Bolivia. Hacia una utopía indianista

 Bolivia. Hacia una utopía indianista
Josefa Sánchez Contreras
Ojarasca, Periódico La Jornada
10 enero 2019.
Víctor Mendívil y el gigante de Paruro, Perú, 1929. Foto: Martín Chambi
Seguimos gobernados por los herederos coloniales: Felipe Quispe Huanca
El poder indio es central en el indianismo, plan­teado en un primer momento por Fausto Reinaga Chavaría y retomado por el Mallku Felipe Quispe Huanca. Su principal referencia es el Black Power, cuya influencia en el indianismo se manifiesta claramente en La revolución india (1970) de Fausto Reinaga.

No obstante, el poder indio no se sitúa en un binaris­mo ideológico, sino en el cauce de la revolución india que traza el camino del gobierno comunal, ético y cósmico, como apuntaba Guillermo Carnero Hocke en 1968. La instauración de un socialismo comunitario distanciado de uno de tipo marxista es una discusión propia de su época. Quispe Huanca ha mantenido vigente esta utopía, llevando a la práctica la estrategia y táctica político militar de Tupak Katari en 1989, con el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), y posteriormente de 1998 a 2005 como Se­cretario Ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), que logró derribar a los gobiernos neoliberales, posibilitando la ce­lebración de una nueva constituyente en Bolivia, que más tarde inauguró la conformación del Estado Plurinacional. Éstas son sus palabras:

Los años 1532, cuando llegan los españoles a Caja­marca, Perú, y 1533, cuando matan a Atahualpa, marcan el tiempo en el que perdimos nuestro territorio, nuestro Estado y el poder político. Son tres puntos que sospecho no han sido abordados muy bien por los jóve­nes, pero los viejos sabemos de sobra ese tema.

Son tantos años que han pasado y todavía no lle­gamos a los 500. En 2032 se cumplirían 500 años de la llegada de Pizarro, Almagro, Valverde y otros. Desde entonces se han suscitado las luchas y los levantamien­tos armados de Juan Santos Atahualpa, Tupak Amaru I, Tupak Amaru II, y Tupak Katari en 1781. Se ha vertido mucha sangre y desde entonces la lucha ha sido por el poder, la tierra, el territorio y el Estado propio, no simplemente como un pensamiento reivindicativo sino como la toma del poder político. En la República se le­vantó en armas Luciano Willka (1871) con 20 mil indios, su tropa cercó la ciudad de La Paz y tumbó al dictador Mariano Melgarejo Valencia. En 1899 se levantó Pablo Zárate Willka con el pensamiento de recuperar la tierra, el territorio y tomar el poder indio.

La indiada dio un salto cualitativo, que no les gustó a los blancos de la Revolución Federal de aquellos tiem­pos. El ajusticiamiento de 27 soldados y dos sacerdotes Alonistas dentro de la iglesia de Ayo?Ayo, y la muerte sangrienta de 120 Pandistas en el templo de Cantón Mohosa, ejecutada por los indios, hizo ver a la elite po­lítica criolla de Severo Fernández Alonso y José Manuel Pando que se habían equivocado en lo táctico y lo político-militar. Mientras la rebelión ?indianista-willkista? muy lentamente se iba transformando en una guerra con el objetivo de desalojar a los hacendados del territorio aymara?qhiswa.

De 2000 a 2005 nos levantamos en armas y también como movimiento indio, pero nuestra lucha fue aprovechada por Evo Morales Ayma y sus séquitos de izquierda, quienes gobiernan el país hace más de 12 años, mientras los revolu­cionarios quedamos aislados, fuera del gobier­no del Movimiento Al Socialismo (MAS). Evo no está cumpliendo con el programa que habíamos planteado, es un neoliberal de izquierda del si­glo XXI con rostro indigenista.

El trabajo continúa con el pensamiento de la revolución india mediante dos brazos: uno democrático que se va a enmarcar en las leyes oficiales, plurinacio­nales, y otro brazo que está oculto bajo el poncho. El movimiento indio del siglo XXI va a luchar con los dos brazos, puede ser de largo aliento o al mediano plazo. La reconstitución del Estado del Tahuantinsuyo está en el programa, volver a reconstruir el Tawantinsuyo y el Collasuyo. Por ahora estamos avanzando con los ayma­ras de Perú y Chile.

Entiendo que el Estado en sí mismo es colonialista, pero eso se puede cambiar. Por ejemplo: yo era eje­cutivo de la CSUTCB, la organización sindical más grande a nivel nacional e internacional. Nos salimos de la Central Obrera Boliviana (COB) y comenzamos a hacer nuestra vida orgánica con grandes movilizaciones, hasta revolcar a los gobiernos neoliberales. Imagínese, simplemente he­mos estado en una organización social del campo y todo lo que logramos. Eso no les gusta a los señoritos colonia­les que siempre han estado en el poder.

Estoy consciente que nos va costar mucha sangre enfrentar al sistema imperante. En estos últimos años han crecido varios grupos indianista-tupakataristas. Re­cuerdo que en los años noventa había cualquier canti­dad de grupos estudiantiles y callejeros de línea indige­nistas en nuestro medio, pero cuando nosotros salimos con acciones como EGTK, hubo una violenta represión policial. Muchos grupos desaparecieron de la escena debido a que no tenían una estructura político-militar bien hecha. Ahora hay un rebrote que se puede direc­cionar y unificar sobre un ideal revolucionario indianista.

La casta parasitaria controla la estructura electoral. Muchos hemos llegado al parlamento, pero por la vía parlamentaria no se puede hacer nada y tampoco con las elecciones se puede ganar el poder. Sin embargo la gente dice: emplearemos el brazo democrático para avanzar y ganar militantes. Por eso hablamos de dos brazos: estratégico y táctico.

Mariátegui ha dicho la lucha es por la tierra pero no ha tocado el territorio. El problema del indio es el pro­blema de la tierra, decía, y quizá tenía parte de razón porque la población va creciendo. Yo tengo un pedazo de tierra en el campo, les puedo repartir tres surcos a cada uno de mis hijos y me quedo sin nada.

Estamos viviendo en un minifundio, o surcofundio como decimos en nuestro léxico aymara, y en el orien­te hay terratenientes que tienen 40 mil o 70 mil hec­táreas, y es legal pues este gobierno lo ha legalizado. Antes del gobierno de Evo Morales hubo el Movimiento Sin Tierra, pero este gobierno de ?Cambio? y de ?Vivir bien? lo ha eliminado todo. A los dirigentes los encarce­laron, de manera que se ha extinguido esa organización en Bolivia.

Hoy por hoy, el pensamiento anticolonial, antiracial, anticapitalista y antiimperialista, es el que cala a la población india. Tenemos que considerar una memoria histórica, que parte de la llegada de Francisco Pizarro; más adelante la pelea de los criollos republicanos, quie­nes mantuvieron el poder de 1825 a 1952, hasta llegar al primer presidente indio, Evo Morales en 2005, y pese a ello continúan en el poder los blancos, como Alvaro García Linera, Juan Ramón Quintana, Carlos Romero, Roberto Aguilar, Héctor Arce y muchos otros. En Bolivia seguimos gobernados por los herederos coloniales.

En ese sentido La Revolución india de Fausto Rei­naga ha sido un espejo para nosotros, sobre todo en la crítica a los partidos de izquierda, de los cuales no queremos ser simpatizantes ni militantes. Cuando leí el libro tuve que dejarlo y ser indianista de carne y hueso, de pelos y uñas.

La diferencia entre la toma de poder indianista con una postura de corte izquierdista es que los segundos plantean la lucha de clases. Para ellos, no existen el ra­cismo ni lucha de naciones. Proponen un socialismo y nosotros proponemos un comunitarismo democrático. O sea que ellos primero llegan al socialismo y después al comunismo, como siempre por etapas. Los marxistas bolivianos nunca supieron tocar la lucha de naciones, ni de territorios, traumados con la lucha de clases mien­tras los indianistas planteamos la lucha de naciones, tierra y territorio.