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Las mujeres indígenas y los usos y costumbres…“la paja en la cultura ajena”.

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Fotografía de La Comandata Ramona.

 

Desde 1521 las culturas originarias, en lo que hoy es México, fueron condenadas a la exclusión y al desprecio. Infinidad de mentiras, verdades a medias y dolosas interpretaciones, las han descrito como “primitivas e inhumanas” en el discurso de la cultura dominante.

 

En efecto, los pueblos llamados “indios” son los descendientes culturales de la Civilización del Anáhuac, que gracias a su vitalidad y fortaleza cultural han podido sobrevivir a su muerte histórica. Estos heroicos pueblos han creado una sólida “cultura de resistencia” para enfrentar los embates del: “descubrimiento, conquista, colonización,  cristianización, progreso, extensionismo, modernidad,  desarrollo, neoliberalismo y globalización”. Los “mexicanos muuderrnus” seguimos viendo a los pueblos y culturas originarios igual que los españoles del siglo XVI. O como colonizadores encomenderos para explotarlas y depredarlas. O como misioneros, para protegerlas e integrarlas. Pero nunca las hemos visto como iguales y poseedores de una sabiduría ancestral que nos puede ayudar a construir una sociedad mejor.

 

 

Pocas personas han tenido la sensibilidad y humildad para apreciar y conocer la sabiduría ancestral de los pueblos y culturas originales. Podemos citar a Guillermo Bonfil, Rubén Bonifaz y Carlos Lenkersdorf. En general, para los intelectuales “mexicanos” las culturas originarias nada tienen que enseñar y menos que aportar en la construcción de la realidad y “cultura nacional”. En parte sucede esto por la ignorancia de sí mismos, de su insensibilidad y sobre todo, de la colonización mental y espiritual que han recibido en estos cinco siglos de ocupación extranjera.

 

 

Hasta antes del levantamiento en Chiapas del EZLN, en México no existían los “indígenas”. Había pobres y marginados que “debían ser incorporados al progreso y a la modernidad”. Gracias al sacrificio de los insurgentes anahuacas del EZLN, millones de “mexicanos” conocieron por primera vez la problemática de los pueblos originarios, siempre explotados, saqueados, despojados y excluidos. Por primera vez en cinco siglos sus demandas estuvieron en la palestra nacional.

 

 

Ante el embate de los capitales económicos trasnacionales y criollos, que buscan quitarles sus tierras y sus recursos naturales; y ante la mansa entrega que los gobiernos de la derecha han hecho de la soberanía nacional, los pueblos indígenas y campesinos (que no es lo mismo pero es igual), están siendo atacados por “la opinión pública”, entiéndase: la prensa, la radio, la televisión y los partidos políticos, para hacerlos ver como “atrasados, retardatarios, tercos e inhumanos”, antítesis del progreso y la modernidad.

 

 

La idea es borrar (entre muchas cosas) los usos y costumbres con los que se autogobiernan sin la intervención de los partidos políticos (que “parten” y fragmentan a la sociedad). En efecto, como en la democracia participativa de las comunidades, los políticos y los intereses de las empresas trasnacionales no pueden entrar a mangonear y corromper a “las autoridades”, para poder hacerse de sus recursos para explotar y depredar los minerales, bosques, tierras, etc., es necesario cambiar “el sistema de usos y costumbres” por el de “partidos políticos”, en donde como sabemos, un puñado de gente toma las decisiones en lo oscurito para “favorecer el progreso” en un pantano de corrupción, pues “el interés privado de las trasnacionales lesiona el bien público de la comunidad, sean sus mantos friáticos, sus bosques, sus tierras, etc.

 

 

Así, cada año las comunidades indígenas son presionadas a través de funcionarios y políticos corruptos o “ignorantes”, para que dejen sus “atávicas costumbres” que impiden el progreso y “los lucrativos negocios”. Esta presión “local” es apoyada por una estrategia nacional en los medios masivos para hacer pensar a la ciudadanía, que al perder sus milenarias tradiciones, usos y costumbres, los pueblos originarios están acercándose al progreso y se liberan de “lastres que impiden su pleno desarrollo”.

 

 

Dentro de esta campaña está la trillada y falsa idea de que las culturas indígenas son retrógradas e inhumanas. Y el caso del maltrato y exclusión de la “mujer indígena” es uno de los favoritos, pues golpea la sensibilidad de la población, que por falta de información y por la colonización, juzga y condena lo que no conoce de fondo y prejuzga a una pueblo y una cultura que desconoce.

 

 

Así es, “el abuso machista” sobre “la mujer indígena” es un tema trillado y un sitio común para hablar de los retrógrados e inhumanos “usos y costumbres” de los pueblos indígenas y su “ancestral atraso”. Pero muy pocos han vivido años con ellos, como Carlos Lenkersdorf y su esposa que estuvieron casi 30 años aprendiendo la lengua y cultura tojolabal. Lenkersdorf ha escrito valiosos libros sobre los valores y principios que actualmente poseen los pueblos originarios y que indiscutiblemente encuentran su origen en la Toltecáyotl. Recomendamos ampliamente de su obra: Hombres verdaderos, Filosofar en clave tojolabal y Aprender a escuchar. Es una lectura obligada para aquellos que quieran descolonizar su visión de sí mismos y de los pueblos y culturas originarias de nuestros tiempos.

 

 

Pocos conocen la sabiduría ancestral de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad, la que logró el más alto nivel de vida en la historia del planeta. Desconocen totalmente La Toltecáyotl e ignoran el régimen de terrorismo de Estado que sufrieron durante trescientos años por parte de las autoridades coloniales y eclesiásticas, para perder su identidad y su cultura. Y “no ven, no escuchan y no sienten”, el régimen de exclusión, injusticia y explotación que hemos sometido a los pueblos y culturas originarios estos últimos doscientos años en la conformación de “la nación mexicana”.

 

 

En estos cinco siglos de inaudita opresión, las mujeres indígenas fueron la parte más débil en la que se ensañaron los conquistadores, colonizadores, capataces, los policias, los hacendados, los comerciantes, los funcionarios y ahora los empresarios y sus maquiladoras. No es lo mismo “la mujer anahuaca” del periodo Clásico en una sociedad totalmente “nostrica”, que una mujer en una maquiladora de Ciudad Juárez en nuestros días. O una mujer otomí vendiendo muñecas de trapo en la ciudad de México.

 

 

La mujer en general, pero la indígena y campesina en particular siempre han defendido a sus hijos, sus esposos, sus tierras, sus costumbres y sus lenguas, de tal manera, que si las culturas originarias han logrado sobrevivir hasta la fecha ha sido por la lucha y participación activa de la mujer en la comunidad.

 

 

Y no quiero decir que “todos los usos y costumbres indígenas” son perfectos. En estos cinco siglos muchas cosas se han perdido y otras enchuecado…para poder sobrevivir. Pero lo cierto es que son las propias comunidades indígenas las que están tomando sus propias decisiones para cambiar o erradicar sus tradiciones, usos y costumbres como lo señala Lenkersdorf. Lo que es inmoral es que los intereses económicos trasnacionales y los políticos locales estén tratando de cambiar -desde afuera- las formas culturales de los pueblos originarios para aprovecharse de una sociedad dividida, donde el pueblo pierde el control social y de organización por la democracia representativa ajena a ellos y conectada a un macro sistema que emana de la Ciudad de México, pasa por la capital del estado, llega hasta la cabecera municipal y de hay a la comunidad (el sistema de partidos políticos).

 

 

Sí la mujer indígena vota, ¿mejora con ello su condición de pobreza y exclusión de la cultura dominante? Las mujeres de Ciudad Juárez y todas las explotadas y marginadas del país, que son la mayoría, ¿han mejorado con su voto su miserable condición? Cuando en una comunidad existe los usos y costumbres, a través de la asamblea se toman las decisiones en público y todos intervienen, las autoridades “mandan obedeciendo a la asamblea”. Cuando en una comunidad han entrado los partidos políticos, todos están contra todos y se divide el pueblo porque siempre, una minoría en lo oscurito toma las decisiones que en general, no favorecen el interés y el bien común.

 

 

Todos los que están “interesados en liberar a la mujer indígena”, por que no liberan primero a la mujer urbana y suburbana que también vive en la injusticia, explotación y exclusión y que son la mayoría de este país. Millones de mujeres que sostienen un hogar con sueldos de hambre y en el subempleo. Abusadas y acosadas sexualmente, no solo en el transporte público y en la calle, sino en su propio trabajo y en su misma casa. La violencia intrafamiliar es verdaderamente escandalosa y está llegando a ser una pandemia, tanto en los hogares pudientes como en los populares (veas el truculento caso del hijo del Jefe Diego, David Fernández de Cevallos). La “mujer moderna” es un objeto sexual y comercial, ha perdido sus valores y sus principios tradicionales en la cultura dominante. La familia ha sido desvalorizada y fragmentada y nadie dice y hace nada. ¿Por qué?

 

 

Los que conocemos la vida cotidiana en las comunidades indígenas anahuacas de este país, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que a pesar de la pobreza en que están obligados a vivir y en medo de sus contradicciones, la mujer indígena tiene una mejor calidad de vida que la mujer urbana, en cuanto a dignidad, derechos y reconocimiento social. Y las comunidades que viven bajo el sistema de usos y costumbres, los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones sobre su gobierno, que los ciudadanos que vivimos bajo el abuso de las autoridades ineptas, corruptas y simuladoras que “escogimos con nuestro voto”.

 

 

Es innegable que la mujer indígena y los usos y costumbres de los pueblos originarios están viviendo momentos difíciles debido a la espantosa pobreza y la voracidad de la iniciativa privada trasnacional por sus tierras y recursos naturales que el Plan Puebla Panamá ya les otorgó para su explotación. Pero también es innegable que la mujer urbana y suburbana, así como la familia y la educación de “los no-indígenas”, esta viviendo momentos mucho más difíciles. La violencia superlativa, tanto del Estado, como del crimen organizado, del narco, del neoliberalismo económico, la falta de empleo, de acceso a la educación y los servicios de salud ha vuelto un infierno vivir en estos “tiempos modernos” en las ciudades y cinturones de miseria de la cultura dominante. Y también es innegable que el sistema de gobierno de “la democracia representativa” está viviendo el peor momento de su pequeña historia. La clase política, los partidos políticos y la política han caído en la total degradación. La lucha por el poder al interior de los partidos y entre ellos por el gobierno es patética e inmoral.

 

 

Nunca antes -las mujeres y el sistema de gobierno- de la cultura dominante habían vivido una situación tan degradada como la que actualmente se está viviendo en todo el país. ¿Por qué los medios masivos ven “la paja en la cultura ajena y no ven la viga que traen atravesada en su ojo”?

 

 

Y como muestra de lo que afirmamos, aquí están “algunos  botones”:

 

 

“La ciudad de México ocupa el primer lugar en violencia comunitaria hacia las mujeres, incluso por arriba de la violencia ejercida dentro de los hogares, donde siete de cada 10 mujeres denunciaron sufrirla. Este índice, que refleja cómo las mujeres son expuestas a varios tipos de violencia tras salir de su casa, en el transporte y en las calles, tiene que disminuir con medidas de prevención, atención y acceso a la justicia, aseguró Martha Lucía Micher, directora general del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México”. La Jornada 24 nov. 2010.

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“México ocupa el primer lugar dentro del ranking mundial, de muertes violentas de mujeres en países que no están en situación de guerra, según el Centro Reina Sofía, que valoró 135 países, informó Ana Güezmes, directora regional del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, en víspera del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. La Jornada 24 nov. 2010.

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"Los feminicidios en Ciudad Juárez" y "las muertas de Juárez" son dos expresiones que hace referencia a la suma de homicidios y asesinatos de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez, Chihuahua, por lo general de mujeres jóvenes y pobres. Sin referencia a las que se les tortura antes de matarlas. Por parte de la población se ha acusado de pasividad a las autoridades, puesto que en muchos casos no se ha esclarecido la responsabilidad de dichos delitos. 7565 expedientes se iniciaron por desaparición de mujeres”. Wikipedia.

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“VIOLENCIA HOY SE EJERCE PREDOMINANTEMENTE HACIA MUJERES TRABAJADORAS Y ESTUDIANTES

 

Hasta hace 10 años, la mayor parte de las expresiones de violencia hacia las mujeres estaban dirigidas a las amas de casa, y hoy están más enfocadas a trabajadoras o estudiantes de niveles altos de estudios, afirmó Gloria Angélica Careaga Pérez, profesora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.En ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, indicó que en esta problemática ha disminuido el rango de edad, porque las agresiones en pareja ahora empiezan desde el noviazgo.Aunque la violencia física es la más evidente, sus demás manifestaciones están presentes en diversos ámbitos de la vida cotidiana. “Si se observa la estructura de las relaciones en las que nos movemos, podríamos decir que el género femenino está sujeto a un sinnúmero de violencias; no sólo se ejerce en la relación conyugal o de noviazgo, sino también en la estructura misma del sistema”, apuntó.Vista así, la violencia está tan naturalizada en nuestra sociedad que se considera “normal” que las mujeres ganen menos que los hombres o tengan poco acceso a la vida política, ejemplificó.” Boletín UNAM-DGCS-744 24/11/10

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“El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez acusó al Estado mexicano de alentar la violencia de género. Puso de ejemplo la impunidad en el caso de la tortura sexual contra las detenidas en San Salvador Atenco durante el operativo policial del 3 y 4 de mayo de 2006.” La Jornada 25/11/10

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“En México la lucha contra el crimen organizado ha invisibilizado el fenómeno de los asesinatos a mujeres, por lo cual urge retomar la propuesta de tipificación de este delito presentada al Congreso federal en diciembre de 2008, exigió la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México al presentar en la zona de las islas de Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Mapa del Feminicidio en el territorio nacional.” La Jornada 25/11/10

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“Terminar con la impunidad de los agresores de mujeres, pide Ebrard. Este año 850 hombres han sido procesados penalmente por abuso sexual, señala. La Jornada 25/11/10

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