SÍMBOLOS DEL MESTIZAJE

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En 1511 un huracán arrastra al naufragio a una nave española que había zarpado de Panamá con destino a Cuba. Solo lograron llegar a las costas de lo que hoy es el estado de Quintana Roo, 13 sobrevivientes que estuvieron de náufragos por semanas en un pequeño bote en el Mar Caribe.

Cuando llegaron a tierra fueron hechos prisioneros por los anahuacas mayas y fueron sacrificados todos, menos dos mujeres que posteriormente murieron de enfermedad y dos hombres que estaban tatuados, razón por la cual se les creyó de alta alcurnia.

 

Vivieron como esclavos Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, hasta que compraron su libertad, los dos aprendieron a hablar la lengua maya pero, mientras Aguilar se mantuvo español, Guerrero se asimiló a la cultura maya.

 

Este último sirvió como soldado y llego primero a ser "nacon" [oficial] y posteriormente "batab" [comandante en jefe]. Desposó a una noble maya de nombre Zacil bajo las leyes y la religión del pueblo maya y tuvo tres hijos.

 

Esta familia es el símbolo de nuestro "mestizaje", una mujer anahuaca y un hombre español que por amor decidieron unir sus vidas y florecer su huerto de amor con tres bellos hijos. Hijos amados y deseados. Chetumal y las costas de Quintana Roo, son la cuna del mestizaje de México y de toda Latinoamérica.

 

La colonización mental y espiritual ha manejado la imagen de Malinche, Cortés y Martín Cortés, como el símbolo del mestizaje mexicano. Una mujer obsequiada y traidora, con un hijo producto de una violación y que posteriormente Cortés la "rota" en concubinato con otros miembros de la expedición. La colonización mental y espiritual nos ubica como "hijos de la chingada" a los mexicanos mestizos. El objetivo es inutilizarnos y neutralizarnos humana y socialmente. Para que a través de los siglos colonizadores, permanentemente sintamos odio y rencor de nuestros padres "simbólicos". De Malinche como madre traidora y sin honra; y de Cortés, como padre violador, inmoral y sin amor a su familia, sus hijos y su mujer.

 

El primer español que puso su planta en el Anáhuac fue Gonzalo Guerrero. Su amor a esta Tierra, a su gente y su Cultura, hizo que tuviera una familia. Nuestro mestizaje simbólicamente viene de este primer matrimonio, tan negado por los colonizadores y tan desconocida para los colonizados.

 

Cuando en 1519, Hernán Cortés llega a Isla Mujeres, mandó a rescatar a los dos españoles que se encontraban viviendo en Chetumal. Mientras Jerónimo de Aguilar inmediatamente se sumó a la expedición y sirvió posteriormente con Malinche a construir el "puente lingüístico", pues Malinche sabía hablar náhuatl y maya, Aguilar sabía hablar español y maya, de modo que Cortés se enteró que era el año uno caña y que los mexicas lo estaban esperando su llegada con sumo terror. De esta manera se asumió con la mentira como parte de la profecía del regreso de Quetzalcóatl y él se asumió como el capitán de Quetzalcóatl. En la "historia oficial" de la "Batalla de la Noche Triste", Gonzalo Guerrero apenas es nombrado y es tomado como un traidor.

 

No todos los españoles y extranjeros que han llegado al Anáhuac han sido colonizadores-encomenderos, como no todos los anahuacas han luchado por la Cultura del Anáhuac. Podemos recordar al español Francisco Javier Mina quien se sumó la Guerra de Independencia y en abril de 1817 desembarcó en Soto la Marina con trescientos hombres. Derrotó al realista Villaseñor en Valle del Maíz y se unió al guerrillero insurgente Pedro Moreno y fue fusilado en 1818 por las tropas realistas.

 

Y qué decir de los españoles que llegaron refugiados por la Guerra Civil Española, la elite de la intelectualidad que vinieron a fortalecer la vida académica en las aulas de México y que fundaron el Colegio de México.

 

Gonzalo Guerrero, su esposa Zacil y sus tres hijos deberían ser el símbolo de nuestra mezcla biológica y cultural. No podemos negar que existimos decenas de millones de mexicanos que no somos, ni indígenas ni criollos. No podemos negar que la mayoría de los Elementos Culturales más famosos y compartidos por todos los mexicanos, no fueron creados por la sabiduría de nuestros Viejos Abuelos del Anáhuac. Me refiero al reboso, al sombrero, al charro, a la china poblana, la marimba, al son de la negra [que es la copia del inicio de una sinfonía de Hayden], al mariachi y a tantos símbolos que vienen de Europa, Asia y África y que nos los hemos APROPIADO culturalmente y ahora son indisolublemente "mexicanos".

 

Lo importante es asumir la cultura y vivir en ella. Existen muchos indígenas que ya no quieren enseñarles la lengua madre a sus hijos y otros tantos luchan diariamente por "ladinizarse", despreciando su Cultura Madre. Lo valioso de Gonzalo Guerrero no sólo es que él tuvo la oportunidad de elegir, ya que pudo incorporarse a la expedición de Cortés o pudo quedarse a vivir con los mayas y asumir la cultura maya como propia. Lo importante, simbólicamente" es que Gonzalo Guerrero tomó las armas en contra de la invasión y lucho de parte de los mayas en contra de los españoles hasta encontrar al muerte defendiendo al pueblo maya. Enseñó a los indígenas las técnicas militares para luchar en contra de la caballería y la artillería. Lo importante de Gonzalo Guerrero es que él murió luchando por la Cultura maya, por su pueblo y su familia.

 

El Sub Comandante Marcos en la carta que le envía al Juez Garzón, asume que tiene una cuarta parte de español. Y Marcos se ha asimilado a la Cultura maya, está luchando por ella y por la de todos los pueblos indígenas del mundo y es muy probable que muera por esta causa. Pero también existen indígenas mayas que integran los grupos paramilitares y acecinan a mujeres y niños indefensos.

 

Gonzalo Guerrero, la princesa Zacil y sus tres hijos, son el símbolo más antiguo de lo que ha sido esta maravillosa fusión que ahora somos los mexicanos. El desafío es encontrar el equilibrio entre las dos partes que nos conforman. No podemos negar a nuestra "madre indígena" y no podemos negar a nuestro "padre español". La negación de cualquiera de las dos ES NUESTRA AUTO ANULACIÓN. Debemos tratar de intentar ser dignos herederos de Netzahualcóyotl y de Cervantes. Reconocer lo mejor de las dos partes de las que venimos, sin negar o menospreciar cualquiera.

 

 

 

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