa de la institución en que trabaja, y ante esto es cuando surgen reclamos como los de usted, cuando dice, ?ustedes son los culpables? algo hay de razón en su dicho, pero debe considerar que son siglos de presión para que se abandone la idea de que aquí seguimos. No hay nadie ni nada que haya magnificado nuestro idioma, nuestras creencias, quién ha reconocido que nosotros somos los dueños originarios de todo esto, al contrario, se nos considera dueños de nada. Por eso, para muchos lo mejor es pasar desapercibidos como indígenas y una manera de hacerlo es negando nuestro idioma. Otra cosa que no menciona usted y el INEGI sí lo dice: de todos los hablantes de idiomas indígenas sólo el 19. 7 por ciento son jóvenes de cinco a 44 años, el resto, o sea el 80 por ciento son ya casi ancianos, lo que de buenas a primeras nos hace ver que nuestros idiomas ya casi están al borde de la extinción, si es que no se hace algo pronto. Se le olvida mencionar, y esto también lo dice el INEGI, que los pueblos que hoy producen literatura indígena han entrado a una etapa de disminución de hablantes. El índice de crecimiento de estos pueblos es baja comparada con la nacional: el maya crece al 1.1 por ciento; el zapoteco al 1.2. En este mismo sentido podemos mencionar un hecho que registra el mismo INEGI: que de un millón 450 mil personas que hablan el náhuatl, ya sólo significan el 24 por ciento de la población que habita en los territorios de estos pueblos en Veracruz, Hidalgo, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Puebla, y entre estos con una gran diversidad dialectal.

Mi anfitrión daba la impresión de escucharme atentamente. Cuando terminé de hablar, parecía que no se dio cuenta que ya había vaciado mi copa, por eso al notarlo, casi corrió a traer su botella para servirme más y mientras servía se puso serio cuando empezó a tapar su botella lentamente. Mirándome persistentemente dijo:

?Discúlpame, amigo, pero nuevamente voy a repetir lo que dije en aquel auditorio universitario, todo lo que has dicho está bien respaldado, pero de nada sirve saber que así son las cosas, por eso es que digo ?dejen de lloriquear?. En el caso de ustedes los zapotecos, son casi medio millón de personas, muchos son empresarios ricos, artistas, políticos, vuélvanse pueblo otra vez, vuélvanse a juntar, devuélvanle a su idioma la normalidad que debe tener, introdúzcanla a la escuela, enséñenla a los que ya no la saben y que viven en sus territorios, para que vuelva a hacerse útil. Solamente lo que es útil se cuida, muéstrenle a sus hijos hasta dónde es de ustedes y hasta dónde quieren llegar, expulsen de su vida todas esas cosas que siendo ajenas les han traído solo penurias y cuando mucho consuelo, ya dejen de usar sus oídos sólo como recipientes de órdenes, anden, canten, vivan como ustedes quieran, ya digan un basta a las condiciones que los tienen como los tienen; tal vez necesiten cincuenta o cien años para hacerlo, pero inicien, empiecen a escarbar en su historia para que vean qué fue lo que pasó, para que puedan mirar lejos, proyéctense a mil años, no vean sólo los treinta años de su jubilación, dejen de seguir al intelectual extraño, o no sólo esperen a que se quite para irse ustedes a parar a donde él estuvo inútilmente, no esperen sólo recoger lo que él dejó, eso va dejar algo de provecho para ustedes como individuos, pero no para su pueblo, si ustedes no empiezan a hacer esto yo seguiré diciendo ?dejen de lloriquear?.

Esto iba diciendo mi extraño compañero cuando entró una jovencita, quien lo interrumpió preguntándole si ya había ido a almorzar.

Él le contestó que no, y empezó a darle instrucciones sobre lo que la joven debía hacer mientras él se iba a almorzar. Yo me quedé pensando: ?Creo que este señor nos quiere echar a la lumbre con sus palabras, quiénes seríamos nosotros para hacer estas cosas por la supervivencia de nuestro pueblo, si la Constitución de México cuando empieza a hablar del asunto de los pueblos indígenas, de entrada nos dice: ?La nación es una e indivisible?, esto es como decirle a alguien que le hemos permitido que se quede una noche en nuestra casa: ?todo está contado?. Estas palabras son fuertes, y como somos débiles, creo que sólo nos queda, y con mucho dolor y sentimiento llorar amargamente por la pérdida de nuestra esencia: nuestra lengua?.

De esta manera, una vez más gracias a mi lengua me gané un almuerzo.

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Javier Castellanos Martínez, escritor zapoteco de la variante xhon. Sus libros más recientes son Gente de un mismo corazón (novela) y Yelawezuja nha xtilladxo/Literatura y lengua (semillas fértiles para los pueblos originarios), ambos en versión bilingüe, como toda su obra literaria.



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