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EL ANTIGUO EGIPTO EN LA CULTURA GRIEGA. Andrés Martínez Lorca

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HERÓDOTO Y EGIPTO
El eco de la milenaria civilización egipcia se hizo presente en la literatura griega ya desde sus orígenes en la época arcaica, como vemos, por ejemplo, en Homero. Sin embargo, será más tarde con el historiador Heródoto cuando tenga lugar la primera difusión sistemática entre los griegos de los logros del Antiguo Egipto. Movido por la curiosidad etnográfica, el escritor jonio viajó a Egipto, conoció a sus gentes, entre ellas algunos sacerdotes, visitó sus ciudades y reunió un variado material que luego aprovecharía. Superando a los antiguos logógrafos, redactó en prosa su célebre Historia cuyo eje lo constituye el frecuente enfrentamiento entre Oriente y Occidente. Aunque él simpatizaba con Atenas y reconoció su papel hegemónico en la lucha contra Persia, resulta evidente su admiración por la más avanzada cultura egipcia: ” estudia con curiosidad las instituciones de los pueblos orientales y ve, en Egipto sobre todo,un modelo de sabiduría, la cuna de la religión griega”1.

Límites de Egipto y antigüedad de sus habitantes Heródoto viajó por buena parte del mundo enconces conocido ( Egipto, Asia Menor, Babilonia, Escitia y Magna Grecia ). Este contacto directo con otras sociedades así como su propia evolución intelectual le hicieron distanciarse de las concepciones y tópicos de sus conciudadanos. Así, en contra de la opinión de los jonios para quienes “sólo el Delta [ del Nilo ] es Egipto”2, afirma que Egipto existía antes de la aparición del Delta, es decir, antes de que el valle del Nilo se llenara de aluviones.

Aprovechando un oráculo del dios Amón según el cual eran egipcios los habitantes de las zonas limítrofes con Libia y, por tanto, fuera de los límites del Delta, añade Heródoto que “Egipto es el país que riega el Nilo en sus inundaciones y son egipcios quienes habitan curso abajo de la ciudad de Elefantina y beben agua de ese río”3.
 
El historiador jonio reconoce que “los egipcios...se consideraban los hombres más antiguos del mundo”4, y, aunque aparentemente lo pone en duda por medio de una historia de dos bebés alimentados por una cabra, admite después su gran
antigüedad, algo que, por otra parte, constituía un lugar común entre los griegos.
 

Así, escribe al respecto: “ Yo no creo que los egipcios tuvieran su origen al mismo
tiempo que el Delta...sino que existen desde siempre, desde que surgió el género
humano, y que, al ir creciendo su país, hubo muchos que se quedaron atrás y
muchos que fueron bajando progresivamente. Por lo demás, antiguamente se
llamaba Egipto a la región de Tebas “5.

Principales contribuciones de los egipcios a la cultura

Según Heródoto, el pueblo egipcio habría alcanzado pronto grandes conocimientos de astronomía, e igualmente un alto desarrollo técnico, puesto de manifiesto en la construcción de sus magníficas pirámides. “Los egipcios fueron los primeros hombres del mundo que descubrieron el ciclo del año, dividiendo su duración, para conformarlo, en doce partes [ año solar de doce meses ]... Decían también que los egipcios fueron los primeros en dedicar altares, estatuas y templos a los dioses y en esculpir relieves en piedra “6.

Los dioses egipcios habrían sido adoptados más tarde por los griegos y en ellos estaría, según el historiador jonio, el origen de la religión griega: “Los nombres de casi todos los dioses han venido a Grecia procedentes también de Egipto “7.

En cuanto a los avances técnicos empleados por los egipcios en la edificación
de sus monumentos, Heródoto ofrece un ejemplo representativo: la construcción de
la pirámide de Quéops mediante el uso de máquinas elevadoras de los sillares8.

En otra ocasión Heródoto habla en términos elogiosos de la sorprendente
especialización que ya existía en la medicina del Antiguo Egipto. “ Asimismo, tienen
especializada la medicina con arreglo al siguiente criterio: cada médico lo es de una
sola enfermedad y no de varias. Así, todo el país está lleno de médicos: unos son
médicos de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes, otros de las
enfermedades abdominales y otros de las de localización incierta "9.

Curiosidades sobre Egipto

 Una de las claves de la popularidad de Heródoto y de su prolongada influencia literaria radica en el relato de las cosas admirables o maravillosas que
había presenciado o que le habían contado. Este interés hacia lo exótico le llevó a
prestar atención a las costumbres populares de los egipcios, subrayando sus
diferencias respecto a las de otros pueblos y generalizando sus observaciones
concretas de alguna zona o clase social haciéndolas extensivas al país del Nilo en
su conjunto. De este modo, por ejemplo, cuenta que los egipcios se afeitaban el
cabello, vivían junto con los animales, no comían trigo, amasaban la harina con los pies, se circuncidaban y bebían cerveza en lugar de vino10. Los tipos de embalsamamiento y la técnica tan elaborada de momificación no le podían tampoco
pasar desapercibidos a este curioso viajero griego, y de ello nos facilita una buena
explicación11.

También centró su curiosidad Heródoto en la fauna del país. A él le debemos
una detallada descripción del cocodrilo12 , e igualmente referencias, algunas veces
basadas en relatos tradicionales o en fuentes indirectas, a tan llamativos animales
como el hipopótamo, el ave fénix y el ibis13. Esta mezcla de exotismo y leyenda caló
hondo en la imaginación popular griega e hizo de Egipto, gracias a la Historia de
Heródoto, no sólo un paradigma de la civilización más antigua sino también un
territorio de la fantasía, un país soñado.

INFLUENCIA DE EGIPTO EN TALES DE MILETO

La filosofía griega no nació en suelo continental sino en Jonia, en las costas
de Asia Menor. Tales de Mileto, que vivió entre las últimas décadas del siglo VII y la
primera mitad del VI a. C., es considerado el primer filósofo, de acuerdo con una
vieja tradición doxográfica ratificada por Aristóteles. Jonia se distinguía en aquellos
siglos por su rico comercio y un notable desarrollo urbano. Siguiendo la expansión
griega a través de la colonización marítima a lo largo y ancho del mar Mediterráneo,
los jonios tuvieron frecuentes contactos con Egipto donde fundaron Náucratis,
colonia de Mileto e importante centro mercantil. En este contexto histórico no tiene
nada de sorprendente que Tales viajara a Egipto y que allí se empapara de una
civilización superior a la helénica. Así lo testifican nuestras fuentes: “ Tales...tras
dedicarse a la filosofía en Egipto, vino a Mileto cuando era más viejo “14. Allí habría
aprendido también de los matemáticos egipcios: “ Tales, después de haber ido
primeramente a Egipto, transplantó a Grecia esta especulación [ la geometría ] “15.

Más importante desde el punto de vista de la historia de la filosofía resulta la
influencia del pensamiento egipcio en la afirmación de Tales según la cual el agua
es el arkhé o principio de todo, en rigor la primera proposición formal de la filosofía
griega. En efecto, sabemos ya que la visión del Océano como origen de todo y la
consideración de éste como un río que circundaba la tierra, que aparecen en la
mitología griega, proceden de anteriores concepciones cosmogónicas del Antiguo
Egipto. Algunos testimonios antiguos explicitan más todavía tal influjo en el concepto
de arkhé formulado por Tales de Mileto: “ Creen que también Homero, al igual que
Tales, quien lo aprendió de los egipcios, hace al agua principio y génesis de todas
las cosas “16. Y varios competentes estudiosos actuales confirman esa interpretación
como muy verosímil: “...es probable que Tales derivara su idea de que la tierra flota
sobre el agua de narraciones mitológicas anteriores existentes en el Oriente
próximo, probablemente egipcias “ 17.

Además, Tales de Mileto calculó la altura de una pirámide por su sombra y
formuló una teoría, equivocada, que pretendía explicar la causa de las periódicas
inundaciones del Nilo, a saber, que los vientos etesios, al impedir que sus aguas
fluyeran al mar, producían la crecida del río. La curiosidad del primer filósofo griego
por la cultura de Egipto no constituyó, pues, algo anecdótico o superficial sino la
principal fuente de inspiración filosófica y científica.
 
Dos siglos más tarde, uno de los grandes filósofos presocráticos, Demócrito de Abdera, elogiado por Aristóteles hasta el extremo de haber escrito que “ parece
haber reflexionado sobre todos los problemas”, viajó a Egipto para aprender
geometría de los sacerdotes, según informan diversas fuentes doxográficas.

PLATÓN: LA HEGEMONÍA DE LA CULTURA EGIPCIA

Platón sintió una profunda simpatía por Egipto, valoró su cultura como la más
antigua de la humanidad, admiró sus conquistas científicas( sobre todo, en
matemáticas y astronomía ) y le atrajo su religión que se caracterizaba por un
complejo corpus teológico y un minucioso ritual sustentados en una jerarquizada
casta de sacerdotes18. En cuanto al viaje que habría realizado el filósofo ateniense a
Egipto, no hay confirmación expresa, pero puede considerarse como muy probable a
juzgar por el testimonio del geógrafo griego Estrabón que cuenta cómo le mostraron
durante su visita a Heliópolis el lugar de residencia allí de Platón y de su compañero
el matemático Eudoxo. Por fortuna, se han conservado fragmentos de una obra
etnográfica redactada por este gran matemático y astrónomo, titulada Geografía 19.
En ella escribe, en el estilo de un testigo directo, que los sacerdotes le habían
instruido sobre el origen de las inundaciones del Nilo, fr. 287; comenta las reglas
sobre el uso del vino elaboradas por los sacerdotes de Heliópolis, fr. 300; y narra
un mito sobre Amón del que ofrece una interpretación alegórica, fr. 299.

Fedro: descubrimientos egipcios

Pero es en los diálogos platónicos donde debemos centrarnos para
desarrollar el tema. En el Fedro, por ejemplo, al contar el mito de Theuth y Thamos,
Platón les atribuye a los egipcios el haber descubierto el número, arithmón, el
cálculo, logismón, la geometría, la astronomía y, en especial, las letras, grámmata,
además de los juegos de damas y de los dados20. Platón subraya en este paso tanto
la importancia del descubrimiento de la escritura como la ambigüedad de sus
beneficios, pues si bien se inventó como “ medicamento o fármaco de la memoria y
de la sabiduría, es olvido lo que producirán...al descuidar la memoria “.

En cuanto a la escritura egipcia, hay que señalar que estaba totalmente
elaborada en el período tinita ( cuya dinastía I se desarrolla entre los años 3065-
2890 a. C. ) y que, de acuerdo con algunas inscripciones y documentos como la
Piedra de Palermo, la escritura jeroglífica ya existía en el Delta del Nilo durante la
época pretinita. Los egipcios en su descubrimiento progresivo de la escritura
inventaron primero los ideogramas pictográficos representativos de un objeto,
después los ideogramas de acciones, y por último la escritura fonética. La escritura
jeroglífica poseía unos 800 signos. Para una mayor facilidad en la ejecución de los
signos, se inventó más tarde la escritura hierática, de hecho una cursiva de la
jeroglífica21.

Timeo: antigüedad de la cultura egipcia

En este diálogo Platón pone en boca de Solón, legislador, poeta y uno de
los siete sabios de Grecia, una historia que oyó en Egipto a propósito del origen de
Atenas y de cómo ésta hizo frente al amenazador imperio de la Atlántida, isla que
acabaría desapareciendo bajo las aguas del Océano.

Lo que destaca, ante todo, Platón es la antigüedad de la cultura egipcia
respecto de la griega. En este sentido, es muy gráfico el testimonio de un anciano
sacertote egipcio: “ Oh, Solón, Solón: los griegos sois siempre niños, no existe el
griego viejo. Todos teneis almas de jóvenes, sin creencias antiguas transmitidas por
una larga tradición y careceis de conocimientos encanecidos por el tiempo “22.

A la hora de fijar una cronología aproximada, se refiere a que “ los escritos
sagrados [ es decir, los documentos jeroglíficos ] establecen la cantidad de 8.000
años para el orden imperante “ en Egipto23. Para Platón ningún país le podía
disputar a Egipto este mérito: “...lo que aquí se conserva es lo más antiguo “24.

Entre las aportaciones de los egipcios a la cultura universal, se indica en el
Timeo la constitución de distintas clases en el seno de la sociedad ( sacerdotes,
guerreros, artesanos, agricultores, pastores y cazadores ) y el conocimiento del
mundo que nos rodea, es decir, el conjunto de las ciencias, desde la astronomía a la
medicina, incluidas las técnicas auxiliares de que se sirven25.
Leyes: superioridad de la religión egipcia

Este diálogo tardío muestra al filósofo ateniense menos utópico y más realista
que en la República, pero igualmente crítico de la religión griega, fragmentada en el
panteón olímpico( tan censurado ya en la República como para prohibirse en la
enseñanza la poesía que narraba sus hazañas ), en los ritos órficos, en las
divinidades protectoras de las distintas póleis, y en los cultos familiares, frente a la
sólida estructura de la religión de Estado egipcia. Platón llega en estas páginas
incluso a prohibir los cultos y altares domésticos que no hubieran sido autorizados
por el Estado, sobre el principio, ya apuntado en República, de la primacía de lo
público sobre lo privado y por su desconfianza en dejar en manos de los particulares los ritos religiosos. Para él la organización de los cultos religiosos en Egipto y su permanencia en el tiempo habrían de servir de modelo a otros pueblos.”
¿ Hay, pues, alguien de nosotros que conozca, con miras a estas cosas, un sistema
mejor que el de los egipcios? “26

También en materia de educación infantil había que aprender de los egipcios,
por sus innovaciones en los métodos de enseñanza27. Por otra parte, alude a
pinturas y grabados egipcios “ de hace 10.000 años, y digo 10.000 años no por
decir, sino como cifra real” 28.

De modo sorprendente alude al año solar dentro de cuyo plazo de 365 días se
debía organizar por ley una fiesta religiosa, sin duda por influencia de los egipcios
que ya se regían por él, a diferencia de los griegos que todavía seguían el año
lunar29.

Platón dejó constancia en los Diálogos de su simpatía de fondo hacia Egipto
y sus creaciones culturales. Es razonable pensar que también debió transmitir esa
admiración hacia el Antiguo Egipto a través de la enseñanza oral dentro de los
muros de la Academia. En su discípulo predilecto, Aristóteles, que convivió en esa
singular Escuela cerca de veinte años, se aprecia, como veremos, la huella platónica
aunque con diversa modulación, dadas las diferencias entre los sistemas filosóficos
de uno y otro.

ARISTÓTELES: EGIPTO, PIONERO EN LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA

En contraposición a su maestro, Aristóteles no se interesó por las
matemáticas sino por las ciencias de la naturaleza, y tampoco se sintió atraido por la
religión. Como he escrito en otro lugar, “ Aristóteles prestó poca atención a los
problemas teológicos salvo, quizá, en su juventud. A juzgar por un conocido paso de
la Metafísica ( 1000 a 9-19 ) en el que se niega en rotundo a reflexionar sobre los
mitos inventados por los teólogos, tampoco le hubiera hecho gracia ser incluido
entre ellos “30.

Sin embargo, en su curiosidad sin límites y en su afán por conocer el
desarrollo histórico de la cultura, Aristóteles tuvo en muy alta estima a la civilización
egipcia. Así, en su principal obra especulativa reconoce en los egipcios a los
descubridores de las matemáticas y ofrece de ello una explicación sociológica: se
debió a que tenían una casta sacerdotal que disponía de ocio, skholé31. En otro
tratado afirmará que muchos de los conocimientos astronómicos de la humanidad
proceden de los egipcios32.

Pero será la Política su obra más sugerente sobre el tema. En ella Aristóteles
parte de esta afirmación central: “ los egipcios son, al parecer, el pueblo más
antiguo”. De ahí se deriva, según él, su primacía en tantos descubrimientos,
incluidos aquellos de carácter político y social. En Egipto, añade, es donde apareció
por vez primera la división en clases sociales. Más aún, el país del Nilo fue también
el primero que se dotó de leyes, nomon, y de una organización o estructura política,
táxeos politikés33. En ese largo camino de evolución social que va de la aparición
embrionaria del Estado, mediante la construcción de una estructura política, hasta el
surgimiento de la democracia, régimen político que, según el Estagirita,
históricamente debería universalizarse por la propia dinámica de la sociedad 34,
correspondió al Antiguo Egipto el mérito de haber iniciado el camino y a la Grecia
clásica el de haberlo llevado a su culminación.

LA CULTURA HELENÍSTICA Y EGIPTO

La crisis de la polis
 
Geográficamente pequeña y dispersa, la Grecia antigua basó su desarrollo
histórico histórico en la polis o ciudad-Estado, desde Homero y Hesíodo. Una vez
desaparecida la vieja monarquía, las nuevas póleis se convierten en unidades
político-económicas de carácter autónomo, muchas de ellas sobre un territorio
reducidísimo.
 
La vida política se articulará desde entonces en torno al polites, es decir, al
ciudadano en plenitud de derechos civiles que asumirá, con distintas fórmulas
constitucionales, la dirección de la cosa pública. En el plano económico la aspiración
de cada polis consistía en llegar a ser autárquica. De este original mundo histórico,
desplegado en el extremo oriental del Mediterráneo y democrático en su raíz, brotará
lentamente lo que llamamos filosofía.
 
Con frecuencia los recelos mutuos entre las póleis acabaron estallando en
conflictos armados. A veces, sin embargo, la concordia pacífica o homónoia y el
ideal panhelénico tomaron cuerpo en alianzas más o menos estables contra un
enemigo común, el imperio persa. En sus mejores momentos, como en la
democracia ateniense de los siglos V y IV a. C. , la polis se erigirá en símbolo de la
civilización helena y futuro modelo para otros pueblos: todas las magistraturas civiles
e incluso los estrategas militares, es decir, los generales y almirantes, eran elegidos
por la asamblea, debiendo rendir cuentas de su gestión ante los ciudadnos de
Atenas.
 
La debilidad crónica de la polis se iría agravando por problemas económicos
internos, tales como la reducción alarmante de la producción minera, el
empobrecimiento de los artesanos ante la irrupción en el mercado de mano de obra
esclava y la desaparición progresiva de los pequeños agricultores, forzados a
emigrar para sobrevivir.
 
Pero el golpe de gracia lo recibieron las ciudades-Estado griegas del rey de
Macedonia Filipo II, quien, por medios diplomáticos, explotó hábilmente la desunión
y debilidad de las propias póleis y, llegado el caso, aplastó por la fuerza de su gran
ejército la resistencia a su dominio. Quedaba, así, libre el camino para la soñada
conquista del Oriente. Incluso muchos ciudadanos atenienses, por boca del orador
Isócrates, alentaban un renacer del panhelenismo mediante la creación de un frente
común contra Persia, liderado por Macedonia.

Conquista y helenización del Oriente
 
La realización del sueño imperial de Filipo le correspondería, sin embargo, a
su joven hijo Alejandro, formado con un maestro excepcional, Aristóteles. Al mando
de un formidable ejército de 40.000 hombres, comenzó destruyendo las bases
persas en el Mediterráneo oriental, se adentró en Mesopotamia, penetró más tarde
en Persia donde derrotó a Darío y ocupó las ciudades de Babilonia, Susa, Persépolis
y Ecbatana. En contra de la opinión de buena parte de sus oficiales y soldados,
cansados ya de guerra, Alejandro Magno, que siempre tenía a su lado un ejemplar
de la Ilíada anotada por Aristóteles, continuaría su imparable marcha hacia el Este
hasta llegar a la India. Las fronteras del nuevo imperio abarcaban desde el mar
Caspio y el Turquestán hasta el Alto Nilo, y desde el océano Índico al Mediterráneo.
Jamás se había conocido otro semejante.
 
Grecia quedó inevitablemente empequeñecida en el horizonte que surgió tras
la conquista. Aunque la lengua griega iba extendiéndose por Asia y África al paso de
soldados y comerciantes, cualquier polites de la época debió sentirse perdido en tan
cambiante escenario. Nuevas razas, exóticas culturas y dioses desconocidos
irrumpían, incontenibles, en la sociedad griega.
 
La emigración, la pobreza y el desarraigo social eran ya parte de la vida
cotidiana. Muchos podrían aplicarse a sí mismos, como hiciera Diógenes el Cínico,
estos versos de un poeta anónimo:

 “ ...sin ciudad, sin hogar, privado de patria,
 pobre, vagabundo, intentando sobrevivir día a día “.

Menos dramático pero más realista, nos queda también el testimonio de un
emigrante griego que desde Egipto escribía esta carta a su mujer: “ Has de saber
que aún estoy en Alejandría. No debes preocuparte si, mientras todos los
compañeros de trabajo vuelven, yo me quedo aquí. Te ruego y encomiendo que
cuides a Apolonaris[su hijo]. En cuanto reciba la paga, te mandaré algo. Si con la
ayuda divina pares, deja al bebé con vida si es varón, pero abandónalo si es
hembra. Has mandado decirme, por medio de Afrodisias, que no te olvide; pero, ¿
cómo quieres que te olvide? Así que no te inquietes “35 .

 En el mundo helenístico, mestizo étnicamente y helenizado culturalmente, ¿
cómo distinguir ya entre griegos y bárbaros? Todavía Aristóteles aconsejaba a su
inquieto alumno que gobernara a los griegos como dirigente político y a los bárbaros
como déspota, pues los unos debían ser considerados amigos y los otros,
enemigos36. Sin embargo, Alejandro Magno, que acariciaba el proyecto de una
monarquía universal, que era partidario de integrar las aristocracias de los pueblos
conquistados en el sistema de poder imperial, que fomentó los matrimonios mixtos
de sus tropas dando él mismo ejemplo, y que hasta emprendió una penosa marcha
por el desierto para que el oráculo del dios egipcio Amón lo reconociera como hijo
suyo, hizo poco caso de tales consejos.

Alejandría, nuevo eje cultural

 La fusión entre civilización griega y mundo oriental que caracteriza al período
helenístico encuentra en la ciudad de Alejandría su símbolo por excelencia. En
efecto, fundada por el propio Alejandro Magno en el Delta del Nilo, se convertirá
durante el reinado de los Ptolomeos en el primer puerto del Mediterráneo y en rival
de Atenas por su contribución a la ciencia y al arte.

 Con sus más de 500.000 habitantes, esta gran urbe mediterránea eleva la
cultura helenística a su máximo esplendor. Allí, bajo dirección peripatética, se creó el
mayor centro científico de la antigüedad, el Museo, proyectado por Demetrio de
Falero, y que albergaría a los astrónomos, matemáticos, ingenieros, médicos y
geógrafos más famosos de la época como Euclides, autor de los Elementos, obra
clásica de geometría, Arquímedes de Siracusa, considerado el más grande
matemático, físico e inventor técnico de Grecia, Eratóstenes de Cirene y Aristarco de
Samos. Allí también se levantó la más grande biblioteca del mundo antiguo, con la
que sólo podía rivalizar la de Pérgamo. Allí, en fin, gramáticos y eruditos iniciarían la
publicación de ediciones anotadas de textos clásicos, de diccionarios y traducciones;
entre estas últimas debe destacarse la versión en griego koiné de la Biblia, conocida
como la traducción de los Setenta, realizada por judíos alejandrinos helenizados.
 A la vieja simpatía de los griegos por Egipto, en la que se mezclaba su
admiración hacia una cultura milenaria y el gusto por lo exótico, y de la que dan
testimonio, entre otros, Heródoto, Platón y Aristóteles, como hemos visto, se añadía
ahora su orgullo por verse reflejados ellos mismos en los mejores logros
alejandrinos. O para decirlo con las palabras de un personaje teatral de la época: “
todo lo que puede existir o producirse sobre la tierra, se encuentra en Egipto”37
 En esa fusión de culturas que define al mundo helenístico, Egipto aportará
durante la época imperial en el siglo III un filósofo de primer orden, Plotino, nacido
en Licópolis el año 205, quien, al mismo tiempo que renovaba el platonismo,
introdujo en el pensamiento griego un misticismo intelectualista y una concepción
emanatista del universo a partir del Uno que fecundarían la metafísica medieval,
islámica o cristiana.
 Dos breves reflexiones para concluir. Primero, es una visión romántica pero
equivocada la contraposición entre el Antiguo Egipto y la Grecia clásica. Los griegos
fueron conscientes, como hemos analizado en muy diferentes autores, de su
bisoñez cultural respecto a los egipcios y reconocieron su deuda con una civilización
más antigua y más rica, salvo en filosofía. Asimismo, los griegos fueron los grandes
transmisores de la cultura egipcia y sus principales difusores, desde Homero y
Heródoto a Alejandro Magno.
 Por otra parte, lo que llamamos “ cultura occidental “, es decir, la paideia
griega tal como se intenta recuperar en el Renacimiento y que constituye el germen
del mundo moderno, es más el fruto de la cultura helenística donde las ciencias (
matemáticas, astronomía, biología, botánica, ingeniería, medicina, geografía, etc. )
ocuparon un papel dominante, que de la cultura clásica anterior al imperio
alejandrino. Y la cultura helenística supone, ante todo, el mestizaje de las dos
grandes culturas mediterráneas, la egipcia y la griega, cuyo eje pasó a suelo
egipcio, representando Alejandría y no Atenas el núcleo princial y el motor de esta
nueva etapa histórica.

 Andrés Martínez Lorca

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Tomado de:
http://www.andresmlorca.com/documentos/El%20antiguo%20egipto%20en%20la%20cultura%20griega.pdf












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